La llegada de Donald Trump al poder en Estados Unidos ha roto los esquemas vigentes en el orden mundial desde la Segunda Guerra Mundial y la caída del muro de Berlín. Ni siquiera las consecuencias que tuvo el 11-S hicieron tambalear algo que suena lejano: el derecho internacional. Por ejemplo, Estados Unidos, para intervenir en la Guerra de Irak, intentó contar con el apoyo de la ONU. Allí fue donde explicó al mundo que Saddam Hussein era un problema porque tenía armas de destrucción masiva —que luego no tenía—.
Hoy, Trump demuestra que actuar según lo que marquen las normativas no va con él. Están pasando muchas cosas y basta mencionar solo algunas. En el mandato de Trump, EE.UU ha puesto aranceles a sus teóricos aliados, incluyendo Europa. Está tratando que los países de la OTAN disparen su gasto militar, comprándole además más armamento a Estados Unidos. Está apoyando a formaciones ultra en Europa que le bailan el agua, como dijo el Pentágono sin rubor en el documento de Estrategia de Seguridad Nacional, lo cual es en sí mismo toda una injerencia.
En el plano internacional, además de capturar a Maduro sin cumplir ninguna normativa internacional, además lo ha hecho para dejar que el régimen siga existiendo, solo que ahora como vasallos y con Delcy Rodríguez como interlocutora, siempre bajo amenaza. Asimismo, ha amenazado a Dinamarca con hacerse con un territorio como Groenlandia. Ahora, tiene las miras puestas en Cuba, y después necesariamente en México, Colombia... Porque aplica la doctrina Donroe, que es la doctrina Monroe con la D de Donald: América (el continente) para los americanos (Estados Unidos). Eso incluye Groenlandia geográficamente, de hecho.
Asimismo, parece que está dispuesto a repartirse el mundo con Vladimir Putin y permitir que Rusia se quede con los territorios conquistados en Ucrania. Le ha dado un cierto plazo para poner en marcha una ofensiva, quizás hasta el verano, y lo que para entonces haya conquistado podrá quedárselo. Sentará un precedente, de nuevo, con el mismo fin: las potencias no tienen que aplicar ningún derecho internacional. Lo siguiente puede ser que EEUU rompa su promesa histórica y deje que China se quede con Taiwán, aquella isla donde fundaron un país los derrotados en la guerra civil frente a los comunistas. De Israel y Palestina, está todo escrito: Trump está preparando una colonización occidental en Gaza, participada por países aliados tan variopintos como la Argentina de Milei. Y por si fuera poco, Trump quiere hacer frente a Irán, algo que de hecho se especulaba como inminente.
En este mundo actual, no es cuestión de pensar que Estados Unidos pudiera ser a corto plazo protagonista en una Tercera Guerra Mundial. La expresión asusta. Hace 80 años que una cierta paz llegó a Occidente, tras el horror nazi. Varias generaciones han vivido en paz. Han sido, de hecho, las generaciones más privilegiadas de la historia. No es que haya acabado esa paz. Es que se está fraguando un nuevo orden mundial. El reinante hasta ahora era el de la hegemonía de Estados Unidos desde principios de los 90. Hoy está amenazada por China, que puede tomar la delantera, algo de lo que es consciente Trump, que quiere cambiar esa tendencia. El plan es hacer crecer a Estados Unidos y a la vez desentenderse de los que eran sus teóricos aliados, cerrándose cada vez más sobre sí mismo.
Y en este mundo que viene, ¿qué nos toca en Andalucía? La comunidad, lógicamente, no es soberana a nivel internacional, sino que es parte de España, miembro de la UE y de la OTAN, además de mucho más influyente a nivel político cultural en el mundo de lo que a menudo nos creemos. Sobre lo primero, España es una de las grandes economías europeas, más aún desde que Reino Unido abandonó el marco comunitario. Sobre la OTAN, lo cierto es que España es el único país que se ha encarado a Trump y ha dicho que no va a entrar en esa locura de aumentar el PIB hasta el 5%, que obligaría a sacrificar buena parte del actual Estado del Bienestar, que está sufriendo problemas por muchas cosas como la inversión de la pirámide poblacional, pero que puede verse sentenciado si España deja de gastar en medicamentos y hospitales para comprar armas a EEUU. Sobre la influencia política, basta entender que el país y sus empresas son referencia en Latinoamérica, pues el idioma y los lazos humanos convierten a España en Europa pero también en Iberoamérica.
Además, con respecto a las industrias, España produce armas, es uno de los países del mundo con mayor potencial de energías renovables (importantes no solo por ser limpias, sino porque su producción, cuando se optimiza, cuesta mucho menos que cualquier otra), tiene minas... y geográficamente está al paso del Mediterráneo, como enlace hacia el Norte de África... Y si se repasa todo esto mencionado, en realidad, Andalucía es parte de todo eso. Porque hay industrias militares, sol, viento y es rica en cobre y otros metales... Asimismo, hay que recordar que la Agencia Espacial Española se va a instalar en Sevilla y aún falta para que desarrolle todo su potencial. Para 2032, podrían ser hasta 1.600 empleos de alta cualificación. Darán trabajo a ingenieros que hoy se forman en las universidades andaluzas. Pero más aún desconocido es lo que generará indirectamente. Sobre el papel, de hecho, debe suponer la instalación de nuevas empresas a largo plazo o la ampliación de toda la aeronáutica andaluza, especialmente la sevillana. Además de lo menos bueno, dos bases militares de soberanía compartida con Estados Unidos. Quien hable de la influencia de España en el mundo, en el fondo, está hablando de la influencia de Andalucía.
Andalucía, objeto de deseo
Desde el departamento de Derecho Internacional Público de la Universidad de Cádiz, que ha estudiado en profundidad el entorno andaluz, recuerdan que Andalucía como ente jurídico no tiene voz ni voto para su futuro: “No pasa de ser la infraestructura, pues al fin y al cabo todo pasará por Madrid. Relevancia estratégica, sí, pero sin poder jurídico directo”, señala la doctora y docente en derecho Ángeles Jiménez García-Carriazo.
Es indudable que esa citada relevancia estratégica implica numerosos frentes: Gibraltar, las aguas del Estrecho, la cercanía de Marruecos… Que, de hecho, el caso de Gibraltar y el nuevo estatus puede suponer para el corto o medio plazo un desarrollo económico en la comarca, “y a partir de ahí constituirse como una región meridional de gran impacto”. Precisamente, porque tras el Brexit llega un tiempo nuevo que va a tener, cuando se materialicen los acuerdos, el efecto contrario: el derribo de la Verja.
Desde el departamento, señalan también que “los desarrollos esenciales del nuevo Libro Blanco de la Defensa europea para 2030 obviamente deben potenciar la inversión en la industria nacional”, y eso va a suponer cambios en la comunidad. “Los polos tecnológicos situados en Andalucía deben representar la piedra angular del desarrollo regional, a través, además de inversión en I+D y la implicación especialmente de las Universidades públicas”, señala el también doctor y profesor de la UCA Miguel Ángel Acosta.
Por todo ello, hay que tener en mente que existe en Andalucía un importante tejido industrial y minero, “que pueden verse aupados económicamente”, y eso va a tener, o se espera que tenga, “un importante impacto social, laboral y económico”. Paradójicamente, entonces, los nuevos equilibrios mundiales van a suponer una oportunidad para Andalucía.
Aunque hay un riesgo. Porque, para que eso se cumpla, “es indispensable favorecer la inversión tanto pública como privada, con políticas acordes con las iniciativas que se adopten a nivel central, lo cual en la práctica sería muy complejo para el caso de gobiernos de distinta ideología”.
En la misma línea, Juan Torres López, analista y catedrático recién jubilado de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla, también considera que Andalucía va a ser “un espacio deseado”. Lo hace por sus condiciones propias y por ser parte de España, que también ha visto incrementarse su PIB en los últimos años gracias a entradas de capitales, de inversión. Ha habido muchas razones: disponibilidad de energía re novable, mano de obra bien formada, centros de investigaciones, buenas comunicaciones…
Pero hay un riesgo geoestratégico para España, y por ende para Andalucía: una posible nueva etapa de “dependencia y desvertebración”, que se reproduzca “la economía de enclaves”. Esto es una vuelta en nuestra tierra a un modelo en que grandes potencias y grandes compañías explotan los recursos y obtienen ganancias sin pensar en el largo plazo. Un ejemplo, el temor de los ecologistas hacia la recuperación de la actividad minera en Aznalcóllar y los daños a largo plazo que denuncian que podrían producirse en el Guadalquivir.
Torres López, en cualquier caso, insiste en que en la actual crisis del comercio internacional y de globalización, Andalucía tiene una gran oportunidad, en tanto la economía española siga desarrollándose “mejor que las demás de Europa”, pero habrá que intentar siempre que el crecimiento genere “un valor añadido que se quede aquí”.
¿Y en el peor escenario?
Alejándonos un poco más de las condiciones actuales, hay otra realidad sobre la que hay que incidir: si se desatara algún tipo de conflicto, Andalucía es también un objetivo posible. No sale de una película de ciencia ficción ni una distopía.
Son tres puntos clave por todos conocidos y ya mencionados los que nos ponen entre posibles objetivos militares si se produjera un conflicto a nivel mundial: “La ingente acumulación de infraestructuras de seguridad y defensa en territorio andaluz, lo hace ser un blanco inicial ante un hipotético conflicto mundial”, señala el profesor Acosta, refiriéndose a las dos bases de Morón y Rota, primero, “por ser abastecimiento de aviones de EEUU”, y Gibraltar por ser “lugar de paso de los buques” y base militar del Reino Unido. Específicamente, “tras la agresión de Rusia a Ucrania en febrero de 2022, se hizo un primer análisis sobre los primeros objetivos de Rusia en el caso de una guerra nuclear. Entre los 10 primeros objetivos, se encontraban Morón, Rota y Gibraltar”. Torres López es un poco menos pesimista, por decirlo de alguna forma, ya que los avances militares, los misiles sónicos, directamente “cualquier punto del planeta estaría en peligro”. Eso hace que Andalucía no sea especialmente el lugar más señalado. Pero el peligro está ahí.
En cualquier caso, esto último no está en el terreno de lo probable ni de lo previsible. Lo más relevante es que, sin ser una Groenlandia, sí pueden ocurrir cada vez más cosas en nuestro espacio vital. Además de que España ocupe un lugar en el mundo que viene, será relevante también que lo tenga la propia Unión Europea. Si se pliega o no a los últimos intentos de Trump de incrementar los aranceles de nuevo, con el efecto que puede tener para algunas producciones concretas de Andalucía como el aceite. Lo que está claro es que aquí se asumirán las consecuencias de las decisiones que se toman fuera, de guerras comerciales a muchos kilómetros de distancia. Es lo que tiene este mundo cada vez más cambiante. Hay que estar preparados, ofreciendo lo que el mundo va a necesitar, sea energía o sea industria. Esta capacidad de adaptarse a lo que venga marcará la diferencia, tanto para lo público como para el sector privado.
Juanma Moreno toma relevancia en Bruselas en un momento clave
Hasta el año 2029, Juanma Moreno será copresidente del Comité Europeo de las Regiones, en responsabilidad colegiada con Kata Tutto. Este órgano es la voz en Bruselas de las regiones interiores de los Estados, desde comunidades hasta municipios. Un trabajo que da forma a las necesidades de los ciudadanos cuyas competencias no recaen sobre los estados, y un ejemplo reciente está en los mecanismos de respuesta ante catástrofes ambientales, como ha sido el caso de las borrascas que han azotado a Andalucía, en cuya reconstrucción aportará la Unión.
El Comité aspira a ahondar en la presencia de Europa en la vida de la gente. Pero además de esa utilidad, lo cierto es que Juanma Moreno se ha convertido en un habitual en Bruselas. Allí, en el Parlamento, hay y ha habido numerosos dirigentes andaluces con cierto peso, especialmente en el Europarlamento. Pero en esta ocasión es un presidente andaluz en ejercicio el que compatibiliza tareas.
Eso multiplica la presencia de Andalucía en estos foros decisorios. Y no es baladí, pues hablamos de ayudas europeas, de cuotas para el sector primario, de desarrollo del potencial de la industria... Ayuda también la presencia de una ex del Gobierno andaluz, Carmen Crespo, en el actual Parlamento, similar al camino que recorrió la socialista Clara Aguilera.
