El verano llega de 13 a 18

¿Qué partido centralista, defensor de la españolidad impuesta a machetazos, asumiría la liberación real de Andalucía? Lo tenemos más que difícil salvo que seamos capaces de crear un verdadero “poder andaluz”.

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Es sólo el avance del avance del desierto, que el tiempo “no está cambiando” (ni ná); eso es un “infundio” de la izquierda. Tan cierto (lo de izquierda) como otorgar ese título a cierto sector pseudo-progre capaz de aparentarlo hasta encumbrarse al poder. Tan cierto como el engaño a que nos someten el capitalismo negacionista y sus acólitos: políticos pendientes de asegurarse —con sillones y los consiguientes emolumentos ligados a la altura del correspondiente sillón— la dorada jubilación negada al conjunto de inocentes “españolitos”, votadores para elevarles al subidón de la puerta giratoria; fieles mantenedores impenitentes del sistema y desinformados en general, seguidores impertérritos e inasequibles al desaliento de las consignas marcadas por partidos endeudados, garantía de defensa de los intereses particulares de sus acreedores, destructores patrocinadores, y del cumplimiento del inexistente despacho, sólo visible en las cuentas corrientes de los beneficiarios; cuentas que, a fuer de sinceros, son de las menos “corrientes”.

El tiempo “no está cambiando”, pero la temperatura entre el mediodía y la noche cada vez se acerca más a la del Sáhara.El tiempo no está cambiando, eso es mentira”, repetido con insistencia cada vez es menos útil para engañar a la gente, porque a la mayoría le basta con tener ojos, aunque algún/a inocente/sabihondo/a prefiera no creer nada, porque “lleva 25 años escuchando lo mismo”, como si el cambio climático fuera cuestión de unos días. Cada vez son menos quienes precisan sufrir terremotos, oleajes destructivos y subida súbita de las aguas oceánicas, para creerlo, como redivivos Santo Tomás. Pero son capaces de creer a sus mentores; empeñados en acelerar el proceso, porque el aumento de su ya brutal beneficio es más importante que la vida de todos, pese a que en “todos” está incluida también su propia familia. Seguros en la simulación de haber creído que la negación es un seguro para perforar el Polo Norte y dejar flotar los témpanos de hielo, hasta que su descongelación remate la subida de temperaturas. De convencerse que las islas se esconden, no desaparecen bajo las aguas; o de culpar al comunismo; o a la masonería, ambas afirmaciones “muy españolas y mucho españolas.”

Tanto como la facilidad para doblarse como un junco pero, incapaces de volver a la dignidad, quedar postrados ante el poder económico al que se han doblegado. ¿Cuánto tardarán algunos en cruzar el umbral hacia alguna de las “35”? Quienes enfrentan a pueblos y personas entre sí, creando y engordando diferencias porque es más fácil dominar a pueblos enfrentados; quienes pueden traicionar y llevar doble lenguaje, quienes hablan de “patria” y guardan su dinero en Bahamas, o Liechtenstein, ó Gibraltar; o quienes niegan el derecho de algunos pueblos a su autodeterminación porque su mentalidad, aunque declarada progresista, es del mayor acendrado centralismo, o quienes son “progres de discurso” pero muy “pobres en recursos reales, en soluciones, quienes manejan la dialéctica, más que eso, la retórica mucho mejor que la adopción de leyes, medidas, soluciones realmente justas y útiles para la mayoría; quienes se auto califican de izquierda pero hacen política de derecha, todos esos, toda esa gente de aparentemente diferentes ideologías, pero coincidentes en un punto común, el más importante: la defensa del capitalismo feroz, del capitalismo monopolista ¿pueden darnos soluciones? ¿Coherencia? ¿Soluciones políticas y económicas coherentes?

Quienes siempre han estado contra la autodeterminación, incluso contra la autonomía (de Andalucía, claro), contra permitir a Andalucía un lugar entre las previsibles entidades integrantes de una soñada federación, ¿cómo pueden hablar de Federación? Quienes trabajan en la contradicción permanente, piensan en su beneficio actual y futuro antes y por encima del general, estos insolidarios con espíritu de nuevos ricos, ¿cómo van a ser capaces de aportar solución alguna a un Estado nacido viciado, porque nació de la conquista militar y nunca ha intentado siquiera respetar la equidad? La igualdad es rasurante. Los andaluces no queremos asumir culturas ajenas, ni aceptamos imposiciones, ni la manipulación y uso interesado de la nuestra. La equidad es justicia igualitaria.

En estas condiciones, ¿en quién podríamos confiar? ¿Qué partido centralista, defensor de la españolidad impuesta a machetazos, asumiría la liberación real de Andalucía? Lo tenemos más que difícil salvo que seamos capaces de crear un verdadero “poder andaluz”.

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