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Juan, camarero de la confitería La Campana de Sevilla, se jubila tras toda una vida: allí conoció a su mujer y ahora trabaja su hijo

El trabajador llegó a la histórica confitería con solo 23 años y le dijeron que, si se portaba bien, acabaría jubilándose en el negocio, como así ha ocurrido

  • Juan, camarero de La Campana, se jubila.

Juan, uno de los camareros más veteranos de la Confitería La Campana de Sevilla, acaba de jubilarse después de dedicar prácticamente toda su vida laboral a uno de los establecimientos más conocidos del centro de la capital hispalense.

Su historia comenzó cuando tenía apenas 23 años. Entonces realizaba servicios de catering para La Campana y, cuando surgió una vacante, pasó a formar parte de la plantilla del histórico negocio.

"Pues nada, que hoy me jubilo, toda una vida aquí. Pues entré con 23 años, 23 años que hacía yo catering con La Campana y que de un hueco me metieron aquí y me llegaron a decir que si me portaba bien me jubilaba", recuerda en un vídeo compartido por la propia confitería en sus redes sociales.

Una vida detrás del mostrador de La Campana

Fundada en 1885 por el maestro pastelero Antonio Hernández Merino, La Campana es uno de los establecimientos históricos de Sevilla. Sus dulces artesanales y su ubicación en pleno centro la han convertido en un lugar habitual para generaciones de sevillanos y visitantes.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Durante décadas, Juan ha sido uno de los rostros que han atendido a quienes se acercaban a su mostrador. Ahora reconoce que abandonar esa rutina le produce sentimientos encontrados.

"Deja uno muchas cositas atrás. Y toda una vida aquí metido. Con mucho orgullo, además", asegura. En su recuerdo tienen un papel especial los compañeros y responsables del establecimiento, con quienes ha compartido buena parte de su trayectoria.

"Primero los compañeros, unos compañeros buenísimos. Como una familia, incluso con los jefes. Y la verdad que ha sido ejemplar", cuenta. No oculta que también ha habido momentos difíciles. "Mucho trabajo, muchos sofocones. Pero después te quedas con las cosas bonitas, que hay muchas, muchas".

En La Campana también conoció a su mujer

El vínculo de Juan con la confitería va mucho más allá de lo profesional. Allí conoció a la mujer con la que comparte su vida desde 1994. Entre conversaciones con clientes, largas jornadas laborales y encuentros cotidianos, también surgieron historias personales que recuerda ahora con especial cariño.

"O sea, hay muchas relaciones. Esto se podría convertir en una agencia de matrimonio a la misma vez. Aquí conocí yo a mi señora, que ya llevo con ella pues desde el 94 viviendo", relata. De esa relación nació una familia. La pareja tiene un hijo de 26 años y Juan ya es abuelo de una niña.

Y hay una coincidencia que hace todavía más especial su despedida: su hijo también trabaja en La Campana. "Mi chico está en el obrador y va para arriba, para arriba. Ya lleva por lo menos cuatro o cinco años. Está muy contento también", explica. La historia familiar de Juan continúa dentro de la misma confitería en la que él comenzó siendo un joven trabajador.

 

Juan, uno de los camareros más veteranos de la Confitería La Campana de Sevilla, acaba de jubilarse después de dedicar prácticamente toda su vida laboral a uno de los establecimientos más conocidos del centro de la capital hispalense.

Su historia comenzó cuando tenía apenas 23 años. Entonces realizaba servicios de catering para La Campana y, cuando surgió una vacante, pasó a formar parte de la plantilla del histórico negocio.

"Pues nada, que hoy me jubilo, toda una vida aquí. Pues entré con 23 años, 23 años que hacía yo catering con La Campana y que de un hueco me metieron aquí y me llegaron a decir que si me portaba bien me jubilaba", recuerda en un vídeo compartido por la propia confitería en sus redes sociales.

Una vida detrás del mostrador de La Campana

Fundada en 1885 por el maestro pastelero Antonio Hernández Merino, La Campana es uno de los establecimientos históricos de Sevilla. Sus dulces artesanales y su ubicación en pleno centro la han convertido en un lugar habitual para generaciones de sevillanos y visitantes.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Durante décadas, Juan ha sido uno de los rostros que han atendido a quienes se acercaban a su mostrador. Ahora reconoce que abandonar esa rutina le produce sentimientos encontrados.

"Deja uno muchas cositas atrás. Y toda una vida aquí metido. Con mucho orgullo, además", asegura. En su recuerdo tienen un papel especial los compañeros y responsables del establecimiento, con quienes ha compartido buena parte de su trayectoria.

"Primero los compañeros, unos compañeros buenísimos. Como una familia, incluso con los jefes. Y la verdad que ha sido ejemplar", cuenta. No oculta que también ha habido momentos difíciles. "Mucho trabajo, muchos sofocones. Pero después te quedas con las cosas bonitas, que hay muchas, muchas".

En La Campana también conoció a su mujer

El vínculo de Juan con la confitería va mucho más allá de lo profesional. Allí conoció a la mujer con la que comparte su vida desde 1994. Entre conversaciones con clientes, largas jornadas laborales y encuentros cotidianos, también surgieron historias personales que recuerda ahora con especial cariño.

"O sea, hay muchas relaciones. Esto se podría convertir en una agencia de matrimonio a la misma vez. Aquí conocí yo a mi señora, que ya llevo con ella pues desde el 94 viviendo", relata. De esa relación nació una familia. La pareja tiene un hijo de 26 años y Juan ya es abuelo de una niña.

Y hay una coincidencia que hace todavía más especial su despedida: su hijo también trabaja en La Campana. "Mi chico está en el obrador y va para arriba, para arriba. Ya lleva por lo menos cuatro o cinco años. Está muy contento también", explica. La historia familiar de Juan continúa dentro de la misma confitería en la que él comenzó siendo un joven trabajador.

 
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