El Mesón El Cachorro, uno de los establecimientos más conocidos del barrio de Triana (Sevilla), ha anunciado su cierre tras cuatro décadas de actividad. La despedida se ha producido con una carta manuscrita colocada en el local, un mensaje que rápidamente se ha difundido en redes sociales y ha provocado una ola de nostalgia entre vecinos y antiguos clientes.
En la carta, los propietarios explican que “en unos días bajamos la persiana del mesón después de cuarenta años”, una decisión que, reconocen, les provoca emoción y cierto temblor al escribirla.
El mensaje comienza con un agradecimiento directo a quienes han pasado por el local durante todos estos años. “Querida familia, porque clientes fuisteis el primer día, pero familia os hicisteis el segundo”, escriben en las primeras líneas del texto.
Cuatro décadas de vida en un bar de barrio
En la carta recuerdan los momentos vividos durante estos años detrás de la barra. “Cuarenta años removiendo guisos a fuego lento y viendo chisporrotear las gambas al ajillo”, relatan, evocando la rutina diaria de un negocio que ha sido punto de encuentro para varias generaciones.
Los dueños destacan también el papel del mesón como espacio de convivencia en el barrio. “Aquí hemos visto crecer a vuestros hijos. Hemos celebrado lo bueno y acompañado en lo difícil”, escriben, recordando que en ese lugar se compartieron tanto alegrías como momentos complicados.
El texto incluye además un recuerdo especial para quienes ya no están. Los propietarios señalan que muchos clientes-amigos no podrán leer esas líneas, pero que siguen teniendo “un sitio reservado en nuestra memoria”.
La jubilación tras toda una vida en la barra
La carta también explica el motivo del cierre: la jubilación de los propietarios, después de una vida dedicada al negocio.
“Mateo ha vivido media vida apoyado en esta barra, arreglando lo que se rompía con más paciencia que herramientas”, señalan en el mensaje, mientras recuerdan cómo entre fogones se ha puesto en cada plato algo que, dicen, no aparece en las cartas: “cariño de barrio”.
Ahora, explican, llega una nueva etapa: “Dormir sin despertador, seguir trasteando con cables, cambiar el fuego por la pesca y aprender a vivir sin horarios”.
Un adiós que se queda en la memoria del barrio
Los propietarios subrayan que todo lo vivido en el mesón no se traspasa ni se vende, sino que permanece en el recuerdo de quienes lo han compartido.
“Lo que aquí se ha vivido no se firma en ningún traspaso. Se queda en las paredes, en el olor a guisos, en cada codo apoyado en la barra… y en cada recuerdo compartido”, escriben.
La carta concluye con un mensaje de agradecimiento tras cuatro décadas de trabajo: “Gracias por estos cuarenta años. Gracias por elegirnos”.
Finalmente, los dueños señalan que en ese lugar se queda parte de su vida y que esperan que quienes entren en el local en el futuro sepan que “esta casa fue y será suya”.
El texto termina con una despedida firmada: “Con todo nuestro corazón, Fran y Mateo”.



