Hay algo que tienen en común Lady Gaga, Brad Pitt o Jim Carrey. Todos han sufrido depresión, un trastorno mental que hace tambalear vidas y que arrebata la estabilidad. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se estima que afecta a aproximadamente 280 millones de personas en todo el mundo. Además, un estudio sobre salud y bienestar mental del Colegio de Psicólogos de España revela que en 2025 un 17% de la población decía tener depresión.
“Es una enfermedad muy frecuente y quienes la padecen sufren mucho”, comenta Cristina Moreno, psiquiatra de La Isla que lleva más de 30 años tratando a pacientes. Desde 1998, es coordinadora de la unidad de gestión clínica de salud mental en Cádiz y trabaja en el Hospital San Carlos de San Fernando y en el Hospital Puerta del Mar de la capital.
Por sus consultas, han pasado personas con depresión, pero también pacientes que creían tenerla. Muchas veces, se puede pensar que se está padeciendo esta enfermedad cuando en realidad se trata de una mala racha. De hecho, según Cristina, es habitual que haya confusión.

“Depresión es una palabra muy ambigua que se puede utilizar para muchísimas cosas. Recibo a personas que vienen con el autodiagnóstico de que tienen esta enfermedad. Pero de cada diez pacientes que vienen con síntomas depresivos, que sienten tristeza, apatía o falta de impulso, solamente dos corresponden a una enfermedad depresiva”, explica.
De la depresión se sale
Una mujer de 45 años de la provincia de Cádiz, que ha preferido perservar su anonimato, ha compartido con lavozdelsur.es un testimonio de esperanza. En su caso, pasó por una depresión en dos momentos distintos de su vida. La última vez fue el año pasado, pero ha logrado combatirla.
“Ha sido por un cúmulo de cosas, quería llevarlo todo para adelante y no podía. Llegó un momento en que me bloqueé y me explotó la cabeza”, comenta.
La mujer explica que durante la primera depresión tomaba pastillas y “estaba por las nubes”. Recuerda que “estaba ida, no era yo, me pasaba el día dormida y no quería levantarme de la cama”. Además, no podía concentrarse ni para leer.
La depresión provocó que pasara a estar diez meses sin salir de casa. “Al principio salía a andar con mi hermana, pero la gente me preguntaba cómo estaba y me ponía a llorar. Después, solo para ir al médico y hacer la compra”, comenta la mujer, que llegó un momento que decidió no salir más. Fue su hermano quien le hacía la compra y le atendía sus necesidades básicas.

"Yo me quería morir. No me duchaba, estaba ida, no era yo"
“Yo me quería morir, tuve que ir al psiquiatra de urgencia. No me duchaba”, recuerda. Empezó a ir a terapia, al principio online, y siguió sus sesiones todas las semanas. Al mismo tiempo, su tratamiento consistía en una pastilla para la depresión y otra para la ansiedad por las mañanas. Cada tres días, una para dormir, y otras por si sufría crisis.
Ha sido un año de su vida totalmente paralizado. Sin embargo, esta paciente ha sacado fuerzas para dar de nuevo un giro.
“Yo a mi psicólogo le debo la vida. Me preguntaba todos los días cómo estaba. He vuelto a trabajar, salgo a tomar café con mis amigas y he ido dejando poco a poco las pastillas”, comparte.
“Para mí la terapia ha sido mi salvación, de verdad. Ahora ya no me acuerdo de la última vez que lloré. Ahora tengo tantas ganas de disfrutar cada momento. Sigo teniendo los mismos problemas, pero ya me da igual, ahora disfruto. Estoy feliz de la vida”, expresa la mujer, que arroja esperanza para quienes estén pasando esta enfermedad en estos momentos.

Qué es una depresión y qué no
La psiquiatra Cristina Moreno hace hincapié en que existen dos conceptos distintos y que es fundamental plantearlos para poder abordar los casos de una forma u otra. “Se llama depresión también a estados de ánimo o expresiones emocionales. El sentimiento puede partir de una base muy parecida. Pero hay que investigarlo. A veces podemos determinar que ese síntoma de tristeza y de depresión sí corresponde a la enfermedad depresiva, pero otras veces corresponde a otras situaciones”, advierte.
La línea es muy fina. Por ello, la psiquiatra habla de la importancia de investigar para llegar a un diagnóstico claro, más allá del autodiagnóstico que suelen hacerse las personas al sentir malestar en su interior.
Para ella, la etiqueta de “depresión” es muy amplia, por ello, situar la tristeza o no tener ganas de nada en una enfermedad o en una situación concreta, es un trabajo que necesita la valoración de un experto.
"La pregunta que tenemos que hacernos no es ¿dónde voy a que me quiten esto?, sino ¿cómo hago yo para llevar esta situación lo mejor posible?"
En la actualidad, esta palabra se ha instaurado en la sociedad y se tiende a utilizar cuando consideramos que no tenemos una vida plena. La muerte de un familiar, una ruptura amorosa o una decepción causan sensaciones indeseadas. Cristina comparte que se hace un mal uso del concepto y habla de la importancia de identificar lo que está pasando.
“Cuando alguien piensa que tiene la enfermedad depresiva tiene tendencia a buscar soluciones fuera, a ver quién me ayuda, a ver quién me saca de esto. Si eso corresponde verdaderamente a la enfermedad depresiva, esa persona está en muy buena línea, porque hace falta un abordaje terapéutico y un abordaje químico. Pero si estamos hablando de un sentimiento de estar deprimida, que corresponde a una situación que me provoca este estado, entonces va por otra vía”, detalla.
Por tanto, la clave está en cómo la persona debe situarse de cara a ese estado depresivo en función de si es una enfermedad o un estado de malestar. Para la psiquiatra, el tratamiento es distinto y resulta “contraproducente” abordarlos de la misma forma.
"Los tratamientos funcionan"
Cuando se trata de la enfermedad, el desarrollo está en manos de los sanitarios. “Los tratamientos funcionan. Los episodios depresivos, en un 60% evolucionan bien”, asegura.
En otros contextos, como por ejemplo, la ruptura de una pareja, el enfoque no es similar. “Una vive muy mal esa situación y tiene hasta ganas de morirse, el sufrimiento es enorme. Pero el diagnóstico no es una enfermedad depresiva, sino una reacción emocional ante un drama. El tratamiento consiste en reforzar a las personas para que sean capaces de afrontar esas situaciones. Es un abordaje proactivo”, comenta.
Ante las vivencias de cualquier índole que destrozan y zarandean a las personas, la isleña propone hacerse una cuestión. “La pregunta que tenemos que hacernos no es ¿dónde voy a que me quiten esto?, sino ¿cómo hago yo para llevar esta situación lo mejor posible?”, dice.
Insiste en que es un enfoque saludable que las personas integren que el esfuerzo lo tienen que hacer ellas mismas y que deben encontrar las herramientas para vivir el sufrimiento lo mejor posible. “Tienes que aceptar que no lo puedes evitar. Lo malo no es pensar que me ha dejado mi pareja y tengo un sufrimiento enorme. Lo malo es pensar dónde está la intervención que va a hacer desaparecer mi sufrimiento. No existe porque es un sufrimiento natural. Hay que empezar por aceptar que es un sufrimiento absolutamente ineludible y que lo que tengo que hacer es preguntarme cómo puedo vivir con ello para que me pese menos”, sostiene.
Uno de los ejemplos que menciona la isleña es la pérdida de un ser querido. Una mujer acudió a su consulta tras haber perdido a su padre. En este caso, su actuación es pasiva, lo único que puede hacer es acompañarla en el proceso natural.
¿Cómo ayudar?
La depresión no solo provoca malestar a quien la padece sino también a su entorno. Quienes están a su lado sufren al ver que sus seres queridos se encuentran en esta tesitura. Experimentan dolor, “se sienten impotentes y no pueden intervenir de forma directa”.
Cristina comparte algunas recomendaciones para ayudarles de la forma más adecuada. “La mejor ayuda que puede dar un amigo es la presencia. Ni siquiera las palabras”, explica. Además, propone no darles consejos como que no piense en ello o que se arregle para salir a dar un paseo. “Cuando nos sentimos así, no tenemos ganas de absolutamente nada. Que alguien que te quiere te diga estas cosas te genera una sensación de incomprensión y de soledad”, sostiene.
En definitiva, en esta semana en la que se ha celebrado el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, 13 de enero, la psiquiatra destaca que solo hace falta que estemos junto a ellas. “Donde tú quieras estar, ahí estaré yo. Presencia auténtica y silenciosa”, expresa.


