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Arranca la campaña y... ¿qué alianza tendrá alcance?

Comienza otra campaña decisiva. Así que, con la información demoscópica disponible vamos a intentar leerle las tripas. Ojo. Cualquier persona medianamente informada sobre el material que producen las encuestas sabe que lo que haremos a continuación es una actividad de alto riesgo. Por eso, os agradecemos por adelantado que nos perdonéis. Comencemos:

1. La cifra mágica para las alianzas, PP-Ciudadanos o PSOE-UP, está en los 170 escaños. A partir de ahí, al menos, se puede negociar la investidura con el PNV, el socio aparentemente más aceptable que va a quedar (y ya nos imaginamos en qué condiciones). Sin embargo, al arrancar la campaña ninguna de estas alianzas tiene al alcance esa cifra. PP y Ciudadanos la tuvieron en marzo y abril, pero la cosa se torció, y mucho, después de que se sellara el acuerdo electoral entre Podemos e IU. A día de hoy, parece que, de nuevo, el escenario más probable es el de un empate.

2. Pero vayamos a lo importante: el mantra generalizado es que tendremos unas generales con baja participación. Los principales perjudicados por dicho escenario serían el PSOE y Ciudadanos. Los electores de ambos se muestran claramente más reacios a dejarse ver en las urnas. Por tanto, a PP y a Podemos les convendría esta movilización “limitada”. Las cosas, sin embargo, no son tan sencillas.

3. En el centro derecha, la situación está realmente complicada. La suma de Ciudadanos y PP, a día de hoy, no alcanza los 170 escaños ni con alta ni con baja participación. El saldo sería todavía peor con alta, ya que ahí el PP tiene más probabilidades de dejarse escaños que Ciudadanos de ganarlos. Si este panorama se estabiliza, las estrategias para contrarrestarlo serían básicamente dos:

Una primera sería propiciar un voto útil hacia el PP. Si tuviera impacto, obviamente, habría consecuencias positivas para los de Génova. Pero ¿es una vía expedita para llegar a los 170 escaños? Solo si capta algo de la abstención, el partido de Rivera queda reducido a una mínima expresión y la mayoría de las pérdidas naranjas migra disciplinadamente hacia el PP. En definitiva: harto improbable.

Otra vía es propiciar la desmovilización de la izquierda. Pero cuidado. Los ataques a Unidos Podemos con polémicas venezolanas y tramas policiales no parecen tener ese efecto y, además, comienzan a exasperar a los electores. Tampoco nos resulta fácil imaginar cómo desmotivar (aún más) a los votantes socialistas. En definitiva, no parece una estrategia muy esperanzadora. Así que, lo único que parece seguro a estas alturas para Rajoy es salir de nuevo a empatar el partido, quedar en el primer puesto y confiar en que la subsecuente crisis interna del PSOE le abra las puertas de la investidura por la vía de una gran coalición más o menos disimulada.

4. En el flanco izquierdo tampoco encontramos una lectura clara. Si los votantes del PSOE se mantienen poco movilizados, Unidos Podemos se aseguraría el famoso sorpasso. Sin embargo, por esta vía, el resultado conjunto no tiene asegurados los 170. Existen numerosos escenarios donde no se alcanza esa cifra (cuidado con el optimismo en este punto). La hipotética investidura dependería de conjugar a un PSOE post-Pedro Sánchez con formaciones como ERC y EH Bildu. Algo inconcebible en Ferraz. En cambio, si el PSOE reactiva su músculo y moviliza finalmente a los suyos, rescataría más escaños de manos del PP que de Unidos Podemos (los conservadores tienen más probabilidades de perderlos), situando al conjunto PSOE-UP más cerca de la gobernabilidad.

Por tanto, Iglesias y Garzón no pueden tenerlo todo: se incrementan las probabilidades de hegemonizar la izquierda, pero también las de quedarse en la oposición. Si finalmente el resultado es más equilibrado, la vía para formar gobierno se despeja, pero con un PSOE cuya primera opción fue Ciudadanos y cuya vieja guardia no quiere ni en pintura un ejecutivo con Podemos

Si realmente la prioridad de ambos fuera la de un gobierno progresista (y viviésemos en un mundo ideal) veríamos a Pedro Sánchez declarar abiertamente que, si suman, intentará formar un gobierno a medias con Iglesias, le pese a quien le pese en su partido. Y a Iglesias lo veríamos diciéndoles a los electores: “Votadnos, pero por favor, si no os gustamos, al menos no dejéis de votar al PSOE”. Obviamente, en el mundo en que vivimos, estas cosas no suceden.

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