Pescado a domicilio para 'sortear' la pandemia

Salud Domínguez y Joaquín Bellido gestionan la pescadería Manolet, abierta en Jerez poco antes del confinamiento, y asentada gracias al reparto a domicilio, algo que agradecen sus clientes de mayor edad

Salud Domínguez, de Pescadería Manolet, preparando un pedido.
Salud Domínguez, de Pescadería Manolet, preparando un pedido. MANU GARCÍA

“¡Buenos días manoleters! Este es nuestro pescado del día”. Con la etiqueta #yotelollevo. Con este reclamo, cada mañana, la pescadería Manolet de Jerez informa a sus clientes de las novedades de la jornada. Pez espada, salmón, atún, acedías, boquerones, anchoas, calamares, chocos… Un método adoptado poco antes del inicio del confinamiento, y que mantiene para sus clientes de mayor edad, que agradecen también el plus que les aporta la entrega a domicilio.

“En ese sentido, la pandemia nos vino bien para que nos conocieran antes y para aumentar el número de clientes”, cuenta Salud Domínguez, quien atiende detrás del mostrador. Después de estar “toda la vida” trabajando de turno partido, mañana y tarde, “viendo poco a mi hija", dejó un puesto fijo en una tienda para embarcarse en una aventura empresarial pocos meses antes de la llegada de la pandemia.

Harta de tener tiempo para su niña tan solo a mediodía, y "un rato por la noche", Salud dio el paso de la mano de su pareja, Joaquín Bellido. Él se encarga de ir a la lonja cada mañana y del “papeleo burocrático”, ella despacha pescado y ejerce de “psicóloga” de su clientela. “Hay que saberlos escuchar, hablar con ellos, preguntarles cómo están, si están mal hay que animarlos… Hay mucha gente que quiere hablar simplemente”, dice quien lleva dos décadas trabajando de cara al público.

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Joaquín Bellido y Salud Domínguez, de Pescadería Manolet, detrás del mostrador del negocio. MANU GARCÍA

Salud y Joaquín confiesan una cosa. Cuando empezaron no tenían “ni idea” de llevar una pescadería, aunque la experiencia comercial y empresarial sí la traen de fábrica. Ella como dependienta en diferentes tiendas o supermercados. Él, como autónomo, y administrador de fincas, desde 2012. Por las mañanas lleva la pescadería y por las tardes sigue como administrador. “Arriesgamos porque nos metimos en algo que no controlábamos al 100%, y hay que invertir e insistir”, cuenta Salud. Más de un año después no pueden decir que les vaya mal.

“Nos costó trabajo asentarnos porque esta pescadería estuvo abierta dos veces antes, no ha funcionado, y nos relacionaban con los anteriores dueños. La gente de la zona estaba reacia”, relata Salud Domínguez. Con el paso de las semanas fueron ampliando su cartera de clientes, sobre todo gracias a la entrega a domicilio. Con una furgoneta comprada poco antes del confinamiento, Salud prepara los pedidos y Joaquín los entrega. “A los que viven cerca —la pescadería está en la calle Diego Fernández Herrera— se lo llevamos gratis”, dice ella. “Eso lo agradece mucha gente, sobre todo personas mayores a las que les da miedo bajar”, añade.

Un año y pocos meses después del inicio, Salud puede decir que consiguió su objetivo de conciliar trabajo y vida familiar. “Ahora tengo las tardes libres, los domingos y lunes, y paso más tiempo con niña, disfruto de mi casa, de mi familia, de mis perros… Trabajo igual pero vivo mejor”, resume. “No había estado de pescadera en mi vida, pero soy muy echada para adelante”, dice. “A Mallorca me fui sola a trabajar y me decían que no iba a durar ni un día en el supermercado que estuve. Al año y medio me hicieron jefa de sección”, aporta a modo de ejemplo.

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Salud Domínguez, atendiendo a clientes. MANU GARCÍA

Joaquín Bellido confiesa que es “muy sacrificado”. Él se levanta cada mañana a las 5, va a la lonja de El Puerto, selecciona y compra el pescado que luego Salud venderá en el negocio. A lo largo de la mañana atiende el teléfono como administrador de fincas mientras resuelve papeleos de la pescadería, y por las tardes sigue con su tarea como administrador. “Tengo la oficina montada en casa”, dice. “Esto ha sido un golpe de realidad”, reconoce.

Bellido fue el artífice de conseguir el local donde ahora está el negocio de pescadería, después de insistirle durante un año a los propietarios. Hacía unos meses que estaban planeando dar el salto, pero le dio la sorpresa a Salud cuando cerró el trato. “Llevaba tiempo con eso en la cabeza, pensando en hacer algo para aprovechar el autónomo”, dice, “no tengo problema en meterle mano a cualquier cosa”. Esto fue, según sus palabras, “un piscinazo”, ya que “la única relación que tenía con la pesca es que mi padre fue patrón de pesca”. A él, o mejor dicho a un barco del que “guarda buenos recuerdos”, le debe el nombre la pescadería.

"El servicio a domicilio lo implantamos una semana antes del confinamiento", recuerda Joaquín. Eso y el cuidado de las redes sociales, sobre todo Facebook, pero también WhatsApp, servicio por el que envían las ofertas diariamente, es la clave de su éxito. Salud añade algunas más: "Tener un buen producto, buscar la comodidad del cliente y la amabilidad, eso siempre". "Gracias al pedido a domicilio a mucha gente le gustó el pescado, veían que era práctico", añade. Los clientes lo agradecen. La hija de Salud también está contenta con el cambio.

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