Las cadenas que rodean la Catedral de Sevilla llevan siglos en su lugar, a la vista de miles de turistas y sevillanos que pasan junto a ellas cada día sin reparar en su verdadero significado. @españarte, creador de contenido especializado en patrimonio e historia, lo ha explicado en un vídeo publicado en TikTok que ha puesto el foco en uno de los elementos más visibles y menos comprendidos del entorno del templo.
"¿Sabíais que las cadenas que rodean la Catedral de Sevilla tienen un significado legal?", arranca el divulgador. El conjunto está formado por 157 columnas unidas entre sí por estas cadenas, y su función original no era ornamental, sino jurídica: trazar una frontera precisa entre el ámbito de la Iglesia y el de la ciudad.
Una frontera que la justicia civil no podía cruzar
"La justicia ordinaria de la ciudad no podía superar este límite sin permiso", explica el creador de contenido. Lo que hoy parece un simple elemento arquitectónico fue durante siglos una línea con plena validez legal. Cualquier persona que la cruzara y se refugiara al amparo de las cadenas quedaba automáticamente fuera del alcance de las autoridades civiles, bajo la protección de la jurisdicción eclesiástica.
"Si venía un delincuente y se refugiaba aquí, detrás de esta cadena, no podía entrar la justicia ordinaria sin permiso de la Iglesia", afirma el creador. Un privilegio que respondía a la profunda separación que existía entre los dos sistemas judiciales que convivían en la España del Antiguo Régimen, y que las cadenas materializaban de forma literal en piedra y hierro.
"Nos recuerdan, porque todavía están aquí, la diferencia que hay entre la justicia ordinaria y la justicia eclesiástica", subraya el hombre, recordando que estos elementos no han desaparecido con el tiempo, sino que permanecen en pie como testigos mudos de aquel orden jurídico.
@espanarte ¿Sabías que las cadenas que rodean la Catedral de Sevilla no son decorativas… sino jurídicas? 👀 Hay 157 columnas unidas por cadenas que delimitaban algo muy claro: dónde terminaba la justicia de la ciudad y dónde empezaba la justicia de la Iglesia. Este espacio se llamaba “dextro”. Si un delincuente cruzaba esa línea, la justicia ordinaria no podía entrar sin permiso eclesiástico. Era un auténtico refugio legal. Este sistema se establecía mediante documentos papales llamados bulas de erección, donde se definían los límites y derechos del territorio. Los postes que sostienen las cadenas se llaman poyos, y no solo están aquí: también aparecen en universidades históricas, donde existía una protección similar para los estudiantes. De ahí viene la leyenda de que la policía no puede entrar en una universidad sin permiso del rector. Y sí, además de todo esto, también servían para algo mucho más práctico: evitar que los animales entrasen al templo cuando llovía. Sevilla es así: donde una cadena puede ser historia, ley… y vida cotidiana al mismo tiempo.
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También para mantener a los animales fuera del templo
Más allá de su función legal, el divulgador apunta una segunda utilidad de carácter más práctico. En los escasos días de mal tiempo que registra Sevilla, las cadenas servían también para impedir que los animales entrasen al interior del templo.
Una función menor, casi anecdótica, pero que completa el cuadro de un elemento urbano con más capas de las que aparenta a simple vista y que a muchos usuarios, incluso sevillanos, les ha sorprendido.
