Ricar, el ilustrador de la Sevilla grotesca que come y caga banderas de España

El dibujante, autor de ‘Pesadillas de un capillita’ en la revista ‘TeVeo’, muestra el lado más oscuro de la ciudad hispalense, lleno de machismo, racismo, prostitutas y drogas: “Soy uno de esos niños de la generación de Curro"

Ricar, el ilustrador de la Sevilla grotesca que come y caga banderas de España

ricarpenitente
ricarpenitente
ricarcristo
ricarcristo
ricarcurro
ricarcurro
ricargiralda
ricargiralda

“Tenemos bandera con pollo”, dice la sirvienta mientras trae en una bandeja una rojigualda. “Mmmm, mi comida preferida”, dice el señorito. “Mamá, me estoy cagando”. El resto se define por sí mismo en su contenido gráfico: “Eres un orgullo para este país”, dice el padre de familia. Es una de las aventuras de Ricardo Garrido (Sevilla, 1979), un ilustrador que además de colaborar con la revista satírica TeVeo de Rafael Iglesias, hace historias como Made in Spain. “La gente me conoce en persona y no me relaciona con mis dibujos... creen que yo soy de otra forma”, dice por teléfono a Levantaos de lavozdelsur.es. El dibujante, oriundo del barrio de Triana y residente en la actualidad en Lucena, se reconoce como una persona tímida que se suele “llevar bien con todo el mundo”. “Visualmente tampoco soy muy punki, soy un tío normal y corriente”, bromea. 

Cuando era pequeño, Ricar, tal y como se autodenomina artísticamente, saltó una casa abandonada con unos amigos y se encontró una caja con cómic como Zona 84, El Víbora o Moebius. "Yo era de Mortadelo y Filemón, pero se me abrió ese mundo", explica. En aquel entonces tenía unos 14 años, poco antes había vivido la Expo del 92, que le marca profundamente en su obra artística: "Soy uno de esos niños de la generación de Curro, por eso lo tengo en muchos de mis dibujos". Sin embargo, no fue hasta los 23 años cuando se fue a Barcelona a especializarse en dibujo tras abandonar sus estudios de cerámica. "Allí conocí a gente del mundillo y empecé a hacer storyboard". De la ciudad condal y de Alonso Gil, un artista plástico con el que estuvo trabajando tras su vuelta a la capital andaluza, bebió para plasmar su Sevilla grotesca en las hojas de un tebeo irreconocible.  

Ricar dibujando un mural de Sevilla en casa de sus sobrinos, con Curro sobrevolando sus cielos.

 

Una de sus historias más conocidas es la serie Pesadillas de un Capillita, donde hace enfrentarse a la Esperanza de Triana con la Esperanza Macarena.  En otra de sus viñetas más conocidas un penitente lee la propia revista satírica en la que escribe en el río, con Triana de fondo, un barril nuclear, un asesinato y litronas de Cruzcampo. “El rollo de Sevilla siempre me ha llamado la atención, vengo de una familia muy religiosa, mi padre fue fraile antes de casarse con mi madre", cuenta. Sin embargo, él no es creyente "aunque respete". "Lo que sucede es que siempre he tenido metido eso del lado oscuro de lo religioso. El mundo capillita, que es muy católico, tiene luego su lado racista, machista, de drogas y puterío", afirma. "A ver, no todo el mundo... pero hay cristianos que se ven muy legales y luego te ves en ellos todo lo contrario", matiza con reservas. 

En otras viñetas vemos a Franco con Ortega Smith, el secretario general de Vox, en la cama. "Ya sabemos cómo estamos...", dice indignado sobre el erre que erre de la ultraderecha durante la cuarentena. Sin embargo y pese a su éxito —acaba sumar a su Facebook e Instagram, una tienda on line en este enlace—, el sevillano nunca ha podido comer de sus historias y se desempeña como frigorista. “El dibujo me aporta una ayuda pero no vivo de esto”, explica. Pese a ello, el dibujante seguirá llevando la Sevilla más bizarra, casposa y barroca a sus lectores. Un Curro a modo de superhéroe, un Jesucristo en la cruz con un cubata o una corrida de toros en la que en el background uno se encuentra lo más tópico y rancio de la ciudad. Es la Híspalis escondida de Ricar, la quintaesencia del sevillanísimo.  

Comentarios

No hay comentarios ¿Te animas?

Ahora en portada
Lo más leído