Apoteosis en Sevilla: Morante dibuja un faenón en la Maestranza con banderillas desde una silla y un toreo antológico

Un numeroso grupo de personas intenta sacar a hombros por la Puerta del Príncipe al de la Puebla a pesar de que no había cortado las tres orejas que exige la reglamentación

Morante, saliendo a hombros de la Maestranza.
Morante, saliendo a hombros de la Maestranza. JOSÉ MANUEL VIDAL / EFE
16 de abril de 2026 a las 22:22h

Morante de la Puebla protagonizó una de esas tardes que quedan grabadas en la memoria con una faena antológica en la Real Maestranza de Sevilla. Fue ante el cuarto toro de la tarde, de nombre Colchonero, perteneciente a la ganadería de Álvaro Núñez, cuando el torero desplegó un repertorio que desató la emoción desde los primeros compases.

Desde el recibo al capote, con un manejo posterior con una sola mano, dejó entrever que la lidia tomaría un cariz especial. Las verónicas, ejecutadas con temple y plasticidad, provocaron una reacción inmediata en el tendido, que comenzó a intuir que se encontraba ante una obra fuera de lo común.

Una faena de improvisación que desata la apoteosis del público

El momento más inesperado llegó cuando solicitó al palco unas sillas de tijera, levantando de los asientos al público. Con ellas en el ruedo, ejecutó un tercer par al quiebro sentado, una escena que provocó que la plaza se pusiera de nuevo en pie. La imagen, tan inusual como impactante, marcó lo que estaba por venir.

Morante, poniendo un par de banderillas sentado en una silla.
Morante, poniendo un par de banderillas sentado en una silla.

La faena de muleta arrancó también con la silla como protagonista, en una propuesta que rompía con los esquemas tradicionales y evocaba al toreo antiguo. A partir de ahí, Morante construyó una obra basada en la improvisación de los genios, la cercanía y la pureza, encadenando muletazos de gran profundidad, especialmente al natural, que elevaron la emoción de la tarde.

Pese a que el fallo con la espada –al pinchar en el momento decisivo– le privó de los trofeos, la dimensión artística de la faena ya había calado en el público. La sensación generalizada era la de haber asistido a una de esas actuaciones que trascienden el paso del tiempo y de la historia. 

Al término del festejo, los tendidos se volcaron con el torero en una reacción que derivó en una invasión del ruedo, con la intención de sacarlo a hombros por la Puerta del Príncipe. La autoridad lo impidió, pero no evitó que abandonara el coso a hombros por la Puerta de Cuadrillas en medio de una auténtica apoteosis.

Tras la corrida, en declaraciones a One Toro TV, el propio torero resumió la dimensión de lo vivido al afirmar que "Son cosas que uno las hace en sueños. Después es más difícil regresar a la realidad, y mira por dónde, hoy ha sido un día de esos de ensueño. Lástima que el toro se fuese un poco suelto y no pudiera hacerle lo que quería al principio, menos la espada. Pero por lo demás creo que ha sido una faena de ensueño". 

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Rubén Guerrero.

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