Simpatizantes de VOX, tras conocer los resultados electorales en Andalucía. FOTO: JUAN CARLOS TORO
Simpatizantes de VOX, tras conocer los resultados electorales en Andalucía. FOTO: JUAN CARLOS TORO

La capacidad de Vox para marcar la agenda política hace patente la necesidad de reflexionar sobre la manera de tratar las “propuestas” lanzadas desde la formación ultraderechista

La desaparición mediática de Santiago Abascal no ha impedido a Vox dominar el terreno de juego en esta convulsa precampaña. Mediante el planteamiento de disparatadas propuestas, más propias de siglos anteriores que de nuestro tiempo, han logrado centrar la atención de la opinión pública. Si un día nos despertamos leyendo acerca de la prohibición de partidos políticos contrarios a la unidad de España, al siguiente escuchamos la defensa que todos los “españoles de bien” puedan portar armas. La fundamentación de la propuesta se torna irrelevante, al lograr atraer la atención de una sociedad, que, en esta democracia de audiencia, observa la política como espectáculo.

Como vemos, Abascal y los suyos no son idiotas. Siguen la estrategia que tan bien funcionó en los EEUU y en Brasil. Alejados de los medios de comunicación convencionales, utilizan las redes sociales para proclamar sus soflamas, empleando a sus milicias digitales para expandir sus ideas, no solo dentro de las propias redes sino utilizando la aplicación más usada por los españoles, WhatsApp. Por último, no olvidan mantener la tan necesaria cercanía con el votante, colocando esos ‘stands’ que la mayoría habremos visto en pueblos y ciudades.

Esta estrategia, para funcionar a pleno rendimiento, requiere de colaboradores indirectos. Ese papel lo ejercemos nosotros. Sí, nosotros, los idiotas. Idiotas que impactados por las barbaridades que nos llegan, compartimos en nuestras redes sociales. En el momento que compartimos sus mensajes, otorgamos difusión gratis al enemigo, dando igual el contenido diferente que aportemos al suyo. Ellos ya han ganado, porque cuando Teresa Rodríguez, Irene Montero, etc, por mencionar cuentas con cientos de miles de seguidores, deciden compartir una noticia sobre Vox, les sirven en bandeja el espacio mediático que debería corresponder a la lucha por la igualdad, el empleo o el bienestar.

En esta batalla digital, por el momento, tenemos todas las de perder. Por un lado, la pedagogía que requiere tratar fenómenos como el de Vox no se está llevando a cabo. Sigue primando el instinto de ‘respuesta’ frente al seguimiento de una estrategia que permite arrinconar a un partido político sin cuadros ni ideas. Por otro lado, en buena parte de la izquierda sigue ese desprecio de lo digital. El “fetichismo de la calle” continúa siendo un grave defecto para una izquierda que se niega a reconocer que hoy las batallas políticas se libran en las pantallas frente a las que los españoles pasan gran parte de su tiempo.

También podemos señalar con el dedo a los mayores idiotas, Pablo Casado y Albert Rivera. Ellos, competidores políticos directos de Vox, han acercado su agenda política tanto a la de la formación ultraderechista que cuesta diferenciarles en determinadas materias. De ahí que propuestas impropias de formaciones liberales ocupen un papel clave en sus discursos. Por suerte, encontraron su castigo en la figura de Victor D’Hondt.

Puede parecer que simpatizantes y militantes ajenos a cargos de peso no tenemos responsabilidad en esto. Podemos pensar que nosotros no somos idiotas. Estaríamos equivocados. Nosotros también lo somos. Porque estas cuentas tienen la responsabilidad de compartir en primera instancia, pero nosotros seremos partícipes de esos debates inocuos que trascenderán el contenido de la propuesta. Al final, no se habla nunca de que Vox no es un partido antisistema, sino una escisión radical y elitista del PP, la cual huye de la moderación del ‘Marianismo’ para poder expresar todo lo que siempre han querido. Supresión de lo público, exclusión de los pobres, vaciado de la democracia…

Los andaluces conocemos bien esta estrategia. Todos debemos recordar aquel día donde lograron que el debate mediático se centrara en la posibilidad de trasladar el Día de Andalucía al de la celebración de la Toma de Granada. La tierra del hambre y la pobreza olvidando gritar su miseria, cayendo en un debate pasado hace ya mucho tiempo. Porque si consiguieron de esta manera tan “burda” que volviéramos a dudar de nuestra autonomía, pueden alcanzar cuotas imprevisibles con los medios y estrategias que van a emplear en estas elecciones. No compartas, ignora. ¡Ladran, nosotros ignoramos!

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