El barrio que salió a vigilar sus calles: hasta 150 personas forman las patrullas vecinales en El Cerezo de Sevilla

Cansados de gorrillas, robos y vandalismo, residentes del distrito Macarena recorren las calles cada tarde mientras Ayuntamiento y Policía analizan refuerzos. El próximo 25 de marzo protestarán desde el barrio hasta el Parlamento de Andalucía.

Vecinos del barrio sevillano de El Cerezo, en el distrito Macarena, protestan contra la inseguridad y reclaman mayor presencia policial en la zona.
Vecinos del barrio sevillano de El Cerezo, en el distrito Macarena, protestan contra la inseguridad y reclaman mayor presencia policial en la zona. FERNANDO VÁZQUEZ
14 de marzo de 2026 a las 07:35h

Son las 18.00 horas en el barrio sevillano de El Cerezo, en pleno distrito Macarena. Frente a la Joyería Palomo, casi medio centenar de vecinos comienza a reunirse como cada tarde desde hace varias semanas. Algunos llegan directamente del trabajo; otros han dejado a los niños en casa antes de salir. Alguno va con los suyos. No llevan chalecos ni distintivos, pero todos saben cuál es su papel.

Durante las próximas horas recorrerán varias calles del barrio en lo que ellos prefieren llamar “paseos vecinales de vigilancia”. A las nueve de la noche llegará el relevo del segundo turno. Lo que comenzó como una conversación entre residentes cansados de los gorrillas, el vandalismo y la sensación de inseguridad en El Cerezo ha terminado convirtiéndose en una iniciativa que ha puesto el foco sobre la convivencia en esta zona del norte de Sevilla.

En el grupo de WhatsApp que coordina las salidas participan centenares de vecinos, y en algunas ocasiones más de 150 personas se han sumado a estas rondas ciudadanas. La organización es sencilla y no hay jerarquías formales, pero sí una idea compartida: recuperar la tranquilidad en un barrio que, según los propios residentes, llevaba demasiado tiempo acumulando problemas.

La Joyería Palomo, en El Cerezo, punto de encuentro para el primer turno antes de iniciar uno de los paseos vecinales organizados contra la inseguridad en este barrio del distrito Macarena de Sevilla.
La Joyería Palomo, en El Cerezo, punto de encuentro para el primer turno antes de iniciar uno de los paseos vecinales organizados contra la inseguridad en este barrio del distrito Macarena de Sevilla.  FERNANDO VÁZQUEZ

"Barrios seguros y limpios"

Juan López, uno de los vecinos que desde el principio ha ayudado en el movimiento vecinal, insiste en que ha surgido de forma completamente espontánea. Habla —subraya— desde su propia responsabilidad y no en nombre de todos los participantes. Aun así, explica que existe un consenso básico entre quienes se han sumado a la iniciativa: recuperar barrios seguros y limpios.

Según relata, el origen del movimiento está en el hartazgo acumulado ante amenazas y comportamientos violentos relacionados con los aparcacoches informales. El boca a boca y los grupos de mensajería actuaron como catalizadores de un malestar que llevaba tiempo creciendo entre los residentes. El detonante, asegura, fue una realidad que muchos conocían pero ante la que las administraciones no habían ofrecido soluciones suficientes.

López insiste en que la iniciativa no está dirigida contra colectivos concretos. “Es un movimiento contra actitudes violentas, no contra personas”, explica. De hecho, una de las preocupaciones de los organizadores ha sido evitar que la movilización pueda ser utilizada con fines partidistas o derive en situaciones de confrontación. Por ese motivo han establecido normas internas muy claras: no se permiten encapuchados ni símbolos políticos en los paseos vecinales.

“La razón de organizarnos es que una de nuestras preocupaciones es que el movimiento no se desvirtúe por acciones ajenas a su espíritu”, señala. “Nadie se levanta queriendo líos, pero si los problemas llegan a la puerta de casa y la autoridad no da abasto, como ciudadano puedes colaborar”. Para el presidente vecinal, la convivencia también depende de la implicación de los propios residentes: “Los barrios son lo que los vecinos quieren que sean. Si no tiramos basura serán barrios limpios, si no hacemos ruido serán barrios buenos para descansar y si no tenemos gorrillas serán barrios más seguros”.

Aun así, reconoce que las fuerzas de seguridad tienen limitaciones operativas y que la escasez de agentes dificulta su presencia permanente en todos los barrios. Los vecinos -insiste- no pretenden sustituir a la policía, sino colaborar desde el civismo. En su opinión, tanto el Ayuntamiento como la Subdelegación del Gobierno son conscientes del problema y el aumento reciente de presencia policial apunta a que existe voluntad de actuar. Pero advierte de un riesgo: si las medidas no se mantienen en el tiempo, todo podría quedar en “flor de un día”.

El origen de las patrullas

Iván Gómez, vecino de El Cerezo, de 47 años, ha sido uno de los impulsores de estas patrullas vecinales. Recuerda que todo comenzó hace apenas un par de semanas semanas a raíz de un debate surgido en redes sociales. Tal y como explica, varios vecinos empezaron a comentar publicaciones de un perfil de Instagram (@lasevillaenfurecida) que recogía sucesos ocurridos en la ciudad: “Nos dimos cuenta de que casi el 90% de los casos que aparecían estaban relacionados con el distrito Macarena y, en concreto, con problemas de gorrillas, suciedad o inseguridad”, señala.

A partir de esos comentarios comenzaron a ponerse en contacto varios residentes del barrio, entre ellos algunos de los actuales organizadores del movimiento. La idea era sencilla: salir a la calle de forma colectiva para visibilizar el problema. El primer encuentro se produjo un lunes por la tarde. Apenas se reunieron doce o catorce personas. Sin embargo, la iniciativa empezó a crecer rápidamente. “En cuestión de dos o tres días la cifra aumentó mucho. Llegamos a reunir a unas 160 personas y eso fue lo que llamó la atención de los medios”, recuerda.

El funcionamiento de las patrullas es sencillo. Los vecinos recorren las calles en grupo y, amparados por esa presencia colectiva, se acercan a personas que realizan determinadas conductas que consideran problemáticas: aparcacoches informales, consumo de alcohol en la vía pública o vertido de basura fuera de los contenedores. El objetivo -explica Gómez- no es confrontar, sino ejercer presión social y pedir que cesen esas conductas: “Nos acercamos, informamos y les invitamos a marcharse”, resume.

Iván López, en el centro, dialoga con uno de los 'gorrillas' durante una de las patrullas vecinales en El Cerezo.
Iván López, en el centro, dialoga con uno de los 'gorrillas' durante una de las patrullas vecinales en El Cerezo.  FERNANDO VÁZQUEZ

Con el paso de los días, la organización también se ha estructurado mejor. Actualmente existen varios grupos de WhatsApp que reúnen a unas 700 personas, aunque no todos participan en las salidas diarias. Las patrullas se realizan en dos franjas horarias principales: una a las seis de la tarde y otra a las nueve de la noche, aunque en algunos momentos también se han organizado salidas por la mañana.

Según Gómez, los vecinos ya perciben cambios en el ambiente del barrio: “Se está notando bastante”, asegura. “Pero esto requiere constancia para que vean que los vecinos queremos que el barrio sea un lugar más digno para vivir”. Este sevillano también se muestra escéptico ante la respuesta institucional. Cree que el aumento de presencia policial responde al impacto mediático del movimiento y teme que las medidas se diluyan con el paso del tiempo, ya que “ahora se ve más seguridad en el barrio, pero creemos que muchas de esas decisiones son parches”, afirma. “Cuando pase la atención mediática, probablemente desaparecerán”.

En cualquier caso, insiste en que el grupo mantiene dos principios claros: rechazo absoluto a la violencia y ausencia de cualquier vinculación política. “Hay vecinos de todas las ideologías, pero no queremos que ningún partido utilice este movimiento para hacerse la foto”, subraya. Lo que sí reclaman es una presencia policial más constante y la aplicación efectiva de las ordenanzas municipales contra los aparcacoches informales. El objetivo, concluye, es sencillo: que El Cerezo vuelva a ser un barrio tranquilo y que la convivencia no siga deteriorándose.

Los comerciantes: "Lo he pasado muy mal"

Entre quienes han impulsado la organización vecinal también se encuentran varios comerciantes del barrio. Heidy Duin, venezolana de origen, propietaria del establecimiento El Arepazo y presidenta de una intercomunidad vecinal, explica que la iniciativa surgió tras meses de tensión creciente. Los robos, los actos vandálicos y la presión constante de aparcacoches informales habían deteriorado gravemente la vida cotidiana del barrio. Muchos vecinos comenzaron a sentirse inseguros incluso en su propia calle.

En su caso, el problema afectó directamente a su negocio. Frente a su bar, en la avenida San Lázaro, llegaron a instalarse durante un tiempo varios jóvenes que dormían en la calle, se peleaban o hacían sus necesidades en la vía pública. Aquella situación terminó generando una fuerte sensación de inseguridad entre los clientes. “Llegaron incluso a entrar en el bar para exigir dinero por aparcar”, recuerda. “Lo he pasado muy mal con todo esto”.

Duin explica que durante ese periodo llamó en numerosas ocasiones a la policía para denunciar problemas relacionados con aparcacoches o botellones. Sin embargo, asegura que muchas veces las patrullas no acudían o tardaban demasiado en hacerlo. Ante esa situación, algunos vecinos comenzaron a plantear la posibilidad de organizarse. La respuesta fue inmediata. El grupo de WhatsApp empezó a crecer rápidamente hasta reunir a decenas de residentes dispuestos a participar en los paseos vecinales.

Heidy Duin, a la derecha, sostiene una pancarta reivindicativa junto a otras vecinas tras sufrir la inseguridad junto a su local comercial durante años.
Heidy Duin, a la derecha, sostiene una pancarta reivindicativa junto a otras vecinas tras sufrir la inseguridad junto a su local comercial durante años.  FERNANDO VÁZQUEZ

Desde entonces, afirma, el ambiente en el barrio ha cambiado: “Se nota muchísimo la diferencia. Ahora el barrio se siente más tranquilo”. Aun así, insiste en que los vecinos no quieren sustituir a las instituciones. Espera que las promesas de refuerzo policial se traduzcan en medidas permanentes y no en actuaciones puntuales. “Seguiremos luchando por nuestro barrio”, afirma. “Aunque soy venezolana, me siento parte de este barrio y de su gente”.

"No queremos criminalizar la pobreza"

Una idea similar defiende Paloma Rodríguez, presidenta de otra de las intercomunidades de la barriada El Rocío y participante del movimiento SOS Cerezo. A su juicio, la movilización ciudadana es consecuencia directa de una situación que llevaba demasiado tiempo normalizándose. En el barrio existía una tensión latente marcada por la impunidad de determinadas conductas: extorsiones relacionadas con el aparcamiento, violencia social y deterioro del espacio público.

“Somos ciudadanos comunes: personas que trabajan, que tienen cargas familiares, personas mayores o jóvenes que han comprado su vivienda aquí con la ilusión de construir su proyecto de vida”, afirma. Participar en estas iniciativas supone un esfuerzo considerable, pero muchos vecinos consideran que la situación había llegado a un punto insostenible. La convocatoria para salir a la calle se lanzó a través de un grupo vecinal y la respuesta fue inmediata.

Rodríguez destaca que el proceso ha tenido un efecto positivo inesperado: vecinos que antes no se conocían ahora se organizan y se cuidan entre sí. “El sentimiento de barrio ha crecido”, afirma. Aun así, insiste en que este movimiento no pretende sustituir a las instituciones. Los vecinos reclaman presencia policial constante y coordinación real entre administraciones. También quiere dejar claro que la iniciativa no busca criminalizar la pobreza ni a las personas sin hogar: “El problema no es la pobreza”, concluye, “sino la falta de respuestas estructurales”, concluye.

La media de los turnos suele estar en torno a cuarenta personas, pero con picos de más de 150 personas en días concretos.
La media de los turnos suele estar en torno a cuarenta personas, pero con picos de más de 150 personas en días concretos.  FERNANDO VÁZQUEZ

La respuesta del Ayuntamiento

La creciente movilización vecinal ha obligado a las administraciones a reaccionar. El Ayuntamiento de Sevilla convocó una reunión con la Policía Nacional, la Policía Local y responsables del Distrito Macarena para analizar la situación y coordinar medidas. La delegada del distrito, María Tena, informó de que se han puesto en marcha refuerzos de Policía Local y se han intensificado otros servicios municipales como Lipasam o Asuntos Sociales.

Durante el encuentro celebrado el pasado miércoles, la Policía Nacional trasladó que tras diversas identificaciones se ha detectado que muchas de las personas implicadas en incidentes de seguridad ciudadana se encuentran en situación administrativa irregular, motivo por el cual se ha dado traslado a la Brigada de Extranjería. Además, los agentes han localizado varios puntos de venta de droga que contribuyen a agravar la percepción de inseguridad en el barrio y se han comprometido a actuar sobre ellos.

El Ayuntamiento también ha solicitado una mayor presencia policial y la Policía Local ha planteado a la Subdelegación del Gobierno la posibilidad de que determinados agentes puedan actuar sin uniforme en intervenciones donde el factor sorpresa resulte determinante. Tena subrayó el clima de cooperación entre administraciones y defendió la necesidad de encontrar soluciones duraderas: “No se puede consentir que un vecino de Sevilla tenga miedo a que le agredan cuando está aparcando su coche”, afirmó.

Operativos policiales y debate institucional

Desde la Subdelegación del Gobierno, Curro Toscano valoró positivamente que el Ayuntamiento haya decidido reforzar los efectivos de Policía Local en el distrito Macarena. A su juicio, esa decisión supone reconocer que existía un déficit de agentes y que muchas de las demandas vecinales se refieren a materias de competencia municipal.

El subdelegado explicó que la Policía Nacional continuará desarrollando operativos preventivos mediante cierres perimetrales e identificaciones. Entre ellos citó actuaciones recientes como la operación Brezo II, realizada la noche anterior a la reunión, además de otras intervenciones desplegadas en los últimos meses en el distrito Macarena como Azahar II y IV, Geranio I o Dalia.

Según Toscano, estas actuaciones están dando resultados. De hecho, la tasa de criminalidad en el distrito Macarena ha descendido más de cuatro puntos respecto al periodo anterior. El subdelegado quiso también desmentir que la Policía Nacional haya vinculado la comisión de delitos con el origen de las personas implicadas. Atribuir ese tipo de afirmaciones —advirtió— carece de fundamento y puede generar discursos de odio en un momento de tensión social.

Momentos previos al comienzo del primer turno de rondas vecinales.
Momentos previos al comienzo del primer turno de rondas vecinales. FERNANDO VÁZQUEZ

La falta de policías en los barrios

Desde el sindicato CSIF, que representa a agentes de la Policía Local, se rechaza la aparición de patrullas vecinales porque consideran que “ningún ciudadano debería suplir el trabajo policial”. Sin embargo, admiten que el fenómeno refleja una realidad preocupante: la falta de efectivos.

Según el sindicato, la plantilla de la Policía Local de Sevilla acumula 351 vacantes y muchos distritos operan con menos de la mitad de los agentes previstos. En el distrito Macarena, por ejemplo, de los 107 policías que debería haber, apenas se alcanza la mitad. En Cerro-Amate la situación es similar: 29 agentes de los 44 previstos. Esta falta de efectivos provoca que las unidades de barrio tengan que asumir todo tipo de incidencias, desde accidentes de tráfico hasta control de venta ambulante o cobertura de manifestaciones.

El problema se agrava durante grandes eventos como la Semana Santa o la Feria, cuando buena parte de los efectivos se concentran en el centro de la ciudad. Según el sindicato, en algunos turnos apenas diez patrulleros cubren toda Sevilla.

Un barrio que vuelve a mirarse

Mientras administraciones y sindicatos discuten cifras, competencias y refuerzos policiales, en El Cerezo la escena se repite cada tarde. A las seis en punto, los vecinos vuelven a concentrarse frente a la Joyería Palomo, el mismo lugar donde comenzaron aquellas primeras conversaciones que terminaron convirtiéndose en patrullas vecinales.

Se saludan, comentan lo ocurrido el día anterior y comienzan a caminar. No llevan uniformes ni pretenden sustituir a la policía. Lo repiten una y otra vez: su objetivo es recuperar la convivencia en el barrio. En las calles de El Cerezo, en el distrito Macarena de Sevilla, los vecinos han descubierto que conocerse, hablar y caminar juntos también es una forma de seguridad.

El próximo 25 de marzo, a las 18 horas, irán a protestar desde El Cerezo hasta la sede del Parlamento de Andalucía. Quieren que sea multitudinaria. Mientras las autoridades prometen soluciones más duraderas, ellos siguen saliendo cada tarde con una idea sencilla que se repite en cada conversación del grupo vecinal: este movimiento no nació contra nadie, sino a favor del barrio

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Ezequiel García Barreda

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