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Hagan sus apuestas. La conversación más socorrida del verano es el/la calor. Hasta en los medios de comunicación se sortea este páramo desértico de noticias con el tórrido asunto y lo que lleva aparejado: las ventas de aire acondicionado se disparan -un 40% más que el verano anterior, por ejemplo-, el termómetro de La Parra rompe récords, el comercio de helados se triplica y ni digamos el de hielo...

Porque recuerden: el invierno siempre es más frío que nunca y el verano más sofocante. Que si nos estamos cargando el planeta, que si el efecto invernadero y el calentamiento global, que si bla bla bla. Aunque, para ser justos, todavía me acuerdo de ese viaje Sevilla-Marrakech en el que el taxista del segundo destino, nada más salir del aeropuerto, me preguntó: "Qué, mucho calor, no?". A lo que respondí no sin chulería, pero con fría sinceridad: "El mismo que en Sevilla". 

Y en estas divagaciones estoy cuando me entero por la prensa de la nueva moda: el Sunburn Art o tatuaje solar. O sea, el arte de quemarse a lo bestia bajo temperaturas cancerígenas pero empleando un molde, lo que puede dejar en tu cuerpo la marca de Batman (o la frikada que se te ocurra). Los expertos, obviamente, ya han advertido de los efectos nocivos de esta práctica, que sería algo así como quemarte a lo bonzo pero a fuego lento y haciendo el canelo. 

No me quiero imaginar cuando en el Cádiz profundo se enteren de la nueva tendencia. Ríete tú de los pies retrovisor de Mamen Sánchez. Ya estoy viendo en Valdelagrana a ese Cristian luciendo un abrasado y cincelado pecho en el que emerge, blanco como la nieve, el nombre de su chorba: Jenny, Sheila o algo por el estilo. Yo, por si acaso me da por sumarme a la moda, ya estoy buscando el molde de "Amor de madre", que no hay más que una. 

Aunque creo que al final voy a hacerle caso al alcalde de Granada y voy a ir "cuanto más vestido, mejor". Si al menos perteneciera al sexo opuesto me compensaría comprar papeletas para el cáncer de piel. Ya saben, la mujer, "cuanto más desnuda, mejor". En serio, mi consejo es que no jueguen con fuego. Ni se tatúen con él.

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