Un paseo con Ángel, el médico-escritor que ejerce en Cañada Rosal desde hace 35 años

Ángel López Herranz enseña el pueblo de Sevilla donde aterrizó hace más de tres décadas y del que se ha vuelto prescriptor después de escribir un libro sobre la peculiar experiencia con sus pacientes

Ángel López Herranz, el médico-escritor de Cañada Rosal, con su bicicleta.
Ángel López Herranz, el médico-escritor de Cañada Rosal, con su bicicleta. MAURI BUHIGAS

Hay personas viviendo en los pueblos que se convierten en prescriptores de su idiosincrasia, de las tradiciones, de la historia pasada y reciente. Son memoria viva del día a día en calles tranquilas donde se prohíbe entrar a cualquier vehículo que no sea una bicicleta y encuentras a vecinas sentadas en la puerta mientras te asalta el olor a comida casera. Lugares donde se organizan asociaciones para velar por el patrimonio y en los que sobreviven tradiciones en forma de huevos de madera pintados a mano que celebran la Pascua.

Son comunidades orgullosas de que la única iglesia del pueblo esté construida con la colaboración de todos y bajo la dirección de un sacerdote de 88 años que se ha convertido en una institución. Todo esto y más es Cañada Rosal, un pueblo de Sevilla, ubicado en la campiña al abrigo de la comarca de Écija, que conoce muy bien Ángel López Herranz (Coripe, 1960), ‘Donangel’, un médico convertido en escritor que forma parte del corazón del lugar, solo hay que darse un paseo con él para comprobarlo.

Es primera hora de la mañana en Cañada Rosal cuando ‘Donángel’ sale de su consulta en un pequeño ambulatorio local buscando su bicicleta. La tiene aparcada a solo dos metros de la puerta en la calle, donde está seguro de que nadie la va a tocar. "Todos la conocen". Es un modelo muy antiguo de color blanco y un letrero de la marca (Anver) en color rosa fuerte, propiedad de su mujer cuando era joven. Desayuna en uno de los dos bares que a esa hora está abierto en el pueblo, bar Cascarilla. En la puerta están sentados cuatro vecinos que forman parte de la tertulia mañanera.

Uno de ellos es Manuel Espejo, gerente jubilado de la empresa más importante del pueblo: COENCA, Cooperativas de Envases Cañada Rosal creada en 1981.  "Niña, si tienes que hacer un reportaje sobre la cooperativa, habla con este hombre, es el que más sabe", dice su compañero de mesa, Antonio Jiménez. Es una empresa que fabrica envases de madera para fruta y, dicen,  "pero aquí no hay fruta ni madera". Con más de 200 empleados -en plena temporada. alcanza el medio centenar-,  no sólo da trabajo en el pueblo, también en los alrededores.

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Ángel López Herranz, con su bici delante del centro de salud.  MAURI BUHIGAS

Cuentan que fue uno de los proyectos que impulsó ‘Don Fernando’ el sacerdote de Cañada Rosal, Fernando Flores Pistón, nombrado Hijo Predilecto de este pequeño pueblo al que ha dedicado más de 50 años de su vida. "Ha sido muy bueno, lo hizo para que no tuviéramos que emigrar", apuntan los participantes en esta tertulia mañanera que llaman 'Salvación', donde debaten de lo divino y de lo humano, siempre con un poco de guasa y socarronería. Y sin dejar de contar historias que los unen al pueblo. "Hice la Primera Comunión el 20 de agosto de 1964, fue el año que vino Don Fernando". Hoy no está el sacerdote en el pueblo, es el día que atiende otra parroquia vecina, pero aseguran que, cuando pasa por las mañanas y ve a los tertulianos, dice:  "Dios los cría y ellos se juntan".

Ángel, el médico de familia, ya ha entrado en el bar y, desde lejos, lo ve uno de sus regentes, José Antonio Román, seguro de saber lo que va a tomar antes de que se lo pida. A esa hora, poco antes de las diez de la mañana, el establecimiento está lleno. Trabajadores de la construcción, sanitarios, un grupo de amigas. Ángel no sólo conoce a todos, también sabe sus padeceres. En el camino hasta el bar se ha encontrado con un vecino mayor, José Ruiz Pérez, que “anda regular en los últimos meses. Se cayó en noviembre y se partió el peroné y, en febrero, la cadera. Además, perdió también a su mujer hace unos meses”, cuenta el médico. Y, aún así, José está en pie dando un pequeño paseo sostenido por un bastón.

El origen de Cañada Rosal se remonta al reinado de Carlos III en 1769, es decir, como núcleo de población existe desde hace poco más de 250 años, cinco generaciones de una familia. Nació en el marco de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía, cuando decenas de familias de colonos alemanes dirigidos por el superintendente Pablo Olavides se establecieron en la zona, a cada familia le correspondía en el reparto 56 fanegas de tierra, un arado, un azadón, dos vacas, cinco ovejas y granos para la primera sementera. 

Una representación de estos descendientes está en el bar Cascarilla. Conservan rasgos germánicos, son rubios, fuertes y tienen los ojos claros. Ángel López llama a algunos de ellos y les pregunta nombre y apellidos para mostrar otra característica más de su descendencia. En Cañada Rosal hay muchos vecinos cuyos apellidos son Filter, Hans, Duvisón, Reigel, Rull. Y esto se puede comprobar hasta en el equipo de gobierno socialista. El mismo alcalde se llama Rodrigo Rodríguez Hans, la delegada de Hacienda Laura García Duvisón y el área de Educación está sustentada por Ángel Luis Hans Siria.

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Ángel, andando con su bici por una callejuela de Cañada Rosal.  MAURI BUHIGAS

"Los colonos alemanes se mezclaron con los colonos españoles, el apellido español más frecuente es López. Durante los primeros años la población se quedó reducida a la mitad debido a las distintas epidemias registradas", explica el médico. De hecho, incluso el grupo sanguíneo de la mayoría de los vecinos es 0 y A negativo y esto es debido también a su descendencia. Según Dora Paniagua, responsable de Comunicación del Centro de Transfusión de Sangre en Sevilla, “al ser descendientes de colonos centroeuropeos, tienen este rasgo del fenotipo diferente a los habitantes del sur. Cuando organizamos donaciones de sangre en Cañada Rosal, venimos cargados de un grupo sanguíneo que es poco común en esta zona".

Los tertulianos siguen en la puerta arreglando el país. A un paso está la plaza de Santa Ana, imagen continuamente presente en calles, tiendas, fuentes y, claro está, también es el nombre de la única iglesia de la localidad. Ángel López sigue saludando a los vecinos que se encuentra a su paso, se para a probar suerte con Israel, el vendedor de cupones o “igualero” como se conoce en los pueblos, y, apenas se acerca a la entrada de la iglesia, sale a su encuentro José Manuel Ballestero. "Es el sacristán y se ocupa de todo, toca las campanas, ayuda a Don Fernando y está siempre aquí por si se necesita algo".

La iglesia es pequeña, una sola nave con el altar de fondo. El médico se refiere al origen del edificio tal como se ve ahora. "Se realizó una colecta entre vecinos y empresas para poder financiar las obras". Detrás de este trabajo también está la Asociación de Amigos 27 de Agosto que apuesta por la conservación del patrimonio local y agradece la ayuda de la sociedad en un azulejo conmemorativo colocado en la entrada hace 10 años.

El templo es la sede canónica de dos hermandades de penitencia, la de Santísimo Cristo de la Misericordia y Nuestra Señora de los Dolores y la de Santo Entierro, y dos de gloria, Santísima Virgen Milagrosa y San Joaquín y Santa Ana. Y existe también una hermandad muy curiosa, la Hermandad de los Niños Cristo de la Salud que sale el Miércoles Santo, la única condición para formar parte es tener menos de 14 años. Hacen estación de penitencia con todo lo necesario, nazarenos, el paso con un Cristo crucificado, niñas con mantillas, banda, costaleros y capataz, además de un corto itinerario en torno a la Plaza de Santa Ana.

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El médico charla con vecinas del pueblo en un bar.   MAURI BUHIGAS

Pero si hay una fiesta popular en Cañada Rosal, esa es la de Santa Ana que se celebra en julio, 24, 25 y 26, da igual el día de la semana en el que caiga. "Todos los niños que nacen, incluso de la comarca, se hacen hermanos de la Hermandad de San Joaquín y Santa Ana". Y, por supuesto, el Domingo de Resurrección, cuando los niños y artistas locales pintan los famosos huevos de Pascua con todo tipo de motivos y colores. “Me regalaron una serie de huevos con la portada de mi libro ('El paciente de la sierra mecánica y otras historias de humor y esperanza de un médico de pueblo')”. Un libro que ha llevado al doctor a platós de televisión, cadenas de radio y reportajes de periódicos digitales. En todos promociona un pueblo que, aunque no es en el que nació, sí es al que pertenece en cuerpo y alma.  

Por eso cuando va por la calle con su bicicleta no para de saludar y, de paso, preguntar a sus vecinos, cómo va el día, si está mejor de aquel “problemilla” de salud, y va contando anécdotas o historias de los edificios en una ruta turística en la que hace de cicerone para lavozdelsur.es. Ahora se para con Josefa Filter Ruger (87 años), está sentada en la esquina de su casa, en una calle de plataforma única, como buena parte del resto del pueblo. No corre peligro porque por allí sólo dejan circular bicicletas y lo deja muy claro una señal instalada en la entrada de la calle. 

¿Has visto alguna vez un paragüas de croché?, pregunta Josefa. Y, con trabajo, porque le fallan las piernas, entra en su casa y te lo enseña. Un paragüas de ganchillo, colchas, paños adornando mesas y sofás, ropita infantil. Josefa, descendiente cien por cien de alemanes, hace todo lo que se puede hacer con agujas, hilo y tiempo. Esta actividad es también habitual en el ‘taller de abuelas’, organizado por Cáritas para personas que viven en la residencia de mayores, se entretiene y están acompañadas. "Mi mujer, Lola, es presidenta de la Asociación contra el Cáncer y propuso que hicieran las bolsitas para que los enfermos puedan llevar el infusor". 

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Ángel, durante el paseo con lavozdelsur.es.  MAURI BUHIGAS

Si entras en Cañada Rosal por la carretera de La Luisiana, lo primero que encuentras son las instalaciones de la cooperativa COENCA que crean empleo y riqueza en la comarca. Tiene un colegio y un instituto donde el alumnado puede estudiar hasta segundo de bachillerato, para después seguir su formación en Écija. El Ayuntamiento está ubicado en la antigua casa cuartel de la Guardia Civil, convenientemente restaurada, que parece una casa solariega habitada por una familia. Hay sólo dos policías municipales y plantas.

En los años 60, el cura Don Fernando, cuya presencia se repite en la historia reciente del pueblo por su importante labor social, creó lo que acabó siendo conocida como la "sala de la televisión". En una vivienda situada cerca de la iglesia, junto a la actual biblioteca, el sacerdote reunía a los jóvenes para realizar distintas actividades, una de ellas era ver la primera televisión en blanco y negro que se compró en el pueblo. 

Cañada Rosal es un pueblo pequeño con un sentido arraigado de pertenencia a la comunidad. Si vas el Domingo de Resurrección podrás ver un mercado donde los vecinos por un día hacen un guiño a su origen colonial y regalan huevos pintados para la ocasión.

Sobre el autor:

Carmen González

Carmen González

Periodista sevillana con más de 30 años de experiencia. Fundadora y CEO de AionSur durante 10 años. Especializada en reportajes agrícolas y sociales en la provincia de Sevilla.

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