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Se acabaron los problemas de la economía mundial: se van a dejar de emitir los billetes de 500 euros. Así de sencillo y de fácil. No sé cómo no se nos había ocurrido antes.

Se acabaron los problemas de la economía mundial: se van a dejar de emitir los billetes de 500 euros. Así de sencillo y de fácil. No sé cómo no se nos había ocurrido antes.

Al parecer, durante más de una década, a ningún lumbreras de la economía, los balances, las desaceleraciones de crecimiento y todas esas milongas, se le había ocurrido que existía una solución tan lógica y aplastante.

De acuerdo que el billete de 500 ha resultado ser el hermano inútil de la familia Euro, a pesar de ser el que más músculo mostraba frente al espejo. Pero en el día a día, pocos han sido los afortunados que se han cruzado con él, siquiera ocasionalmente, y a fuerza de no ser utilizado por quienes “mueven” el dinero físico (que al fin y al cabo no son los banqueros, sino la gente que pasa por ventanilla), alguien se ha dado cuenta de que esos billetes solo tenían salida en especulaciones y diversos negocios de dudosa legalidad.

Porque al europeíto de a pie, un billete de 500 en el bolsillo le supone más un problema que una solución. Casi ningún comercio de medio pelo tiene cambio para un billete tan grande, y cuando alguien aparece por caja con semejante dineral, rara es la vez en que el desconfiado dependiente (con toda la razón del mundo, por otra parte) no llama con urgencia al propietario del negocio para preguntar qué hacer con semejante marrón. Siempre aparece el fantasma del timo, de la engañifa, del toco mocho.

Aunque para toco mocho el de los que sí han utilizado ese billete para limpiar cuentas, blanquear reputaciones, y eliminar sospechas. Y curiosamente (fíjense, oigan) ninguno de ellos currante, mileurista o estudiante. No. Siempre los mismos: grandes fortunas, grandes familias y grandes sinvergüenzas que ahora desfilan ante el juez… o no lo hacen de momento, aunque todo se andará. O no, que en Españistán, todo es posible.

Descuiden, pues, que estamos en buenas manos. Se acabaron los problemas de la economía porque a partir de ahora, sí que sí, el fraude tiene las horas contadas. Habrá quien se lo crea. De hecho, son muchos los medios de comunicación correligionarios de determinadas ideas neoliberales, que aplauden con las orejas la medida adoptada por el Banco Central Europeo, siguiendo las directrices de vaya usted a saber quién, como si de un mantra salvador se tratase.

Sí, señor. Se acabó la crisis. El mes que viene igual le toca a la moneda de un céntimo, y ya con eso igual alimentamos al Tercer Mundo durante una década. Hay que joderse…

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