La Giralda tiene rampas por una razón muy concreta: no fue concebida como campanario, sino como alminar islámico, y su diseño respondía a una necesidad funcional muy distinta a la actual.
Un diseño pensado para subir a caballo
La torre cuenta con 35 rampas interiores porque los arquitectos almohades la proyectaron para que el almuédano pudiera subir a caballo hasta la cima y realizar desde allí la llamada a la oración. Por eso, en lugar de escaleras, se diseñaron rampas amplias y de pendiente suave, algo único frente a otras torres de su época.
Una excepción al final del recorrido
Aunque casi toda la subida se hace por rampas, hay un detalle singular: en el tramo final aparecen 17 escalones, necesarios para salvar el desnivel hasta el cuerpo de campanas, ya añadido en época cristiana tras la conversión del edificio en la Catedral de Sevilla.
Se convirtió en símbolo
Hoy, este sistema no solo sigue siendo práctico para los visitantes, sino que convierte a la Giralda en un prodigio de ingeniería histórica, donde funcionalidad y estética van de la mano.
Desde lo alto, el mirador ofrece una de las vistas más completas de Sevilla, con su casco histórico, el entorno del Guadalquivir


