Más de un millón de entrevistas... y sumando
Victorio y Lucchino de puertas para afuera. En la intimidad, este matrimonio bien avenido desde 2007 y pareja de hecho desde su juventud en las mejores pasarelas de todo el mundo está formada por José Víctor Rodríguez Caro (Palma del Río, Córdoba, 1950) y José Luis Medina del Corral (Sevilla, 1954). La pareja ha creado, después de 40 años de trabajo ininterrumpido, una marca que es signo de distinción, de lujo y de Andalucía.
Empezaron con los vestidos de novia y han terminado diseñando gafas, bolsos y perfumes y hasta hoteles y casas de postín. Han paseado su nombre y lo andaluz por todo el planeta y, después de recibir condecoraciones a nivel internacional, de ser Hijos Predilectos de la Provincia de Sevilla y Medalla de Andalucía, de ser nombrados Hijos Adoptivos de otras tantas ciudades españolas, de recibir las Llaves de Oro de varias capitales hispanoamericanas y de ser condecorados por las más prestigiosas revistas de moda del mundo, recibieron el año pasado la Medalla de la Ciudad de Sevilla porque el Ayuntamiento los descubrió, por fin, como “Embajadores de esta ciudad”.
Forman un tándem perfecto incluso cuando se contradicen. Guardan una hemeroteca solo de las entrevistas que les han hecho a lo largo y ancho del mundo: más de un millón. Y, pese a su ritmo frenético de producción de colecciones —por pares cada año— tienen esa facultad divina de sentarse sin prisa aparente alguna para mantener esta conversación con lavozdelsur.es, donde también hablamos de lo humano.
Victorio. Yo soy de Palma del Río.
Victorio. Eso es.
Lucchino. Y yo de Sevilla.
L. En nuestro caso, da la casualidad de que los dos hemos sentido lo mismo desde que tenemos uso de razón.
L. Sin conocernos. Mi pasión era dibujar, sobre todo diseños. Todo el día estaba dibujando mujeres, maniquís con vestidos… Mi padre me decía que si no sabía pintar otra cosa, caballos por ejemplo, porque solo pintaba mujeres. Mi madre me defendía recordándole a dónde había llegado Julio Romero de Torres pintando mujeres.
V. Y yo no lo recuerdo, pero mi madre siempre contaba que, con dos años, le corté la cortina de su cuarto e intenté hacer un traje. Mi madre tenía muy buen gusto y en casa nos hacían la ropa, y como llegara la modista antes de que yo me fuera al colegio, ya no me podían llevar, porque pataleaba. Lo de la moda lo llevo dentro desde que tengo uso de razón.
L. Yo puedo decir lo mismo, porque no recuerdo cuándo empezó esta pasión. Mi distracción era esa ya. Hice una cosa muy curiosa y que a mí mismo me sorprende por tener aquella idea y aquel reto que yo me autoimponía: con los trazos que le hacía a un dibujo, debía transformar un vestido de calle en un vestido de noche, pero sin tener la oportunidad de usar nunca una goma de borrar. Además, siempre me ha gustado pintar óleos, modelar barro… En fin, todos los palos del arte: también escribir poesía… Gané un concurso de Coca Cola de redacción. Me hubiera gustado tener las siete vidas de un gato para dedicar cada una a un arte. Por eso creo que elegí este camino del diseño de moda, porque aglutina todas las disciplinas del arte. Como decía Balenciaga, debemos tener la armonía de un músico, el sentido de la proporción de un escultor, el sentido del color de un pintor… Así que lo tocamos todo.
Lucchino: Me hubiera gustado tener las siete vidas de un gato para dedicar cada una a un arte. Por eso creo que elegí este camino del diseño de moda, porque aglutina todas las disciplinas del arte.
V. Y más en mi época, sí. Lo que pasa es que yo tuve la suerte de tener los padres más tolerantes del mundo. Yo era un niño especial desde pequeño. Me vestía con lo que me daba la gana. Se metían conmigo, por supuesto, pero en mi pandilla, cuando había un concurso de carrozas, el que ganaba era yo; cuando llegaban los carnavales, el que decoraba era yo… No he tenido complejos nunca y unos padres a los que les agradezco la tolerancia y la educación. Eran unos avanzados para su época y me dejaron libres totalmente. Nunca me sentí atado en absoluto.
L. Hombre, te veían raro. Yo me acuerdo incluso de al principio de tener el negocio, cuando me ocupaba de ir a los bancos e iba vestido en aquel momento muy a la moda y muy extravagante y me veían como a un bicho raro.
L. Sí, aquí. No lo veían nada normal. De hecho, cuando abrimos la primera tienda en la calle Sierpes fue un boom tan grande que salimos en el periódico al día siguiente porque las colas daban la vuelta a la manzana porque no se había visto nada igual en ropa. Solo estaban entonces Chemise Lacoste y Fred Perry, pero no había ropa tan de vanguardia como la que nosotros diseñábamos.
V. Más bien 80…
L. Finales de los 70. En 1979…
V. Ni en España tampoco.
L. No había pasarelas de moda, muy pocas revistas de moda… Todo eso empieza a surgir a partir de entonces. Fue un cambio general en todo: una movida preciosa en los 80, en música, en pintura… Fue un despertar muy interesante.
V. España nació de nuevo. Y para la juventud fue fundamental esa época. Surgieron cineastas, cantantes, músicos, arquitectos, pintores… Fue una movida brutal.
L. Sí, una empresa que hacía moda.
V. Disart era de Marta Medina y Javier Guardiola, una familia muy conocida de Sevilla, y me contrata para hacer diseños artísticos. Entonces fue cuando José Luis y yo nos conocimos, éramos amigos normales y corrientes, y yo le pedí que me ayudara porque no daba abasto. Y así empezamos los dos a diseñar y a vender diseños. A Disart, Maruja Baena, a Concha de Alba, empresas muy consolidadas que trabajaban para otras fábricas muy importantes. Fue Maruja Baena quien me mandó a Londres para hacerle la colección. Yo era muy joven, hablo de 16 o 17 años. No tenía más remedio que ser el cabecilla de mi pandilla porque ya era el que, con esa edad, iba a Londres y venía más moderno vestido…
L. Yo, sin embargo, tenía que estar estudiando porque mi padre no aceptaba que viviera del mundo del arte. Tenía que hacer una cosa más seria. Así que entré en la Universidad y estuve estudiando Derecho hasta tercer curso. Tuve que compatibilizar lo del diseño con Derecho.
V. Bueno, ahí ya sí existían Victorio y Lucchino.
L. Es que, en aquella época, llamarse tal cual no sonaba bien y entonces había que buscar nombres más sonoros. Nos liamos a buscar nombres, la inmensa mayoría de los cuales se nos han olvidado… De Víctor sacamos Victorio, que también es español, y yo, de Luis, como era un poquito chino de ojos me puse Lucchino. Fue porque metimos todos aquellos nombres en un bote, los barajamos y salió Victorio y Lucchino; podría haber salido otro. Al principio, yo era Luchino, pronunciándolo así, chi de chino, pero cuando empezamos a firmar con agentes de fuera, sobre todo con Kinoshita de Japón, con un contrato magnífico de 15 años, vinieron un poco asustados porque sonaba alternativamente como Luchino y como Luquino, y aquello parecían dos marcas distintas, y ya sabemos cómo son los japoneses de disciplinados… Así que nos dijeron que teníamos que decidirnos, y como sonaba más Luquino por fuera y para nosotros también era más fácil, pues lo dejamos en Luquino, aunque se escriba “Lucchino”.
L. Yo soy José Luis siempre.
V. Ah, nada es difícil. Lo importante en esta vida es ser el tío más normal del mundo, no creerte nada, ser consciente del día a día, porque la realidad es brutal… Lo demás, eso de creerte más que nadie, los papeles, la fama, todo eso es circunstancial, y el que se lo crea, desgraciado de él porque más gordo será el batacazo.
L. De todos modos, cuando estamos en modo Victorio y Lucchino, diseñando, trabajando, en entrevistas o lo que sea, pues somos Victorio y Lucchino, pero es que somos siempre nosotros mismos, y cuando estamos en nuestra vida privada nos desposeemos de todo, de todo, de todo e intentamos ser, como dice José Víctor, de lo más humilde y sencillo, porque no es inteligente creerse nada.
V. Yo hago de comer, friego platos, limpio, hago la compra, voy al supermercado y elijo lo más barato… O sea, que estamos en el mundo totalmente. Y ahorrando y privándote de muchas cosas que te gustaría pero que no las puedes hacer por las circunstancias y momentos que estamos viviendo como sociedad. Además, nos gusta ser solidario y ayudar al prójimo dentro de lo que podemos. Por mucho que ayudemos, no es nada comparado con lo que se debe hacer, porque estamos pasando unos momentos…
Victorio: "Yo hago de comer, friego platos, limpio, hago la compra, voy al súper y elijo lo más barato"
V. Sí, que haya a estas alturas de la vida varias guerras; que se envíe a tantos chavales sin comerlo ni beberlo, y niños sufriendo, y personas mayores que han dado toda su vida, que lo han dado todo por nosotros, y que ahora tengan una paga mínima y que no tengan una residencia y una muerte digna, después de haberlo dado todo por nuestro país, mi país… No estoy de acuerdo con este sistema. Y vemos que la vida sigue, y somos inconscientes o tenemos que serlo, porque para trabajar… A mí me preguntan muchas veces: ‘¿Y tú cómo diseñas?’. Pues apartando un poco la cabeza de la realidad… Yo cuando vengo por la mañana a trabajar y voy por la calle San Eloy y veo a gente durmiendo en la calle… pues he decidido venirme por otro camino porque no soporto venir andando por ahí y luego venir aquí a vender ilusiones porque transformar mi mente a mí me cuesta. A otro a lo mejor no. Pero a mí me cuesta una barbaridad.
Me vengo por otro camino para no ver gente durmiendo en el suelo porque no soporto ver todo eso y luego llegar aquí para vender ilusiones
V. Absolutamente. Pero un camino de espinas y rosas, cuidado. Mucha suerte no es estar todo el día sonriendo y saliendo de copas…
L. Hombre, nosotros profesionalmente le tenemos que dar muchas gracias a Dios porque hemos triunfado en lo que nos ha gustado y hemos recibido reconocimientos que jamás hubiéramos soñado, como la Medalla de Oro a las Bellas Artes, que creo que es lo máximo, Hijos Predilectos de Andalucía…
V. Todo eso está muy bien…
L. Sí, pero que la vida es dura. Y no todo es lo bonito que se ve desde fuera, porque también existen las penalidades.
V. Yo no sé qué haría si no pudiera hacer esto.
L. Hacemos de todo menos coser. Lo que es coser, no cosemos.
V. No, no… Te puedo decir que yo no sé pegar un botón. Pero cortar sí. El traje más raro que se te ocurra, ese lo corto, pero luego están las modistas, que tienen manos de ángeles y nos sabemos entender… Pero no soy completo, no. Ya me gustaría.
L. Bueno, no te hace falta.
V. No me hace falta pero ya me gustaría aprender.
L. Pues no te hace falta. Ni hemos estudiado patronaje, como ahora se estudia.
"No sé pegar un botón. Pero cortar sí. El traje más raro que se te ocurra, ese lo corto, pero luego están las modistas, que tienen manos de ángeles"
L. No. Hemos sido autodidactas. Y tenemos una intuición especial. Sabemos cómo se tiene que dirigir ese patrón, cómo tiene que hacerse, se lo decimos a la patronista e incluso si una manga está medio milímetro más caída que la otra, lo vemos al vuelo. Es algo innato.
V. Al contrario, cada vez más.
L. Yo creo que hay una equivocación en casi todas las profesiones, excepto las muy duras físicamente porque la edad te limita. Pero todo lo que sea trabajo mental, si Dios te permite tener la cabeza en tu sitio, creo que, con la edad, acumulas mucho más conocimiento…
V. Hombre, Picasso pintó los últimos cuadros con más de noventa años. Y pintaba dos cuadros al día.
L. Se puede ser más creativo. Es una pena que un médico, por ejemplo, tenga que retirarse con 65 años, porque es cuando acumula más de sí y toda la experiencia de una vida.
V. ¡Hombre!
L. ¡Hombre, mucho más! ¡Mucho más!
V. Y más conscientes.
L. Lo que pasa es que ya no tenemos la inconsciencia esa de la juventud, ese atrevimiento. Ahora somos más prudentes, pensamos más, nos frenamos más. Si ahora tuviéramos que ir a Nueva York tal y como fuimos, de una manera precaria y con montones de dificultades…
L. Pues no. Nos tuvimos que quedar en el apartamento de una amiga y todo era muy precario. Teníamos un estand… y allí todo se ponía a base de lujo. En Nueva York todo era a lo grande, como son los americanos, y nosotros no teníamos ni para decorar aquello a lo grande, así que envolvimos los percheros con papeles de Victorio y Lucchino y las mesas con cuerdas, que por cierto se puso todo eso de moda.
V. Y encima nos dijeron que teníamos que dar un aperitivo, ¿te acuerdas?
L. Eso: que teníamos que dar un cóctel. Y nosotros no teníamos dinero, pero como íbamos con valija diplomática, pues nos llevamos tortas de Inés Rosales y aguardiente La Violetera de Constantina. Y le decíamos a los americanos: “Family’s Rita Hayworth”… Se volvían locos.
L. Hombre, salimos en The New York Times y nos dieron un premio que también está en el museo.
"A Nueva York, como no teníamos dinero, nos llevamos tortas de Inés Rosales y aguardiante de Constantina"
V. Exactamente.
V. Cuando creas un nombre, creas un estilo de vida. Mira Armani, por ejemplo. Ya tu palabra es lujo, y todo es lujo.
L. Y no solo tu palabra, sino la actitud creativa. Para nosotros, diseñar unas gafas es lo mismo que diseñar un vestido. O el tema de la decoración, que también nos encanta. Hemos hecho el hotel Puerta de América con gente importante…
V. Con Foster… Con los mejores del mundo.
L. Es que es el mismo sentido estético que llevas por dentro, que puedes plasmarlo en distintas cosas: en unas joyas, en unos zapatos, en un bolso o en un perfume.
L. No nos gusta decir nombres, pero a lo más importante del país.
P. De empresarios a políticos.
V. Políticos no.
L. Políticos no. Empresarios.
V. No, los dueños están encantados porque mueren con nosotros.
L. Siempre que haces un traje a medida o una decoración a medida, interviene el factor psicológico. Tienes que conocer a la persona, cómo se mueve. En el caso de la ropa, cómo es su físico, cómo es su mundo, qué es lo que tiene más bonito o qué es lo que tiene que disimular. En el caso de la decoración, pues exactamente igual. Cómo vive esa familia, cómo se mueven, qué estilo de vida tienen… No es lo mismo decorar un apartamento en Nueva York que una finca en Andalucía. No es lo mismo casarte en la ermita de un pueblo que hacerlo en la Catedral de Sevilla, por ejemplo.
V. Es que lo importante es que la vida te dé la oportunidad de tener mucho mundo, que hayas vivido mucho. El otro día me decía un amigo de una persona muy conocida de Sevilla que, por lo visto, había visto la casa más bonita de su vida, y yo le dije: “Pues pocas casas habrá visto en su vida”. Y me dice este amigo: “Pues llevas toda la razón”. Pues ya está.
V. Hay que ver, hay que ver, hay que ver de todo: cine, películas, teatro, música, exposiciones, estar al día del todo, ser muy inquieto, curioso… Y además que te dé Dios con la varita. ¡La varita es lo que más funciona, ¿eh?! Es igual que el futbolista.
L. Es que lo importante, además de la varita, es saberlo gestionar. Tienes que ser esponja, absorbiendo todas las sensaciones, porque cualquier cosa te puede provocar la creatividad. Aunque no sea un esfuerzo, sino algo innato.
V. Son muy currantes todos, ¿eh?
V. Hombres, son normales aunque siempre un poquito… Pasa como con la Casa Real, ¿no? Muy normales pero que no se te olvide decir “Señora”. Muy normales pero con la palabra por delante. Hay que ser educados con ellos, correctos, no sacar los pies del plato ni decir “Compadre”… Creo que el saber estar y el respeto es fundamental en todo.
V. Hombre, a mí por ejemplo me espanta que me digan “Cariño” o “Te quiero” cuando voy al supermercado. Eso de “¡Cariño, dime la cuenta!” “¡Mi vida!”… Sé que lo hacen por ser agradables y yo no pongo mala cara. Pero, ¿cariño por qué? ¿No es mejor un “Buenas tardes” o “Buenos días”? No me digas cariño. Resérvalo para tu marido.
"Me espanta que me digan 'Cariño' o 'Te quiero' en el supermercado. Resérvalo para tu marido"
V. Bueno, hemos salido mucho.
L. Se refiere a Sevilla como cuartel general…
L. Hemos tenido muchas ofertas para irnos, como muy cerca, a Madrid. Porque nos han insistido en que no podíamos estar en Sevilla, sino que debíamos estar en Madrid. O cuando tuvimos el éxito que tuvimos en Nueva York, donde nos decían que era una pena que dejásemos aquella ciudad porque allí podríamos triunfar muchísimo. Pero los dos nos planteamos que íbamos a vivir una vez en la vida y donde queríamos vivir era aquí. Que llegamos a Madrid, pues vale. Que llegamos a Barcelona, pues vale. Que no, pues no.
L. Sí, y además nos consideran muy positivamente no solo en Nueva York o en Japón, sino en toda Hispanoamérica. Allí adoran todo lo español. No es solo que nos adoren a Victorio y Lucchino, sino todo lo que sea español.
V. Si supiera el Gobierno el potencial que tenemos en el mundo hispanoamericano… Allí hay hambre de todo lo español. Se enorgullecen de que su abuelo fuera español. Presumen de todo lo que sea español.
V. Sí, sí, y allí nos lo han reconocido como embajadores de la ciudad de Bogotá, de Cali, como visitantes ilustres en Puerto Rico. En todas partes nos han reconocido.
V. Sí, hace solo unos meses.
V. ¡Estoy totalmente de acuerdo con esos flamencos!
L. Ha llegado tarde la Medalla de Sevilla, pero bueno, llegó.
V. Bueno, nosotros no hemos dicho nada.
L. Hombre, nos dieron hace muchísimos años la Medalla de Andalucía y la de la Diputación de Sevilla… pero lo de la ciudad parecía haberse enconado, no sé. Este último alcalde se horrorizó de que no tuviéramos la Medalla de Sevilla
V. José Luis Sanz.
L. Sí, y nos la dieron.
Lucchino: "Ha llegado tarde la Medalla de Sevilla, pero bueno, llegó"
L. Sí, agradecidos.
V. Bueno, ya está.
L. Nunca es tarde si la dicha es buena.
L. Sí.
V. Bueno, había quinielas para averiguar el color.
L. Hubo hasta sobornos de empleados nuestros para darle dinero por si podían decir algo del vestido. El traje venía del taller e iba a nuestra casa y de nuestra casa al taller porque no nos atrevíamos a dejarlo allí. Hubo mucha tensión. Cuando nos dijo ella que quería que le hiciéramos el traje, le dimos las gracias.
L. Sí, sí. En el primer desfile que presentamos en Madrid, ella se presentó con un ramo de flores. Siempre nos apoyó.
"Con el vestido de la Duquesa de Alba para su boda hubo hasta sobornos de empleados para que revelaran el color"
V. En Hollywood.
L. Eso fue cuando empezamos a trabajar en EEUU. Nos salió un representante de Los Ángeles y a través de aquel representante nos salió esta oportunidad.
L. Sí, el vestido que lleva cuando la van a matar.
V. Sí, y nos encantaría hacerlo con Carmen, en una ópera.
L. A mí ya me coge más cansado.
L. Bueno, una ópera tiene mucho trabajo. Es que hemos tocado todos los palos: cine, teatro, ballet.
L. Sí, aunque ya éramos pareja de hecho.
L. Sí, durante muchos años, desde que empezamos, desde el principio. Pero cuando salió aquella ley…
L. Sí, optamos por casarnos, y no porque nos hiciera falta, porque ya digo que llevábamos mucho tiempo como pareja de hecho, pero creo que había que reivindicar ese derecho que es natural y es normal que también pudieran tenerlo las parejas homosexuales.
L. Bueno, el que no lo vea natural es que no tiene ordenada su cabeza, porque si somos producto de la naturaleza, somos naturales.
V. Somos hijos del amor. Mi padre y mi madre se amaban y eran heterosexuales. Yo no he elegido ser como soy, pero lo soy gracias a la tolerancia de mis padres.
L. Somos hijos de heterosexuales y desde que el mundo es mundo, existen, existimos. El que no lo quiera reconocer es porque él tiene un problema psicológico. Es negarte ante la evidencia. Lo mismo existe una pera que existe un pero.
"Quien no vea natural el matrimonio homosexual es que no tiene bien ordenada la cabeza"
V. ¿Y las mujeres? ¿Qué hacemos con eso?
L. Es que el ser humano es muy torpe. Tienen que existir todas personas: malas, aberrantes, con inclinaciones perversas. Desgraciadamente es así.
L. Hombre, la educación hace mucho.
V. Opuestos totalmente, pero no puede vivir el uno sin el otro.
L. Difiero totalmente de lo que dice José Luis. Eso lo dice solo en cuestión de carácter. Él es un Aries con mucha fuerza e ímpetu. Yo soy un Acuario, mucho más reflexivo e introspectivo. Esa es la gran diferencia. Pero después existe un proyecto de vida que tienes que trazar con una pareja, y ese proyecto de vida es muy igual. Vibramos con las mismas cosas, nos gusta el mismo ritmo de vida, las mismas historias…
L. Bueno, coincidimos en que nos gusta comer.
L. No, no nos gusta beber.
V. Bueno, una copita de champán bueno, o un gintonic agradable… Pero no como algunos amigos míos que se toman diez.
V. A mí me gusta más el teatro. A José Luis le gusta más leer.
L. Sí, yo soy mucho de leer.
V. A él le gusta mucho la Historia.
L. Narrativa y ensayo. Me encanta, por ejemplo, Stefan Zweig. Escribe a un nivel tan culto y al mismo tiempo lo hace tan fácil… Era un ser tan sensible que no pudo soportar este mundo.
V. Sí, muchísimo tiempo. Pero nunca apareció por allí abajo ningún cuadrito ni nada. Ahora van a hacer un museo, que es lo ideal. Se trata de una casa del siglo XIV que, por la subida histórica del nivel del suelo, es la casa más fría del mundo y con muchísima humedad en invierno y con el calor más grande del mundo en verano.
V. No, se vendió y ya está. Y lo lógico es que ahora hagan un museo.
L. Debería quedarse como eso en la ciudad. Nosotros hemos estado ahí durante 40 años y era un gasto enorme.
V. Y todos los grandes profesionales de la arquitectura dicen que la casa está en pie gracias a nosotros.
L. Ahora mismo es una casa popular pero pobre. Nada de grandes techos de artesonado. Con los cambios de temperatura sufría todo eso muchísimo, y todos los años había que reparar cubiertas…
V. Pues casi 30 años, porque siempre tuvimos las dos casas, pero al reducir personal, porque hubo una época de nuestra vida que éramos 200, pues nos quedamos ya solo aquí. Eso de tener a más de 200 personas es impensable ya hoy.
V. Pues, indirectamente, una brutalidad si metemos perfumes, gafas, bolsos. Es difícil saber la cifra exacta de cuántas personas hay en producción de perfumes, de gafas, de bolsos, de zapatos, de bufandas… Me gustaría saberlo, pero si lo pregunto, tampoco me van a decir la verdad. Ya sabemos que hoy se subcontrata todo.
L. Directamente, cinco personas.
V. Casi no; a diario. Tenemos la suerte. Así es la rosa. La espina es cuando se pone el policía en la puerta.
V. Todo el tiempo, sí. Todos los días. Soy creyente.
L. Lo primero que hacemos cuando nos levantamos por la mañana es darle las gracias a Dios por darnos un día más. Y por la noche, igual.
V. Sí, pero no capillitas.
L. Bueno, pertenecemos a varias hermandades y yo sí tuve una época capillita.
V. Yo menos…
L. A la Hermandad del Museo, a la Hermandad de la Macarena… Y… creo que a esas.
V. Dos cuotas.
L. Lo mismo podemos decir.
V. Sí, muchas gracias.
