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El primer ministro anuncia su dimisión después de conocerse el resultado del referéndum consultivo. El caos y la incertidumbre reinan en Londres.

Los británicos han desobedecido a su primer ministro. Han desobedecido al líder laborista, Jeremy Corbyn. Han desobedecido a la flor y nata de su clase empresarial y a la City. Han desoído el consejo de los gurús económicos y los juristas, de los líderes de países vecinos, de instituciones financieras internacionales, de Barack Obama. Han votado por la salida de su país de la Unión Europea.

La victoria del Leave, que supera al Remain por más de un millón de votos con una participación del 72,2%, supone una bofetada al establishment nacional y europeo, y en apenas unas horas se ha cobrado su primera víctima política: David Cameron. El premier británico, que se empeñó en convocar la consulta para después defender la permanencia de su país en la UE, comparecía ante la prensa frente al número 10 de Downing Street poco después de las ocho de la mañana del viernes 24 de junio para certificar su muerte política y anunciar que abandonará el cargo en octubre.

Con la participación electoral más alta en 25 años, el mapa de los resultados dibuja un país fracturado por varios ejes. En Escocia se ha impuesto con rotundidad el Remain, y los líderes del Partido Nacionalista Escocés no descartan la convocatoria de un segundo referéndum de independencia, menos de dos años después del anterior. Las brechas generacional, de clase y nivel educativo son aún más profundas: solo los mayores de 50 años han refrendado el Brexit. Los trabajadores han votado en masa por el Leave, al contrario que las clases medias. La diferencia entre quienes tienen estudios superiores —favorables a la permanencia en la UE— y quienes no —ardientes defensores del Brexit— es la más grande de todas.

Compungido, Cameron reiteró su opinión de que al Reino Unido le hubiera ido mejor dentro de la UE, pero admitió su derrota, fijando en octubre la fecha para la llegada al poder de su sucesor. Cameron se marcha para que sea otro tory, quizá más convencido, quien administre el complicado proceso que se abre tras el referéndum.

El plebiscito era consultivo, pero el todavía líder conservador prometió llevar a la práctica su resultado, activando el artículo 50 del Tratado de Lisboa, por el que un estado miembro notifica su decisión de abandonar el club. La decisión de activar o no el Artículo 50 le corresponderá a su sucesor, que saldrá del Congreso del Partido Conservador en otoño. Hasta entonces, Cameron promete ‘enderezar el rumbo’.

El sucesor de Cameron deberá sortear el obstáculo de su propio parlamento si quiere llevar a cabo el mandato de los electores británicos: en la Cámara de los Comunes no hay mayoría a favor de la retirada de la UE. La mitad de los parlamentarios conservadores quiere seguir en la UE. El apoyo a permanecer como mínimo en el mercado común es abrumador, también entre los laboristas.

Mientras se acrecienta la crisis política, en la City reina el desconcierto, con la caída en picado de la bolsa y del precio de la libra contra el dólar. La moneda británica ha caído a su nivel más bajo desde 1985. A su apertura, la bolsa de Londres perdía cerca de un 8%, empujada por el desplome en la cotización de bancos como el Royal Bank of Scotland, cuyas acciones se dejaban un tercio de su valor a la apertura. La onda de choque se trasladó en cuestión de segundos a todos los mercados del mundo. 

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