Al-Mutamid, el famoso rey poeta de la taifa de Sevilla.
Al-Mutamid, el famoso rey poeta de la taifa de Sevilla.

He tenido la suerte de visitar varias veces el Algarve portugués, pero ha sido en  el último viaje cuando me topé de lleno con un pasado musulmán que se extendía también hacia la región del Alentejo y del que quedan numerosas huellas en la toponimia, el urbanismo y los vestigios materiales, un pasado todavía muy poco conocido. Pude entonces darme cuenta de lo que significaba realmente el término “Al-Garb”, “el occidente” de Al-Ándalus.

Empezando por el oeste, cerca de la costa atlántica se levanta Aljezur, nombre proveniente de al jazair, plural de al jazira, “isla”, como nuestra gaditana Algeciras, (“isla verde”, en árabe) . El enclave, efectivamente, está emplazado entre dos ríos cercanos al mar, que confluyen allí para formar uno sólo que desemboca en la Praia da Amoreira. Este río fue navegable hasta el siglo XVI, siendo muy importante el puerto de Aljezur porque garantizaba el comercio tanto con el exterior como con el interior. Recientes excavaciones han sacado a la luz un castillo y fortificación que se remonta al periodo almohade o incluso antes y que domina la población, cuyo casco antiguo de sabor medieval se extiende por las laderas de tres cerros. A su importante legado andalusí está dedicada la mayor parte del Museo local, cuyos fondos conservan sobre todo cerámica y monedas del periodo islámico, el más largo de todo Portugal.

Aljezur está cerca de la sierra de Monchique y de playas casi vírgenes llenas de dunas y acantilados. Se han hecho excavaciones en la de Arrifana, nombre que denuncia también un origen árabe, ya que al parecer existía allí un antiguo ribat, monasterio-fortaleza fundado por el maestro sufí Ibn Qasi hacia el 1130 y uno de los más extensos de la Península Ibérica, puesto que albergaba hasta siete mezquitas y diferentes lugares de oración, algunos bastante bien conservados. En Ponta do Castelo, en Carrapateira, se han encontrado estructuras residenciales que indican que se trataba de un asentamiento de pescadores, uno de los primeros de época musulmana estudiados en el país vecino, usado para la pesca estacional como complemento de las actividades agrícolas, la ganadería y la caza.

Si continuamos luego hacia el sur por la carretera que va hacia la preciosa ciudad costera de Lagos nos encontramos el pueblo de Bensafrim, nombre que viene del árabe Benassaharim y corresponde a una pequeña comunidad agrícola.

Algo más arriba de Lagos se encuentra Silves, con su impresionante castillo, objeto de una completa restauración iniciada en los años 40 del pasado siglo y finalizada en 2009. A él se refiere ya el historiador y geógrafo Al-Razi en el siglo X como uno de los mejores del Algarve, junto con la ciudad. Su muralla poligonal se adapta a la topografía del terreno y comprende un área de 12.000 metros cuadrados, que albergaba una residencia palacial y alojamientos de contingentes militares y  personal administrativo, además de torres, cisternas y un enorme patio central.

Precisamente en este castillo residió como gobernador el famoso rey poeta de la taifa de Sevilla  Al-Mutamid, nacido hacia 1040 en Beja, otra localidad portuguesa. A él dedicó Blas Infante en 1920 su obra de teatro “Motamid, último Rey de Sevilla”. Aunque en ella no siempre aparecen con exactitud los hechos históricos, se refleja de forma simbólica ese ideal para Andalucía que el líder malagueño había plasmado ya sobre el papel en 1915. Hacia 1928 Infante viajó a Silves para asistir a un homenaje al legendario rey-poeta, por cierto muy saboteado por la prensa lusa del momento. Es además muy conocida su fotografía en la tumba del rey, muerto en 1090 en el destierro. En ella aparece el líder andalucista rodeado por los descendientes del emir, cuando en 1924 viajó a Agmat, cerca de Marrakech, en pleno enfrentamiento bélico entre España y Marruecos. Fueron sus únicos viajes al extranjero.

Si desde Lagos seguimos hacia el este, nos encontramos con el pueblo costero de Benagil, que destaca por sus acantilados y por las grutas que la erosión ha excavado, y también con Alvor, junto a una ría que es hoy reserva natural. Es ésta una localidad de tradición pesquera y hermosas playas, coronada por una iglesia y por los restos de un castillo que data del siglo VIII, por tanto de época musulmana. Alvor es una freguesía de Portimao, famoso por su museo de envasado de sardinas, industria que dio trabajo a la población durante muchos años. En Portimao hay otras freguesías como Alcalar, donde se han encontrado restos neolíticos pero cuyo nombre delata la posible existencia de un castillo árabe.

Más hacia el este y siguiendo por la costa nos encontramos con Albufeira, nombre que procede del árabe al-buyaira, “lago”, o “pequeño mar”, de donde proviene igualmente el de nuestra Albufera de Valencia y el de los jardines de La Buhaira en Sevilla, obra del citado rey Al-Mutamid, que en torno a una laguna allí existente, plantó una serie de huertas de recreo que más adelante serían ampliadas con miles de olivos, viñas, frutales y palmeras. Los jardines pueden visitarse todavía hoy -después de su definitiva reinauguración en 1999- y el paseo resulta tan agradable como lo sería en la época del rey-poeta.

Volviendo al Algarve, La Albufeira islámica era un poblado amurallado, con un castillo encima de un peñasco rocoso, que fue conquistado en 1250 por Alfonso III de Portugal pero que todavía conserva vestigios de la época musulmana, en particular algunos restos de la muralla defensiva. Cerca de esta ciudad  nos encontramos con playas tan maravillosas como las de Vilamoura, denominación que habla por sí sola.

Más hacia el interior se sitúa Paderne, que, además de los azudes, sistemas de regadío de origen árabe, alberga uno de los siete castillos representados en la bandera de Portugal, cuyas ruinas, de color rojizo, constituyen uno de los ejemplares más significativos de la arquitectura militar musulmana en la península ibérica.

Y, en pleno corazón del Algarve,  Loulé  (la Al-Ulya musulmana), descrita por primera vez en vísperas de la conquista cristiana por algunos cronistas árabes como una medina fortificada y próspera, perteneciente al reino de Niebla, con una Alcazaba, un hamman (baños públicos) y una mezquita cuyo minarete es hoy la torre de la iglesia de San Clemente.

Cuando la ciudad es conquistada en 1249 por el mismo rey Alfonso III, los musulmanes expulsados se asientan en los alrededores, dando lugar al Bairro da Mouraria, con calles estrechas y sinuosas hasta el día de hoy. Se nos viene a la memoria el barrio de las cuevas de Guadix, en las colinas del extrarradio de esta población andaluza, donde se refugiaron los moriscos justo después de la toma de Granada en 1492 por los Reyes Católicos. De esta fecha datan las primeras cuevas: estrategias de supervivencia de gentes que no querían del todo abandonar su tierra y se veían obligados a vivir en ghettos allá donde llegaban.

Y en la importante ciudad costera de Tavira, cuando se trabajaba para convertir el renacentista Convento de Graça en un hotel de lujo, los promotores se encontraron con una calle adoquinada y los cimientos de una docena de casas construidas hace más de 700 años por los musulmanes que gobernaban entonces gran parte de Portugal. Ahora hay un pequeño museo bajo el bar del hotel, y los visitantes pueden caminar entre los restos que quedan del barrio medieval árabe. El castillo de la localidad data del siglo VIII e iglesias como la de Santa María do Castelo y la de Santiago fueron construidas sobre antiguas mezquitas. En el Museo Islámico podemos admirar además el famoso vaso de Tavira, un recipiente cerámico del siglo XI, cuyo borde está decorado con once figurillas que representan el rapto ritual de una novia. Tanto el borde como las figurillas están huecos, de forma que el agua podía circular a través de ellos y verterse en el interior. Probablemente era una maceta, quizás de albahaca, que una pareja tavirense recibió como regalo de bodas.

Los portugueses, que cuentan en su lengua con unas mil palabras de origen árabe, -en castellano hay unas 4.000- empezaron a redescubrir su pasado islámico a partir de los años 90 del pasado siglo y hoy -no siempre fue así- se sienten orgullosos de él, a pesar de que no cuentan con monumentos tan deslumbrantes como La Mezquita de Córdoba o la Alhambra de Granada. Así, entre 2007 y 2013 se inauguró la llamada “ruta de Al-Mutamid”, que comprende tanto las ciudades del Algarve que hemos mencionado como Niebla, Almonaster la Real o Cortegana en Huelva. Todas  son testimonio de una cultura compartida, que el tiempo y las nuevas fronteras han ido difuminando, pero que aún se respira por sus calles.

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