Alejandro Hernández, de Vox, durante su polémica intervención.
Alejandro Hernández, de Vox, durante su polémica intervención.

Ni un castigo para el diputado portavoz de Vox por gritarle a la cara, este repulsivo  insulto, a la presidenta del Parlamento andaluz.

 “A tomar por culo”. Alguien de ustedes, cualquiera de nosotros le gritamos ese exabrupto, esa inconveniencia, grosería y demás adjetivos por añadir, a nuestro superior y estamos de patitas en la calle, vamos que no duramos ni una hora más en la silla.

Pero estos sujetos o individuos están libres de culpa. De toda culpa.

Ni una suspensión, no ya definitiva que es lo que se merece, es que ni de una semana. Inconcebible, inaudito.

La intolerancia, la bronca, la ordinariez se ha instalado en la política de una manera que da vergüenza. El nivel y la torpeza de Alejandro Hernández hacia la presidenta del Parlamento andaluz  Marta Bosquet, porque no le dio la palabra, llega a ser imperdonable. Pero no pasa nada. Salió en todos los medios, fue compartido en las redes sociales, y qué. Nada.

 Este impresentable o negligente, en lugar de hacerle caso y esperar su turno para tomar la palabra  sigue gritando, golpea el micrófono y suelta los insultos como en una pelea de gallitos después de una buena bulla.

Pero he ahí, que  él no estaba en la calle hablando de fútbol  o quién sabe qué y con quién. Es un político, ¿no? o de eso va.

Es un diputado y está en un el Parlamento donde debe dar ejemplo de dialéctica, buenos modales, cortesía parlamentaría…

Pero parece ser que la presidenta, no se ha dado por aludida o le da igual que la insulten porque nada ha hecho al respecto en cuanto a  aplicarle  alguna  merecidísima sanción.

¿Por qué? No sé, me da a mí que …tal vez…pueda ser…que será…Digo yo ¿eh?, que igual me equivoco por malpensá… ¿por el acuerdo, que ha llegado el partido ultra de Vox  con el Gobierno de coalición PP y Ciudadanos, para aprobar el Presupuesto de la Junta de Andalucía para 2021?.

 Alianza esta que garantizará la estabilidad del Ejecutivo hasta el final de la legislatura.

Pues así están las cosas. En  política todo vale. Hasta que le manden a tomar por culo en un Pleno a  la segunda autoridad de Andalucía y aquí Paz y después Gloria bendita.  

Un castiguito, una sanción;  suspensión de empleo y sueldo por un tiempo, como nos hubiera ocurrido a cualquiera de nosotros en nuestros diferentes trabajos. No, nada, ya  esto  está olvidado hasta la próxima.

Ese es el nivel señoras y señores de por aquí. Pero no crean que más arriba aprueban, ¡qué les voy a decir  que ustedes no sepan!,  pues como dice Antonio Muñoz Molina, recientemente premiado con el Galardón Médicis, “tenemos unos dirigentes políticos de una bajeza y de una incompetencia escalofriante”.

Molina no comprende, como muchos de nosotros, que con la que está cayendo; la gravísima crisis sanitaria que ha sumido en  duelo y  dolor a tanta gente, - y aún nos queda-. Sumado a una economía hundida,  trabajos que se pierden, la pobreza infantil que aumenta…tengamos unos políticos que fomentan “una atmósfera de enfrentamiento grosero, brutal y permanente”. No se  comprende.

 Cierto es  que estas broncas nos dividen aún más,  hace que nuestro día a día sea más difícil, radical e incluso, como lo llama el autor de El invierno en Lisboa, más inhóspito.

No queremos vivir en un mundo políticamente incomodo, porque para eso ya tenemos la pandemia y el maldito Covid19. La política está para ir solucionando los problemas, no para crearlos.

Y si a este carro de lo esperpéntico se suman históricos  personajes de una vida políticamente pasada, la Iglesia, los coches , las banderas, los bulos, facebook… el ambiente se va caldeando aún más instalándose la bronca y el ruido en lugar de ir sumando fuerzas para vivir en un mundo algo más prometedor. Parecía que el virus maligno nos iba a restregar lo mal que lo estábamos haciendo, pero no. Seguimos siendo los mismos. Aunque quizás al final del túnel…

Dicen que soy idealista y otro tanto ilusa, que viene a ser lo  mismo.  Sí, tal vez no les falta razón, pero no desisto en soñar un mundo mejor donde quepamos todos.

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