El Colegio de Primaria Ruiz Elías, en el barrio sevillano del Cerro del Águila, ha convertido un espacio cotidiano en una potente herramienta educativa y comunitaria. A través del proyecto de Aprendizaje y Servicio (APS) Cuidamos nuestro parque, su alumnado ha participado activamente en la mejora del Parque Estoril, transformándolo en un aula viva donde confluyen sostenibilidad, civismo, participación ciudadana y memoria colectiva.
El centro cuenta con patio propio para el recreo, pero parte del alumnado —desde segundo hasta sexto de Primaria— utiliza habitualmente el cercano parque como espacio de juego. Lejos de entenderlo como una circunstancia ajena a la vida escolar, el claustro decidió aprovechar esa realidad. "El recreo desde segundo hasta sexto se hace en el parque. Dijimos: vamos a darle una vuelta y a sacarle el lado positivo", explica la directora del centro, Teresa Parralo. "Hemos intentado aprovechar todo lo que el barrio nos ofrece para que nuestros niños sientan que su realidad conecta con lo que tienen que aprender".


El proyecto no surge de una iniciativa individual, sino del trabajo colectivo del profesorado. "Es una idea del claustro al completo. Nos formamos en esta metodología de aprendizaje y empezamos a desarrollarla", señala Parralo. El punto de partida fue una lluvia de ideas en el aula: el alumnado analizó el estado del parque, detectó problemas y propuso soluciones. "Decían que faltaban papeleras, que el parque estaba sucio, que los bancos estaban deteriorados o que hacía falta una fuente para los perros", relata la directora.
A partir de ahí, el aprendizaje salió literalmente del aula. El alumnado investigó, limpió, plantó, cuidó, concienció y trasladó sus propuestas a las instituciones. Los cursos más mayores asumieron un papel protagonista. "Con once o doce años ya son conscientes del bien que se hace", apunta Parralo. "Ellos fueron al distrito a entregar la carta y a contar su experiencia".


Uno de los ejes más significativos del proyecto ha sido la conexión intergeneracional. Vecinos y vecinas mayores del barrio compartieron con el alumnado cómo era el Parque Estoril décadas atrás y cómo se vivía entonces la comunidad. "Queríamos que los niños conocieran cómo había evolucionado el parque y la vida del barrio", explica la directora.
Carmen, de la Asociación de Vecinos del Parque Estoril, recuerda aquellos encuentros con emoción: "Les hablé de nuestra experiencia en el barrio y de cómo este espacio, que iba a ser una zona urbanizable con 40 viviendas, se logró convertir en zona verde gracias a la lucha vecinal. Hoy es el parque y el único pulmón verde del Cerro. La experiencia fue muy bonita".


Esa transmisión de memoria ha permitido que el parque deje de ser solo un lugar de paso. Se ha convertido en un espacio cargado de significado. "El parque pasa a ser una historia compartida entre generaciones", resume Parralo.
El proyecto se apoya además en una sólida red de colaboración con entidades sociales como Madre Coraje, ACES y Cáritas. El alumnado ha visitado mercadillos solidarios, tiendas sociales y ha conocido de primera mano el trabajo comunitario que se desarrolla en el barrio. "Todo esto nos ha nutrido mucho de las necesidades de los vecinos y de las entidades", señala la docente.
El componente artístico también ha tenido un papel destacado. Manuel Salas, artesano y referente cultural del barrio, ha colaborado con el centro. "Con enorme satisfacción suelo colaborar con el colegio por su interés en enseñar la cultura artística a los peques", afirma.
La implicación de las familias ha sido constante y creciente. "Los padres estaban súper contentos", destaca Parralo. "Hemos ido informando de cada fase del proyecto, incluso con códigos QR en comercios del barrio". Una madre del centro lo confirma: "Mi niña lo ha disfrutado muchísimo, ha llegado muy contenta a casa y está muy ilusionada". "Como padre creo que el proyecto tiene muchos beneficios para nuestros hijos y uno de ellos es la educación cívica, que es una de las grandes olvidadas en el educación. Ser ciudadanos de sociedades democráticas debe implicar preocuparse por su mejora y hacerlo participando activamente".


Para el profesorado, el mayor reto ha sido integrar el proyecto dentro del currículo oficial. "Ha sido lo más complicado para nosotros", admite la directora, "pero ha merecido la pena". Antonio, tutor de primero de Primaria, coincide: "Estamos muy contentos por el premio recibido porque nos hemos involucrado mucho en el proyecto".
El impacto es visible también para el alumnado. Mario, estudiante de sexto, resume su experiencia: "Ha sido muy chula, porque gracias a ella estamos viendo las mejoras y los cambios que se están produciendo en el parque, donde hacemos nuestro recreo".
Entre los logros más valorados por el centro está el cambio de hábitos de los niños. "Hemos conseguido que presten menos atención a las pantallas y más a lo que hacen con sus manos", subraya Parralo. "Que sientan que lo que hacen sirve para algo y que además disfruten de esas mejoras".
Un premio para una metodología
El proyecto ha recibido un importante reconocimiento externo. Cuidamos nuestro parque ha sido galardonado con el Premio Internacional al Proyecto de Mayor Impacto en Desarrollo Sostenible y ha quedado finalista en los Premios Aprendizaje-Servicio, entre más de 400 iniciativas presentadas. “Ha sido un premio extra, la guinda”, reconoce la directora. “Pero incluso sin eso, el profesorado estaría igual de satisfecho”.

Aunque esta primera fase del proyecto ya ha concluido, el espíritu continúa. "Nuestra idea es seguir el hilo conductor. Esta metodología engancha, sobre todo cuando tus niños quieren continuar", dice la profesora.
Desde el Colegio Ruiz Elías, la experiencia demuestra que cuando escuela, familias, entidades sociales y vecinos se unen, la educación trasciende el aula. "Nuestro objetivo es formar personas y ciudadanos", concluye Parralo. Y en el Parque Estoril, ese aprendizaje ya forma parte del paisaje y de la memoria compartida del barrio.


