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No es un tópico: a veces la vida cambia en cuestión de segundos. ¿Qué pasa por la cabeza en ese instante congelado en el que sientes que todo se transforma? “Es algo tan fuerte que no te planteas qué va a pasar después”. David Lagos (Jerez, 1973) sufrió uno de esos ‘antes y después’ que suceden, para bien o para mal, a lo largo de nuestra vida. Fue la noche del sábado 16 de agosto de 2014. Fue para bien. Recuerda morder la Lámpara Minera, el galardón más prestigioso del mundo del flamenco, delante de un público entregado del Festival de La Unión. Seguramente se le agolparon en su cabeza imágenes de lo vivido en los últimos 20 años.

 

Puede imaginarse que en milésimas de segundos aparecieron ráfagas de fotogramas junto a su tío Álvaro Aguilar recorriendo peñas, fiestas locales y particulares, aprehendiendo el cante; con Domingo Ortega en el tablao El Flamenco de Japón en los duros inicios; dando la vuelta al mundo “más de una vez” con la compañía de Cristina Hoyos; y en alguna de las miles de funciones acompañando el baile de artistas tan enormes como Israel Galván, “que ha sacado de mí cosas que no sabía ni que tenía, como le pasó a Terremoto”. Seguramente fueron flashes. Como cuando dicen que vas a morir y pasa toda tu vida delante de tus ojos.

 

 

Emocionado, dedicó el premio a su mujer, la también cantaora Melchora Ortega, y a sus tres hijos. Llegó sin ánimo de concursar y barrió ganando los cinco premios en concurso: minera, alegrías, seguiriyas, malagueña y cartagenera. “Es un premio que viene después de 20 años de carrera y eso me llevó a exponer mucho. Tenía más que perder que ganar, pero al mismo tiempo tenía claro que era el único premio que hay actualmente que si lo ganaba te da prestigio. Llevaba mucho miedo pero también la tranquilidad que te da decir: ‘llevo 20 años en esto, vengo a una actuación, a cantar, y no a concursar’. Eso se notó, el público lo agradeció y el jurado lo valoró, y tuve la suerte de ganar”. A veces la vida cambia en cuestión de segundos.

 

“Hoy ya no hay excusa para no conocer los cantes. No se concibe que un cantaor de hoy conozca solo tres palos”

Han pasado varios meses de aquellos segundos, de aquel “momento mágico”. Los suficientes como para tener perspectiva de lo que supuso ese reconocimiento. “He hecho más recitales en solitario que en toda mi carrera”, dice risueño, exagerando, para añadir ya en serio: “La repercusión mediática a nivel nacional e internacional es bestial, entras en otro circuito de peñas y festivales en el que me apetecía mucho estar”. La Unión ha consagrado a este cantaor jerezano de largo recorrido, gran aficionado y estudioso: “Hoy ya no hay excusa para no conocer los cantes. No se concibe que un cantaor de hoy conozca solo tres palos”.

 

La consagración no ha sido en Jerez, la archiconocida cuna del flamenco. Ha sido en un pequeño pueblo minero murciano que no llega a los 20.000 habitantes pero que “lleva ya más de medio siglo haciendo muy bien las cosas. Se lo han currado”. “Vive por y para su festival, por y para el flamenco, teniendo muy clara la idea de que hay que apoyarlo entre todos”, resume Lagos. A él le duele la boca de reclamar un concurso de cante en Jerez. Parece que predica en el desierto. “Esta es la casa del herrero y tenemos el cuchillo de palo. Creo que lo tenemos tan innato, tan cotidiano e intrínseco en nuestras costumbres y en nuestra forma de vida que no le damos la importancia que tiene fuera de Jerez. Hay que tener en cuenta que ya las cosas no son iguales, los medios han cambiado, las familias cantaoras se van perdiendo, la transmisión oral se pierde… Jerez se puede mantener como cuna del flamenco pero hay que luchar por esa posición”.

 

David Lagos nos ha abierto las puertas de su casa en esta media tarde fría de invierno. El sol pega de costado en la calle Merced, en pleno barrio de Santiago. Se oye un taconeo con acento extranjero en la peña Tío José de Paula. Es pleno Festival de Jerez y el cantaor ya ha cumplido con los dos compromisos que tenía con Mercedes Ruiz e Israel Galván, así que “este año me dedicaré a disfrutarlo”. Ha bajado de un lugar de privilegio su Lámpara Minera, nos ha enseñado sus pinturas, la vitrina donde guarda retratos de Fernando Terremoto y El Torta, el mueble de la máquina de coser antigua de su mujer que acaba de restaurar… ¿Qué hace David Lagos cuando no canta? “De todo: escribo, pinto, trabajo la madera... Todo lo que tenga relación con crear algo. Llevo una vida muy sencilla, aprovecho para estar con mis niños, pero siempre intento meterme en faena. Hay que ponerle corazón hasta a poner dos ladrillos, este verano quiero arreglar el patio de abajo. No lo hago por fatiga o por quitar trabajo a nadie, sino que es casi como una forma de meditación”.

 

Decía Morente que cantaba por una extraña ley de la naturaleza. Lagos coincide en esa opinión: “El flamenco es algo innato. Creo que se nace con él, como con cualquier otra manifestación artística. No recuerdo en mi vida nada que no sea cantando o relacionado con la música. No te da un chispazo y te pones a cantar. Es algo que llevas ahí sin darte cuenta y que, antes o después, se despierta. Y si naces en esta tierra, pues aún lo tienes más fácil. Mi familia es cantaora, aquí en cualquier rincón tienes la suerte de encontrarte una fiesta… El arte, en todo caso, es como una planta, hay que cultivarlo, mimarlo, regarlo… Hay que estudiar y hay muchas formas de hacerlo. Chocolate dice que se acostaba y no se dormía del todo porque se ponía a darle vueltas a las letras. Eso es estudiar. Hay que juntar la naturaleza y las condiciones con las que se nace y el agua con que riegues la maceta”.

 

"El caminito entre estar entre cajas y llegar al micrófono se hace algunas veces muy largo y muy pesado"

La Lámpara Minera no le ha nublado la vista. El cantaor sigue siendo muy consciente de la delgada línea que separa el éxito del fracaso. El miedo escénico, a no estar a la altura, es un monstruo que rara vez te abandona. “Me cuesta muchísimo ver un espectáculo desde el público. Siento un poco de ansiedad, como una especie de claustrofobia. Ahí es cuando me planteo, uf, hay que ver lo que cambian las cosas desde aquí fuera a ahí dentro. El caminito entre estar entre cajas y llegar al micrófono se hace algunas veces muy largo y muy pesado. Se te pone en la espalda una responsabilidad y un peso muy grande. Cuantos más años pasan y más nombre coges, más fuerte se hace esa losa. Y al mismo tiempo cuando tienes agarradas las riendas del caballo, más satisfacciones recoges. Porque el artista va dejando complejos, asimila mejor sus defectos y virtudes, va buscando soluciones… Y cuando lo va consiguiendo, en el escenario, a veces, se disfruta mucho”.

 

Lagos es gachó. De voz redonda y tez clara. ¿Se ha sentido discriminado en el mundo del flamenco por esta circunstancia? “Es una pregunta un poco peliaguda. He sentido discriminación por la inseguridad que yo he tenido. Cuando estás seguro de lo que haces y crees en lo que haces, asumes que no le vas a gustar a todo el mundo. Y cada uno le pone un nombre a lo que no le gusta: uno le llama que es que canta muy gachó, otros le llaman que lo que canta no es puro… Cada uno le pone la etiqueta que quiere a lo que le gusta y a lo que no le gusta. Antes quería agradar a todo el mundo, es el primer error que puede cometer un artista, y entonces te ofenden muchas cosas porque eres incapaz de ver las cosas con distancia. Ahora lo veo diferente, con perspectiva, y el que todavía insista en ese monodebate entre payos y gitanos se pierde una parte importante del flamenco porque el gitano tiene un papel fundamental en el flamenco, aportando una cosa racial y le aporta algo que no le aporta el payo por no ser gitano, pero al final cada uno le ha dado al flamenco lo que le ha tenido que aportar. Y al final hemos conseguido una música  que llega al mundo entero. Todo el que siga insistiendo en esa separación me parece que no se ha enterado de la película”.

 

"Yo indago en las raíces para, precisamente, sobre ese estudio, profundidad y conocimiento, poder sentirme mucho más libre"

Él sí conoce la película. Ésta va de coger lo mejor de la raíz, beber de los maestros, y que todo madure hasta hallar esa piedra filosofal que se llama sello y personalidad propia. En su primer disco homenajeó a sus grandes referentes, El espejo en que me miró (2009), y hace un par de año hizo lo propio con un tributo a la tierra natal, Mi retoque al cante jerezano (2013), producido ya en su propio estudio, en la planta baja de su casa. "Yo indago en las raíces para, precisamente, sobre ese estudio, profundidad y conocimiento, poder sentirme mucho más libre". "Antes trataba de ser más ortodoxo y quizás ahora puedo permitirme hacer los cantes como yo quiero porque los hago con más conocimiento y sinceridad. La evolución para mí es conocer dónde está la raíz y a partir de ahí hacer las cosas como las sientas y las imagines". Ya está fraguando el tercer trabajo discográfico: "No sé lo que será. No tengo claro el concepto definitivo que va a tener pero, basándome en esa libertad de tener el conocimiento, puede ser lo que me apetezca".

¿Quién se atreve a hacer un disco, con el esfuerzo que se le presupone, si el mismo día del lanzamiento puede oírse gratis en Internet? "Si oyes música en Spotify de forma gratuita hay que buscar que esa gratuidad redunde de alguna manera en el artista". Partiendo de esa máxima, David Lagos no pierde el tiempo en pelear contra gigantes y molinos de viento. "Si te dan a elegir entre dos actuaciones buenas, una gratis y otra de pago, vas a la gratis". "Yo personalmente vendo mis discos en recitales y los llevo a las tiendas, aquí en Jerez se los llevo a Malamúsica, no se los llevo a El Corte Inglés, porque tienen una política totalmente contraria a lo que pienso que debe ser en cuanto al trato a alguien que se dedica a la música. El formato físico va a quedar para quienes nos gusta tener el disco en la mano, pero no hay que perder el tiempo en intentar amarrar, sino abrirse y utilizar los nuevos medios que tenemos porque si no será otro el que los aproveche. He puesto un video cantando en un camerino y ya lo han visto 1.000 personas, pues son 1.000 personas que pueden estar interesadas en comprar tu disco o ir a un recital. No era tan fácil hasta ahora llegar a 1.000 personas en un día".

 

"El duende, si tuviera para mí un porcentaje en el arte, sería un 2%. Ese 2% es mágico porque cuando aparece, en lugar del 98% restante tenemos el 100%, y el 100 es muy bonito"

El flamenco es (también) un mundo de tópicos, de mitos y leyendas. Una de las más manoseadas es la del duende. ¿Existe o no? ¿Puede explicarse científicamente? Lagos arroja poco espacio a la duda. "En verdad cantar en un escenario es el resultado de un trabajo, no de que seas un genio o de que venga el duende. El duende, si tuviera para mí un porcentaje en el arte, sería un 2%. Ese 2% es mágico porque cuando aparece, en lugar del 98% restante tenemos el 100%, y el 100 es muy bonito. Pero el resultado diario es el del trabajo. Siempre quieres estar bien pero no está en tu mano controlar todos los factores. No hay otro camino que no sea el trabajo y al final el resultado de éste se ve. El arte es un estado de ánimo, del alma, y cuando se junta todo eso, pues claro que se refleja en el escenario". 

 

Galvánico: "El arte de Israel no es un vale todo, todo está justificado". 

Ser el cantaor de cabecera de Israel Galván, extravagante Premio Nacional de Danza en 2005, no debe ser tarea fácil. ¿Alguna vez le ha dicho por ahí no paso? "No, no, nunca le he dicho que no pero sí que le he preguntado el porqué de las cosas. Porque nunca haría algo que me haga sentir mal y algo a lo que no le encontrara explicación. Una vez quería que cantara un fandango con sílabas sueltas (que-pare-ce-que-no-andaaa…) y le digo mira yo esto no lo entiendo, me siento un poco ridículo. Israel lo lleva muy bien pero es tartamudo, así que quería que el público sintiera a través de mi cante y lo que él iba bailando lo que a él le pasa cuando tartamudea, que se va atrancando… Creo que si no lo cuento no creo que nadie entienda lo que él quería transmitir pero a partir de ahí no sentí ninguna vergüenza por hacer algo así, todo lo contrario, me pareció muy bonito y mágico. El arte de Israel no es un vale todo, todo está justificado. No hay nada al azar".

 

A su modo de entender, "Israel es un bailaor que ha empezado la casa por los cimientos, viene de familia bailaora flamenca, y conoce esos cimientos para montar su propio edificio, para hacer las cosas a su manera, con propiedad y con conocimiento de causa. Tiene una visión tan personal, tan desinhibida, de genio que no se preocupa por esa palabra, que hay que reconocer que tiene esa genialidad. Que fácil es hacer lo que uno siente, ahí está la pureza y la sinceridad en el arte. Eso es lo que me ha enseñado a mí, a ser sincero y honesto. ¿Esa ruptura que propone es una amenaza para un arte que lleva 100 años muriéndose y está más vivo que nunca?

 

Y Lagos repregunta: "¿Qué flamenco se está perdiendo? ¿El flamenco tradicional, con respecto a qué época? El flamenco de los años 20 no tiene nada que ver con el de los 40, ni éste con el de los 60. La incorporación del piano por parte de Manolo Caracol, que hoy es un clásico, se consideró una aberración. El propio Paco… Las cosas tienen que estar bien hechas, partiendo del respeto, del conocimiento y del amor a lo que estás haciendo. Puede que un día veamos a Israel como un clásico y la gente diga que lo que él hacía se está perdiendo. El arte ha de ser atemporal, sin corsés. Hay que ver las cosas puntualmente y depende del artista que lo haga: Mairena impone modas, Marchena… Si siempre estuviéramos basándonos en la raíz nunca veríamos las flores ni las ramas de los árboles y hay muchas flores, muchos árboles y muchas ramas por descubrir".

 

"No encuentro un partido que sea afín a mis ideas".

El flamenco, el arte y la cultura en general, no permanece ajeno a la realidad social que le rodea, al contexto económico y político. "Cada uno hace política de una manera pero hoy en día soy apartidista. No siento afinidad con ningún partido tal y como están las cosas. Mi padre me inculcó ser socialista, del PSOE, porque él entendió que después de trabajar toda su vida le puso una paga. Él era felipista porque veía en él a la persona que le había recompensado sus años de trabajo pero nunca se planteó que esa paga se la ganó él con el sudor de su frente. Yo heredé esa manera de ver la política, me consideré felipista durante mucho tiempo y luego creí que era del PSOE, pero lo que hizo en su último mandato no me gustó ni lo que veo ahora me gusta. No encuentro un partido que sea afín a mis ideas".

 

El cantaor jerezano cree que el cambio parte de uno mismo. "Creo que para cambiar primero tenemos que cambiar desde dentro. Es verdad que la cosa está muy mal y demás, pero sale uno con su perro a dar un paseíto, hace sus cositas y como no te vea nadie, te vas sin coger las cositas del perro. Estás parado en un semáforo en rojo a las cinco de la mañana y si no te ve nadie te lo saltas. Mientras no nos enseñen a que no tiene que estar nadie mirando para que hagamos las cosas bien, las cosas no van a cambiar. No va a venir nadie a cambiarnos a los españoles y eso viene de la mano de la educación y la cultura".

 

¿Quién es la alternativa? "Todavía no sé yo qué programa educativo y cultural tiene Podemos, no lo he leído en ningún sitio. No sé qué proponen en lo que a mí me interesa, y lo que proponen PP y PSOE tampoco me gusta porque no veo izquierda y derecha, solo veo una mezcla donde uno dice 'a' y el otro dice 'b'. Me gustaría que alguien basara el cambio del país en base a la educación y la cultura. A partir de ahí yo confiaría en un partido, pero no lo he encontrado". Lagos es autónomo, "qué te voy a contar cómo estamos, no lo puedo entender siendo uno de los pilares de la economía del país... Nos tienen un pie en el cogote". Aun así, sostiene, "no me gusta hablar demasiado de mis circunstancias personales porque me considero afortunado. Tengo una buena casa y la nevera llena. Hay tanta gente pasando necesidad que me parecería poco ético quejarme. Hace falta un cambio pero debe de ser más profundo, debe de aparecer alguien que lo vea desde ese otro prisma".

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