Guasinei reivindica desde Triana el comercio de barrio con sus camisetas 'retro': "Cuando desaparece un negocio, la ciudad pierde su alma"
La marca 100% andaluza de Javier Ros confecciona en Sevilla serigrafía artesanal y ha convertido a Curro, los azulejos o la Cava en parte de su identidad
Javier Ros acaba de inaugurar su tienda física en pleno barrio de Triana para seguir creciendo con su marca Guasinei. -
Hay unas sillas de enea a las puertas de la nueva Guasi-Tienda que explican bastante bien lo que Javier Ros quiere hacer allí. Desde hoy, Guasinei tiene una nueva casa en el número 10 de la avenida de Santa Cecilia, en Sevilla. Podrían haber colocado cualquier otro asiento. Pero son esas sillas, tan reconocibles en la memoria doméstica andaluza, las que esperan fuera. Y ocurre algo todavía más interesante: los vecinos se sientan. Y hablan.
La escena tiene algo de involuntario manifiesto comercial. Durante décadas, sacar una silla a la puerta fue una de esas costumbres demasiado cotidianas como para considerarlas patrimonio. Uno se sentaba, aparecía otro, después otro y la conversación hacía el resto. La calle era también un lugar donde quedarse. Ahora una marca nacida en plena era de Instagram y el comercio electrónico recupera esa imagen a las puertas de una tienda que abre precisamente cuando buena parte del pequeño comercio libra una batalla desigual por seguir formando parte del paisaje urbano.
La Guasi-Tienda quiere ser algo más que el lugar físico donde comprar una camiseta. Y ahí es donde la inauguración de este local conecta con una pregunta bastante más grande: ¿está volviendo el comercio de proximidad o simplemente hemos comenzado a echarlo de menos después de perder buena parte de él?
Guasinei ofrece una respuesta peculiar porque pertenece al presente, pero trabaja con algunas lógicas que parecían antiguas. La firma creada por Javier Ros reivindica la moda ética y sostenible, la producción de proximidad y los oficios, cuenta con taller propio de costura y procura que la mayor parte de sus productos se hagan en Andalucía y especialmente en Sevilla. Sobre sus prendas aparece, además, una ciudad reconocible: los azulejos, Triana, la Cava, Andalucía y un pájaro de pico multicolor que varias generaciones no necesitan que les presenten.
Curro fue, de hecho, el principio
Ros nació en 1992 y, para celebrar su 25 cumpleaños, decidió hacerse una camiseta con la mascota de la Expo. Gustó tanto que produjo quince unidades. Aquello que había comenzado casi como una broma entre amigos acabó poniendo los primeros ladrillos de Guasinei. Años después, Curro sigue apareciendo entre sus diseños y Ros ha pasado de estampar un símbolo de la Sevilla de 1992 a preguntarse qué puede hacerse para que la Sevilla de 2026 no termine teniendo las mismas tiendas que cualquier otra ciudad. Porque detrás de las camisetas hay una conversación bastante más seria.
Las sillas de enea dan la bienvenida en Triana a la Guasi-Tienda, el lugar físico de Guasinei y su ropa ética 100% andaluza.
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FERNANDO VÁZQUEZ
"El resumen sería moda ética y sostenible, hecha en Andalucía", comienza Ros. "No solamente hacemos ropa y moda. Vamos más allá e intentamos crear productos en los que la mayor participación sea de aquí, que la producción sea en Andalucía y especialmente en Sevilla".
Volver a fabricar aquí
"El resumen sería moda ética y sostenible, hecha en Andalucía", explica Ros. Pero inmediatamente amplía la definición. "No solamente hacemos ropa y moda. Vamos más allá e intentamos crear productos en los que la mayor participación sea de aquí, que la producción sea en Andalucía y especialmente en Sevilla". La cuestión de fondo no es tanto dónde colocar una etiqueta como recuperar una cadena productiva. Diseñar en Sevilla, coser en Sevilla, serigrafiar en Sevilla. Acortar las distancias que durante las últimas décadas se han ido alargando hasta hacer perfectamente normal comprar una camiseta sin tener la menor idea de quién la fabricó ni en qué condiciones. "Hay mucho curro, pero también una conciencia y una intención clara de volver a producir y recuperar parte de la industria que hemos tenido", señala.
Uno de los modelos más vendidos, con el mapa de Andalucía con estilos de azulejería árabe.
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FERNANDO VÁZQUEZ
La web de Guasinei permite comprobar hasta dónde llega esa filosofía. La firma comercializa prendas confeccionadas en Sevilla y serigrafiadas a mano en su taller de Triana; en su colección dedicada a la Cava explica incluso que trasladó parte de la costura a las 3.000 viviendas como una forma de reconstruir vínculos productivos entre ambos barrios. Y entonces aparecen los botones.
Comprar botones también mantiene vivo un barrio
Puede parecer poca cosa. Una mercería, una tienda diminuta, un taller al que se entra para solucionar un problema que probablemente no supere los cinco euros. Pero Ros sitúa precisamente ahí una parte del carácter de la ciudad. "Los comercios locales son el alma y el motor de una ciudad", sostiene. "Es donde surge la vida. Donde surge la guasa, nuestra broma, la gracia del día a día". Comprar unos botones en una tienda del barrio adquiere así una dimensión que Amazon difícilmente puede enviar al día siguiente. No es únicamente la transacción. Está la conversación, quien conoce al vecino, quien sabe arreglar aquello que parecía destinado a la basura o quien aprendió un oficio de su padre y después se lo enseñó a su hijo.
Javier Ros, en la puerta de su tienda.
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FERNANDO VÁZQUEZ
"Si van desapareciendo en masa, el barrio pierde toda su identidad. Y los trabajadores que ya no están ahí tampoco viven en el barrio. Al final va perdiendo su alma". También el turismo entra en la ecuación. Ros recuerda que quien visita Sevilla llega atraído por los monumentos, el clima o la gastronomía, pero termina participando de una ciudad que todavía sucede fuera de sus principales reclamos turísticos. La contradicción es evidente: una ciudad puede conservar perfectamente sus monumentos y perder, mientras tanto, parte de aquello que sucede entre ellos.
Ir a Tokio para encontrarse las mismas tiendas de Madrid
Ros sitúa a miles de kilómetros de Sevilla uno de los momentos en los que comprendió las consecuencias de la uniformidad comercial. Fue en Japón, hace aproximadamente una década. Caminaba por una de las principales avenidas de Tokio cuando empezó a reconocer escaparates. No porque hubiera estado antes allí, sino porque ya los había visto mucho más cerca. "Me había cruzado medio mundo para ver exactamente lo mismo". Las mismas grandes marcas. Los mismos logotipos. Una avenida comercial que podría estar en Tokio, Madrid o prácticamente cualquier gran capital. "Las franquicias y las grandes cadenas favorecen una globalización de todo el mercado. Se pierden los colores, se pierden los matices y se vuelve todo una capa gris y homogénea".
La cuestión adquiere otra dimensión cuando desaparece un establecimiento que lleva décadas abierto. "Sevilla pierde identidad, tradición, historia, cultura", enumera. Y especialmente conocimiento. Porque detrás de determinados comercios existen técnicas transmitidas durante generaciones que pueden extinguirse con una última persiana. "Hay trabajos que se han pasado de padres a hijos. Al final lo que se va perdiendo es cultura. Cultura colectiva".
Además de camisetas, Javier Ros vende banderolas reivindicativas ante la gentrificación de Sevilla.
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FERNANDO VÁZQUEZ
Ros encuentra incluso una oportunidad en aquello que parece condenado a desaparecer. Cuando cada vez menos personas conocen un oficio, quien lo conserva posee algo extraordinariamente difícil de replicar. "Puedes tener conocimientos de técnicas que el resto del mundo haya perdido. Cuando todo esté hecho por ordenador, eso tendrá mucho más valor porque será único". Y recurre a una comparación inevitablemente sevillana: "¿Cómo se mantiene el Betis? ¿Cómo se mantiene el Sevilla? ¿Cómo se mantiene una hermandad de hace 400 años? Pues con los negocios pasa un poco lo mismo".
Pequeños Curros, en la tienda Guasinei.
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FERNANDO VÁZQUEZ
El voto que sale de la cartera
Hasta aquí sería sencillo repartir los papeles. Las multinacionales amenazan y el pequeño comercio resiste. Pero la realidad es bastante menos cómoda. Porque los sevillanos lamentan el cierre de los negocios históricos y, al mismo tiempo, compran por internet. Defienden la tienda de barrio y después eligen el lugar más barato, rápido o confortable. Ros no esquiva la contradicción. "Cada uno puede votar todos los días a través de su dinero".
Pero tampoco acepta convertir al consumidor en único responsable. "Los ritmos de vida que tenemos, el machaque de la publicidad y la facilidad que ofrecen otras plataformas hacen muy difícil competir. Cediendo un poquito en comodidad se ganan otras cosas que el comercio de masas no te puede dar". Para el fundador de Guasinei, existe también una responsabilidad institucional. Reclama que el Ayuntamiento, la Junta de Andalucía y el Gobierno central profundicen en la educación para un consumo responsable, desde la escuela hasta las políticas destinadas a proteger la actividad comercial de proximidad. Y pone un ejemplo mucho menos teórico: Sevilla en verano.
Todo comenzó con la mascota de la EXPO 92, Curro.
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FERNANDO VÁZQUEZ
Un centro comercial permite pasar una tarde entera bajo aire acondicionado. El pequeño establecimiento difícilmente puede competir con esa infraestructura. "La gente va a los centros comerciales a ponerse al fresco", recuerda Ros, que relaciona también esa situación con la falta de refugios climáticos suficientes en la ciudad. "Las grandes compañías utilizan todos los medios para atraer a los consumidores". Guasinei tampoco vive al margen del presente. Vende por internet, utiliza las redes sociales y convierte símbolos reconocibles de la cultura sevillana en productos contemporáneos. Su catálogo actual reúne desde camisetas inspiradas en Curro y la Expo 92 hasta diseños basados en los azulejos, la Cava o los zaguanes andaluces. Incluso vende una bandera cuyo mensaje difícilmente puede resumir mejor su posición: "Menos Amazon, más comercio de barrio".
Quizá ahí esté una de las claves del nuevo comercio tradicional en Sevilla. No consiste en volver a una ciudad sin internet, grandes superficies o comercio electrónico. Esa ciudad ya no existe. La pregunta es si, junto a todo eso, todavía quedará sitio para quien cose, arregla, fabrica, conoce a sus clientes y levanta cada mañana la persiana a pocos metros de casa. Porque Curro puede sobrevivir perfectamente estampado en una camiseta. Más difícil será recuperar al último que sepa confeccionarla cuando haya desaparecido.
Hay unas sillas de enea a las puertas de la nueva Guasi-Tienda que explican bastante bien lo que Javier Ros quiere hacer allí. Desde hoy, Guasinei tiene una nueva casa en el número 10 de la avenida de Santa Cecilia, en Sevilla. Podrían haber colocado cualquier otro asiento. Pero son esas sillas, tan reconocibles en la memoria doméstica andaluza, las que esperan fuera. Y ocurre algo todavía más interesante: los vecinos se sientan. Y hablan.
La escena tiene algo de involuntario manifiesto comercial. Durante décadas, sacar una silla a la puerta fue una de esas costumbres demasiado cotidianas como para considerarlas patrimonio. Uno se sentaba, aparecía otro, después otro y la conversación hacía el resto. La calle era también un lugar donde quedarse. Ahora una marca nacida en plena era de Instagram y el comercio electrónico recupera esa imagen a las puertas de una tienda que abre precisamente cuando buena parte del pequeño comercio libra una batalla desigual por seguir formando parte del paisaje urbano.
La Guasi-Tienda quiere ser algo más que el lugar físico donde comprar una camiseta. Y ahí es donde la inauguración de este local conecta con una pregunta bastante más grande: ¿está volviendo el comercio de proximidad o simplemente hemos comenzado a echarlo de menos después de perder buena parte de él?
Guasinei ofrece una respuesta peculiar porque pertenece al presente, pero trabaja con algunas lógicas que parecían antiguas. La firma creada por Javier Ros reivindica la moda ética y sostenible, la producción de proximidad y los oficios, cuenta con taller propio de costura y procura que la mayor parte de sus productos se hagan en Andalucía y especialmente en Sevilla. Sobre sus prendas aparece, además, una ciudad reconocible: los azulejos, Triana, la Cava, Andalucía y un pájaro de pico multicolor que varias generaciones no necesitan que les presenten.
Curro fue, de hecho, el principio
Ros nació en 1992 y, para celebrar su 25 cumpleaños, decidió hacerse una camiseta con la mascota de la Expo. Gustó tanto que produjo quince unidades. Aquello que había comenzado casi como una broma entre amigos acabó poniendo los primeros ladrillos de Guasinei. Años después, Curro sigue apareciendo entre sus diseños y Ros ha pasado de estampar un símbolo de la Sevilla de 1992 a preguntarse qué puede hacerse para que la Sevilla de 2026 no termine teniendo las mismas tiendas que cualquier otra ciudad. Porque detrás de las camisetas hay una conversación bastante más seria.
Las sillas de enea dan la bienvenida en Triana a la Guasi-Tienda, el lugar físico de Guasinei y su ropa ética 100% andaluza.
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FERNANDO VÁZQUEZ
"El resumen sería moda ética y sostenible, hecha en Andalucía", comienza Ros. "No solamente hacemos ropa y moda. Vamos más allá e intentamos crear productos en los que la mayor participación sea de aquí, que la producción sea en Andalucía y especialmente en Sevilla".
Volver a fabricar aquí
"El resumen sería moda ética y sostenible, hecha en Andalucía", explica Ros. Pero inmediatamente amplía la definición. "No solamente hacemos ropa y moda. Vamos más allá e intentamos crear productos en los que la mayor participación sea de aquí, que la producción sea en Andalucía y especialmente en Sevilla". La cuestión de fondo no es tanto dónde colocar una etiqueta como recuperar una cadena productiva. Diseñar en Sevilla, coser en Sevilla, serigrafiar en Sevilla. Acortar las distancias que durante las últimas décadas se han ido alargando hasta hacer perfectamente normal comprar una camiseta sin tener la menor idea de quién la fabricó ni en qué condiciones. "Hay mucho curro, pero también una conciencia y una intención clara de volver a producir y recuperar parte de la industria que hemos tenido", señala.
Uno de los modelos más vendidos, con el mapa de Andalucía con estilos de azulejería árabe.
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FERNANDO VÁZQUEZ
La web de Guasinei permite comprobar hasta dónde llega esa filosofía. La firma comercializa prendas confeccionadas en Sevilla y serigrafiadas a mano en su taller de Triana; en su colección dedicada a la Cava explica incluso que trasladó parte de la costura a las 3.000 viviendas como una forma de reconstruir vínculos productivos entre ambos barrios. Y entonces aparecen los botones.
Comprar botones también mantiene vivo un barrio
Puede parecer poca cosa. Una mercería, una tienda diminuta, un taller al que se entra para solucionar un problema que probablemente no supere los cinco euros. Pero Ros sitúa precisamente ahí una parte del carácter de la ciudad. "Los comercios locales son el alma y el motor de una ciudad", sostiene. "Es donde surge la vida. Donde surge la guasa, nuestra broma, la gracia del día a día". Comprar unos botones en una tienda del barrio adquiere así una dimensión que Amazon difícilmente puede enviar al día siguiente. No es únicamente la transacción. Está la conversación, quien conoce al vecino, quien sabe arreglar aquello que parecía destinado a la basura o quien aprendió un oficio de su padre y después se lo enseñó a su hijo.
Javier Ros, en la puerta de su tienda.
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FERNANDO VÁZQUEZ
"Si van desapareciendo en masa, el barrio pierde toda su identidad. Y los trabajadores que ya no están ahí tampoco viven en el barrio. Al final va perdiendo su alma". También el turismo entra en la ecuación. Ros recuerda que quien visita Sevilla llega atraído por los monumentos, el clima o la gastronomía, pero termina participando de una ciudad que todavía sucede fuera de sus principales reclamos turísticos. La contradicción es evidente: una ciudad puede conservar perfectamente sus monumentos y perder, mientras tanto, parte de aquello que sucede entre ellos.
Ir a Tokio para encontrarse las mismas tiendas de Madrid
Ros sitúa a miles de kilómetros de Sevilla uno de los momentos en los que comprendió las consecuencias de la uniformidad comercial. Fue en Japón, hace aproximadamente una década. Caminaba por una de las principales avenidas de Tokio cuando empezó a reconocer escaparates. No porque hubiera estado antes allí, sino porque ya los había visto mucho más cerca. "Me había cruzado medio mundo para ver exactamente lo mismo". Las mismas grandes marcas. Los mismos logotipos. Una avenida comercial que podría estar en Tokio, Madrid o prácticamente cualquier gran capital. "Las franquicias y las grandes cadenas favorecen una globalización de todo el mercado. Se pierden los colores, se pierden los matices y se vuelve todo una capa gris y homogénea".
La cuestión adquiere otra dimensión cuando desaparece un establecimiento que lleva décadas abierto. "Sevilla pierde identidad, tradición, historia, cultura", enumera. Y especialmente conocimiento. Porque detrás de determinados comercios existen técnicas transmitidas durante generaciones que pueden extinguirse con una última persiana. "Hay trabajos que se han pasado de padres a hijos. Al final lo que se va perdiendo es cultura. Cultura colectiva".
Además de camisetas, Javier Ros vende banderolas reivindicativas ante la gentrificación de Sevilla.
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FERNANDO VÁZQUEZ
Ros encuentra incluso una oportunidad en aquello que parece condenado a desaparecer. Cuando cada vez menos personas conocen un oficio, quien lo conserva posee algo extraordinariamente difícil de replicar. "Puedes tener conocimientos de técnicas que el resto del mundo haya perdido. Cuando todo esté hecho por ordenador, eso tendrá mucho más valor porque será único". Y recurre a una comparación inevitablemente sevillana: "¿Cómo se mantiene el Betis? ¿Cómo se mantiene el Sevilla? ¿Cómo se mantiene una hermandad de hace 400 años? Pues con los negocios pasa un poco lo mismo".
Pequeños Curros, en la tienda Guasinei.
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FERNANDO VÁZQUEZ
El voto que sale de la cartera
Hasta aquí sería sencillo repartir los papeles. Las multinacionales amenazan y el pequeño comercio resiste. Pero la realidad es bastante menos cómoda. Porque los sevillanos lamentan el cierre de los negocios históricos y, al mismo tiempo, compran por internet. Defienden la tienda de barrio y después eligen el lugar más barato, rápido o confortable. Ros no esquiva la contradicción. "Cada uno puede votar todos los días a través de su dinero".
Pero tampoco acepta convertir al consumidor en único responsable. "Los ritmos de vida que tenemos, el machaque de la publicidad y la facilidad que ofrecen otras plataformas hacen muy difícil competir. Cediendo un poquito en comodidad se ganan otras cosas que el comercio de masas no te puede dar". Para el fundador de Guasinei, existe también una responsabilidad institucional. Reclama que el Ayuntamiento, la Junta de Andalucía y el Gobierno central profundicen en la educación para un consumo responsable, desde la escuela hasta las políticas destinadas a proteger la actividad comercial de proximidad. Y pone un ejemplo mucho menos teórico: Sevilla en verano.
Todo comenzó con la mascota de la EXPO 92, Curro.
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FERNANDO VÁZQUEZ
Un centro comercial permite pasar una tarde entera bajo aire acondicionado. El pequeño establecimiento difícilmente puede competir con esa infraestructura. "La gente va a los centros comerciales a ponerse al fresco", recuerda Ros, que relaciona también esa situación con la falta de refugios climáticos suficientes en la ciudad. "Las grandes compañías utilizan todos los medios para atraer a los consumidores". Guasinei tampoco vive al margen del presente. Vende por internet, utiliza las redes sociales y convierte símbolos reconocibles de la cultura sevillana en productos contemporáneos. Su catálogo actual reúne desde camisetas inspiradas en Curro y la Expo 92 hasta diseños basados en los azulejos, la Cava o los zaguanes andaluces. Incluso vende una bandera cuyo mensaje difícilmente puede resumir mejor su posición: "Menos Amazon, más comercio de barrio".
Quizá ahí esté una de las claves del nuevo comercio tradicional en Sevilla. No consiste en volver a una ciudad sin internet, grandes superficies o comercio electrónico. Esa ciudad ya no existe. La pregunta es si, junto a todo eso, todavía quedará sitio para quien cose, arregla, fabrica, conoce a sus clientes y levanta cada mañana la persiana a pocos metros de casa. Porque Curro puede sobrevivir perfectamente estampado en una camiseta. Más difícil será recuperar al último que sepa confeccionarla cuando haya desaparecido.
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