Pablo de Moor, en una imagen de archivo. FOTO: Cedida
Pablo de Moor, en una imagen de archivo. FOTO: Cedida

Por Asociación para la Recuperación de la Justicia y la Memoria Histórica Jerez Recuerda

Nunca es fácil hablar, ni tampoco escribir, de la muerte. Pero no de la muerte en abstracto o como tema filosófico o poético, ni como una parte de nuestra naturaleza o de un ciclo que debemos de cumplir y asumir tarde o temprano, nos guste o no. Tampoco como una consecuencia de unas acciones accidentales o causales... A pesar de ello, la pérdida de alguien querido se puede convertir en algo tan impactante como simple y natural. Es un paso tan frágil, tan sutil, tan tremendamente natural, que cuando nos salpica tan directamente nos podemos llegar a bloquear tanto que no alcanzamos a comprender bien los mecanismos que hacen resistimos a la idea natural de la desaparición de alguien bien amado, tal vez de un familiar, de un estimado compañero, de un amigo... Hay que suponer que todo se debe a un proceso al que se le conoce como luto y que, en nuestra cultura, se ha identificado con el dolor y la pena. En el caso de nuestra Asociación, se puede decir que estamos de luto. De luto riguroso porque se nos ha ido, no sólo un buen compañero, sino un gran amigo. Al menos, así es como lo consideramos. Y si decimos amigo, lo decimos con todas las consecuencias y toda la fuerza que arrastra la palabra, porque, más allá de toda ideología, de todos los matices que nos diferenciaban como individuos, del tiempo que pueda haber pasado desde nuestros últimos encuentros y de la distancia física que nos separaba -ya que el lugar donde vivía era Sanlúcar de Barrameda y, posteriormente, por razones de salud, en una residencia conocida de El Puerto de Santa María-, Pablo De Moor siempre estaba en nuestros pensamientos, tan cercano como un familiar, y al que le debíamos más de un reencuentro, pactado o no... Siempre predispuesto a vernos, a coincidir con nosotros para numerosas actividades, a aportar toda su voluntad cuando se trataba de algo justo, siempre en compañía de su mujer, Renild De Bruyne -para nosotros siempre fue Reme, como gusta que la llamen sus amigos-, a la que trasladamos oficialmente nuestras condolencias por los momentos tan tristes y dolorosos que está sufriendo en una época donde, además, la pandemia del COVID-19 complica aún más el encuentro entre las personas. Las primeras noticias que tuvimos sobre el fallecimiento de Christian De Moor (verdadero nombre de Pablo) fue tardíamente, el 09 de agosto, a través de un miembro destacado del SAT de Sanlúcar de Barrameda quien informó acerca de la ceremonia de esparcimiento de sus cenizas en el río Guadalete, a su paso por la localidad de El Puerto de Santa María, celebrada dos días antes, el 07 de agosto, aunque la fecha real del deceso nos vino horas más tarde, tras una serie de indagaciones. Nuestro compañero y entrañable amigo Pablo nos dejó un lunes; el del día 27 de julio de este maldito 2020, a los 80 años de edad, en el Puerto de Santa María, y no pudimos despedirnos de él, ajenos a su dolencia y todavía con la agenda pendiente para él... Nunca un punto tan cercano nos pareció tan lejano; una paradoja tan sólo explicable cuando aparecen cambios precipitados, tanto de hábitos como de números de teléfonos y de smartphones, a los que se les suma un “ya le veremos”, porque se daba por hecho que íbamos a coincidir -siempre con un "próximamente" en nuestras mentes-, porque el punto de encuentro final, al fin y al cabo, siempre era la calle, lugar donde siempre nos hemos encontrado y donde por cierto nos conocimos... Podemos decir que Pablo fue uno de los colaboradores más antiguos en la labor de recuperación de la Memoria Histórica en la provincia de Cádiz. Comenzó su andadura memorialista, allá por el año 1995, apoyando activamente, junto a Reme, a la plataforma "Homenaje a las Mujeres de la Segunda República". Posteriormente, y a partir de la fundación de nuestra Asociación para la Recuperación de la Justicia y la Memoria Histórica Jerez Recuerda (2004), Pablo intensificó su colaboración con nuestra Asociación, organizando diferentes conferencias y colaborando en la implementación de una red de contactos con otros grupos y asociaciones de la provincia. Varias personas en el acto en el que esparcieron las cenizas de Pablo de Moor. FOTO: Cedida Cuando no era posible una implicación más directa, siempre apoyaba con su presencia, su vitalidad revolucionaria y su buen ánimo en cada uno de los actos que organizábamos. Pero su activismo social, junto a los compañeros y compañeras de Jerez -entre los que se encontraban algunos socios y colaboradores de Jerez Recuerda- no se limitó sólo a su trabajo por la recuperación de la memoria histórica, sino que su línea de actuación fue más amplia y solidaria, participando tanto en el movimiento de lucha contra el paro como en el antimilitarista de mediados de la década de los años noventa del siglo pasado. Su participación activa tanto en la "Coordinadora de lucha contra el paro de Jerez" como en la "Plataforma de Apoyo al Insumiso de Jerez" fue una buena muestra de lo que era -y sigue siendo- la esencia de este militante afable, al que también le gustaba conversar acerca del materialismo dialéctico y el materialismo histórico. Su vida fue un verdadero ejemplo de cómo pudo forjarse el militante Pablo en comparación con aquéllos a los que él mismo denominaba “pequeños burgueses” cuando se refería a los teóricos y herederos de las ideas descafeinadas que procedían de un comunismo oficialista institucionalizado al que ponía en evidencia desde su honestidad cada vez que tenía la oportunidad. Christian De Moor nació en Bélgica el 18 de mayo de 1940. Fue hijo de un comunista español, víctima de la Guerra Civil. Fue adoptado durante dos años por su padrastro belga, quien le dio sólo su apellido y le envió de vuelta a España, cuando cumplió dos años, a vivir con su tía paterna de Marchena (Sevilla), lugar en el que se crió y se educó en un escenario propio de quienes sufren las duras condiciones, no sólo de falta de libertades, sino de carestías económicas y de hambruna que se cebaban contra la población andaluza, especialmente contra los familiares de las víctimas represaliadas por el fascismo español. Pablo fue, por tanto, una muestra real de la encarnación de los niños y jóvenes de la posguerra y la dictadura franquista. Obligado por las circunstancias, tuvo que marcharse a Sevilla cuando cumplió dieciséis años para trabajar, trasladándose posteriormente a Barcelona y, luego, cuando cumplió 21 años, continuó con su periplo con destino Bélgica, su país de nacimiento. Igual que para muchos compatriotas españoles de los años sesenta, la emigración se había convertido en la única salida, tanto para intentar sobrevivir a las penurias económicas como para salir del opresivo y asfixiante ambiente creado en la España de Franco. En Bruselas trabajó en varias fabricas relacionadas con el mundo de la automoción, pero fue en la Volkswagen donde desarrolló más tiempo su labor profesional y en donde llegó a destacar como delegado sindical, siendo “pionero en el sindicalismo de combate” en una de las mayores fábricas del país y con un gran apoyo entre sus compañeros y compañeras a quienes influyó notablemente en las luchas futuras que se desarrollaron posteriormente a su vuelta a Andalucía. Tuvo también contactos con partidos políticos de otras partes del mundo llegando a ser un internacionalista declarado y ayudando a fundar el P.T.B., o Parti du Travail de Belgique (Partido del Trabajo de Bélgica), incluida la fundación de la sección del PTB en la Wolkswagen. Durante casi treinta años actuó desde la coherencia de sus ideas marxistas, formando a una nueva generación de activistas sindicales que han seguido su ejemplo y su trabajo en el mundo laboral. Su lucha obrerista, social y política lo llevó también a involucrarse en otros movimientos de corte internacionalista, como fue el Movimiento Anti-Imperialista (MAI), a favor de los derechos de los inmigrantes y contra las lacras del racismo y la xenofobia, y que dio a conocer en Andalucía a su vuelta definitiva tras su jubilación anticipada, acompañado de su esposa Reme, donde continuó con su lucha política de forma activa e intensa, apoyando solidariamente a los movimientos sociales y a los grupos de izquierda, al tiempo que trabajaba transversalmente en la difusión de la cultura marxista, en la venta de libros en los rastros y mercados de la provincia de Cádiz y en la organización de cursos de formación ideológica e introducción a la dialéctica marxista. Porque sabemos apreciar todos los esfuerzos de nuestro amigo Pablo, la honestidad con la que trabajó y la contribución realizada en su lucha contra el fascismo y a favor de las mejoras en las condiciones de la clase trabajadora, nuestros mejores deseos para su último viaje. Que las aguas del océano te acojan en paz... D.E.P. Fuentes: Renild De Bruyne Asociación para la Recuperación de la Justicia y la Memoria Histórica Jerez Recuerda http://jerezrecuerda.blogspot.com/2020/09/a-pablo-de-moor-in-memoriam.html https://www.solidaire.org/articles/pablo-demoor-vie-et-mort-d-un-syndicaliste-marxiste https://www.facebook.com/sat.sanlucar/videos/623712994935664/  

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