Cuatro décadas 'tomando la medida' a la ciudad
Para que te corten un traje a medida en Sevilla hay que pasar por la sastrería del barrio de Los Remedios de Manolo Ibáñez, el último profesional de protocolo que queda en Andalucía y al que el Ayuntamiento le va a rotular una calle, el actual pasaje Virgen de Consolación, justo al lado de su tienda de la calle Asunción, regentada por su mujer, porque él, que empezó en el oficio con 14 años y al amparo de sus padres, se vuelca más en el taller.
Después de cuatro décadas vistiendo no solo a la jet set sevillana, también a futbolistas o políticos de primer nivel, este hombre hecho a sí mismo en los patrones que heredó de su propia familia trianera tiene los pies en el suelo hasta para no sentirse merecedor del honor de pasar al nomenclátor sevillano a sus 63 años.
El alcalde, José Luis Sanz (PP), que lo visitó hace unos días para darle la noticia, lo ha tenido clarísimo al declarar que “Sevilla tenía una deuda con estos profesionales y debía rendir homenaje a una generación de sastres que forma parte esencial de nuestra identidad”.
Ibáñez, muy querido en su ciudad y en su barrio por su actividad incansable como presidente de los comerciantes y su compromiso, es cofrade de la Hermandad del Silencio y de la también conocida como Hermandad de los Sastres, la de San Ildefonso. Defensor del comercio tradicional al que amenazan las franquicias “como fotocopias”, a su negocio acuden hombres de todas las edades en la confianza de que saldrán de etiqueta y sin que les falte un detalle para ese evento memorable que nos envuelve al menos una vez en la vida.
De carácter afable, con sentido del humor y profundamente realista, este maestro en su gremio tiene las yemas de los dedos hechas a las telas, al patrón, al metro, a los alfileres, a las tijeras... y donde pone el ojo, ha colocado ya el metro porque, literalmente, le tiene tomada la medida a su ciudad.
Respuesta. La verdad es que es una pregunta que jamás me había planteado. Pero creo que no, tendría yo que echar los números. Mi padre también empezó muy jovencillo y se retiró más mayor, con 70 años. Creo que todavía me gana él.
R. Sí, yo vengo de los años 60, cuando España sacando la cabeza, y había que trabajar: currar, currar y currar… Mi padre puso primero su taller, que se convirtió en una pequeña empresa y aquello desembocó en lo que tenemos hoy.
R. No, mi padre empieza en la calle San Jorge número 10, en Triana, de donde somos nosotros. Mi madre era oficiala suya desde antes de que se casaran. Empiezan los dos en la habitación de una casa haciéndoles la ropa a los sastres. Existe una figura que se llama oficial de sastrería, que es el que hace realmente las prendas pero no es sastre; no corta, no prueba, pero sí es capaz de hacer una prenda. Mi padre y mi madre empezaron haciendo prendas que les cortaban los sastres. Se las llevaban a casa, las montaban, las llevaban de prueba… Ya luego Román, un sastre de aquí de Sevilla, lo enseñó a cortar y a probar, y puso él su taller allí donde vivíamos, en la calle Alfarería, y luego en San Jorge.
R. Tal vez hemos perdido esa jerarquía, pero en un taller no todo el mundo es igual. Está el sastre y el maestro sastre, que es quien enseña la profesión y el que dirige el taller. El sastre puede ser el cortador o puede ser el que prueba…
R. Exactamente, y sobre todo, titulado. De los pocos maestros sastres titulados en España. Yo creo que, de la época mía, seré el único. Entonces o te titulabas en Italia o tenías que irte seis meses a Barcelona.
R. Sí, tendría yo 18 ó 20 años, en la época en que estuve también en el ejército allí en Barcelona.
"Antes no tenías más opciones que trabajar en lo que tuvieras delante. Todavía hoy no sé si me gusta mi oficio o es lo que tenía y me acostumbré"
R. Pues no sé ni todavía hoy si es algo que me gusta o me ha gustado o al final me acostumbré… Es que en esa época no había otra opción. Hoy los chavales tienen esas grandes opciones por las que pueden elegir: me gusta la biología, aunque no tenga salida, por ejemplo, pero lo estudio y ya veré... En mi época yo tenía el taller, y al taller que iba, y a funcionar y ya está.
R. Dos hermanas más.
R. No, para nada. Una de ellas hizo unos pinitos, pero luego no. Es algo que te tiene que gustar.
R. No, esto es solo la tienda. En la calle Virgen de Regla es donde tenemos el tallercito, y allí tengo a dos personas más trabajando.
R. Hasta que el cliente tiene hecho el traje a su medida.
R. Difícil no es nada. Si yo tuviera que montar una moto, sí sería difícil para mí porque no tengo ni idea. Pero esto yo lo tengo muy bien asumido y no le veo mucho problema.
R. Sí, los sastres siempre se han especializado en algo: en señoras, en corto, en flamenco. Ahí en Dos Hermanas hemos tenido a Serrallé o, en Jerez, a Antolín con el traje corto… Pues yo, sobre todo a partir del año 2000, cuando se empezó a poner de moda el chaqué, como me manejo muy bien con el chaqué, pues me especialicé en esto. Y hago mucha prenda de protocolo: chaqué, frac.
R. Pues una persona que tiene hechos unos estudios de protocolo y los traslada a la ropa y sabe qué hay que ponerse en cada ocasión.
R. Uf. Hay falta de formación. Pero afortunadamente las instituciones, como la Junta o el Ayuntamiento, tienen personas para eso. De todos modos el tema de protocolo es muy complejo. Es algo así como los árbitros. Está la teoría pero luego hay que aplicarla. Pero nunca he tenido problemas con nadie.
R. Sí. A Juanma Moreno lo visto y nunca he tenido problemas con su jefe de protocolo.
R. También. A Manuel Chaves también lo hemos vestido, y a Griñán también le hemos hecho algo.
R. Bueno, a Felipe González desde luego. Porque Felipe tuvo siempre mucha amistad con mi padre. Es amigo personal de mi padre, lo hemos vestido los dos, y hasta hemos comido juntos.
R. Claro. A muchísimos futbolistas.
R. Soy sevillista. Y he vestido a muchos.
R. También, que es más tímido que la mar, aunque es buenísimo.
R. También. Aquí somos todos iguales.
R. Sí, aquí se viste bien. Barcelona, por ejemplo, es una ciudad muy cosmopolita y allí se viste muy bien. Y Madrid, que es la capital y tiene una población que ronda los tres millones diarios…
R. Sí, habrá de todo, pero normalmente las personas que son ejecutivos suelen ir bien vestidas. Y eso no tiene que ser forzosamente ir con un traje o una corbata. Mira cómo voy yo, y voy bien vestido. De todas formas, a Sevilla cuando se viste para sus fiestas, no hay quien le gane.
"Ir bien vestido no significa forzosamente llevar un traje y una corbata"
R. Y para la Feria de Abril. Para las fiestas nuestras.
R. Exactamente. Mira, tuvimos aquí a un señor, ya fallecido, al que invitó mi padre para la Semana Santa y que se llamaba Rómulo Bononi, director general del grupo Foral, un grupo italiano dedicado a las fábricas de confección. Cuando estuvo en los palcos, se sorprendía todo el tiempo cuando empezó a ver tantos chavales vestidos iguales: todos con chaquetas azules y pantalones grises. No lo entendía.
R. Todos, y él se preguntaba si a nadie le gustaba un traje de cuadros, de rayas… Es la idiosincrasia nuestra, aquí en Sevilla.
R. Sí, sí, mucho. El público normalmente se deja guiar.
R. Esto no tiene edad. Tú ves un chaval con 25 años y un traje carísimo y que se haya gastado un dineral, con un buen reloj, unos buenos zapatos… y lo ves y puedes decir: ¡vaya como viene este vestido! Y luego, en cambio, puedes ver a otro con 45 o 50 años con una camiseta blanca y unos vaqueros y puedes admirarte del estilo que tiene ese hombre tan elegante. Eso es como el que canta. Depende de lo que Dios te dé. Yo he tenido aquí a políticos muy fuertes a los que teníamos que indicarle todo: qué camisa, qué chaqueta y qué corbata… porque no tenían ni idea de qué se tenían que poner.
R. Pues eso fue un año en el que mi padre estaba en el Consejo General de Hermandades y Cofradías y hubo un pregonero, del que prefiero omitir el nombre, que el pobre se puso el chaqué de su abuelo y de su padre… e iba regular, la verdad. Yo era un chaval joven todavía. Mi padre estaba de delegado de Gloria, y entonces Antonio Ríos se lo comentó a mi padre… Y al año siguiente, cuando el pregonero le dijo a mi padre que no tenía un chaqué, mi padre le dijo que se pasara por casa porque estaba dispuesto a hacérselo y regalárselo. Y ahí empezamos. Eran los años ochenta.
"Mi padre inició la tradición de regalarle el traje al pregonero de Semana Santa cada año"
R. Sí, en hábito. Yo he estado siempre vinculado a las cofradías y en el mundo cofrade también se viste muy bien.
R. Sí, eso es simpático y tiene su historia. Yo estaba de prioste en la Hermandad del Silencio y en los años ochenta y tantos empezamos a formar los cuerpos de acólitos, pero nadie quería salir de acólito. Aquello de ir con la cara descubierta no gustaba. Estaban también Manolo Palomino y unos cuantos y decidimos salir para que los demás chavales se acostumbraran. Yo, como soy muy del Señor, salí con el Señor, pero, como soy muy alto y el ropón me quedaba corto, decidí hacerme un ropón nuevo, y ya pues se tomó la costumbre también. Otra costumbre.
"Un príncipe de Arabia me dejó la tienda sin un frac porque los necesitaban todos para una recepción en la Casa Real"
R. Sí, las tres cosas. A mí han llegado a dejar la tienda sin un frac. Y no alquilados, sino comprados. Pudo parecer un engaño, la verdad, pero no lo fue. Era que un príncipe de Arabia había sido invitado a una recepción por la Casa Real y necesitaban ir de frac.
R. Sí, yo tengo trato con la Casa Real por restauración de ropa. Llevamos tiempo arreglando todo lo relacionado con las cuadras reales y se están haciendo o restaurando trajes nuevos de los jinetes, los cocheros… Y a raíz de eso, pues un coronel de allí les dio mis señas y se lo llevaron todo. Sin probarlo siquiera. Todo lo que yo tenía. Se veía que ahí habría muchísimo dinero. Hicieron una transferencia, fui al banco y sin problemas. Fue una operación rarísima, pero salió bien.
R. Bueno, la verdad es que no me lo esperaba. No tenía ni idea. Me lo hubiera esperado con el gobierno anterior quizá, porque me unía mucha amistad con Juan Espadas e incluso con Antonio Muñoz, pero se presentó aquí hace unos días el actual alcalde, José Luis Sanz, y me dijo que el Ayuntamiento creía oportuno ponerme la calle y que cómo lo veía yo. Yo le dije que no me veía merecedor de tanto. Pero lo van a proponer al distrito y luego al pleno.
R. Sastre Manuel Ibáñez.
R. Noriega, por mi madre.
R. Hombre, gracias. Lo mismo digo.
R. Y de chistes, ya no te cuento, ¿no?
R. Hombre… El que va al sastre, le coge medida en el pantalón y le mete la mano por debajo. Tú sabes que los sastres cantamos las medidas. Estás con el metro y siempre a la vera tuya hay una persona que las apunta. Pues a este le están tomando las medidas y canta el sastre: “¡Ciento uno!”, y le contesta el cliente: “Pues toque usted, toque usted, que el otro debe estar por ahí”.
