El arqueólogo que excava cuevas en sus vacaciones: "Los sapiens sapiens somos los más agresivos"

El jerezano Antonio Santiago Pérez se jubila después de casi 40 años como funcionario municipal, tras pasar por el Museo Arqueológico y el Archivo Municipal de Jerez. Confía en que en dos décadas haya algo visible de Asta Regia y aspira a volver a África, origen de la humanidad

El arqueólogo que excava cuevas en verano: Antonio Santiago Pérez, ante la Rotonda de los Casinos de Jerez, con un ejemplar de 'Paleolítico', la obra que acaba de coeditar.
El arqueólogo que excava cuevas en verano: Antonio Santiago Pérez, ante la Rotonda de los Casinos de Jerez, con un ejemplar de 'Paleolítico', la obra que acaba de coeditar. MANU GARCÍA

Jubilarse para seguir trabajando: excavar como modo de vida

Antonio Santiago Pérez (Jerez, 1958) lleva casi medio siglo subiendo y bajando por los recovecos subterráneos de montañas de toda España. Este arqueólogo, uno de los miembros de GIEX, un colectivo que cumplió en el año de la pandemia 40 años bajo tierra estudiando la ciencia de las cavernas, acaba de coeditar, junto a Marco Antonio Bernal Gómez, Paleolítico. De los primeros pobladores al ocaso neandertal en la península ibérica (Almuzara, 2021), una compilación de lo que dieron de sí las jornadas científicas que coordinó en su ciudad natal en el otoño de 2018. En esta obra, cuenta la editorial, “se recogen temas tan interesantes y apasionantes como el origen africano de los poblamientos ibéricos y los pasos de entrada de estas primeras poblaciones; el carácter de los neandertales, su extinción y/o integración, su capacidad artística, conceptual, simbólica-ideológica…”.

Todos los grandes asuntos que desde muy joven, casi desde aquellos ritos iniciáticos en la naturaleza con el Movimiento Scout Católico —“aquello iba más allá de lo religioso”—, ha constituido los ejes de su trayectoria profesional y de gran parte de su vida. Aparte de eso, lleva desde el año 82 trabajando como funcionario en el Ayuntamiento de Jerez. Ha acabado en el Archivo Municipal de Jerez, con casi ocho siglos de historia, pero antes pasó mucho tiempo en el Museo Arqueológico, desmenuzando y comprendiendo por qué esta ciudad es cómo es. De dónde vinimos.

“Todavía no ha llegado el momento, pero queda muy poquito. Cuando vuelva de las vacaciones de este verano estaré casi finiquitado… de trabajar en el Ayuntamiento. De otras cosas no. Me voy un año antes de lo conveniente, me prejubilo, pero para seguir trabajando (ríe), porque tengo muchas cosas que hacer”.

Dentro de poco jubilarse será cosa casi de neardentales, ¿se siente afortunado?

La verdad que lo lamento por aquellos jóvenes que vayan a llegar a tener como yo, casi 44 años de cotización. Eso hoy en día es casi imposible. Mis hijos no lo van a ver, han empezado a trabajar tarde, y los aún más jóvenes veo muy difícil si no cambiamos la actitud humana en este planeta. Aunque todo es posible.

Jubilación viene de júbilo, jubileo, festividad, pero ¿hay también vértigo por aquello de que somos animales de costumbres?

Evidentemente. Mi vida profesional ha transcurrido desde el año 82 hasta ahora en el Museo Arqueológico y en el Archivo Histórico Municipal, y claro, tengo muchísimas ganas de irme, pero por otro lado, han sido sitios donde el trabajo ha sido apetecible, he aprendido muchísimo… he cumplido la ilusión de mi vida al poder trabajar de lo que he estudiado. Aunque tengo muchas ganas sé que echaré en falta el trabajo en equipo con los compañeros y estar tocando los materiales patrimoniales de Jerez, a los cuales yo me he dedicado toda la vida. Eso queda dentro y no se olvidará, pero por otro lado, dispondré de más tiempo para escribir, para leer, tengo muchos trabajos pendientes… quiero ir a sitios arqueológicos que me quedaron pendientes… La profesión no la voy a abandonar.

Acaba de coeditar ‘Paleolítico. De los primeros pobladores al ocaso neandertal en la península ibérica’. ¿Qué aporta esta publicación?

No puedo individualizar la aportación porque es un trabajo en equipo y hay que valorarla en su conjunto, pero lo que sí es importante es que en Jerez, en 2018, ofertamos mi compañero Marco Antonio Bernal Gómez y yo a la Asociación Jerezana de Amigos del Archivo, a la que pertenezco, llevar a cabo una jornada de prehistoria en la ciudad, de carácter nacional, donde pudieran participar los principales investigadores e investigadoras de este país que llevan proyectos arqueológicos dedicados a la evolución humana. Lo vieron con buenos ojos y las jornadas se llevaron a cabo bajo nuestra coordinación científica. Fueron un éxito tremendo, con 200 inscritos que aguantaron estoicamente las mañanas y tardes de sesiones en la Sala Compañía, y vinieron investigadores como Eudald Carbonell, Bienvenido Martínez, Cecilio Barroso, Enrique Baquedano…

El compromiso era sacar adelante las actas de esas jornadas, todas esas conferencias de alto nivel, materializadas en un libro. El libro recoge prácticamente toda la información totalmente actualizada de cuál es el estado de la cuestión de la prehistoria española y, por ende, de la prehistoria europea, gracias a yacimientos de orden mundial como Atapuerca u Orce. Tuvimos un debate nacional que rompió fronteras. Y el otro día, en el Museo Arqueológico, su director, Fernando Núñez, se quedó asombrado al ver a cien personas en la presentación del libro. Fue una actividad que volvió a poner en marcha el Museo tras lo peor de la pandemia.

¿Tiene la sensación de que hay más interés a nivel ciudadano que antes por la arqueología?

Soy optimista y veo mucho interés por parte de la ciudadanía. Antes no se divulgaba la arqueología a los niveles de hoy y entonces los datos los manejábamos cuatro, se discutían en los congresos y todo era llevado dentro de un ámbito estrictamente científico. Ya desde hace años las labores de los museos, las jornadas de puertas abiertas con los equipos de excavación en los yacimientos, el interés en el profesorado en las enseñanzas medias… todo eso ha influido en que haya más interés en el estudio de la evolución humana y de cómo hemos ido solucionando distintos obstáculos que nos hemos ido encontrando. Ya hay hasta público dividido, gente a la que le gusta más la arqueología medieval, otra gente a la que le gusta seguir muy de cerca el trabajo de quienes nos dedicamos al Cuaternario, o que está muy interesada en el mundo romano, con estructuras emergentes como Itálica, Baelo Claudia, Asta Regia…

"El primero paso que hay que dar con Asta Regia es que sea un yacimiento de titularidad pública. A partir de que se dé, me creeré que hay un compromiso real"

Ahora que lo menciona, ¿veremos alguna vez algo desenterrado de Asta Regia?

Lo he mencionado queriendo (ríe). La arqueología es lenta, de un año para otro no hay una ciudad expuesta y preparada para la visita. Hace falta mucha investigación y, salvo los trabajos que realizó Manuel Esteve en los años 40 y 50, y más recientemente por los equipos liderados por Lázaro Lagóstena y José Antonio Ruiz Gil, ha habido pocas actuaciones serias. Ojalá algún día, si los políticos lo deciden, y la Junta de Andalucía pone remedio a esto, empiecen los trabajos de campo para que, de aquí a 15 o 20 años, haya sectores exhumados, bien conservados y expuestos al público. Hay un anteproyecto con zonas determinadas con restos en buen estado, pero el primero paso que hay que dar con Asta Regia es que sea un yacimiento de titularidad pública. A partir de que se dé ese paso me creeré personalmente que hay un compromiso real con Asta Regia. Ahora mismo solo hay humo y ni se lo merece Asta Regia, ni se lo merecen los habitantes de Mesas de Asta, cuya barriada rural se pondría en el mundo. Los políticos deben pensar en hacer rentable el patrimonio.

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El arqueólogo, antes de su conversación con lavozdelsur.es.   MANU GARCÍA

¿Es de los que cree que poco más o menos que ahí aparecerían restos de la Atlántida?

No creo en la Atlántida como creen otros, pero evidentemente es un enclave magnífico en la cultura del Bajo Guadalquivir. Sin ser la capital de Tartessos como se pretende, sin duda es uno de los focos nucleares de ese mundo tartésico a largo del Bajo Guadalquivir, y su puerto, su campiña, aportaron muchos recursos para mantener allí poblaciones desde, de momento que se sepa, el Neolítico. Desde el siglo II aC, el mundo romano de Asta Regia es super conocido y evidentemente tendrá una repercusión importantísima. Ya lo demostró Esteve con pequeños retazos.

¿Qué es lo que le ha fascinado desde joven, cuando se hizo scout, de todo esto?

Empecé en el grupo Santa Isabel, con el cura Carlos, conocí a los que son ahora mis amigos, casi 50 años después, el mundo de los scouts me abrió puertas en la naturaleza, saber trabajar en equipo, más allá de las cuestiones religiosas. Nosotros le sacamos un jugo magnífico y de ahí pasamos al GIE, un grupo de investigación espeleológica, que nos hizo tener contacto y querer conocer qué había bajo la tierra. El GIE nos acogió y te hablo de que ahí teníamos 17 años, Julio Aguilera, Pepe Aguilera, Isabel Montero…, todos los que somos ahora super veteranos. A partir de las cuevas, decidí que ese era mi mundo. Era lo que quería conocer, no por el hecho de los descubrimientos, sino porque empezó a interesarme la evolución humana, de dónde veníamos, cuál era el centro del árbol genealógico… Muy tempranamente, con 17 o 18 años, tuve la suerte de poder excavar con Francisco Giles Pacheco, un arqueólogo afincado en la provincia de Cádiz, en la cueva de Higueral de Valleja, en Arcos. Y desde entonces no he parado. Me he dedicado toda la vida a excavar, aunque en el año 82 me saqué mi plaza de funcionario en el Museo Arqueológico y ahí éramos todoterreno. Pero yo siempre puse mis miras en la Prehistoria y en el Paleolítico, y en mis vacaciones siempre he estado formando parte de equipos de excavación, ya fuese en Atapuerca, en Cataluña, en Portugal, en el sur de Francia, o en África, donde espero ahora volver.

"Están ocurriendo cosas que ya los prehistoriadores hemos constatado: no es ni la primera ni la última pandemia que vamos a pasar"

¿A qué conclusión ha llegado?

Tengo más preguntas que respuestas sobre los orígenes del hombre.

Usted que ha analizado toda esa evolución humana, cuando llega algo como esta pandemia que venimos sufriendo, ¿se relativiza?

Sí, bueno, el fruto del virus no es ni más ni menos que un mal hacer de la especie humana. Los sapiens-sapiens somos los más agresivos y nos hemos multiplicado en este planeta de una manera insostenible. Están ocurriendo cosas que ya los prehistoriadores hemos constatado: no es ni la primera ni la última pandemia que vamos a pasar. Durante la Prehistoria tenemos conocimiento de muchas pandemias, a través de análisis de huesos, viendo las patologías de los cadáveres cuyos huesos se han exhumado… Esto es cíclico, pero la globalización no ha sido lo que se esperaba, nos ha llevado a un momento de desesperación mundial. Entendemos que debemos actuar hacia la planetización, dedicando más nuestros esfuerzos al estudio del planeta y a cómo hacer perdurable a la especie humana. Hay que reflexionar hacia dónde vamos y la globalización lo que ha demostrado es que hace más pobres y más ricos a los ricos. Hay que tener un planeta más compartido por todos y por todas, con el conocimiento científico socializado en todas las edades, y eso traducirlo en un mensaje académico que parta de los colegios e institutos.

"Tengo más preguntas que respuestas sobre los orígenes del hombre"

Como amante de la espeleología, ¿qué se oye dentro de una cueva?

Casi no se puede explicar, hay que vivirlo. El sonido de una gota cayendo en un charco de agua, o una corriente que fluye en la cavidad… el efecto es inexplicable. Es emocionante. Te das cuenta del poder de la naturaleza en un medio donde hay un silencio absoluto. Y la oscuridad absoluta, que también es un factor importante. Percibir eso es inexplicable. No aconsejo que lo haga nadie sin conocimiento técnico de dónde se mete, pero hay muchos grupos de espeleología que hacen cursos para vivir estas experiencias única e irrepetibles. En nuestro caso, además, tenemos un fin: recabar datos para poder investigar.

Pensará que casi es más claustrofóbico lo que hay fuera de esas cuevas, este día a día que nos sacude, ¿no?

Las cuevas te transportan a otro mundo. Mira que llevamos años haciendo cuevas, pero es que se pierde dentro la noción del tiempo. Estar en un ambiente totalmente distinto al exterior y el trasiego que requiere progresar por una cueva, que no hay una igual a otra, te hace olvidarte de todo.

En cuanto a la actividad archivística de Jerez, con casi ocho siglos, ¿es hora ya de potenciarla con un espacio digno?

Hombre, claro, el Archivo se lo merece. Es otra de las grandes asignaturas pendientes del Ayuntamiento, relacionada con la dejadez que se ha ido viendo en el casco histórico… Se habla mucho de patrimonio, pero no se asume la cuestión tal y como se debería. Nuestro Archivo parte de la toma de Jerez por Alfonso X El Sabio y alberga una documentación medieval muy importante, más toda la documentación municipal de lo que fue el Concejo, el Cabildo… Este Archivo está muy poco valorado, no en su contenido, sino en cuanto al continente. Está en la Biblioteca central, que requiere de mucho espacio de estudio, y nosotros a la vez tenemos muy poco espacio para almacenamiento, que está repartido por varias dependencias. Jerez ya se merece que cambie esto. Un Archivo desligado a la biblioteca, pero en el centro de la ciudad, que es donde deben estar los archivos y los museos en las ciudades.

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Antonio Santiago Pérez, en otra imagen de hace unos días.   MANU GARCÍA

¿Qué hacemos con la degradación de intramuros en Jerez?

Es lamentable el estado de dejadez. Yo he nacido en la calle Justicia y no me he movido en todos estos años del centro, por lo que he visto la evolución y la involución, y entiendo que algunas personas tengan temor de pasear por esa zona. Pero el barrio de San Mateo es magnífico y maravilloso.

Es muy metafórico que fuera el centro fundacional de Jerez y la ciudad desplazara o perdiera ese centro, ¿no cree?

Efectivamente, pero ya ves, hay una pasividad enorme. De momento parece que se van a ofrecer soluciones, pero yo no veo que esto avance. El casco histórico está estancado, es una realidad latente.

¿Cuál es su verano ideal?

Ya más o menos te lo he dicho: excavar. Lo llevo metido dentro de mí. Me falta la excavación y me falta la vida. Ahora la excavación es muy agradable y en los últimos años, por ejemplo, hemos trabajado en Bedmar, en Sierra Mágina en Jaén, excavando una cueva magnífica, el abrigo del Portillo, y es un pueblo maravilloso, muy parecido a Grazalema, con un paisaje alucinante, con una zona de adelfas única en el mundo, y una piscina municipal, alucinante. Lo pasamos muy bien, ya la arqueología no es tan dura. Nada de esto es remunerado, pero es mi verano ideal y ahora con la jubilación se hará más largo. Hasta que el cuerpo aguante.

¿Y un destino al que volver?

Bedmar, como te he dicho, y la Cinglera del Capellós, en el valle del Penedès. Y por supuesto, a África, donde está el origen de la humanidad. Eso sería la ilusión de mi vida, aunque ya tengo muchas cumplidas.

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