Donald Trump, en una imagen de archivo.
Donald Trump, en una imagen de archivo.

No, no se trata del imperio reclamado mitineramente por los voxeros. No se trata de recuperar California, ni Florida, ni Luisiana, que eso ya queda lejos y, si salieran del imperio sería para beneficiar al mundo y practicar su derecho a la independencia, que les asiste como a todos los pueblos. Es que sus benefactores políticos trumperos hacen un muro para cortar el paso de México a USA, aunque también para uso de los USA, y luego quieren que lo pague México, que nunca dijo que quisiera el muro. ¿No podría México pagar el chalet de mis sueños? Total, ya puestos… Pues, no conforme, no se conforma sólo con México, que lo tienen cerquita. Quiere recuperar el importe de la leche en polvo de los años 50, con intereses. Con bastante interés, por cierto. Así que llevan años disfrutando del territorio andaluz, convirtiendo Andalucía en el mayor portaaviones, además estático, que utilizan para meter miedo a quien pudiera salirse del tiesto de sus exigencias energéticas y doláricas —vigilar, dicen; poner orden, dicen; lo que hay que oír— y ahora, cansados de soportar el coste de su desvarío imperial, quieren que el portaaviones les salga gratis. Y hasta recibir beneficio ¿por qué no? Que su portaaviones lo pague la tripulación, o, mejor, los vecinos involuntarios. ¿No queríamos caldo?, pues cien tazas para cada uno. Vaya si se impusiera la norma. ¿Podría trasladarse a los alquileres? Señores arrendadores, tiemblen que viene Trump. Paguen a sus inquilinos y a sus arrendatarios, que lo dice el patrón de patrones.

Los andaluces hemos corrido el riesgo de que “alguien” quisiera eliminar el riesgo de recibir un “regalito” desde Morón o Rota. Un riesgo demasiado alto y aún más extenso, porque la onda expansiva de una explosión en alguno de los dos lugares no se limitaría a su entorno inmediato. Sin ánimo de inquietar: desde el Atlántico al Mediterráneo estamos en muy grave riesgo. Hemos corrido peligro y lo seguimos corriendo, “gracias” a la “grasia” de este propagador de desgracias, que no contento, estaría dispuesto a contentarse con que le paguemos el alquiler de nuestro territorio. ¿El mundo al revés? Por supuesto. Y peor. Lo malo —lo peor es el riesgo que llevamos corriendo hace ya 70 años— es que se debe haber creído que nos hace un favor con las bases junto a nuestro comedor. El misterio es qué va a hacer el Gobierno de las Españas ante la inminente amenaza del colérico. ¿Qué hace el colérico abascaliano, ante la doble amenaza de sus señores? Lo lógico sería invitarles amablemente a dejar vacías las bases por el mismo procedimiento con que quiere sacar tajada. Con el mismo, vicevérsicamente enfrentado, a saber: no se paga, no procede pagar, así que coge tus bártulos y los instalas en el desierto de Arizona o en las montañas rocosas -por ejemplo- y págate a ti mismo y a mi me dejas en paz, que me estás liando… 

Esa sería la respuesta del Gobierno de un Estado soberano, porque con el peligro que nos traes ya tenemos de sobra, pero eso de pagarte por prestarte un espacio para encima hacernos pasar miedo, eso no está “como muy” claro. Vamos, no: está más que oscuro. ¡¿”Bráse” visto?!

¡Que se vayan, se vayan, se vayan…! Cantémosles una vez más a las puertas de las bases. Que las monten en su territorio y allí se las apañen. Pero llevar 70 años ocupando territorio andaluz, haciéndonos blanco de cualquier objetivo militar de esos que no dejan ni el recuerdo de lo que había, convirtiéndonos en enemigos de Oriente y de Occidente, sin comerlo ni beberlo —y nunca mejor dichas ambas palabras—, y encima querer que les paguemos… Oiga, eso tiene un nombre muy feo, imposible escribirlo, porque supera los límites del decoro. Vamos, hombre, a ver, voxeros, ustedes que tienen más confianza con ellos, díganle que no vengan a provocarnos, a obligarnos a decir picardías en la “reserva espiritual de Occidente”.

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