Amnistía Internacional iluminará torres y monumentos en toda Andalucía para defender los derechos humanos

El 31 de enero, el encendido resignifica el patrimonio andaluz frente a la muerte en el mar

31 de enero de 2026 a las 08:59h
El Castillo de San Sebastián, en Cádiz.
El Castillo de San Sebastián, en Cádiz. JUAN CARLOS TORO

Andalucía siempre ha sido tierra de paso y de encuentro. Aquí lo diferente no se expulsa: se conversa, se mezcla y, con el tiempo, se hace propio. La historia andaluza está hecha de voces distintas que aprendieron a convivir; de caminos que llegaron del mar y del interior; de culturas que dejaron huella sin borrar la anterior.

Esa idiosincrasia —abierta, mestiza, hospitalaria— no es una anécdota del pasado: es una responsabilidad en el presente.

Por eso, cuando el Mediterráneo se convierte en frontera de muerte, Andalucía no puede mirar hacia otro lado.

El próximo 31 de enero, Amnistía Internacional encenderá torres y atalayas para recordarlo. No como un gesto decorativo ni puntual, sino como una toma de posición. Encender es decir que no aceptamos la violencia como paisaje. Encender es negarnos a callar ante la muerte en el mar. Encender es afirmar, alto y claro, que Andalucía es vida.

Convivir con lo diferente: una seña de identidad

Aquí, convivir no ha sido una consigna; ha sido una práctica cotidiana. Andalucía ha sabido adaptar lo diverso hasta hacerlo suyo, sin miedo, sin uniformar, sin levantar muros. Esa forma de estar en el mundo choca frontalmente con la lógica que hoy gobierna las fronteras: cerrar, excluir, deshumanizar y silenciar ante la muerte de cientos de personas.

Cuando se criminaliza a quien rescata, cuando se normaliza que personas mueran ahogadas buscando refugio, cuando se convierte el mar en una línea de castigo, se vulneran derechos humanos fundamentales. Y callar ante eso también es una forma de violencia.

Encender frente a la indiferencia

El Encendido de Torres y Atalayas resignifica símbolos antiguos, pero también hace visible algo que a menudo queda silenciado: que aún hay muchas personas que creen —y saben— que Andalucía es tierra de acogida. Personas que no quieren callar y que desean expresar, de forma colectiva y pública, que quienes llegan son bienvenidos y bienvenidas y cuentan con nuestro apoyo.

Donde antes hubo vigilancia, hoy hay acogida. Donde antes se alertaba del “otro”, hoy se señala lugar seguro. La luz y el humo no avisan de un enemigo: acompañan a quien llega y recuerdan que no todo el territorio acepta la lógica del miedo.

Encender es afirmar que ninguna persona es ilegal. Es recordar que la dignidad no se suspende en la frontera, que no depende del origen, del pasaporte ni de la ruta seguida. Que hay valores —la vida, la igualdad, la humanidad compartida— que no se negocian y que siguen encontrando apoyo, incluso cuando los discursos de odio y del miedo intentan ocuparlo todo.

Dónde se enciende Andalucía

Este 31 de enero, Andalucía se suma de forma visible a este llamamiento colectivo desde lugares que no son casuales. Torres y miradores que hablan de cruces de caminos, de convivencia y de mestizaje, y que hoy vuelven a encenderse para reafirmar una forma andaluza de estar en el mundo: abierta, hospitalaria y viva.

En Algeciras, el encendido tendrá lugar a las 18:00 horas en la Torre del Almirante, en una ciudad que históricamente ha sido puerta sur de Europa y punto clave de tránsito marítimo.

A las 19:00 horas, la luz se alzará también desde la Torre de la Calahorra, en Córdoba, recordando que la responsabilidad frente a la muerte en el mar no termina en la costa.

A esa misma hora, el encendido llegará al Mirador de San Nicolás, en Granada, uno de los espacios más simbólicos del paisaje urbano, donde la luz se convertirá en un mensaje visible de memoria y reivindicación.

La jornada comenzará antes en Almería, donde el encendido tendrá lugar a las 10:00 horas en el Cerro de San Cristóbal, con la Alcazaba de Almería como telón de fondo: una imagen poderosa de historia, frontera y memoria compartida.

En Cádiz, la acción se desarrollará frente al Castillo de San Sebastián, un enclave marcado por el mar y por siglos de intercambios, llegadas y partidas.

También Málaga se suma al encendido. La Farola de Málaga será iluminada como símbolo visible desde el litoral, mientras que la concentración ciudadana tendrá lugar en la Plaza de la Marina a las 18:00 horas, trasladando el gesto al corazón urbano.

Derechos humanos: la línea que no se cruza

Cada torre encendida lanza un mensaje inequívoco: los derechos humanos no son una opción ni un privilegio. Son la base de nuestra dignidad colectiva. Cuando se

bloquean rutas legales y seguras, cuando se externalizan fronteras sin garantías, cuando se mira hacia otro lado ante la muerte, se rompe ese pacto básico que sostiene cualquier sociedad democrática.

Encender es recordar que otra política migratoria es posible: una que ponga la vida en el centro, que garantice vías seguras, que apueste por la acogida digna y por la convivencia.

Andalucía es vida (y lo demostramos)

Andalucía es vida. Y la vida no convive con la indiferencia ni con el silencio ante la muerte. Encender no es solo un gesto: es memoria de quienes no llegaron, abrazo a quienes siguen llegando y compromiso con un futuro distinto.

Cuando la luz se eleve y el humo se extienda, guardaremos silencio un instante. Pensaremos en los nombres que no conocemos y en las historias truncadas en el agua. Pero encender es también imaginar otro horizonte: un mar que vuelva a ser casa compartida y no frontera de muerte. Porque cuando la oscuridad regrese —y regresará— sabremos que tenemos el deber de volver a encender.

Andalucía es vida. Y la vida no se defiende en silencio. El próximo 31 de enero, encenderemos nuestras torres para hacer memoria, para acompañar y para decir que no aceptamos la muerte como frontera. Estar allí es tomar posición, es no callar, es elegir la dignidad frente a la indiferencia.

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