El Parlamento Europeo, en una imagen reciente.
El Parlamento Europeo, en una imagen reciente.

Manejar los tiempos es esencial en cualquier aspecto de la vida, al fin y al cabo somos tiempo. Pero manejar los tiempos en política, y más en medio de una crisis inaudita, que es una actividad altamente compleja, es decisivo. No se trata solo de establecer una buena hoja de ruta o de trazar objetivos deseables y posibles; la cuestión que puede inclinar la balanza hacia una estrategia exitosa o no, es el manejo de los tempos como en la interpretación de una partitura musical.

Creo que aunque entiendo y comparto las buenas intenciones de los que exigen la mutualización, aquí y ahora, de la deuda que la crisis sanitaria está generando no comparto la oportunidad: ahora no toca. Creo que demandar en estos momentos la emisión de coronabonos solo servirá pare entorpecer el necesario acceso a la liquidez que urgentemente necesitamos y potenciar un enrarecimiento del clima y la confianza política en este proyecto político imprescindible que es Europa. Necesitamos ya dos cosas: liquidez y que Europa salga fortalecida de esta crisis. Y para conseguirlo no creo que sea bueno pedir que en el peor momento se haga efectiva inmediatamente la mejor Europa a la que legítimamente debemos aspirar. No olvidemos que en muchas ocasiones, casi todas, lo mejor es enemigo de lo bueno. No podemos salir de la fase más aguda de esta crisis sin un mínimo de liquidez y con una Europa llena de europeos del sur decepcionado con los europeos del norte, así no.

Ha sido un error habitual de la izquierda postmoderna ignorar los “efectos perversos” de los buenos programas y las mejores intenciones. Es el meme idealista el que nos hace creer que el éxito de las acciones depende esencialmente de las buena intenciones de los agentes. No, no toca exigir que la Europa óptima se haga realidad de golpe y porrazo por obra del Covid-19. La peor UE es mejor que la ausencia de UE. En medio de una globalización caótica la Europa más mezquina es un faro de racionalidad frente a la locura de los Trump, Bolsonaro o Johnson.

Como muy bien explica este articulo: The European response to the Covid-19 crisis: A pragmatic proposal to break the impasse (enlace aquí), la actual Unión Europea con el más que imperfecto diseño de la zona euro; tiene dispositivos que aplicados pragmáticamente, como de hecho se está haciendo, permiten resolver coyunturalmente la demanda urgente de liquidez a la par que reforzar la cohesión y la confianza política dentro de la unión. Esto no significa que los mecanismos actuales no tengan que ser aplicados con mucha prudencia habida cuenta de las circunstancias actuales.

Hay que ser conscientes de que esos dispositivos estaban pensados para crisis de deuda ordinaria como la del 2008 pero no para crisis sanitarias excepcionales e imprevistas. No tiene sentido mantener el techo de gasto o establecer el rescate como alternativa de financiación de la deuda. Al final habrá que rediseñar la zona euro y alejar los memes neoliberales que coartan al BCE para que ejerza de auténtico banco central europeo. Pero creo que pretender realizar todas esas reformas en estas circunstancias sería imprudente y contraproducente. Ojalá fueran posible los coronabonos ya, sería el primero en alegrarme de mi estimación equivocada, pero no lo creo. Ahora toca salvar el barco, ya lo reformaremos. En todo caso, siempre, nada hay más radical que la realidad misma.

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