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El guitarrista y compositor Javier Patino (Jerez, 1974) presenta 'Oro negro', un segundo ábum con una impronta más madura y atrevida. "El riesgo hay que medirlo", dice.

Javier Patino ya ha superado la crisis de los 40. Él, tan ensimismado detrás su guitarra (tiene en su casa siete de estos instrumentos) durante décadas. Solo pensando en componer para el baile y en tocarle a la danza imposible de grandes bailaoras y bailaores. Recuerda "perfectamente" cuando su padre le compró por Reyes una guitarra de principiante, con dos dedos de puente, arisca como una gata montuna. Pero aquello no dejaba de ser la reacción lógica a esas miradas furtivas que lanzaba sobre aquel vecino de la calle Barja, en pleno San Miguel, que rasgueaba en la casa de enfrente. Todo eso quedó atrás de alguna manera en Media vida, su primer trabajo discográfico, por lo que ahora tocaba otra cosa. Empapado de recuerdos y cotidianeidades, "me inspiro con lo más simple", el tocaor de la casa Balao, devoto de Gerardo, publica Oro negro (Mpire Studio). Un trabajo por todo lo alto donde es lo que ahora es. Sin más. Y ahí ya no hay complejos ni temores. Ahora si hay que cortar se corta y si hay que decir que no se dice no. "Uno va madurando, pasa el tiempo, y se hacen las cosas de otra manera. A un músico le pasa igual". Eso sí, conserva intacta la timidez de los tocaores. 

¿Hasta dónde puede llegar el riesgo en algo a veces tan hermético y conservador como el flamenco?

El riesgo hay que medirlo, sobre todo, cuando haces una obra que tenga un punto vanguardista o contemporáneo, o como lo queramos llamar, porque el tiempo puede que le quite vigencia si no calculas. Siempre se busca lo tradicional, y más en el flamenco, donde a es a, b es b, y c es c, por lo que hay que tener cuidado con ese tipo de trabajos. Yo creo que he hecho un disco clásico dándole un punto de vista que es el mío. Y ya está. Después el que lo escuche a lo mejor tiene otra opinión pero en principio lo veo como flamenco clásico.

Pero se nota más atrevimiento, solo hay que ver la cubierta, sin guitarra y con las manos bañadas en oro.

Creo que por atrevimiento no, lo que sí es verdad es que llega un momento en el que las cosas las haces dándote un poco más igual lo que puedan decir de ti. Cuando grabas un disco de guitarra no te puedes salir, si haces una seguiriya que no sea una seguiriya es muy extraña... Y ahora te arriesgas un poco más y te da más igual lo que puedan decir de ti. Con la fantasía por ejemplo he querido expresar una música que me apetecía mostrar. Me atrevo a hacerlo y ahí queda.

"Llega un momento en el que las cosas las haces dándote un poco más igual lo que puedan decir de ti"

'Oro negro'.

Me gusta como concepto, he leído cosas sobre el oro negro, que es la mezcla entre el oro fino y el paladio; también es una ciudad de Brasil, y no sé... Quiero mostrar con él todas las experiencias positivas de la vida, todo lo bueno y los buenos recuerdos, aunque haya cosas que suenen más dramáticas. Pero todo es en el buen sentido. Simplemente me gustaba este nombre. Hay momentos de bulla y momentos de calma, músicas que se van repitiendo que son como motivos, como un hilo conductor de la obra.

¿Hay mucha premeditación en el orden del disco?

A la hora de ordenar los temas piensas en quien lo escucha, no pones tres temas libres seguidos, que cansaría al oyente, pero llevo varios palos muy diversos más tres bulerías, que ya va bien, y otros ritmos binarios como la farruca.

¿Para qué sirve hoy en día un disco?

Tener un disco hoy en día en el mercado significa levantar la mano para que no se olviden de ti. Es más o menos como una tarjeta de visita. Para el que tiene la oportunidad de grabarlo es la manera de dejar constancia en este mundo, eso se queda ahí para la historia. Es muy importante tener un disco porque muchas veces el público no sabe ni qué música hago, ni de qué forma interpreto. Es un número de espectadores muy reducido que como no sea a través de un disco no conoce la música que haces. Creo que muy poca gente ha disfrutado del primer disco.

Hay unas bulerías dedicadas a Gerardo Núñez. ¿Se le valora lo suficiente como músico internacional?

Gerardo está súper valorado en el mundo del flamenco, a lo mejor en Jerez lo está menos porque aquí somos tantos… Pero Gerardo es internacionalmente un guitarrista súper importante. Tiene tal repercusión que no es solo importante como guitarrista flamenco sino que es uno de los mejores músicos que hay.

¿Cómo le conoció?

Desde pequeño soy un admirador suyo y tuve la oportunidad de conocerle pronto, es una persona increíble, ayuda mucho a todo el mundo. La primera vez que fui a Madrid, que no sabía ni si me iba a dedicar a la guitarra, me atreví a coger el teléfono y llamarlo, y a los cinco minutos estaba en su casa. Eso hay que agradecerlo.

¿Hay solidaridad en este mundillo?

Hay, hombre, hay. Lo que pasa es que vivimos unos momentos en que nada ya es como antiguamente. La manera de vivir ha ido cambiando y nos adaptamos. Antes había muchas fiestas a diario, nos encontrábamos todos, y hoy en día es muy difícil que se produzca eso, todo el mundo grabando con los móviles, te ponen en el Facebook… Nos vamos adaptando en todos los sentidos.

"Hago lo que me dicta el corazón al interpretar"

Usted está acabando sus estudios en el Conservatorio Superior de Córdoba, ¿es hoy imprescindible la formación?

No creo que sea más necesario que nunca, lo que pasa que no es incompatible y todo lo que aporte bienvenido sea. Tener un maestro es un privilegio siempre, aprovechémonos de los maestros y de todo lo que nos enriquezcan. El flamenco seguirá siendo como hasta ahora, se aprende de forma oral, es una cosa muy de la calle, pero también está bien ponerle nombre a las cosas que hacemos.

Decía su maestro Balao que sin corazón la técnica no vale nada. ¿Ha conseguido ese equilibrio?

No creo que haya conseguido nada, hago lo que me dicta el corazón como bien dice él. Me dejo llevar a la hora de interpretar o buscar una melodía. Intento hacerlo con el máximo gusto y le voy dando vueltas hasta que me gusta. Es un poco intuición y también coherencia y lógica. Poco más. Creo que cualquier artista tiene en el gusto la diferencia. No sé si estoy en el camino pero lo que creo que está bien, lo dejo, y a otra cosa.

¿Sometería la espontaneidad a la técnica?

Siempre he pensado que en el caso de la guitarra si tienes una técnica que controlas y te sale muy bien, pues evidentemente las va a usar, pero tampoco hay que abusar de algo que te sale muy bien porque te conviertes en repetitivo. De todos modos, cada músico consigue tener su lenguaje y es a lo que deberíamos aspirar todos.

¿De qué habla su lenguaje musical?

Mi lenguaje habla de cosas simples, que pueden ser muy bonitas sin necesidad de virtuosismo. También he aprendido que el silencio es súper importante porque la sensación que tienes cuando tocas no es la que tiene el receptor, las cosas hay que verlas desde fuera.

"Cualquier compañero me hace alucinar, me gustan todas las voces, independientemente de la repercusión y el nombre que tenga"

A lo largo de su carrera, ¿con qué cantaor se ha sentido mejor? En este disco tira de las voces de Tomasa La Macanita, Jesús Méndez y El Londro.

Es muy difícil porque conforme van pasando los años cualquier artista me encanta, cualquier compañero me hace alucinar, no me mojo, me gustan todas las voces, independientemente de la repercusión y el nombre que tenga. He tenido tantos… En este caso la voz de la Macana me encanta, desde que la escuché en Tauromagia me quedé prendado con ese metal de su voz, pero Jesús y El Londro también me encantan. Se adaptan bastante al tipo de trabajo que estaba haciendo y es un regalo tener a los tres en mi disco, cada uno con su espacio y con el resultado que han aportado.

Decía Paco de Lucía que la guitarra es una hija de puta. ¿Es capaz de insultarla?

La guitarra es muy desagradecida, pero si hay que insultarla también. A lo mejor te llevas toda la mañana con la guitarra estudiando y llega un momento en que te encuentras las manos muy sueltas, de velocidad, de tacto, la suelta y cuando la coges una hora después ya la sensación no es la misma. Imagínate que la uña se gasta, si sales a la calle y hace frío, mover los dedos te duele… Es muy mala. Cuando tenemos que tocar te puede pasar que digas, joé si estaba mañana las manos me iban solas cómo que ahora no puedo. Jugamos con un poco de psicología, es una lucha de adaptación constante… Si te llevas mucho tiempo con la guitarra en las manos eso lo controlas mucho mejor.

¿Cuánto se lleva con ella en brazos?

No tengo un número de horas fijas, le dedico bastante tiempo. Hay días en que no la cojo y al día siguiente me pego todo el día. No tengo una dinámica, nunca la he tenido.

¿Alguna vez no ha podido tocar?

Muchas veces. Y de decir: hoy no puedo con la guitarra, es que no puedo tocar, es que no me sale. Y de partirse una uña a ras de la carne y decir, ofú... allá voy. Hay que adaptarte y tocar, ya está. Ya uno tiene oficio y lleva unos años en esto, la experiencia también se nota, aunque me gustaría tener 20 años (se ríe).

¿Da la guitarra para sobrevivir?

Para tirar para adelante. Y cuesta trabajo porque hay mucha competencia, cada vez vienen chavales jóvenes tocando mejor. En Jerez, ¿cuántos somos? Una lista casi interminable. Creo que es bastante difícil pero bueno lo que pasa que querer es poder, y el que quiere, puede. Por el camino habrá momentos malos en los que querrás tirar la toalla pero…

¿Los ha habido? ¿Para tirar la toalla?

Yo… no muchos. Alguna rachita de poco trabajo en la que te agobias pero de ahí a tirar la toalla, nunca. Me he dejado llevar un poco siempre. Sí recomiendo a todo el que es joven que apueste por él mismo, siempre trabajamos para los demás pero hay que trabajar también por uno mismo. En esta vida nada es fácil para nadie, y más en el momento tan malo que vivimos, pero unas veces se baja y otras se sube, y hay que tener paciencia y tomarse las cosas de buena manera. Todo lo que nos pasa en la vida es lo que te toca vivir en el momento. Llevo muchos años viviendo de mi guitarra y estoy muy contento por ello.

"Muchas veces estamos a la defensiva porque no queremos revelar nuestras carencias o que nos vean flaquear, pero ego hay poco, todo el mundo es muy humano"

¿Hay exceso de ego en el flamenco?

Hay de todo. Como los artistas suelen tener mucha gente detrás que los apoya, a veces se confunden. Hay que ser humilde en la vida, contar tu verdad y ya está, no hay nadie que sea más que nadie. El mismo respeto merece una chaval con quince años menos que tú. No veo tanto ego. Muchas veces se juzga mal a determinadas personas, trabajamos con personas que reconocemos como artistas pero que no conocemos personalmente. Muchas veces estamos a la defensiva porque no queremos revelar nuestras carencias o que nos vean flaquear, pero ego hay poco, todo el mundo es muy humano. No sé, eso es lo que yo pienso.

¿Hay prisa entre los jóvenes por destacar, por no cubrir el rodaje de años tocando atrás? ¿Es un error?

Creo que sí, es un error, pero por ejemplo ahora que estudio en el conservatorio y he tenido a muchos compañeros mucho más jóvenes a los que yo les entiendo. Cuando alguien no tiene la oportunidad de tocar en un teatro, y que te escuchen, todo el mundo quiere mostrar más de lo que debe en un determinado momento. Todo el mundo va por delante de lo que hace falta demostrar en cada momento. Si tienes cinco minutos quieres soltarlo todo para demostrar y a lo mejor no es de eso de lo que se trata. Queremos hacer muchas veces más de las que deberíamos hacer. 

Javier Patino presenta 'Oro negro' en el marco del XX Festival de Jerez, el próximo 2 de marzo, a las 19:00 horas, en la Sala Paúl. Tomasa Guerrero La Macanita y Jesús Méndez estarán como artistas invitados.

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