Una vida escribiendo
Juan Manuel Sainz Peña (Jerez, 1970) lleva toda la vida escribiendo. En 1988 comenzó a tomárselo con esa seriedad que requiere el oficio y así lleva ya 12 obras en estos 37 años. Menos ensayo, cuenta, ha tocado todo: teatro, poesía, narrativa. Entre ellos, él mismo destaca "el trabajo que tuvo detrás El criado de Velázquez" (Kaizen Editores), que además "gustó mucho, una novela histórica, pero también un thriller muy divertido". El último libro es Agarrazagales (Ed. Peripecias), ambientada en la Guerra Civil, que retrata un tiempo en nuestro país, pero sobre todo dos formas de mirar, la de una niña ajena al conflicto y un prófugo de la Justicia. Esta actividad la combina con su trabajo desde hace 30 años en el Teatro Villamarta de Jerez como empleado municipal, lo que le hace estar cerca y formar parte de buena parte de lo cultural de la ciudad.
Aunque mucho de lo que obtiene de los libros llega lejos de Jerez. Porque es un habitual de concursos y premios literarios a lo largo de la geografía e incluso en el extranjero, obteniendo un total, calcula, de 160 premios. Basta poner su nombre en internet para encontrar decenas de referencias. El último, el de novela corta de Alcobendas 'Bachiller Alonso López' por Agarrazagales.
Pregunta. ¿Cómo es la vida de un novelista a tiempo parcial?
Respuesta. Muy divertida. Es que me lo paso muy bien, aunque soy bastante desastre. No soy nada... a ver, ¿cómo te digo? No tengo unos horarios, una disciplina, sino que cuando se me antoja, cuando tengo ganas, me pongo, salvo que tenga prisa porque haya que entregar algo, que es raro. Lo normal para mí es estar observando en la calle, que es donde surgen las historias, sacando notas. Esa es la idea, no tengo ni disciplina ni método de trabajo. Me puedo pasar meses sin escribir o pasarme semanas seguidas.
P. García Márquez era un ejemplo de todo lo contrario, de tener un horario definido y mucho sacrificio.
R. Escribir por obligación, con horarios, porque toca... ¿Y si en ese momento no te apetece? Cada uno tiene su método, pero hay veces que tengo tiempo libre y no tengo ganas, y no pasa nada, después ya aprovecho cuando sí. Trabajando es como te salen las cosas. Pero no me influiría tener un horario fijo, al contrario, me lastraría un poquito. Yo no quiero ese compromiso con la literatura ni con mi trabajo ni con mi oficio. Yo quiero disfrutarlo. Para mí perdería su magia.
"En mis novelas sobre la Guerra Civil no hay banderas, no puedes detectarlas porque yo tampoco las tengo"
P. Tantos años en el Villamarta, es una persona que se patea el centro a diario. ¿Cómo ha visto la ciudad en este último mes de Navidad?
R. Con este ambiente, Jerez pierde un poco su esencia navideña. Mucha gente ha venido y ha dicho que esta es la Zambomba de Jerez, y a lo mejor no ha estado en ninguna, sino en las macrofiestas que hay ahora. Quedan algunos reductos, como la de la Plaza Rafael Rivero, que es una maravilla. Pero bueno, es que los tiempos cambian, las cosas se ponen de moda, y si es un motor económico, pues perfecto. Aunque hay una pérdida de identidad, hay que intentar cuidarla. Ha sido un poco exagerado haber empezado en noviembre, me parece un despropósito. Pero bueno, los políticos sabrán.
P. La última novela transcurre en la Guerra Civil. ¿Cómo ha querido abordar ese periodo del que tanto se ha escrito muchas veces?
R. En todos mis relatos y novelas donde se toca la Guerra Civil no hay banderas. En mis novelas no puedes detectarlas, porque además tampoco las tengo. Tengo ideas de izquierda, de derechas. A pesar de que hay un represaliado, tampoco hago una retrospección, el personaje no lo hace. Es que sencillamente busca a su familia y punto. Y la chica, la niña que tiene 10 años, obviamente tampoco hace ningún tipo de análisis. Hay una escena muy buena de Las bicicletas son para el verano. Fernando Fernán Gómez le dice a Gabino Diego que lo que ha llegado no es la paz, sino la victoria. Yo no hago ningún tipo de reflexión al respecto. No hay ningún tipo de análisis político ni de juicio de valor sobre absolutamente nada, solamente sobre la paz, nada más sobre la convivencia, y sobre que fue un desastre, pero no fue un desastre por uno o por otro, fue un desastre. No hay que mirar a si izquierda o derecha.
"A lo largo de los años, puedes saber qué le gusta a un jurado"
P. ¿Qué opina de quien piensa que escribir es fácil, y que si escribieran su vida se hartarían de vender libros?
R. Eso me lo encuentro yo muchísimo. Eso es muy gracioso, porque hay gente que se piensa que escribir es echar un huevo a freír, y tú puedes hacerlo libremente, como es obvio, ¿no? ¿Qué editorial va a tener interés? Tuve un pedazo de libro hace poco en las manos sobre la vida de Fernando Fernán Gómez. Ese libro sí me interesa. Pero, ¿a quién le interesa, con todo respeto, la vida de Antonio Pérez? Como ejercicio personal, pues lo que tú quieras. La verdad es que ahora parece, y te lo digo por los concursos también, que todo el mundo es escritor, todo el mundo es poeta, y bueno, las cosas no son siempre como parecen.
P. No sé si sientes que es una forma de no apreciar todo el trabajo real que hay detrás.
R. Creo que es estar un poquito alejados del oficio. Yo me divierto y me lo paso muy bien, pero lógicamente el esfuerzo lo tiene, horas para que todo cuadre, para que la historia esté bien. Hay algo de intrusismo, lo veo en los concursos. Desde el 2010 para acá, que es cuando yo participo en concursos, son 160 premios.
P. ¿Y cuál es el secreto?
R. Hay un alto porcentaje de suerte, puedes escribir cosas bien, pero puede que al jurado no le guste tu obra. Hay que acertar en lo que le gusta al jurado. A través de los años, por lo que ha ido premiando, puedes saberlo. Pero por otro lado hay que hacer una historia que interese desde la primera línea, porque si se presentan 400, si no eres capaz de hacer una cosa distinta, completamente diferente, o lo más diferente al resto, va a ser muy complicado.
P. En eso no somos diferentes, porque en el periodismo, según se aprende en la propia facultad, hay que captar la atención en el titular, el subtítulo y en la entradilla.
R. Ese es el secreto, incluso en la prensa, cuando un titular te invita a leer la noticia.
P. ¿Cómo ve en general al sector literario? ¿Qué opina del Premio Planeta?
R. Bueno, ese premio es un encargo literario, eso lo sabe casi todo el mundo, y si no lo sabe la gente a estas alturas pues ya es que vive en otro mundo. El del año que viene ya está encargado, me imagino. Yo no he leído la obra, he leído algunos párrafos, he visto críticas, y todavía no he visto ninguna que hable bien de la novela. He leído la primera línea y tiene un problema de concordancia, nada más empezar. Hay que entender que un libro es un producto, igual que la lata de tomate. Si está bien promocionado y todo el rollo, pues seguramente se venderá bien. Hay gente que tiene la colección de Planeta y no lo lee, pero quiere tenerla.
Después hay otros premios que son los más asequibles, para otro tipo de autores, para quienes van buscando autores menos conocidos. Cada uno es libre de leer lo que quiera. Pero es que son máquinas de ganar dinero, imagínate la pasta que lleva el premio Planeta, pues imagina la cantidad que pueden vender, independientemente de la calidad. En este caso, tú ves el tamaño de tipografía que le han puesto a la novela de Juan del Val y es prácticamente una novela corta.


