Inma del Río, exconcursante de Se llama copla, ha compartido en sus redes sociales una reflexión íntima sobre su paso por el programa, cuestionando la competencia, la exposición mediática y la manera en que se valoraba a quienes solo querían cantar. La que fuera finalista de la edición de 2011, la cual ganó Fran Doblas, rompe ahora su silencio sobre su recorrido y el impacto del programa en su vida como artista.
"Yo estuve en Se llama copla", arranca Inma, recordando su participación como "una tormenta: sin orgullo y sin rencor, pero sabiendo que mojó". La cantante, que llegó cerca de la final, asegura que su experiencia le enseñó que el talento por sí solo no basta: "Allí entendí que el talento incomoda cuando no sabe venderse. Que la timidez no da share. Que el carisma perdona muchas desafinaciones si sonríe a cámara".
La otra cara de la copla
Según Inma, el programa no enseñaba únicamente a cantar: "Pensaba que la copla iba de respeto, de memoria, de saber de dónde viene una palabra antes de soltarla. Ingenua de mí. La copla no era un sitio para aprender a cantar, era un sitio para aprender a ganar". La cantante lamenta que muchos participantes se quedaran atrapados en la construcción de un personaje televisivo que, con los años, termina por convertirse en una caricatura de sí mismo.
Critica también la manera en que se aborda la copla en la actualidad: "Hay quien confunde homenajear con ocupar, y modernizar con vaciar. Y hay quien cree que la copla se defiende desnudándola de dignidad y vistiéndola de ego. Eso no es evolución: eso es ruido con peineta".
"Prefiero ser una nota incómoda que un eco repetido"
Inma del Río recalca que no le interesa imitar a nadie, sino mantener su propia voz: "Prefiero ser una nota incómoda que un eco repetido hasta el cansancio. No necesito parecerme a un mito para justificarme. Los mitos no se imitan: se respetan… o se calla una".
Hoy sigue cantando "desde otro sitio más bajo, más hondo", lejos de los focos, y subraya que perder el concurso le permitió preservar su autenticidad: "Sigo cantando sin tener que sostener una mentira durante veinte años para seguir siendo alguien".
Su testimonio recuerda que la copla puede enseñar muchas cosas, pero no siempre lo que uno espera: autenticidad y libertad artística no siempre van de la mano de la televisión.
