Patricia Carles y Ahmed Khaldi son los dueños del único almacén de comida obtenida y procesada como determina El Corán. En su tienda, este matrimonio oferta productos saludables y ecológicos de diferentes puntos del mundo, como Oriente Medio, África, Sudamérica y Asia.

En mitad de la calle Guarnidos, un mini mercado llamado Bismillah se desmarca del resto con una sola palabra que certifica su sello de garantía: halal. Según la dueña del comercio, Patricia Carles, "halal significa saludable, pero también es una filosofía de vida". Pero, ¿qué son los productos halal? Patricia continúa: "Por ejemplo, la carne se denomina halal porque, en la religión islámica, matar al animal mirando hacia la Meca y diciendo bismillah mientras se desangra es como dice El Corán que hay que hacerlo. Pero lo dice por diversos motivos". En el libro sagrado del islam, halal es la manera "autorizada, recomendable o ética" de comer. ¿Por qué? "Primero porque al salir la sangre del animal, sacas las posibles enfermedades que este pueda tener. Pero además, el Instituto Halal estudia cómo se ha criado el animal, es decir, cómo se alimenta en el campo, si lo hormonan o no... si los alimentos procesados llevan conservantes o no, sustancias cancerígenas...", explica la propietaria del primer mercado halal de Jerez. 

Actualmente, hay 300 empresas españolas certificadas halal que trabajan la cosmética, charcutería, comida enlatada, carnes, yogures, lácteos... "Para que lleve el certificado halal tiene que pasar unos controles muy rigurosos. De ahí que sea una manera más saludable de comer, porque la empresa está más investigada y controlada", expone Patricia. Ella, que se ha llevado 24 largos años trabajando en la emblemática zapatería Los Patitos, decidió cumplir su sueño de abrir un mercado especializado en productos halal hace menos de un año. "Esta era mi idea de siempre. Y cuando cerró Los Patitos me decidí. Yo tenía muchas ideas, pero esto sí se podía plasmar poquito a poco".

De familia gitana y francesa, Patricia Carles Gassin nació con un sentimiento multicultural que le despertó una inquietud por el mundo árabe. Cuando su marido, Ahmed Khaldi, fundó la asociación Al Adl Pro Inmigrantes en 1989, Patricia empezó a tener contacto con la comunidad de mujeres musulmanas de Jerez. Y entre ellas surgían largas conversaciones en las que siempre debatían un problema común que afectaba a todas: la carencia de una tienda halal en la ciudad jerezana. De esa necesidad que latía en una comunidad que integran más de 3.000 personas —unida al sueño de Patricia— nació Bismillah, en diciembre de 2016.

"Halal significa saludable, pero también es una filosofía de vida"

Si bien el 70% de los productos de esta tienda tienen el envase en árabe, la gran mayoría están fabricados en España. "Son empresas de Jaén, Pamplona, Palencia, Toledo... Y luego ya, lo que tengo fuera de España, son alimentos típicos de otros países como el té o el cuscús, que vienen de China o Marruecos", detalla Patricia. Por ejemplo, hay una empresa de Burgos que produce sopa de sobre halal y que la distribuye en Dubai, Emiratos Árabes, Arabia Saudí... O por qué no, polvorones halal fabricados en Estepa que están hechos de aceite de oliva en vez de manteca de cerdo, una alternativa más sana y apta para aquellas personas que tienen el colesterol alto. "Estas Navidades lo vendí todo, no me quedó nada", incide al rato en que expone otro curioso caso. Se trata de un veterinario tunecino, que reside en Jabugo, que ha innovado en el mundo de la gastronomía al cocinar una pata de cordero hecha de jamón curado artesanal. "Y está teniendo un éxito... Salen cientos y cientos de patas hacia Arabia Saudí".

Otro producto exclusivo de Bismillah es Halawa, un turrón típico del Líbano hecho de sésamo y pistacho que, según cuenta Patricia, ayuda a fortalecer los huesos y mejorar la concentración. También ofertan dátiles de Irán, Túnez, Argelia y Arabia Saudí o Laban, o un yogur árabe típico de Oriente Medio al que al parecer los españoles se han vuelto adictos. "Esto es una fermentación de la leche que lleva unos bífidus que te reconstruyen la flora intestinal. Es bueno tomarlo cuando estás malo o incluso si te hartas de comer te tomas un vasito de esto y... es mágico. Hay mucha gente española que lo prueba y se llevan hasta tres litros".

Pero lo más interesante sin duda es que el Laban que ellos comercializan lo produce una empresa familiar de Palencia que solo vive gracias a la importación de este producto halal. También venden menaje, cosmética... como por ejemplo aceite de serpiente para evitar la caída del cabello, jabón de Alepo (Siria), que está hecho en el Mar Muerto o el pintalabios mágico, una barra de color permanente hecha de aceite de Argán y henna, que dependiendo de tu temperatura corporal, se pinta de un color u otro.Bismillah es una crisálida cultural donde pueden llegar a vender yogures Pascual o refrescos famosos del África negra como son las bebidas Vimto (de granada) y Poms (de manzana). Pero, sobre todo, Patricia disfruta del enriquecimiento cultural que le brinda su negocio halal. Comparte que por su pequeño comercio han podido pasar ya más de 30 nacionalidades distintas. Gente de Israel, Dubai, Bolivia, Australia, Túnez, Albania, Francia, Emiratos Árabes, Siria, Irak, Marruecos, Colombia, Irlanda, Italia, Senegal, Costa de Marfil, Argentina... Y en parte, su marido tiene algo de culpa. Ahmed Khaldi es natural de Casablanca (Marruecos) y llegó a España con intención de visitarla y marcharse a Francia para llegar a Australia, país que jamás ha conocido porque finalmente no quiso salir de Andalucía.

Khaldi inició su recorrido como turista, pero cuando se quedó sin dinero empezó a trabajar en los campos de Almería recogiendo tomate, habichuelas..., lo que hubiera. De allí pasó por el olivo jienense y más tarde acabó en Jerez, donde comenzó a dar clases de español a inmigrantes de todas las nacionalidades como voluntario en Ceain. Fue justo ahí cuando conoció a quien hoy es su esposa, Patricia Carles. Ambos han llevado una vida solidaria y altruista, entre voluntariados y misiones humanitarias. Y para los dos la vía halal es una forma de vida porque, como dijo aquel filósofo alemán: "Somos lo que comemos".

En la actualidad Ahmed trabaja en Accem y Patricia regenta el mini mercado. Según este matrimonio, halal "significa que todo es legal y saludable; y que no se puede jugar con las personas ni con los alimentos", de ahí que los precios de su tienda sean asequibles hasta para una carne exclusiva que no lleva gluten. "Como norma, uno no puede abusar de los precios para hacerse rico. Un musulmán, que tenga un negocio, y más siendo un negocio halal, no puede hacerse rico a costa de inflar el precio, sino trabajar para pagar lo necesario", concluye Patricia. 

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