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Javier Aguilar y su empresa, Boasorte, logran el Golden Wedding Awards 2017, el Oscar del mundo de los vídeos de enlaces matrimoniales. Con la agenda "casi completa" para 2018, el jerezano aporta un toque exclusivo y documental a cada trabajo.

Si estás pensando en visualizar ese momento del sí quiero, esa escena del intercambio de arras, esa de las manos entrelazadas brindando con champán tras cortar la tarta o en la apertura del baile con un vals, debes saber que a eso no se dedica Javier Aguilar. Este videógrafo y realizador jerezano no ha logrado convertirse en el segundo mejor de España en lo suyo por hacer lo típico o lo que hace la mayoría. Premiado recientemente con el Golden Wedding Awards 2017 —equivalente a un Oscar en el mundo de los vídeos de boda—, nos atiende antes de recibir en su estudio a una pareja que contraerá matrimonio a mediados del año que viene. Tiene la agenda de 2018 "casi completa" y el boca a boca sobre su trabajo, cada vez más reconocido, es imparable. A principios de este año, Boasorte, su empresa desde hace algo menos de una década, también fue galardonada por el portal bodas.net —el Trip Advisor de las celebraciones nupciales— como la más valorada por sus usuarios. “Nos da pena porque hay muchas parejas que ven el vídeo de sus amigos, les encanta y quieren que les hagamos el suyo, pero ya no tenemos hueco”.

Tras cubrir —en el sentido casi periodístico del término— “Decenas y decenas de bodas en los últimos tres o cuatro años”, Aguilar acaba de aterrizar de varias sesiones en París, Bruselas y Brujas, y se prepara para un verano de "no parar". "No sé de vacaciones, ahora estoy en plena temporada", asegura. Con 34 años recién cumplidos, empezó muy joven en el mundo de la imagen y el sonido. Como tantos otros grandes profesionales de la tierra, se formó en La Granja, donde empezó a matar ese gusanillo que le llevaba a improvisar cuartos oscuros y laboratorios fotográficos en el cuarto de baño de su casa. "Hice el ciclo de realización audiovisual, compré mi primera cámara de fotos y de vídeo, y me di cuenta de que me encantaba el mundo de la comunicación y la imagen". Luego se fue a Sevilla e hizo ciclos formativos de cine, radio, televisión, producción... hasta que empezó a trabajar para la Sexta a nivel nacional, cubriendo la delegación de Sevilla, Sur de Portugal, Ceuta y Melilla.

Sin dejar de trabajar, pues lo mismo ha grabado y editado para la televisión oficial del Xerez CD en Primera que le ha metido mano durante siete ediciones al canal del Festival de Jerez, se afincó de nuevo en Jerez, ya con su propio proyecto y casi volcado por completo al mundo de las bodas. "Cuando eres estudiante, no te imaginas lo que es darte de alta de autónomo, pagar alquiler, luz, gastos, sueldos y seguros sociales de tu equipo... Los comienzos siempre son complicados porque el Estado te obliga a pagar sin saber si ganas dinero o no". Aun así, lo que gana siempre lo reinvierte. "Mi filosofía es la de reinvertir continuamente el poco dinero que se gana, este mundo cambia continuamente y solo así puedes dar el mejor servicio. Ya se graba en 4K, HD... son muchísimos gigas y hay que invertir en material nuevo".

Pero no solo de nuevas tecnologías vive Boasorte. Poco a poco, Javi Aguilar ha logrado crear una identidad en su forma de ver los enlaces matrimoniales, sean civiles, católicos, musulmanes —ha cubierto dos bodas de este tipo, una de ellas en Tánger— o evangélicos. "Ha cambiado el modo de ver las bodas, yo intento tratarlas como un documental, contar más historias antes que el día de la boda de una pareja. Intento ir más allá y teniendo claro siempre que menos es más". Ese trabajo implica muchos meses de conocer a la pareja y de volcarse en cada celebración: la preboda, la boda, la posboda (muchas veces en otros países) y, como colofón, el sacrificado ejercicio de la posproducción. "El trabajo duro llega delante del ordenador, ahí empiezas a componer la historia con todo ese material que hemos grabado, intentando siempre la exclusividad, que sea un documental muy personal, y para eso hacemos entrevistas con los familiares, hablan los propios novios, y todo tiene un toque mucho más particular. Lo que buscamos es cambiar totalmente el vídeo de boda tradicional que conocíamos", explica. 

Al final, todas las emociones, esos recuerdos, pueden caber en un clip de dos minutos, el tiempo máximo que recomiendan los expertos que debe durar un vídeo colgado en las redes sociales. Nadie quiere ya dar la brasa al amigo o familiar con ese eterno vídeo de su boda que aburre a las ovejas. En la era de Facebook e Instagram, donde la inmediatez y lo audiovisual valen su peso en lingotes de oro, la cámara de Aguilar mira con esos ojos, consciente del cambio de tendencia en su sector. Los novios lo saben. "Todo el mundo lleva móviles y el domingo de después de la boda el whatsapp echará humo, pero dar forma al vídeo de boda es más complicado. Muchas bodas de 2018 nos han dicho que somos el primer proveedor para el evento, ni siquiera el cátering. El vídeografo era antes el patito feo de las bodas, era lo último que se contrataba, siempre a rebufo, y ahora, en cambio, tengo bodas a las que ya no van fotógrafos, solo nosotros. Somos su único recuerdo, imagínate la responsabilidad. Eso sí que lo he visto que ha cambiado respecto de cuando hacía bodas hace diez años".

Además de cámara y realizador, podría decirse que este jerezano también tiene experiencia en sociología y economía como observador de uno de esos eventos sociales que, en cierto modo, son "un reflejo de la sociedad". Los protagonistas de las bodas han cambiado mucho en estos años y las bodas siguen celebrándose pese a la crisis. "Nos llegan peticiones de presupuesto casi a diario, el negocio está en auge". Sobre los contrayentes, analiza: "Ahora hay uniones de parejas más formadas, hace unos años pertenecían en la mayoría de los casos al sector de la construcción y ahora son, sobre todo, muchos funcionarios y gente universitaria. Por supuesto, también son más mayores; y ha cambiado mucho el tema de los niños porque antes era muy muy raro, y hoy en día es raro la pareja que no se casa con hijos". 

El boom de las nuevas tecnologías también es un arma de doble filo. El intrusismo y el pirateo son una constante. "Hay quienes, sin base técnica ni conocimiento, y solo porque le han hecho la boda a su cuñado, se meten a esto, aunque, afortunadamente, cada vez hay más sitios donde te piden estar dado de alta y hacen una criba importante", argumenta, y añade: "Sí es verdad que los novios también miran más la calidad que el precio, cuando les ofrecen algo muy barato ya dudan y optan por profesionales del sector. A mí me han llegado a robar vídeos de mi web y han estado rulando en páginas de otra gente en otras zonas de España".  

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