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La autocompasión es nada más que tratarse a uno mismo con cuidado y con consideración cuando estás confrontado con tus equivocaciones y errores. Hay quienes la describen como ser amable consigo mismo o tener un sentido de humanidad común o simplemente mindfulness. O los tres, ¿pero qué está detrás de esto ? Había una vez Ana. Se había criado con sus abuelos debido a que su madre era muy joven y además soltera con los problemas de la vida habituales y específicas también, siendo una familia de inmigrantes de primera generación en un nuevo país. Sí, ella ha recibido afecto aunque desde muy temprana edad se encontraba prácticamente sola. Después, como una adulta joven se refugió en su trabajo de contable que ha escogido. Nunca o casi nunca se permitió sentir dolor. Tampoco podía recordar si alguna vez había estado seriamente enferma. Para eso no hubo permiso.

A los 28 años se casó con un hombre mucho mayor que ella, de nacionalidad del país donde residía. No se casó por amor, se casó por tener alguien al lado para agarrarse. No tenían hijos. Le intentaba complacer en todo. Se preocupaba de su marido y trabajo al 100%, menos de sí misma. Hasta que llegó a los 38 años. Se cayó de repente y cuando se levantó, su pierna y brazo del lado izquierdo no querían hacerles caso. Muy lento la permitían moverse y por momentos la invadió un dolor extremo que vino y se fue. Eso nunca se logró curar propiamente, la acompañó hasta su último día. El arte de la autocompasión se puede aprender. Incluso si no has recibido afecto ninguno o muy poco durante tu infancia. La autocompasión es altamente sanadora.

¿Qué tal hubiera seguido la vida de Ana si hubiera dominado la autocompasión? La reescribimos entonces. Cuando tenía poco menos de 25 años, se encontró por casualidad a una mujer, vecina de su casa, que ha vivido casi la misma biografía que ella. Se hicieron buenas amigas y así es como Ana dio el primer paso importante de reflexionar sobre su vida con más profundidad. Se sintió por primera vez en su vida no aislada, intercambiaron y se dieron consuelo. Es también que justo aquí empezó a permitirse sentir su dolor y nombrar sus espantos, miedos y molestias. Poco a poco logró ser más comprensiva consigo misma, con sus reacciones y su actitud, aunque comprendiendo que así no se puede seguir para siempre y que necesitará pronto algunos cambios.

Lo primero que quería quitarse era su manera de autocriticarse con una dureza enorme. Después aprendió a parar, ya que trabajar hasta que no se puede más solo ha sido anestesia para drogar su estado emocional. Aprendió el silencio con yoga y bailes clásicos. Y tercero, como ya no buscaba desesperadamente a alguien que le diera estabilidad, se abrió a nuevas amistades. Y así es como se cruzó de manera imprevista con un amigo muy atento que después de un tiempo lograba ser el amor de ella. Con tanto positivismo decidió sacarse una maestría en su rama y avanzó profesionalmente. Menos horas de trabajo pero mucha más satisfacción. Se permitió descubrir, llorar, y cambiar siempre y cuando le pareciera necesario. Y así continúa la historia... No le dio con 38 años ningún colapso. A esa edad estaba a pleno rendimiento y aprendió a disfrutar su vida.

A quién le falta autocompasión puede escribir una carta dirigida a sí mismo. Una técnica simple y bastante eficaz. Primero escoge un aspecto de ti mismo que te disgusta y que sueles criticar (apariencia, carrera, relaciones con los demás, lo que sea...).Segundo, describe en detalle sobre cómo esto te hace sentir; qué pensamientos, imágenes, emociones, o historias provoca esto en ti, aparecen en ti. Después imagínate a alguien que te ama, te quiere de manera incondicional, te acepta y te aporta algo de valor en tu vida. Este amigo/a que te vea tal como tú eres. Él, ella te acepta y perdona, te abraza, es amable y cálido. Finalmente, ¡escribe! Ahora haz tu carta para ti mismo desde la perspectiva de tu amigo/a amable e incondicional. Cómo te motiva o aporta él, ella a la hora de dar pasos para cambiar. Una vez finalizado, espera. Después de un tiempo vuelve a leer tu carta...

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