El destino de Natalia González Merlo (Cádiz, 1991) era la moda aunque ella hubiese dado vueltas hasta llegar a su verdadera vocación y profesión. Inconformista a la par que creativa, esta gaditana siempre mostró su arrolladora personalidad, entre otras cosas, en su forma de vestir y de peinarse. “Customizaba toda mi ropa”. La costura le llegó además por su madre que cuando ella tenía ocho años, se puso a estudiar diseño en la Escuela de Arte de Cádiz. “Yo correteaba por los pasillos y la verdad es que estaba metida entre telas”. Lo siguiente fue una máquina de coser como regalo de Reyes y, después, el ingreso en la escuela gaditana donde cursó Estilismo de la Indumentaria. Muy pronto destacó y estando en la escuela, creó su marca y su página de Facebook.

También su logo, una gitana punk cuya cresta es una tira de volantes. “Con las peticiones que nos hacía la gente, hicimos nuestro estudio de mercado”. Habla en plural porque Caramerlito son dos, Natalia y Cristian, su pareja. Cristian, batería de Trashtucada, estudió diseño publicitario, la pata que faltaba para que Caramerlito ampliara mercado. Y es que “la gente seguía pidiendo y yo casi que lo hacía para matar el tiempo hasta que en 2016 nos planteamos de verdad hacerlo los dos”.

Se lanzaron al mundo del emprendimiento y con la ayuda del CADE (Centros de Apoyo al Desarrollo Empresarial) y el apoyo financiero de los bancos que creyeron en su proyecto, Caramerlito se hizo realidad. “La Caixa nos concedió un microcrédito y nos han cedido una nave industrial en el CADE de Vejer”.

Pero antes siquiera de llegar a tener un espacio físico, Natalia y Cristian no perdieron un segundo y se fueron a Cataluña, al centro de la industria textil. “Allí aprendimos mucho y estuvimos en la Cámara de Comercio de Barcelona”. Desde allí traen la materia prima porque trabajan, sobre todo, el punto y en Andalucía no es fácil encontrarlo. “Hacemos una moda sostenible y fabricamos en Andalucía porque queremos dejar la producción aquí aunque no es fácil porque no hay industria”, cuenta Natalia.

Es paradójicamente, “de Madrid para arriba donde más vendemos. Nadie es profeta en su tierra”, dice sin dejar la sonrisa en su rostro porque ella sabe que es solo cuestión de tiempo. Porque si algo le sobra a esta joven diseñadora gaditana es personalidad y seguridad. Y esas son las cualidades que quiere transmitir con su ropa.

“No me gusta ponerle etiquetas a mi ropa…que si punk, hippy, alternativo. Lo que está claro es que lo que hace Caramerlito no lo vas encontrar en ningún sitio”. En especial, porque la firma le pone a todos sus diseños un toque andaluz. “Pero más que un estilo, lo nuestro es un sentimiento, el de la de gente de esta tierra a la que se le junta el día con la noche cantando en La Caleta, en La Casería o en Caños de Meca. Ser flamencos es mucho más que llevar lunares”.

Su proceso creativo es algo anárquico porque la inspiración le puede venir en cualquier día y desde cualquier parte. La calle es un gran caldo de cultivo así que para que no se le escape nada, Natalia va cargada siempre con su Tablet y su lápiz. Como amante de la moda, tiene grandes referentes como Yves Saint Laurent o Balmain, a los que considera auténticos artistas. Y ella amolda sus diseños a la alternativa del momento, pero eso sí: con muchos volantes, de día y de noche.

Lo más inmediato es ampliar tallas porque “todo el mundo tiene derecho a vestirse como quiera” y en un futuro prevén hacer colecciones de chicos. A pesar de no tener tienda física, las ventas van bien por internet, donde la empresa ofrece una atención personalizada y hasta un metro caramerlito, que ofrece, a través de colores, el tallaje perfecto para la ropa de la marca. También tienen servicio postventa y en determinados casos, devolución.

Sus precios no son los del mercado pero no se alejan de ellos. A diferencia de la moda low cost, en Caramerlito prima la calidad. Cada modelo está hecho a mano después de horas de diseño, patronaje, máquinas y mano de obra. Es más, “el precio no ha supuesto ninguna barrera porque nuestros clientes saben que lo que están comprando tiene una calidad y un modo de elaboración respetuoso con los derechos laborales de las personas y no como fruto de la explotación laboral”.

La actitud de Natalia en la moda implica una prolongación de la de su vida. “No nos gusta la sociedad actual y nuestra moda es una forma de luchar contra lo que no está bien”. Por eso, la moda de Caramerlito tiene unos valores personificados en esa mujer con cresta de volantes que ha tomado vida, lanzando mensajes como “Mi vida, mi cuerpo, mis normas” o “Ni buena, ni mala, simplemente yo”. Con su ropa, Natalia busca que “toda mujer esté segura de sí misma, que nadie la infravalore y que pase del resto del mundo” y aunque resulte contradictorio, “mi sueño es que mi ropa esté en un centro comercial para que sea accesible a todas las mujeres”.

Sobre el autor:

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Vanessa Perondi

Periodista.

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