El Gusto es Suyo

El Misisipi y el Guadalquivir confluyen en Vejer al ritmo de la buena música y vinos irrepetibles

La Vinográfica de Vejer organizó dos jornadas de catas con música dentro de las actividades de la International Sherry Week, en las que Mario Ojeda, La Chocolata y Tito Alcedo

  • Mario observa la actuación de La Chocolata y Tito Alcedo. -

El reloj corría apresurado hacia las diez de la noche. Mario Ojeda, apoyado en la jamba de la puerta de La Vinográfica de Vejer, respiraba relajado con una copa de palo cortado en su mano. Su mirada se centraba en la música que emanaba de la guitarra de Tito Alcedo y la hipnotizante voz de Carmela Páez, La Chocolata. Su ánimo era muy distinto apenas dos horas antes. Una quincena de personas aguardaba en la sala de catas del local de la calle Nuestra Señora de la Oliva mientras Mario confesaba su nerviosismo en el inicio de la ‘Musicología aplicada a la viña’, un evento encuadrado en la International Sherry Week y el ciclo Vinos de Poniente con el protagonismo del vino y de la música, de la albariza y las notas, del Misisipi y el Guadalquivir.

A la tercera copa el nerviosismo de Mario desapareció. Hasta llegar allí, y ayudado por los mapas que tanto le gustan, recordó el pasado de Andalucía y su división en dos zonas marcadas por las sierras orientales y el valle del Guadalquivir, el río grande de los árabes. Una separación no sólo geográfica. El flamenco y sus palos varían entre una y otra, y en el suelo, la disparidad también es evidente, con la riqueza y la salinidad que aporta la albariza en la depresión del Guadalquivir.

  • Los vinos catados, a los que falta añador el Amontillado de Tradición.
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Recordó Mario los versos de Jorge Manrique: «Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir». Una desembocadura vital con muchas similitudes entre la del Guadalquivir y la del Misisipi al sur de Nueva Orleans. Vendimia, cosecha de algodón, flamenco, jazz, blues, «dicen que el que canta su mal espanta, que decía El Último de la Fila». Siempre «con complejidad, con ritmos ternarios. Ahí es donde están las cosas valiosas, y el vino del Marco de Jerez tiene mucha».

'Musicología aplicada a la viña'

«La albariza es la partitura donde escribir las notas que producen grandes vinos», proclamaba Mario, músico de formación. De ahí nacen esos ritmos ternarios que hacen que nuestra tierra, Andalucía, pertenezca más al norte de África que a Europa. Con 'Musicología aplicada a la viña' se degustaron siete vinos del Marco de Jerez armonizados con música. Cada uno constituye una pieza, y cada elemento una parte del lenguaje musical.

  • Mario Ojeda, en su exposición en La Vinográfica.
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Un recorrido articulado en varios tramos que comenzó con el Trasbolsas de pasto rosado y ‘La Dama de la Isla’ en lo musical. Continuaba con la sal, personificada en la manzanilla Aurora y el recuerdo a las cantiñas de Sanlúcar de las hermanas Mirris, música que entonaban en su camino hasta la prisión de El Puerto de Santa María para visitar a sus familiares. Mario encontraba más similitudes entre el Guadalquivir y el Misisipi, donde los esclavos negros y sus cantos fueron precursores del blues, un estilo ahora universal. ‘La llorona’, una canción popular de Oaxaca (México) en la voz y la guitarra del dúo musical.

El sol expresa la maduración y la complejidad, y el ejemplo se sirvió a los asistentes en un Cream de Gutiérrez Colosía, mezcla de oloroso y Pedro Ximénez. «El sol es fundamental en los vinos y la actitud, pero también es adversidad, y de ahí salen cosas buenas, aunque en Montilla se le conoce a la PX como la uva infeliz». Tito y La Chocolate interpretaron ‘Las caras lindas’, de T. Curet.

  • Un momento de la actuación musical.
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Los vientos, como aire, se sentirán con un fino en rama, sin filtrar y tal como sale de la bota, que trae consigo el soplo del poniente. ¡Qué mejor ejemplo que el Camborio de Juan Piñero y el ‘Para llevarte a vivir’ de Ruibal!

Las levaduras, como notas, se visibilizaron en la doble crianza del amontillado Tradición y el ‘Padam padam’ de N. Glanzberg y H. Contet. La mano, como interpretación y dirección del capataz entre criaderas y soleras, llegó con el oloroso de Lorente & Barba y ‘Las simples cosas’ de A.Tejada y C. Isella.

Por último, el amor, fuente de inspiración, que puso la guinda a la noche con el palo cortado Antique de Fernando de Castilla y el ‘Cómo fue’ de E. Duarte.

¡Cuánto se agradecen catas sin notas a hierba recién cortada en un campo de las Highlands, o a cáscara de plátano tropical madurado! El vino es mucho más que un catálogo de aromas y sabores. Es emoción, memoria y vida. Una forma de contar la historia de esta tierra para recordarnos quiénes somos y de dónde venimos. Al igual que la música y su capacidad de mantener vivas nuestras ráices. Gracias a Mario, La Chocolata y Tito Alcedo por enseñarnos a valorar las tradiciones de esta tierra a la que tanto amamos con notas musicales escritas en la blanca y salina partitura de la albariza.

El reloj corría apresurado hacia las diez de la noche. Mario Ojeda, apoyado en la jamba de la puerta de La Vinográfica de Vejer, respiraba relajado con una copa de palo cortado en su mano. Su mirada se centraba en la música que emanaba de la guitarra de Tito Alcedo y la hipnotizante voz de Carmela Páez, La Chocolata. Su ánimo era muy distinto apenas dos horas antes. Una quincena de personas aguardaba en la sala de catas del local de la calle Nuestra Señora de la Oliva mientras Mario confesaba su nerviosismo en el inicio de la ‘Musicología aplicada a la viña’, un evento encuadrado en la International Sherry Week y el ciclo Vinos de Poniente con el protagonismo del vino y de la música, de la albariza y las notas, del Misisipi y el Guadalquivir.

A la tercera copa el nerviosismo de Mario desapareció. Hasta llegar allí, y ayudado por los mapas que tanto le gustan, recordó el pasado de Andalucía y su división en dos zonas marcadas por las sierras orientales y el valle del Guadalquivir, el río grande de los árabes. Una separación no sólo geográfica. El flamenco y sus palos varían entre una y otra, y en el suelo, la disparidad también es evidente, con la riqueza y la salinidad que aporta la albariza en la depresión del Guadalquivir.

  • Los vinos catados, a los que falta añador el Amontillado de Tradición.
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Recordó Mario los versos de Jorge Manrique: «Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir». Una desembocadura vital con muchas similitudes entre la del Guadalquivir y la del Misisipi al sur de Nueva Orleans. Vendimia, cosecha de algodón, flamenco, jazz, blues, «dicen que el que canta su mal espanta, que decía El Último de la Fila». Siempre «con complejidad, con ritmos ternarios. Ahí es donde están las cosas valiosas, y el vino del Marco de Jerez tiene mucha».

'Musicología aplicada a la viña'

«La albariza es la partitura donde escribir las notas que producen grandes vinos», proclamaba Mario, músico de formación. De ahí nacen esos ritmos ternarios que hacen que nuestra tierra, Andalucía, pertenezca más al norte de África que a Europa. Con 'Musicología aplicada a la viña' se degustaron siete vinos del Marco de Jerez armonizados con música. Cada uno constituye una pieza, y cada elemento una parte del lenguaje musical.

  • Mario Ojeda, en su exposición en La Vinográfica.
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Un recorrido articulado en varios tramos que comenzó con el Trasbolsas de pasto rosado y ‘La Dama de la Isla’ en lo musical. Continuaba con la sal, personificada en la manzanilla Aurora y el recuerdo a las cantiñas de Sanlúcar de las hermanas Mirris, música que entonaban en su camino hasta la prisión de El Puerto de Santa María para visitar a sus familiares. Mario encontraba más similitudes entre el Guadalquivir y el Misisipi, donde los esclavos negros y sus cantos fueron precursores del blues, un estilo ahora universal. ‘La llorona’, una canción popular de Oaxaca (México) en la voz y la guitarra del dúo musical.

El sol expresa la maduración y la complejidad, y el ejemplo se sirvió a los asistentes en un Cream de Gutiérrez Colosía, mezcla de oloroso y Pedro Ximénez. «El sol es fundamental en los vinos y la actitud, pero también es adversidad, y de ahí salen cosas buenas, aunque en Montilla se le conoce a la PX como la uva infeliz». Tito y La Chocolate interpretaron ‘Las caras lindas’, de T. Curet.

  • Un momento de la actuación musical.
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Los vientos, como aire, se sentirán con un fino en rama, sin filtrar y tal como sale de la bota, que trae consigo el soplo del poniente. ¡Qué mejor ejemplo que el Camborio de Juan Piñero y el ‘Para llevarte a vivir’ de Ruibal!

Las levaduras, como notas, se visibilizaron en la doble crianza del amontillado Tradición y el ‘Padam padam’ de N. Glanzberg y H. Contet. La mano, como interpretación y dirección del capataz entre criaderas y soleras, llegó con el oloroso de Lorente & Barba y ‘Las simples cosas’ de A.Tejada y C. Isella.

Por último, el amor, fuente de inspiración, que puso la guinda a la noche con el palo cortado Antique de Fernando de Castilla y el ‘Cómo fue’ de E. Duarte.

¡Cuánto se agradecen catas sin notas a hierba recién cortada en un campo de las Highlands, o a cáscara de plátano tropical madurado! El vino es mucho más que un catálogo de aromas y sabores. Es emoción, memoria y vida. Una forma de contar la historia de esta tierra para recordarnos quiénes somos y de dónde venimos. Al igual que la música y su capacidad de mantener vivas nuestras ráices. Gracias a Mario, La Chocolata y Tito Alcedo por enseñarnos a valorar las tradiciones de esta tierra a la que tanto amamos con notas musicales escritas en la blanca y salina partitura de la albariza.

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