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Una conversación con la poeta y traductora Raquel Lanseros, una de las autoras más premiadas y prestigiosas de su generación.

Todo empezó con Bécquer. Siendo una niña. Nadie tuvo que obligarle a su lectura en el colegio o en el instituto. Su afición creció de forma natural, curioseando en la biblioteca de sus padres desde los cinco años. La escritura ya fluía de forma natural por sus venas. Un diario, unos versos con sus propios dibujos. Pero siempre Bécquer y sus rimas. ¿Qué es poesía?, le preguntaban aquellas páginas. E inmediatamente ya estaba la respuesta: Poesía eres tú. Y ahí probablemente nació la poeta que es hoy. Que ya es otra, pero que quizás aún contenga mucho de aquella pequeña poeta pueril, de aquella escritora iniciática. Y llegó a Machado, a Neruda... "Eran los poetas con los que nos iniciamos todos los hispanohablantes, grandes maestros con los que uno empieza para luego ir adentrándose en poetas menos usuales". Raquel Lanseros (Jerez, 1973) te clava la mirada en cada respuesta y sonríe, sonríe mucho. Quizás por ese dicho africano que sostiene que ser demasiado serio no es muy serio. Aun así, conversamos durante casi una hora de cosas serias o muy serias: de su obra, por descontado, pero también del alma y de la condición humana, de la deriva de nuestro tiempo, que quizás no sea más que la deriva propia de todos los tiempos, de derribar muros, del inconformismo inherente al poeta...

Y habla casi recitando, con elocuencia y gestualidad. Con la humildad de los grandes, la autora no alardea de trayectoria, si bien la suya es incontestable. Esta poeta y traductora, licenciada en filología inglesa, ha recibido numerosos galardones por las diferentes obras que atraviesan un recorrido de más de una década que ahora recopila en la antología, publicada por la editorial Visor, Esta momentánea eternidad. Poesía reunida (2005-2016). En este tiempo, un ramillete de 200 críticos de un centenar de universidades (Harvard, Oxford, Columbia o Princeton, entre ellas) la eligieron la poeta más relevante en lengua española nacida después de 1970 por obras como Croniria -publicada en inglés en Estados Unidos— y Las pequeñas espinas son pequeñas —uno de los libros más vendidos de 2014 en España—. Recientemente ha vuelto a Madrid, donde se instaló hace ya casi dos décadas y donde perdió el acento de su tierra natal, tras pasar cuatro meses como docente en la University of West de Florida. Nos citamos a mediodía, cerca de El Retiro. Lanseros se acomoda en la cafetería, pide un zumo de naranja, se atusa el pelo para la foto y entra rápido y de lleno en la conversación.

En el poema No choice de Las pequeñas espinas son pequeñas usted escribe: Nos convencen de que hay varios caminos ¿pero alguien de verdad ha andado más de uno? ¿Tiene uno elección ante cómo va labrándose ese camino?

Fíjate, el eterno dilema entre determinismo y libre albredío es un dilema filosófico de mucha altura y muchos siglos que no vamos a resolver ahora. Aparte de un pensamiento vital y existencial, ese poema tiene un toque de componente social. Me refería también a que nos convencen de que no tenemos elección, en relación con nuestro poder como consumidores, e invito a hacer una reflexión sobre si esa supuesta libertad de elección que nos venden desde el sistema es cierta. Creo que no lo es, pero lo dejo abierto para que cada uno reflexione.

"En la vida uno hace más lo que puede que lo que quiere"

Y en esa no elección que censura, ¿ha podido ir eligiendo…?

En el mundo de la poesía y en la vida he elegido lo que he podido, que normalmente es poco, como nos sucede a casi todos nosotros. En ese sentido soy muy humilde, sé que no somos tan poderosos como creemos. Eso, hablando de nuestro propio cuerpo, de la salud, de la esperanza de vida; y luego ya si nos metemos en el amor, en las relaciones personales, en las relaciones laborales y en el estamento en el que uno nace, y el ascensor social, que dudo mucho que exista de la manera tan rosa que nos lo pintan... si hacemos una amalgama de todo eso, creo que en la vida uno hace más lo que puede que lo que quiere. Dicho lo cual, dentro de ese campo libre que una persona tiene por el hecho de vivir y de tener una voluntad y una inteligencia propias, no me quejo. He hecho más o menos lo que he podido y me he sentido a lo mejor más libre que si no me hubiera movido. Pero siempre, muy consciente de la fragilidad y la pequeñez que como seres humanos nos define.

"Mil veces he deseado averiguar quién soy", puede leerse en otro de sus poemas. ¿Lo ha conseguido?

Mil veces nada menos (risas). Creo que voy todavía por el capítulo de quién no soy. Un poco por descarte. Voy delimitando quién no soy o quién no quiero ser para ver si con el tiempo, y si la fortuna me concede años de vida, me voy acercando a quién soy. Es muy difícil saber quién es uno porque, además, mira, un poeta chino con el que hablaba hace poco me decía que ellos no tienen el concepto yo, el ego latino, tienen el nosotros. El concepto yo viene muy delimitado cultural y lingüísticamente. Yo soy un personaje que si no existieran los espejos ni siquiera sabría el rostro que tengo, como todos nosotros. Quién soy no deja de ser una proyección muy subjetiva que yo me hago, que normalmente no coincide con la que se hacen los demás, que suelen verte o mucho mejor, o mucho peor de lo que te ves. Es una construcción en la que forman parte muchos factores que son extrapersonales: la cultura, las convenciones, las costumbres… Todo eso modela nuestra mirada sobre el mundo y sobre nosotros mismos. En ese poema sí que quería lanzar esa pregunta. Me parece fundamental hacérnosla porque no me parece tan sencilla ni de fácil contestación.

Al menos ya sabe usted lo que no quiere ser. No es cualquier cosa.

Exacto, exacto… Ese sujeto que uno perfila de manera subjetiva, además, está en evolución. No es lo mismo el niño que el anciano. Encima, para más dificultad en el proceso de investigación de la propia identidad, ésta es cambiante. A diario. Y desde luego con el tiempo muy significativamente, con lo cual, ahí tenemos trabajo para toda la vida (risas).

¿El poeta es más eterno insatisfecho o eterno incomprendido?

Esos adjetivos le van muy bien al ser humano más que al poeta. Al poeta también porque es ser humano. No creo que el poeta sea más incomprendido que los demás. Es verdad que a lo mejor se hace unas preguntas o tiene unas observaciones existenciales que al ciudadano común se le hacen histriónicas o extrañas, pero también creo que dentro de lo que llamamos normalidad, que habría que definirlo, no creo que la gente se comprenda muy bien por muy simples que sean los planteamientos. No creo que nadie se ponga demasiado en el pellejo de nadie. En el mundo en general, no creo que la empatía sea una de las virtudes que más abunde. En el sentido que lo dices, el del poeta planteándose temas que en esta sociedad son considerados como poco productivos o incluso inútiles, cuando probablemente sean los más importantes de todo, sí que es verdad que el poeta no deja de ser alguien incomprendido. Y no hablo de mí, sino de la idea del poeta como ser humano capaz de desligarse de su tiempo y ser capaz de analizarlo y observar todo lo que tiene de grotesco, maravilloso o cruel. ¿Insatisfecho? La insatisfacción es una de las condiciones humanas, pero creo que no afecta solo al poeta. Lo que sí creo es que la poesía hace mucho por mermar la insatisfacción. De alguna manera esa búsqueda es también compensación o tirita, alivia esa insatisfacción por el hecho de ser humanos.

"En el mundo en general, no creo que la empatía sea una de las virtudes que más abunde"

¿Inconformismo es poesía?

Siempre, siempre. La poesía es una forma de resistencia. Antes hablábamos de poesía comprometida, con tintes sociales, que ha habido y hay muy buena, pero incluso esa poesía no entroncada con eso ya es de por sí una forma de resistencia porque está formulando un sujeto que decide pensar, que decide ser crítico, hacerse preguntas, no creerse los cuentos, como decía León Felipe. Y por tanto, eso ya de por sí, como posicionamiento ante el mundo, es una forma de resistencia inconformista siempre.

¿El poeta conformista no tiene sentido?

No tiene sentido. Creo que es un oxímoron, verdaderamente es lo contrario. Un poeta es alguien que no se conforma con las cosas tal y como son, y que se cuestion el statu quo en todos sus niveles, los más convencionales y lo más materiales.

¿Ha vuelto a leer algunos de sus primeros versos?

Pues sí, para hacer la reunión de todos estos versos, el editor me invitó, como harían todos los editores en similares circunstancias, a que pensara si quería simplemente ponerlos por orden cronológico, sin corregir nada, o si quería hacer una reescritura total o parcial de los poemas que había escrito. De manera que ahí tuve que enfrentarme a los poemas más antiguos. No es que 11 años sean una cosa demasiado extensa, pero bueno, tuve que enfrentarme a ello en el mejor de los sentidos y decidir si la persona que soy tenía autoridad moral para reescribirlos o los dejaba tal y como los escribió la persona que los escribió, que no deja de ser un poco diferente. Vivía en un sitio y vivía con personas distintas. Hay poetas que hacen una cosa y otros, otra. Todo es absolutamente legítimo y depende de cada criterio, pero sin embargo seguí el de dejarlos intactos. Eso lo digo sin ningún tipo de desdoro del que hace lo contrario porque la razón en poesía no es una sola. En mi opinión retocar demasiado sería un poco falsear la intencionalidad de una persona que tenía menos años y que tenía otras características por el mero hecho de haber vivido menos.

"Para mí escribir fue casi innato porque toda la vida me recuerdo escribiendo con más o con menos intensidad. Como una especie de necesidad…"

Es una manera también de ver su evolución de un modo más puro…

Me parece que sí.

En todo caso, yo iba más atrás en el tiempo, a aquellos poemas de sus inicios, cuando aún no había empezado su trayectoria literaria.

¿Sabes qué ocurre? Te tengo que contestar con una cuestión biográfica que seguramente no es interesante pero que explica un poco la respuesta. Me he mudado muchas veces, de casa, de ciudad… y eso ha hecho que conserve menos cosas que una persona que ha vivido siempre en el mismo sitio. No es ni mejor, ni peor, pero en mi caso he tenido que vivir ligera de equipaje porque si no te agobia mucho. Hay cuadernos de la primera juventud que no conservo, tengo algunos de la infancia, que los conservan mis padres, muy pueriles, pero de la primera veintena no los tengo y nunca pretendí publicarlos.

¿Recuerda cuándo empezó a escribir, cuándo le llegó la vocación?

Si te refieres a escribir te diría que fue casi innato porque toda la vida me recuerdo escribiendo con más o con menos intensidad. Como una especie de necesidad…¿Tenía diario?

Sí, sí, claro. Ilustraba mis propios poemas en la infancia, me gusta mucho dibujar aunque por desgracia eso lo tengo un poco arrinconado. Y si te refieres a publicar, ahí sí que ya entran en juego los demás. Como Ángela Reyes o amigos de Murcia que tienen nombres y apellidos como Fulgencio Martínez, Pepa Muñoz, Joaquín Piqueras… Con los que conectaba poéticamente y me aconsejaban. Hay personas que tienes al lado que te animan, que te van guiando para publicar. También abriéndote a lecturas. La educación literaria es muy importante, te abren caminos, vías, puntos de vista… Y a través de esas personas que se te van cruzando en la vida, todas muy positivas, empecé a publicar. Ahora bien, escribir me ha acompañado desde la infancia.

¿Qué fue lo primero que leyó y le impactó?

Tengo un poema que pertenece a Croniria que se llama Bécquer y el Rock and Roll. No es nada original que la gente de mi edad leyésemos las Rimas de Bécquer a temprana edad. Lo que ocurre es que antes de leerlas en clase, ya las había leído en mi casa. Tuve la suerte de que a mis padres les gusta bastante leer y entonces tenía libros. Mi padre tenía los crisolinos, de Crisol, la editorial Aguilar, y eran las obras completas de muchos autores. A lo mejor tenía 6 o 7 años y ya me leía las Rimas. No sé qué entendería, a lo mejor entendía más incluso que ahora, porque no hay que subestimar la capacidad de comprensión de los niños, que no está contaminada por otras cosas, pero lo cierto es que sí distinguía que ese lenguaje no era el común, no era el de la calle, era algo diferente. Y años después, queriendo evocar esa intensidad que percibía, lo comparé con el rock and roll. No soy una gran entendida, simplemente me gusta mucho escuchar música como diletante, y esa intensidad de Bécquer también la he sentido con el rock and roll.

"Los sueños parecen una parte fundamental de la alegría de vivir y me aferro a ellos en la medida que puedo y sin perder la cordura"

Usted ha reflexionado en uno de sus libros, Croniria, acerca de cómo el tiempo va modificando nuestros sueños, ¿dónde están los suyos ahora?

No fue casual que hiciera una convergencia entre sueño y tiempo en el título porque creo que el tiempo es posiblemente el que más modifica los sueños. Es obvio que no se puede soñar igual con 80 que con 15 años, simplemente por el tiempo que nos queda por delante. Pero en este sentido, no sé si tengo un componente infantil, que es probable que sí, de alguna manera, pero yo me sigo aferrando a los sueños. Se van modificando porque el tiempo lo modifica todo, pero no diría nunca que el tiempo ha vencido ya a los sueños. Creo que no lo diré nunca porque he conocido a personas muy ancianas que siguen soñando. Sigo teniendo muchos sueños, algunos se han cumplido, no solo en la literatura sino en la vida, que es muy importante también; otros no, de pronto se han modificado y sobre lo que creía que quería ahora quiero otra cosa. Pero los sueños me parecen una parte fundamental de la alegría de vivir y me aferro a ellos en la medida que puedo y sin perder la cordura.

Escribe Benítez Reyes en El azar y viceversa que suele ser más feliz quien aprende a moverse en el vacío. ¿Le asusta vivir entre tanta incertidumbre?

A todos nos asusta la incertidumbre y todos buscamos de alguna manera pequeñas certezas que pueden ser nuestra familia, nuestra ciudad, nuestro hogar, una afición, la fe… cada uno busca las suyas porque ayudan a vivir pero la vida es pura incertidumbre. No decidimos cuándo nacemos ni tenemos ni idea de cuándo y cómo vamos a morir, es difícil de aceptar pero es cierto. La vida domesticada de puertas para adentro, en la que los seguros de vida y los planes de pensiones tienen cabida o los cafés y las tertulias de domingo son un regalo maravilloso, no se sabe hasta cuándo va a durar. A mí me parece muy bien olvidarse de lo incierta que es la vida para poder vivir, pero es una realidad que no sabemos cuánto van a durar las cosas.

No queda más remedio que asumirlo.

Hay que asumirlo sí. Nos cuesta mucho trabajo porque no hay ningún ser humano que lo asuma sin dolor. Tengo días que lo llevo mejor y otros que lo llevo peor, pero sí tengo claro que es así...

Quizás usted, por su vida itinerante, haya huido de eso que ahora llaman zona de confort.

Exacto, exacto… me lo has quitado de la boca. He tenido menos zonas de confort o he tenido diferentes zonas de confort concatenadas. Pero depende también de tu propio carácter. Supongo que hay personas que no lo resistirían, igual que hay personas que no resisten la rutina. En realidad, no hay cosas absolutamente malas ni buenas en el arte de vivir, sino que cada uno va buscando lo que mejor se adapta a sus necesidades, que vienen marcadas por el temperamento y la personalidad. Y luego está el azar, al que hay que adaptarse porque gobierna bastante más de lo que queremos.

"Uno tiene que ser muy cauto, muy humilde y mirarse a sí mismo, como decía Serrat, con lo puesto, que es como vamos siempre"

¿Cuánto pesan los premios, los elogios, las etiquetas, las publicaciones en editoriales emblemáticas de poesía?

En primer lugar, lo que me suscita todo eso es una sensación de gratitud. No dejan de ser otras personas juzgando tu obra y que haya habido equis personas que otorguen una confianza o un valor a lo que yo modestamente voy haciendo, pues me parece digno de agradecimiento. El tiempo es muy limitado y lo mismo que me dedican la atención a mí se la podía haber dedicado a otro. Luego también, estando muy agradecida y sintiéndome afortunada, intento poner distancia con eso para mí misma. Sé que la poesía como la vida es muy venturiega, que el haber hecho algo que tenga un mínimo valor o logro, no significa en absoluto que lo vaya a seguir teniendo. Por tanto, uno tiene que ser muy cauto, muy humilde y mirarse a sí mismo, como decía Serrat, con lo puesto, que es como vamos siempre. Hay que evitar que esos elogios que vienen de la generosidad no consigan lo contrario, que uno se vuelva una persona que sienta que vale más que otro.

Aunque me imagino que uno ya se enfrenta al folio o al ordenador con otra responsabilidad.

Eso sí es verdad que es inevitable porque se supone que uno tiene que ir aprendiendo, evolucionando. Lo mejor es enemigo de lo bueno. Todo novelista, poeta o pintor, irremediablemente va a ser contrastado consigo mismo, a ojos de los demás y ante sus propios ojos. Es cierto que la carrera, en el sentido latino del término, tiene que desembocar de pronto en otras cosas. Con 50 años no vas a pensar lo mismo que con 20. Algo has tenido que aprender. Y en la poesía ocurre lo mismo y hay que contar con ello, pero eso le pasa a cualquiera que se ponga a escribir. El sitio donde está es donde le ha llevado lo que ya hizo, no escribimos partiendo de cero. Aun así, es conveniente escribir con toda la frescura, sin condicionantes, hay que intentarlo al menos.

"Creo que siempre se escribe para el otro también porque, al final, uno mismo y el otro no son cosas tan diferentes"

¿Para quién escribe?

Pues mira, esa es una pregunta que me gusta mucho porque tampoco sé la respuesta. Mucha gente dice: yo escribo para mí. Obviamente, uno escribe para sí mismo porque tanto en el léxico que utiliza, las estructuras y los temas, uno habla irremediablemente de sí mismo, aunque hable de los demás. Pero está filtrado por el único sujeto a través del que uno contempla el mundo. Es verdad también que en el momento en que uno escribe intenta que eso sea un acto de comunicación, que solamente existe como tal en el instante en el que hay un lector o un oyente. De manera que eso también está presente en el acto de escritura. Creo que siempre se escribe para el otro también porque, al final, uno mismo y el otro no son cosas tan diferentes.

¿Qué le da más miedo, la ley mordaza o que cuatro de cada diez españoles no abran un solo libro al año?

Puede ser que tengan que ver ambas cosas. Las dos cosas son terribles. Siempre es verdad que los españoles nos estamos autofustigando. Normalmente, nuestros defectos, que son muchos pero no más que los de otros países, nos los escondemos. Lo malo nos lo decimos, lo cual es una actitud poco productiva desde el punto de vista del crecimiento, pero por otro lado es poética porque nos decimos la verdad. El problema de la lectura es común a muchos países, cada uno con su dosis y sus estadísticas. Es verdad que en España se lee poco pero también se le puede dar la vuelta y pensar que se lee más que hace 200 años, cuando había un índice de analfabetismo nada comparable. Es preocupante que no se lea pero también es que vivimos inmersos en una sociedad audiovisual, están cambiando los lenguajes y esto es un follón porque son muchos problemas. En cuanto a la ley mordaza, es algo inadmisible desde el punto de vista de la pura democracia, de los derechos humanos, de la separación de poderes, de la claridad, de la transparencia y la justicia. Es algo terrorífico. Vivimos una deriva a nivel mundial poco halagüeña y cuanto menos lea la gente menos halagüeña será.

"Vivimos una deriva a nivel mundial poco halagüeña y cuanto menos lea la gente menos halagüeña será"

En todo caso, aunque hay menos analfabetos que hace 200 años, también es cierto que hay mucho analfabeto funcional. Quizás al poder le interesa recortar en libertad de expresión y en fomento de la cultura y, por ende, de la lectura, ¿no cree?

Así es. Estoy totalmente de acuerdo. Por desgracia, les funciona.
¿Qué le preocupa más que le gobierne, un idiota o un malvado?

Mi abuelo siempre decía que los tontos tienen cuatro partes: una de tontos y tres de malos. Los idiotas, por decirlo de manera genérica, no suelen ser buenos. La inteligencia, a no ser que simplemente sea analítica, si es emocional, sensible, hace que la persona sea más capaz de ponerse en el lugar de otro y analizar las cosas en su conjunto. De manera que me parece que inteligencia y la bondad, salvo grandísimas excepciones y podemos citar El Príncipe de Maquiavelo —hablo generalizando y por tanto equivocándome—, tienen más que ver que la idiotez y la bondad. En todo caso, me dan miedo los dos.

¿Le interesa la cultura a alguien de los que nos gobiernan?

Al poder, en general, si tiende al autoritarismo, y todos tienden a perpetuarse, ha pasado históricamente siempre, no le interesa tanto que los ciudadanos sean más críticos y estén más alerta. Para su fin de perpetuarse le interesa súbditos menos respondones.

 "Los libros no solo no son necesarios, sino que pueden ser contraproducentes en un momento dado"

Con un trozo de pan y mucho circo ya es suficiente.

Bien lo sabía ya el imperio romano. Sin pan hay revueltas, sin el libro no tantas. Casi todas las grandes revoluciones que nos han hecho avanzar, la espita final ha sido una carestía de algo o una guerra en la que hay levas y hay que mandar a ella a nuestros hijos. Normalmente, las revoluciones han sido por algo que nos atañe directamente y eso el poder lo sabe. El pan es necesario y el circo también para que la gente esté entretenida. Los libros no solo no son necesarios, sino que pueden ser contraproducentes en un momento dado.

¿Qué versos le recitaría a Donald Trump?

Ay, madre mía… Estuve viviendo muy de cerca el proceso electoral, me involucré mucho, todo el mundo hablaba de las elecciones y me interesaba mucho conocer la opinión de los ciudadanos estadounidenses. Intenté entender la realidad, no lo que nos cuentan los periódicos europeos, sino lo que piensa el ciudadano norteamericano medio, que no siempre coincide. No creo que Donald Trump sea un sujeto demasiado poético o con tendencia a la poesía, la verdad. A lo mejor me equivoco, no lo conozco en persona, pero me sorprendería mucho. Por lo menos eso creo del Trump personaje. Pero no me fío mucho de hasta qué punto el personaje y la persona son la misma cosa. Tengo una gran desconfianza ante los medios de comunicación, entonces no lo sé, pero no es la primera persona en la que yo pensaría a la hora de hacer un recital privado (risas).

Hablando de muros, ¿el poeta tiene que darse golpes contra éstos o abstraerse de esa cruda realidad?

Hay que hacer ambas cosas. Abstraerse, porque uno tiene que vivir, pero también darse golpes contra un muro porque, de hecho, la poesía es un ariete golpeando un muro. Un muro que de pronto parece infranqueable pero que a veces se cae. La poesía debe estar al servicio de derribar todos los muros metafóricos y reales que hay en el mundo.

"La poesía debe estar al servicio de derribar todos los muros metafóricos y reales que hay en el mundo"

¿Llegó el progreso y nos retrasó?

De alguna manera sí. Vivimos en unos tiempos en los que todo el mundo nota una suerte de involución. ¿Qué está pasando? Estamos yendo hacia atrás. Los avances tecnológicos impresionantes e insoslayables parece que no van de la mano con un avance humanístico del mismo calibre. De pronto, no estamos a la altura de nuestros propios inventos.

¿No tiene la percepción de que estamos más lejos que nunca del ser humano pese a esa apariencia de hipercomunicación y culto a las relaciones sociales?

Todo el mundo la tiene. Esa paradoja de la era de la super comunicación. Hay un exceso de información disponible, pero eso hace que nos llegue menos información, porque nuestro cerebro no es capaz de procesar todo ese plus. Tenemos que estar atendiendo en las redes sociales a muchos amigos con menos densidad de amistad, lo que hace que tengamos menos tiempo para esos amigos más cercanos. Hay una cosa que es indudable: a pesar de los avances, de cómo se ha acelerado la transmisión de la información, lo cierto es que tenemos 24 horas y seguimos estando encerrados en nuestro ADN. No somos máquinas y nuestro cerebro va al ritmo que va, que no deja de ser muy parecido al de nuestros parientes del paleolítico. No hemos evolucionado tanto por más que nos pese decirlo. Somos simios con computadoras. No sé cuánto faltará para que nos acostumbremos o para que se pongan otras reglas de uso. O tenemos que tener más tiempo de descanso. A lo mejor lo de las ocho horas de trabajo o la cantidad de horas que se trabajaba hace 100 años cuando no había estos avances tecnológicos, ya son cosas obsoletas. Hay muchas variables de las que a veces no se quiere hablar.

"En el día a día estamos llenos de pequeñas frustraciones, rencores, complejos, inseguridades, que dificultan nuestra relación con los demás hasta unos límites ridículos"

Lo que es evidente es que las relaciones humanas siguen siendo igualmente complicadas.

La convivencia es compleja. No me refiero solo a la pareja, sino con los padres, los hermanos, los amigos cercanos… el núcleo duro que conforma la existencia de una persona en cuanto a relaciones. Por otro lado, a la vista de acontecimientos tan definitivos como la muerte es cuando uno dice: para qué nos complicaremos tanto la vida cuando en realidad no es tan compleja. Pero en el día a día estamos llenos de pequeñas frustraciones, rencores, complejos, inseguridades, que dificultan nuestra relación con los demás hasta unos límites ridículos. Pero así somos.

Y esa nota mental de tomarnos la vida de otra manera cuando nos enfrentamos a un hecho definitivo como la muerte de un ser querido o de un conocido nos dura un minuto. Volvemos a reincidir.

Así es, así es. Y todos nosotros, de ahí no se escapa nadie. Quizás haya una persona muy sabia como para dominar eso, pero a todos se nos olvida y volvemos al fragor del día a día con nuestras tonterías de siempre.¿Cree en la justicia poética?

Bueno, mira, como término es hermoso, tiene mucho que ver con lo que ahora llaman karma, y a veces existe. Yo lo he visto. Mi abuelo también lo vio, por hablar un poco de quien me legó a mí la experiencia temporal. A veces existe, lo que ocurre es que es lenta, como la justicia real (risas), y a veces es tan lenta que parece que te desanimas porque llega demasiado tarde. Ha habido personas verdaderamente malvadas, que han infringido gran dolor a muchos seres humanos, a las que no les ha pasado nada, y eso desanima, pero hay muchas veces que la justicia poética llega y uno de alguna forma cosecha lo que siembra, sobre todo lo que tiene que ver con lo humano.

Juan Villoro escribía un tuit sobre Twitter, en el que decía que esta red social te pregunta si estás seguro de que quieres borrar pero no te pregunta si estás seguro de que quieres escribir. Debería ser al revés. ¿Pensamos poco lo que decimos hoy en día? ¿Está sobrevalorada la ocurrencia?

¡Qué grande, qué bueno! Nunca voy a renegar de mi propio tiempo. Eso ya lo sabía Ortega, somos todos hijos de nuestro tiempo y por más que queramos nos es muy difícil tener visiones anticipatorias, aunque hay visionarios… Sí que es cierto que en los tuits, o siempre que uno se extiende en las redes sociales, no dejan de colocarse impresiones fugaces, inmediatas. Y por tanto, está todo enmarcado dentro de un ritmo vertiginoso en el que para sobresalir o llamar la atención lo que más ayuda es el ingenio, de manera que ahora el ingenio es un arma poderosa en las redes sociales. Es una virtud de la inteligencia, pero hay otras igualmente loables que son más reposadas. La poesía es de cocción lenta. Ojalá tuviera mucho ingenio, me gustan las personas ingeniosas, y es verdad que en las redes sociales prima la ocurrencia, pero también es lógico porque no hay tiempo para más.

Vivimos bajo el imperio de la imagen, del 'estado' de Facebook, donde si no estás, no existes.

Todo va muy rápido… Ahora en las empresas más cool del planeta, de gente que come biónico y anticipa tendencias, están las vacaciones de redes sociales. Es decir, hoteles en los que dejas el smartphone cuando llegas a la recepción y estás varios días desintoxicándote. Para que eso exista es que ya empezamos a ser conscientes de que eso nos está provocando una cierta neurastenia o intoxicación. La sensación de que uno es un objeto que está a la venta es, sinceramente, muy cansada y es difícilmente soportable sin un descanso. Esa sensación la tiene todo el mundo, se dedique a lo que se dedique. Todo es como una especie de competición.

Trump: "No me fío mucho de hasta qué punto el personaje y la persona son la misma cosa"

Hay quien viaja solo para luego colgar la foto en las redes sociales...

Exactamente. Y luego la inmediatez y ese ritmo vertiginoso, que no es nuestro ritmo natural de respiración, desde el punto de vista biológico y físico, y eso hace que vayamos todos forzados. A lo mejor, como estamos empezando, somos niños con un juguete nuevo y, de pronto, nuestros descendientes utilizan las herramientas en el futuro acotando los tiempos de otra manera. Quién sabe. El tiempo va a decidir si esto es así o no, si nos da felicidad o nos da más agobio. Cuántas generaciones vivas estamos utilizando las redes sociales de manera constante… Muchos somos analógicos y hemos aprendido como quien aprende inglés.

Asegura el poeta José Mateos que nos están educando en el mal gusto.

¡Qué grande Pepín Mateos! Tiene razón, es muy fina esa frase. El mal gusto siempre ha sido el mayoritario. El vulgus, que llamaban los latinos, siempre ha existido. No hablo de clases sociales al decir vulgar porque he conocido mucha gente de clase social alta con un pésimo gusto. En esto sí que es verdad que quod natura non dat, Salmantica non præstat; y el dinero tampoco presta. Hay una tendencia personal hacia lo estético, lo bello o hacia lo kitsch, que la educación modera, modula o arregla, pero no siempre. El mal gusto, no sé por qué, triunfa más de lo que debería. Pero eso creo que siempre ha sido así históricamente. No digamos ya cuando había masas que iban a los autos de fe. Si no es una ceremonia de mal gusto ver cómo queman a un semejante... Creo que ahora la sensibilidad ha mejorado y a nadie se le ocurriría semejante cosa. La sensibilidad se va educando y ahí sí lanzo un mensaje de esperanza. Ahora, por ejemplo, nos horroriza ver cómo maltratan a un animal, por lo que veo razones para la desesperanza y la esperanza a la vez.

"El mal gusto, no sé por qué, triunfa más de lo que debería. Pero eso creo que siempre ha sido así históricamente"

Y hay mucho mediocre…

Bueno, pero eso por propia definición. Yo siempre me voy a la etimología y lo mediocre, lo mediano, es lo que está en el medio. No podemos adjetivar si no comparamos. Si digo feo es porque hay bonito o si digo frío es porque hay caliente. En realidad cuando decimos mediocre es porque sabemos que hay algo que está todavía por debajo, si hablamos de inteligencia o rendimiento profesional, y hay algo por encima que sobresale. Es lógico que, como una curva de Gauss, haya una gran masa en el medio, nuestra propia manera de concebir es así. Hay algo que falla cuando ves una academia que dice que todos los niños son genios. Es que la palabra genio se refiere a uno de cada dos millones porque si nos referimos a todos, tenemos que inventar otra palabra. Por más que nos empeñemos, la gran mayoría está o estamos en la mitad.

¿Solo la poesía puede salvarnos, hay esperanza?

Hay un refrán muy manido que dice que mientras hay vida, hay esperanza. Y es verdad. Mientras uno está vivo, obviamente la esperanza tiene que existir porque la esperanza y la vida son consustanciales. Y por supuesto que la hay. Hay pasos atrás y pasos adelante, pero de alguna forma se va avanzando poco a poco. Neruda decía que solo había dos cosas que consolaban, que no es lo mismo que salvar, pero tiene mucho que ver, que eran el amor y el arte. El amor, en todas sus manifestaciones y englobo la amistad, la familia…, en cuanto a fuerza que hace el bien a los demás; y el arte, como representación de la realidad moldeada que contiene todas nuestras debilidades y grandezas, sí que consuela. 

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