Dos veraneantes en Jerez. FOTO: JUAN CARLOS TORO.
Dos veraneantes en Jerez. FOTO: JUAN CARLOS TORO.

El viento entra ruidoso por las ventanas entreabiertas de la casa. Las cortinas se insinúan retozando con el aire. Son días de mucho calor, hemos llegado a los 40 grados en los últimos de julio. Estrenamos mes de agosto y sentada con amigos en la terraza de la plaza Rivero de Jerez, observo como el cielo se va vistiendo de noche. De forma imperceptible, casi sin darnos cuenta, los días se van haciendo más cortos. Esto me pone momentáneamente melancólica <no quiero que se vaya la luz y el verano>, les digo, <¡qué exagerada, pero si acaba de empezar agosto!> .

Agosto en casa es mes de muchos cumpleaños. El de mi hija y mío justo al final entre el 29 y el 31. Con  lo que, para mí, este mes es ya el final de algo. Del verano, de un año... No sé si me entienden o me explico. Otro año más por suerte, pero otro año…¿menos? Quizás estoy algo nostálgica.

La luna brilla en lo alto a cara descubierta. Qué suerte tiene ella  y echan a reír mirando todos hacia arriba. Hay separación entre mesas y los camareros pasan entre ellas amables y dispuestos a servir con prontitud antes que nos cierren de nuevo la calle.

Aunque si hacemos las cosas bien no tiene porqué.

Hace dos días volvía de Madrid. El Alvia venía lleno y con el aire acondicionado estropeado. El calor y el nerviosismo se apoderó de nosotros, viajeros mascarillados sudando.

Por seguridad la cafetería de los trenes permanecen cerradas, normal teniendo en cuenta que con sus reducidas dimensiones no pueden garantizar la distancia de seguridad. Pero ¿podían colocar unas  máquinas para comprar agua o refrescos?. Eso sí,  lo que ponen son los billetes cada vez más caros.

En fin, un viaje agobiante, sofocante y para reclamar.   

Hablando de reclama; reclamo para Jerez limpieza.

No, más limpieza si no limpiar esa suciedad acumulada en las calles, aceras, en los alrededores de los contenedores y demás zonas de Jerez.

Vivimos en una ciudad que ensucian mucho los vividores nocturnos. Sí, esos  que no tienen ningún reparo en orinar en rincones o en medio de la calle jugando, por lo que se ve, a ver quién la tiene más larga o mea más lejos. ¡No te digo!,  los  pedazos de marranos o cerdos que tenemos que sufrir los viandantes con sus guarradas.

Y luego está la mugre pegada al suelo o  aceras negras porque el Ayuntamiento no limpia.

No veo por la Avenida o calles como  Sevilla, Paúl, Circo, Santo Domingo, Zaragoza, Compañía de María, Plaza San Andrés, Caracuel, Bizcocheros y otras muchas más baldeos como mandan los cánones, un fregao en condiciones, máquinas,  operarios currando…Señores que los ciudadanos pagamos con nuestros impuestos la limpieza de la ciudad que brilla por su ausencia. Esta asignatura la tiene suspendida el Ayuntamiento jerezano con todos y cada uno de los partidos que han gobernado y gobiernan el Consistorio. Cero patatero a los gestores y delegación de limpieza. De verdad que da asco y pena ver una ciudad en este estado de mugre. Solo he visto Jerez limpio durante el estado de alarma. Los escasos ratos que podíamos salir a comprar veíamos la ciudad vacía pero limpísima. Los únicos meses que la hemos visto decente durante esos dramáticos meses.

Qué quiere decir esto, que son (y no me incluyo a sabiendas y conciencia) los ciudadanos los que les da igual por donde pisan, ni el rastro que dejan a su paso, ni la visión de una ciudad en el estado desaseado (por escribirlo con finura), desaliñado, descuidado... Un Jerez del que tampoco se preocupa su Ayuntamiento como debería hacerlo y le corresponde. Así se ve Jerez, en este rastreo de calles.

Es una lucha de muchos años que no se  le ve solución alguna. Ya digo, asignatura pendiente de cada curso. Y esta  es la carta de presentación de cualquier ciudad o pueblo; la limpieza.

Nosotros en casa, hacemos como los japoneses, dejamos el calzado en un zapatero situado en la entrada. En el suelo de casa no entra la negatividad de la calle.

Negatividad que no podemos dejar crecer en estos tiempos de brotes y rebrotes. El virus sigue a nuestro lado para meterse en nuestras vidas. Un invitado no deseado que llegó hace meses para quedarse algún tiempo. Y el bicho que no se va, que parece que sí pero vuelve. Y ahí va con pacientes de 45 años para abajo. Lo acabo de oír en la radio,  lo cuenta un médico que pide la máxima prudencia en las reuniones “los últimos casos son de jóvenes que llegan muy malitos”.

Esto es para reflexionar y hacernos ver cómo hemos vuelto a esta situación cuando los brotes continúan activos. Desde el final del estado de alarma se han detectado la friolera de 614 focos con cerca de 8000 personas contagiadas y sigue creciendo.

El virus preocupa, como preocupa las concentraciones en el ocio nocturno que trae consigo nuevos brotes y la huida de turistas. Lo que confirma que hay que actuar con mano firme y rigor, poniendo por delante la salud, aunque hayamos sufrido  un desplome histórico del PIB  con una España ya en recesión.

Sin embargo  mientras el virus no esté controlado no habrá PIB que suba. Paciencia y confiemos en la ciencia, pero ella también nos pide algo a cambio; respetar las normas que ya sabemos.

Siempre les deseo lo mejor. Sean felizmente prudentes.

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