Andalucismo y herejía
Andalucismo y herejía

En una memorable entrevista hace diez años, Carlos Álvarez Santaló, el Maestro de los historiadores sevillanos, título menos académico pero más relevante que el de Catedrático de Historia Moderna, Director del Departamento, autor de numerosas publicaciones sobre historia social, Barroco, Ilustración, historia de las mentalidades…., respondía al periodista Juan Luis Pavón (las entrevistas buenas no lo son sólo por las respuestas, sin buenas preguntas no serían posibles) que los demócratas no nacen, se hacen; que a base de educación, lecturas y curiosidad intelectual se pueden alcanzar convenciones y convicciones.

Don Carlos fue el más lúcido profesor que conocí en la Hispalense. Y tuve la fortuna de conocer a los mejores. Cráneo previlegiado, no quería que le quisiéramos porque no era nada paternalista, pero no podía evitar que le admiráramos, que nos quedáramos boquiabiertos, con el asombro de los veinte años, cuando explicaba el nacimiento del capitalismo, o la deriva de los irracionalismos, mientras paseaba por el centro del aula con un cigarrillo en la mano.

La primera evaluación docente que se hizo en la Universidad de Sevilla, fue una rudimentaria encuesta que elaboramos en la Delegación de Alumnos de la Facultad de Historia en aquellos gloriosos años ochenta del CADUS. Alvárez Santaló arrasó en la valoración de las y los alumnos, seguido de cerca por Enrique Valdivieso, a gran distancia de todos los demás.  Ser su alumna fue un privilegio que prolongué todo el tiempo que pude colándome en sus clases, aún cuando ya había terminado la carrera, sólo para escucharle.

Disculpen el roneo de mi memoria con aquel tiempo de esplendor sobre la hierba. Carlos Álvarez estaba en su momento de plenitud intelectual y nosotros, sus alumnas/os, en el comienzo de nuestras vidas. Y aquellos aprendizajes sobre la ortodoxia y la heterodoxia nos hicieron como somos.

Sí, la Democracia es una convención y una convicción y los y las demócratas no nacen, se hacen. Como supongo que se hacen andalucistas, socialistas, comunistas, liberales, conservadores o fascistas. Quienes nos dedicamos, o nos hemos dedicado, a la política siempre tratamos de incrementar el número de partidarios, militantes o votantes porque estamos convencidas de que nuestro proyecto es el más útil para remediar las calamidades que sufre la ciudadanía.

Por eso no se hacen exámenes de pureza ni se puntúa cuánto de conservador tiene uno, quién es mejor socialista o quién merece el cumlaude en internacionalismo comunista. Por eso no usamos el lenguaje de la Inquisición sobre conversos versus cristianos viejos, especialmente en Sevilla, donde el Santo Tribunal masacró a la comunidad de luces de San Isidoro del Campo, acusándoles de herejía, y especialmente en las tradiciones políticas humanistas como el andalucismo.

Por eso ahora que el andalucismo está de vuelta, que todo el mundo se coloca la etiqueta de “andalucista” ante la convocatoria electoral de este año, quienes hemos visto atacar naves en llamas más allá de Orión mientras cruzábamos el enésimo desierto, miramos el horizonte con calma y con esperanza porque, afortunadamente, “se hacen” más andalucistas.

Por eso, salvo en el cine (lo irreal hecho real), me cuesta entender a personajes como Norma Desmond, la estrella del cine mudo que no podía soportar las películas sonoras y que afirmaba, en una magistral escena de Sunset Boulevard, “Yo soy grande. Son las películas las que se han hecho pequeñas”. ¿Quién es tan grande, tan sabio y  tan íntegro como para despreciar los nuevos lenguajes?

El andalucismo se agranda con las personas que se incorporan y que aportan otras miradas, nuevos lenguajes y otras tradiciones políticas democráticas y de izquierda a la forja de un proyecto soberanista para las y los andaluces del siglo XXI. No hay dogmas en la heterodoxia y el primer andalucista heterodoxo fue el propio Blas Infante.

Tristes estos tiempos en los que un gorrito bienintencionado provoca una declaración de herejía. Por suerte la inmensa mayoría de las y los andaluces están en la vida real y ajenos a estas peripecias tan patéticas. Y muchos hasta escuchan a Califato ¾ y su maravilla  herética “No Înno de Andaluçia”

 

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