La responsable del Archivo de la Catedral y del Arzobispado de Sevilla, Isabel González Ferrín, ha sido elegida secretaria de la Asociación de Archiveros de la Iglesia en España tras la votación celebrada el pasado 5 de marzo durante las jornadas técnicas de la entidad, celebradas en Madrid y que reunieron a más de una treintena de archiveros procedentes de distintas diócesis del país.
El nombramiento fue aprobado por mayoría de los asistentes. González Ferrín ha agradecido el respaldo recibido por parte de otros profesionales del ámbito eclesiástico y ha destacado la confianza depositada en su trabajo. Según ha señalado, la labor que se desarrolla en los archivos de la Iglesia constituye “un servicio a la investigación y a la cultura”, al preservar la memoria histórica de la institución y el testimonio de la evangelización a lo largo del tiempo.
Protección del patrimonio documental
La Asociación de Archiveros de la Iglesia en España es una entidad canónica pública creada en 1971 por la Conferencia Episcopal Española. Su origen se remonta a la iniciativa de archiveros encargados de custodiar y proteger el patrimonio documental eclesiástico.
En sus primeros años compartió estructura con los bibliotecarios eclesiásticos, aunque posteriormente ambos colectivos se organizaron en asociaciones independientes. La organización se rige por un reglamento interno aprobado por la Conferencia Episcopal en 1976, que continúa vigente en la actualidad.
Entre sus objetivos se encuentra coordinar y canalizar las necesidades de los distintos archivos eclesiales del país, desde los archivos de curias y obispados hasta los de catedrales, parroquias, monasterios o centros históricos. Asimismo, promueve criterios comunes para la conservación y custodia del patrimonio documental mediante jornadas técnicas, encuentros formativos y congresos dirigidos a mejorar la capacitación de los profesionales del sector.
Los archivos eclesiásticos como custodios de la memoria
La importancia de los archivos de la Iglesia fue subrayada en una Carta Circular publicada el 2 de febrero de 1997 por la Pontificia Comisión para los Bienes Culturales de la Iglesia. El documento destaca que estos espacios no deben entenderse únicamente como depósitos de documentos antiguos, sino como herramientas vivas al servicio de la misión pastoral y de la memoria de la comunidad cristiana.
Entre sus funciones principales figura la preservación de la memoria de la evangelización. Los archivos custodian testimonios documentales que reflejan la actividad litúrgica, sacramental y caritativa de la Iglesia a lo largo de los siglos, dejando constancia del desarrollo histórico de las comunidades cristianas.
Además, contribuyen a transmitir la identidad eclesial al permitir que las generaciones actuales y futuras conozcan sus raíces y comprendan la continuidad de la misión de la Iglesia, convirtiéndose así en auténticos lugares de memoria.


