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Los islamistas se reúnen frente al Parlamento al grito de "queremos a Erdogan". Fuerzas leales al presidente apresan a más de 2.800 militares. 265 personas han muerto, entre ellas 47 civiles, y casi 1.500 han resultado heridas.

Tras una larga e intensa noche en la que el sonido de los cazabombarderos atronó el cielo de la capital, Ankara, el amanecer atrajo la derrota de los golpistas. Las primeras imágenes del alba muestran a los militares en el puente del Bósforo, Estambul, anunciando su rendición manos en alto, mientras algunos bastiones aún se resisten a asumir su derrota. En Ankara los islamistas han tomado los alrededores del Parlamento al grito de "queremos a Erdogan". La capital turca muestra hoy los estragos de una noche convulsa, con destrozos considerables en el mobiliario urbano. 

Más de 260 personas han perdido la vida, y más de 1.500 han resultado heridas en los continuos enfrentamientos que han tenido lugar durante el transcurso de la madrugada. Fuerzas leales al presidente de la República, Recep Tayyip Erdogan, han detenido a más de 2.800 militares, según informa la agencia AFP y el Ministerio del Interior turco. Turquía vivió anoche un intento de Golpe de Estado, fallido e inesperado.

En torno a las 22.00 horas las principales vías de tránsito entre Asia y Europa quedaron bloqueadas en Estambul. Minutos más tarde la sede de la inteligencia turca (MIT) ardió después de que helicópteros militares abrieran fuego sobre sus oficinas. Paralelamente, la cúpula del Ejército emitió un comunicado en el que llamó a tomar el poder para “proteger el orden democrático y los derechos humanos” en el país.   

Durante la noche, sucesivas explosiones en el centro de la capital hicieron presagiar que lo peor estaba aún por llegar: una bomba alcanzó el Parlamento, que fue rodeado y ametrallado por tanques militares. También se produjeron fuertes explosiones sobre la sede central de la Policía, en el cuartel general del Estado Mayor y la cadena de noticias pública TRT, tomada desde el inicio por los golpistas.  La peor de todas las detonaciones tuvo lugar en el centro de la unidad especial de la Policía, en la región ankareña de Golbasi, donde fallecieron 17 agentes, según fuentes gubernamentales. Un avión de combate F-16 derribó entonces un helicóptero militar utilizado por los golpistas.


Si en un primer momento el avance de los soldados parecía contar con el apoyo necesario para lograr el triunfo, un comunicado vía FaceTime de Erdogan instó a la sociedad civil a salir a la calle y detener a los golpistas.

A la consecución de las explosiones el canto ezan, (o la llamada a la oración) que se repitió cada hora durante toda la noche, alentó a los islamistas a detener el avance de los soldados, que desde el primer momento decretaron el toque de queda e impusieron la ley marcial en todo el país. 

La sede de los principales medios de comunicación —Hürriyet, Kanal D y CNN Türk— fueron también tomadas por los sublevados, al igual que el aeropuerto internacional de Atatürk, en Estambul, que horas después resultó liberado. La desinformación se adueñó de la situación y colaboró a un mayor estado de pánico generalizado. “No sabemos qué está pasando, dónde está Erdogan” gritaban los vecinos desde sus balcones en la capital.

El primer ministro, Binali Yildirim, compareció ante los medios de comunicación para hablar acerca de las primeras detenciones y la toma de control sobre la situación: “los golpistas están abocados al fracaso, y se encuentran bajo control. La mayor parte de los líderes del golpe ya han sido detenidos y los partícipes serán juzgados por traición”.

Mientras, las comunicaciones empezaron a fallar. Las páginas gubernamentales y de los medios de comunicación se cayeron en internet, las redes sociales (especialmente Twitter, Facebook y Whatsaap) fueron bloqueadas. Sin embargo, pese a las dificultades en la comunicación telefónica,  los mensajes del Gobierno continuaban llegando a los dispositivos móviles: “a todas las personas que ostenten la democracia, salgan a las plazas”.  

Al grito de Allah'u Akbar y entorno a las cinco de la madrugada, los islamistas y seguidores del Partido para la Justicia y el Desarrollo (AKP), que lidera desde hace más de una década Recep Tayip Erdogan, —conocido como El Sultán de Europa— se dirigieron al mausoleo donde se encuentra enterrado Mustafa Kemal Atatürk, el que es considerado Padre de la patria turca. El Anit Kabir, símbolo de la destreza militar del país, se convirtió entonces en un mar de banderas rojas, al mismo tiempo que en Estambul una muchedumbre enfurecida se enfrentaba a los tanques militares en las inmediaciones de la plaza Taksim.

El de anoche es sin duda un capítulo más en la convulsa historia del país. La venganza de los islamistas sin embargo, comienza a sumar una página más. Según informa la agencia el medio izquierdista Sol Haber, y Oda TV, así como diferentes vídeos y fotografías difundidas en redes sociales, tras su detención  los radicales habrían comenzado a degollar a militares sobre el puente Bogaz en Estambul.

“Es el movimiento del Estado Paralelo que dirige desde el exilio, Fetullah Güllen quien se encuentra detrás de este golpe pero no podrá atrapar el poder en el país. Voy a volver a Ankara”, sentenció Erdogan, que además aseguró: “este levantamiento es un gran regalo de Dios para nosotros, porque el Ejército será limpiado. Una fracción minoritaria de las fuerzas armadas ha traicionado al país”.

El clérigo Gülen, antaño aliado del Gobierno y hoy enemigo número uno del partido, rompió relaciones con Erdogan después de que saliese a la luz en 2013 una trama de corrupción que afectó directamente al entorno político y familiar del presidente.  Desde entonces, la batalla abierta entre el teólogo y Erdogan ha llevado a la consecución de diferentes operaciones contra la cofradía Hizmet, considerada terrorista por el Estado en el país. Pese a todo, los gülenistas niegan estar detrás del acto golpista.

Por su parte, la oposición no ha tardado en manifestar su apoyo al orden constitucional. El líder del Partido Nacionalista (MHP), Devlet Bahceli expresó su solidaridad para con el Ejecutivo, así como el cabeza del kemalista Partido Republicano del Pueblo (CHP), Kemal Kiliçdaroglu.

Entrada la mañana Turquía no obstante intenta recuperar la calma, los negocios comienzan a abrir sus puertas y no muchas personas acuden a sus puestos de trabajo. La noche más trágica para la democracia turca ha llegado a su fin.
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