El nombre de José Carlos Gutiérrez se ha situado en los últimos meses en el primer plano del panorama cofradiero andaluz. El cofrade y vestidor jerezano ha vivido un punto de inflexión con su designación como vestidor de la Esperanza Macarena, una noticia que sorprendió especialmente en su tierra y que ha supuesto el reconocimiento a una trayectoria silenciosa, constante y profundamente ligada a este arte.
Un nombramiento que, sin estridencias por su parte, eleva su buen hacer en el arte de vestir a las dolorosas, un ámbito en el que acumula décadas de experiencia. Porque su recorrido no es reciente ni fruto de la casualidad.
Más de 40 años dedicados al arte de vestir imágenes
A sus 51 años, José Carlos lleva más de cuatro décadas vinculado a este mundo. Comenzó con apenas 16 años, ayudando a su tío, el recordado Carlos Otero, quien fue su maestro. “Me cogía un brazo y me ponía por encima de la peana y le daba los alfileres. Fue el que me enseñó. Poco a poco empezó a dejarme poner el manto y cuando me di cuenta estaba empecé con el tocado y todo lo demás”, recuerda.

En una conversación con lavozdelsur.es, reconoce que el nombramiento como vestidor de la Macarena le cambió “sentimentalmente”. “Soy devoto y hermano de la cofradía, pero vestirla para mí es uno de los máximos, uno de los grandes regalos que puede tener un vestidor”, afirma.
Humildad y respeto
Quienes le conocen destacan su humildad y su rechazo a los focos mediáticos. No le gusta hablar de sí mismo ni vanagloriarse de su trabajo, aunque en Jerez su labor goza de un amplio reconocimiento. “Intento que todo siga igual, que soy el mismo. Sí es verdad que en Andalucía sobre todo y en nuestra ciudad, sí tiene mucha consideración este reto que asumo”, explica.
Su estreno con la Macarena fue especialmente exigente. Pasó toda la noche vistiéndola —“se tira el reloj”— para un besamanos marcado por el reciente y convulso proceso de restauración de la imagen. “Es verdad que en la Macarena siempre han estado los mejores. Estoy muy contento y feliz. Para mí lo importante es que el devoto y el hermano esté contento, es lo principal”.
Responsabilidad y compromiso
Además de vestidor, José Carlos es escultor y músico, talentos que él mismo minimiza: “no son nada”. Se define como un entusiasta del arte, algo que considera imprescindible en su vida. “Me sale de dentro, necesito el arte para vivir”, confiesa.
Es también mayordomo de la Hermandad del Transporte, cargo que ejerce con rigor y respeto a la idiosincrasia de cada corporación. Defiende que vestir una imagen no tiene misterio, más allá del talento, la medida y el sentido común, y subraya la enorme responsabilidad que conlleva: “tienes que contar con la opinión de la hermandad, de lo que ella quiere”.
Pese al reto que supone la Macarena, no ha dejado ninguno de sus compromisos. “Sigo igual con mis compromisos adquiridos. Es verdad que me dan facilidades. Hay buena voluntad, todo el mundo lo entiende”, insiste. Un mensaje coherente con una trayectoria marcada por la discreción, el respeto y una profunda vocación cofrade.


