Las Niñas de Cádiz, las que ríen las últimas

En un 2020 aciago, la compañía teatral gaditana solidificó con un Max al 'Espectáculo Revelación' por su último montaje 'El viento es salvaje'. Ana López Segovia, Alejandra López, Teresa Quintero y Rocío Segovia conversan con lavozdelsur.es sobre sus inicios, su peculiar lenguaje teatral y sobre por qué creen que son uno de los grupos que no para de trabajar por toda España desde la desescalada

Las Niñas de Cádiz, momentos antes de representar, el pasado 19 de febrero en el Teatro Villamarta de Jerez, 'El viento es salvaje'.
Las Niñas de Cádiz, momentos antes de representar, el pasado 19 de febrero en el Teatro Villamarta de Jerez, 'El viento es salvaje'. ESTEBAN

Dicen que los sueños son reales mientras duran y, en el año más aciago que recuerda buena parte de la humanidad en el último siglo, ellas siguen de alguna manera refugiadas en su sueño colectivo. Aun con sus incertidumbres y finales de mes, es un sueño feliz, donde el trabajo tiene recompensa y la creatividad triunfa. Es un sueño donde el humor vence al miedo y el verbo a la cerrazón. Donde las tragedias griegas regresan a la Gades trimilenaria en un intercambio de golpes en la puerta de la ‘Plaza’ o en mitad de una casapuerta. Un sueño donde andan preparadas por si en algún momento hay que despertar.

Es el mundo onírico de Las Niñas de Cádiz, una compañía teatral de mujeres gaditanas que cuajó en 2020 ganando el Premio Max al Espectáculo Revelación con El viento es salvaje y que probablemente haya sido (y esté siendo) el grupo teatral español con más bolos en el año en el que se paró casi todo. Acostumbradas a la total ausencia de distancia social de la chirigota callejera, son un vendaval de teatro popular y folklore cabaretero. Texto de alma carnavalera y callejera, teatro de raíces y alas, espejos cóncavos y convexos de Valle-Inclán y una ráfaga salida de un cuarteto de Eurípides a ritmo de tres por cuarto.

Hemos quedado con ellas, Ana López Segovia, Alejandra López, Teresa Quintero y Rocío Segovia, una hora y pico antes de un nueva función de un espectáculo que recorre España de cabo a rabo. La parada esta vez ha sido en el Teatro Villamarta, en una hora (16.00) impuesta por una pandemia que apenas ha dado tregua hasta ahora. “Esto sí que es teatro de la crueldad. Grotowski y grotesco. Estas cuatro de la tarde son mortales, pero bueno, tomamos algo ligerito y para el teatro, esperemos que la gente no se haya hartado de berza y se quede estroncá. Milagros no hacemos”, bromean nada más encender la grabadora.

Picotean un poco de pescaíto frito y unas cervezas en La Perla, bar mítico en plena calle Doña Blanca jerezana. Relajarse es casi milagroso. Desde otoño pasado prácticamente no han parado. Trenes arriba y abajo por toda la geografía española. Conectando el humor negro y ácido de Cádiz con todas las Españas posibles. Sería injusto decir que ha sido gracias al Max, pero, qué duda cabe, el eco del premio ha dado frutos inmediatos. “Y también que la gente tiene ganas de reírse, de ver espectáculos en vivo y reírse, los programadores nos lo dicen”, reconoce Ana López Segovia (1974). Esta actriz, dramaturga y directora de la compañía es una bregada intérprete que pasó por dos trabajos de La Zaranda y también se ha ido haciendo hueco en el mundo de las series televisivas (acaba de rodar con Amenábar su primera incursión en este terreno) y el cine.

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De izda. a dcha., Ana López Segovia, Rocío Segovia, Teresa Quintero y Alejandra López, en las tablas del Villamarta. ESTEBAN

Todavía Las Niñas se emocionan viendo el discurso de Ana al recoger el Max, a principios del pasado septiembre: “Muchas gracias a la gente que ha decidido que nosotras tengamos este premio. Habéis premiado una comedia hecha desde un sitio muy loco, muy popular, y desde luego con este acento que yo tengo. Vivan los acentos, sean de donde sean. El acento es cultura. Viva la cultura popular”. “En el peor año, nosotras, y no voy a tentar a la suerte, hemos trabajado más que nunca, la verdad. Sería feo que no diera las gracias, ni dijera que hemos tenido suerte”, comenta una pionera en la intervención de la mujer, como intérprete y autora, en el Carnaval de Cádiz.

A su lado, sus hermanas, Alejandra (1978) y Rocío (1986), y su amiga Tere (1974), con quien coincidió en la universidad estudiando filología y con la que empezó a andar, a tientas, el sendero que han encontrado ahora. Gaditanas todas —aunque Ana nació circunstancialmente en Zaragoza— han hecho sus pinitos en el mundo de la televisión, de los cortos, del cine, de las tablas… y sobre todo, a las cuatro las conecta definitivamente la chirigota callejera Las Niñas de Cádiz, un clásico de las esquinas del Carnaval gaditano y el germen de todo esto.

La gente anda ávida de arte en vivo, saturados de tanta pantalla.

Ana: Sí, a nosotras nos han propuesta muchas cosas en streaming, pero salvo una vez que estaba ya firmado y fue sí o sí, no hemos querido hacer nada por pantalla. Al revés, queremos reivindicar el espectáculo en vivo, es de lo que vivimos y es lo que la gente está echando de menos. Ahora en Carnaval nos decían: ¿pero algo haréis, no…? Yo no tengo ganas, a mi me gusta cantar en la calle, un cuplé, reírme, ja, ja…

Teresa: Es que en un espectáculo en directo es fundamental el factor público. Si no hay público en directo falta la mitad del espectáculo.

¿Cómo es el contacto ahora?

Ana: Ya nos hemos acostumbrado, pero las primeras veces ves al público con las mascarillas puestas, la gente separada… parecía que estabas actuando para Hannibal Lecter. Impresionó, impresionó. El primer bolo lo recuerdo bastante traumático, fue duro.

Teresa: Pero ahora la gente está como muy agradecida, más que normalmente. Se te acercan a felicitarte, a decirte que qué bien…

Rocío: Y nos dicen que qué falta le hacía, qué ganas tenía de reírse y ver algo en directo…

"El alma necesita los mismos cuidados que el cuerpo, y la cultura es esencial para el alma"

Al final la cultura es esencial…

Ana: Para el alma, seguro. Absolutamente. De hecho, lo que hizo la gente en el confinamiento fue ver series, películas, leer libros, escuchar música… El alma necesita los mismos cuidados que el cuerpo.

Alejandra: Pero es llamativo que en España eso haya sido respetado. En otros países europeos llevan meses con todo cerrado, teatros, salas de concierto, cines… Gobiernos de izquierda o derecha en España han coincidido en que estas cosas son bienes esenciales. Me ha llamado la atención, nos ha venido estupendamente, pero qué bonito, no lo estamos valorando suficientemente…

Ana: Estuvimos en noviembre en Burgos y estaba casi todo cerrado, menos el teatro. Hicimos la función y estaba llena.

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Ana López Segovia, durante la conversación con lavozdelsur.es, ante la mirada de su hermana Rocío. ESTEBAN

Este espectáculo destila mucho humor trágico, es como un subgénero muy gaditano y muy flamenco eso de mezclar la tragedia y la fiesta.

Ana: Hay algo escabroso, hay una risa que viene de uf, me estoy riendo, pero qué barbaridad, ¿no? A nosotras el humor blanco tampoco nos gusta mucho… normalmente, no somos de eso. El punto de partida fue, después de hacer Lisístrata, que era una comedia clásica, nos preguntamos cómo haríamos una tragedia. Esta cosa de que te encuentras con alguien por la calle, en el sur, en Cádiz, y dices: —oye, Paquita, ¿cómo estas? —Pues, aquí estoy… y empieza a contarte algo como muy dramático, movidas de hospitales, muertes, y estás ahí como a veces tapándote la boca medio riéndote por la forma en la que se cuentan aquí a veces las tragedias y los dramas.

Teresa: Lo que te está contando es un drama pero te tienes que reír…

Alejandra: Hay humor negro en el espectáculo y humor morboso… el morbo de la tragedia griega donde todo el mundo sabe lo que está pasando menos los protagonistas. Y todo el mundo está: oy, oy, oy, oy… la risa esa morbosa de decir ¡no me digas que ha pasado esto!

Ana: Hombre, la tragedia griega es una telenovela: una que se enamora del hijastro, el otro que se enrolla con su madre sin saber que es su madre… estamos hablando casi del Sálvame, salvando las distancias, nunca mejor dicho. Se está contando una barbaridad pero si le das la vuelta con perspectiva, claro que puede tener humor. Hicimos un taller de tragedia con Jose Troncoso, que había estudiado el código y el lenguaje de la tragedia griega, y ahí surgió un poco el argumento, a partir de una anécdota que pasó en Cádiz, pero no la podemos poner tal cual porque los protagonistas nos mandarían al carajo. No se puede hacer eso. Empezamos a trabajar sobre eso y eso derivó, apretándole las tuercas, en Fedra y Medea en Cádiz. Pero el punto de partida es una historia real y eso le da esa tierra que tenemos en nuestros espectáculos.

El viento en Cádiz es muy salvaje, nos tiene las cabezas a veces… y eso para un texto es fuente de inspiración, pero también para construir personajes, ¿no?

Rocío: Sí, totalmente, la función está llena de máscaras que son referentes personales.

Ana: En todas las tragedias griegas está siempre la presencia de la divinidad, Zeus, Afrodita… ¿cómo trasladas eso? Que hable Zeus no le va ni le viene a la gente, pero meter elementos que en Cádiz tienen un componente casi divino, como el viento, pues… uf, ya está aquí el afilaor, ya va a saltar el Levante. ¿Por qué se dice eso? Ni idea. Metemos también al Dios católico porque nosotras el Dios castigador que conocemos realmente es el que tenemos en las iglesias. Nuestra conversación, que es lo que hacen las heroínas de la tragedia, es hablar con esa divinidad. Trasladado todo eso a Cádiz, de manera sutil, con la presencia de la divinidad como la entendemos nosotras.

"Tenemos una fórmula muy nuestra, reconocible, pero es diferente y eso llega de forma directa. No es ver más de lo mismo, ya te pueda gustar más o menos"

Teresa: Dios es otro personaje más en la obra, es el que al final hace y deshace.

Rocío: El levante en este Cádiz-Macondo tiene ese punto mágico, los personajes se ven metidos como en una cosa mágica que de pronto pasa con el viento, que también está muy guay. Ana siempre compara Cádiz con Macondo y me parece super bonito.

¿Qué hace que este trabajo conecte también con públicos tan diversos hasta el punto de haberse convertido en premio revelación en los últimos Max y que esté girando tanto?

Teresa: Yo creo que es algo distinto, hay pocas compañías que hagan lo que hacemos nosotras. Hemos creado un lenguaje propio y muy particular. Tenemos una fórmula muy nuestra, reconocible, pero es diferente y eso llega de forma directa. No es ver más de lo mismo, ya te pueda gustar más o menos.

Alejandra: Conecta mucho con el público y tiene muchas lecturas. Con este espectáculo te puedes quedar con el humor y las anécdotas, o puedes quedarte con Fedra y Medea, o puedes quedarte con la estructura más simbólica. Pero sobre todo tiene mucho de irreverencia y de reírte, y eso hace falta. España es un país tan macarra y le gusta tanto reírse que también muchas veces resulta curioso que eso cueste trabajo encontrarlo en los escenarios. Nos ponemos muy intensos muchas veces. Aquí hay cualquier drama y luego salen en las redes 50 memes. ¿Por qué eso luego no se refleja en los escenarios? Nosotras, para bien o para mal, eso es lo que intentamos subir a escena. Y eso conecta, la verdad. Y lo notamos, notamos ese tirón sin tener caras conocidas, ni famosas. Llenamos teatros con eso.

Ana: Tampoco sabemos qué pasa para que una obra guste tanto, o por qué esta obra ha salido redonda. Es verdad que ha sido la confluencia de muchas cosas, de muchos años de trabajo, el encuentro con Jose Troncoso ha sido fundamental también para esta función, decidir escribirla en verso al estilo de los cuartetos… ¿por qué funciona algo de pronto? Si tuviera la fórmula lo haría en todos los montajes, pero nunca se sabe. Y aquí ha sucedido, hay que aprovecharlo.

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Una compañía teatral con alma carnavalera y cabaretera. ESTEBAN

Es una evolución dentro de vuestras propias trayectorias…

Ana: Para mí, hemos encontrado el camino. En Lisístrata estábamos todavía intuyendo algo, en Chirigóticas había muchas cosas buenas, pero éramos nosotras con Antonio Álamo y había como más fricciones de lenguajes… Ahora la cochura está hecha. Lo que sí veo es que hemos encontrado nuestro lenguaje con este montaje.

Teresa: Es el primer montaje cien por cien nosotras.

Ana: Es verdad que es como esto es lo que llevamos nosotras buscando 24 años, que fue cuando sacamos por primera vez la chirigota. Este es el camino de mezclar el teatro con el carnaval. Pero de una manera mucho más sutil, no nos ponemos a cantar carnaval en la función, para nada, pero ha sucedido ese lenguaje.

Pero hay algo innegable: el punto teatral del carnaval…

Ana: Claro, sobre todo del carnaval de la calle. Nosotras venimos de ahí, y eso también es importante señalarlo, porque muchas veces el referente que tiene la gente del carnaval es el que ve en Canal Sur. Nosotras eso lo respetamos, pero no nos identificamos con eso. Es más con la cosa a pie de calle, con ese espectáculo de calle de tener al público aquí, una cosa que sucede ahora y tiene mucho de improvisación. Te has tomado 33 y estás como buaaaa… hay mucha libertad, y entonces no tienes prejuicios ni te paras a pensar muy bien si lo que estás diciendo será suficientemente intelectual o si estará bien dicho, o si me van a censurar en las redes.

"Nosotras no sabemos si tenemos un mensaje o si no tenemos… vamos un poco a disfrutar. Y luego sale el mensaje porque al final están tus ideas y lo que piensas"

Alejandra: En el concurso vas a concursar, que es algo como muy grecorromano, entonces vas a intentar tocar la fibra del público, vamos a hablar no sé, del cáncer de los niños, de la desigualdad… tiene un punto muy heroico y quieres levantar al público, pero el carnaval de la calle es algo más macarra, más a lo que vas, transgresor…

Teresa: Vas a pasártelo bien tú, a disfrutar, sin más.

Rocío: Eso es lo que buscamos con nuestra compañía. Nosotras no sabemos si tenemos un mensaje o si no tenemos… vamos un poco a disfrutar. Y luego sale el mensaje porque al final están tus ideas y lo que piensas. Cosas que no puedes poner en un escenario porque no estás de acuerdo.

El teatro también es político.

Ana: Sí, sí, es un acto de comunicación y expresas tu mundo.

¿Por dónde camina esto ahora?

Ana: Por hacer los bolos que tenemos la semana que viene ja, ja… hace una semana no sabíamos si haríamos esta función, y así estamos. Es muy difícil, aunque nos encantaría, pensar a medio plazo, no ya a largo. Nos encantaría pensar ya en el próximo montaje, y hay ideas y todo, pero si algo nos ha enseñado esto, algo que por otra parte ya intuíamos, es que todo puede cambiar de la noche a la mañana, pero ahora es que es tan patente…

Teresa: la semana que viene aún no sabemos qué haremos…

"Has descubierto un camino, con tu intuición, y ha dado resultado e imagino que tenemos que seguir investigando en el mismo sentido e intentando vendernos lo menos posible al mercado"

Tener reconocimiento es tener un arma de doble filo porque ya te esperan, ¿no?

Ana: Ya… es una presión fuerte. El público va a esperar una cosa y hay una parte en la que dices: yo hago lo que yo siento. Sí, pero tampoco puedes interrumpir una veta que has encontrado para ponerte a hacer cualquier otra cosa. Has descubierto un camino, con tu intuición, y ha dado resultado e imagino que tenemos que seguir investigando en el mismo sentido e intentando vendernos lo menos posible al mercado. Es decir, seguir siendo honestas, pero es verdad que todo es muy complicado. Queremos seguir buscando en este lenguaje sin atarnos las manos, sin ser esclavas del proyecto. Seguir siendo creativas y libres.

Alejandra: Seguir aplicando lo aprendido, que también llevamos mucho. Esto ha sido un reconocimiento pero con mucho ya trabajado. Antes hemos estado arriba, luego hemos bajado.

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Ana y Rocío, en camerinos. ESTEBAN

Ya Ana nos decía en una entrevista anterior que lo difícil no es ser artista sino autónomo…

Ana: Y no perder la fe.

Alejandra: Hemos probado las mieles del Centro Dramático Nacional y después nos hemos visto otra vez en los chiringuitos cantando con la chirigota. Bueno, ojalá que no, pero estamos preparadas psicológicamente para lo que venga.

Ana: Saberte dueña de algo que sobrevive en un escenario o en el tablao de un chiringuito, pues dices: bueno, si hay que volver a eso se vuelve. Lo pasábamos de puta madre, desde luego (ríe), pero mejor que no.

La dramaturgia es de Ana pero hay dos filólogas más en el grupo y solo una que tiró claramente por el arte dramático…

Ana: Arte traumático...

Rocío: Sí, estudié en la ESAD —Escuela Superior de Arte Dramático de Sevilla—…

¿La única que lo tuvo claro desde el principio...?

Rocío: ja, ja, no, ellas también lo tuvieron claro… yo es que también empecé con 24 años a estudiar y no quise hacerlo antes porque parecía que las estaba imitando. Intenté estudiar varias cosas, Bellas Artes y tal, y al final dije, mira, si a mí lo que me gusta es hacer teatro... Me metí a probar en la escuela y aquí estoy.

Se ahorró filología…

(Risas) Las vi a ellas y aprendí… Es lo bueno de ser la hermana chica.

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Alejandra López, en otro momento de la conversación. ESTEBAN

¿En vosotras en realidad siempre estuvo esa chispa de la interpretación, esa vis cómica?

Alejandra: No fue una cosa premeditada, no sabía que iba a ser actriz hasta muy mayor…

Ana: Hasta muy mayor y llevabas diez años haciendo teatro…

Alejandra: La gente me dice ahora tú siempre te has dedicado a lo tuyo, y yo no sabía qué era lo mío aunque trabajaba en eso.

Rocío: En mi casa, nuestros padres, siempre han propiciado mucho que nos dedicáramos a esto. Me acuerdo una vez que mi padre, que estaba en el hospital, y le decía a la enfermera: mira, esta es mi niña la chica, también la tengo colocada en el teatro (risas)… Picha, parece que me tienes de odontóloga… Si yo no me hubiera dedicado al teatro habría sido para él como un fracaso. En nuestra familias nos orientaban mucho a eso.

Teresa: En mi casa, al revés. Yo siempre he querido ser actriz y mi madre, tú no, que no, estudia una carrera y ya luego haz lo que quieras…, y al final adonde iba siempre recalaba en los grupos de teatro: en el cole, en el instituto, en la universidad… y ahí conocí a Ana. No era por llevar la contraria es que me gustaba. Tuve que hacer una carrera, estuvimos dando vueltas, formándome en escénicas en Granada y ya apareció Chirigóticas.

Alejandra: Es verdad lo que dice Rocío, recuerdo decirle a mis padres que no quería hacer más teatro y que iba a hacer una oposición. Yo no quería, coño. Yo qué sé. Y mi madre: ¿Y qué vas a estudiar, ahora te vas a poner una oposición…? En mi caso siempre, desde chiquitita, venían los vecinos, la familia… cántale, que cantas muy bien, ay la niña que antipática, no quieres cantar… Era una presión… mi sobrino (el hijo de Ana) todavía lo está sufriendo…

Ana: ja, ja, mi niño que es más payo…

Alejandra: A lo mejor por eso ha sido la falta de compromiso con mi arte que no tuve hasta hace no mucho… o por eso he tardado tanto. Un sentimiento de cierto rechazo, respeto u obligación.

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Las integrantes de Las Niñas de Cádiz, antes de comenzar su función. ESTEBAN 

¿Para qué creéis que no hay vacuna en estos tiempos?

Teresa: Para la avaricia.

Rocío: Para la estupidez.

Ana: Para el miedo. Al final el miedo es el origen de todo. Si hay tanto miedo y agresividad en verdad lo que hay es un montón de miedo.

Alejandra: Y hay mucha envidia, mucho egoísmo…

Ana: Pero creo que el miedo es el catalizador de todas las cosas. ¿Qué hay detrás de esa persona que no para de insultar en Twitter? ¿Qué hay detrás de esa dinámica tan perversa? Es terrible.

Alejandra: Para la costumbre, nos acostumbramos a todo, a cualquier situación, por muy triste que sea, te adaptas, te acostumbras, y cuando te das cuenta pues… todo lo que viene de fuera, extraño, te cuesta mucho trabajo cambiar.

Vosotras peleáis por no acomodarnos, por tener más libertad de pensamiento antes que libertad de expresión…

Ana: Sí, no sé… son palabras muy grandes. Detrás de cada una de nosotras hay un pensamiento, claro que hay intención de transmitir pero bueno… con que el público esté sentado un rato y se ría, que me parece un acto de liberación y de libertad bonito, yo ya me doy con un canto en los dientes. Si de paso cogen algunos de los mensajes que largo… Lo de la libertad de pensamiento está difícil ahora, ¿eh?, estamos todos muy manipulados, es terrible, el exceso de información al final desinforma. Pero bueno, nos vamos a reír, que estamos en carnaval.

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Las Niñas, en camerinos.  ESTEBAN
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Alejandra López, maquillándose. ESTEBAN
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Teresa Quintero, ante el espejo. ESTEBAN
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Rocío Segovia, tirando de rimmel. ESTEBAN

Entramos en el santuario del artista: su camerino. Falta media hora para la función. Estampa de San Judas Tadeo bajo las bombillas de los espejos. “Déjame el rimmel, Rocío”. “Al final no viene mamá, no tenía quien la trajera”. “Yo he traído vaso de plásticos para el chupito de coñac, brandy de Jerez, eh”. “Nos lo tomamos porque ya vamos teniendo una edad”. “Con la edad y sin la edad, lleváis tomándolo desde que empezasteis”. No hay nada más calderoniano que los sueños. Las Niñas de Cádiz siguen viviendo el suyo. Con un ojo entreabierto en lo que pasa fuera, pero con el cuerpo dentro de las tablas. Entran cosquilleos.

Ana: A mí sí, media hora antes, aunque yo normalmente estoy insoportable desde por la mañana, me parece que no estamos lo suficientemente concentradas. Pero como me toca un poco el personaje de Rottenmeier, pues no me viene mal. Pero me pongo muy nerviosa, y ya cuando estoy ahí me da igual .

Teresa: ¿Nervios? Sí, muchos, yo antes de actuar siempre digo: yo pa qué carajo me he metido en esto, con lo bien que yo estaría dando clases de inglés… Ya después salgo y me siento bien.

Una ilusión, una sombra, una ficción; y el mayor bien es pequeño. Tienen 13 bolos —sin supersticiones— por delante en el próximo mes de marzo (Palencia, Aranjuez, León, Ponferrada, Benavente, Alsasua...). Las Niñas de Cádiz, estas Puellae Gaditanae, antiguas artistas celebradísimas del Imperio Romano, van a seguir soñando más fuerte. “Habla al mundo desde tu aldea”, decía Tolstoi… Aquí el viento es salvaje, pero ellas lo tienen de cara y una sonrisa contagiosa. Los sueños, sueños son.

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