Más de 15.000 nazarenos en Sevilla para una 'Madrugá' sin noche: pocos incidentes, muchos políticos

Las dos Esperanzas, el Gran Poder, Los Gitanos, El Silencio y El Calvario iluminan el santo crucigrama de las horas más mágicas e imposibles de contar en esta ciudad de la Gracia

Díaz Ayuso, este Viernes Santo Madrugada, con los acólitos de la Macarena en Sevilla.
03 de abril de 2026 a las 16:42h

Lo que Sevilla hilvana y pespuntea en los corazones de su gente durante el tiempo sin tiempo de la Madrugá no cabe en ninguna parte y menos en una crónica, pero siempre conviene reseñar algunos detalles para que determinadas autoridades de fuera no vuelvan a confundir las horas más mágicas e imposibles de la Semana Santa sevillana con la jornada del Amor Fraterno, por ejemplo. Al fin y al cabo, tampoco es lo mismo una Feria de verdad aquí que otra de disfraces allí.

El caso es que la Madrugá sevillana que se ha dado por concluida apenas media hora antes de que comience realmente el Viernes Santo ha salido todo lo bien que puede salir la mayor concurrencia de cuerpos y almas en esta ciudad de la Gracia que calcula su mayor crucigrama con las armas de este mundo sabiendo que al final todo depende de las disposiciones del otro.

Se subraya un año más que El Calvario o El Gran Poder ya llevaban ocho o diez minutos de retraso en Campana, como si esto fuera el descuento de un partido de fútbol y no el más complicado sudoku que el Cristianismo del Sur es capaz de resolver, con cintura, en la calle de todos. Se recuerda, ya a la amanecida, que Los Gitanos –la última cofradía en poner sus pasos en el suelo de Sevilla- tuviera que esperar media hora para poder entrar en carrera oficial, y es cierto, pero apenas se echa a ver que muchas de las cofradías adelantaron su horario oficial u oficiosamente, o que El Silencio facilitara el discurrir de los demás con minutos de adelanto en todos los hitos del particular via crucis sevillano y que regresara a su iglesia de San Antonio Abad con un cuarto de hora de ventaja para sí mismo y para la gran causa de propaganda fide que supone esta brutal protestación de fe que otros políticos, los de hace una década, amagaron con mitigar porque cometieron el error de creer que la memoria solo tiene una acepción en el diccionario.

El portavoz del PSOE en Sevilla, Antonio Muñoz, junto a la ministra de Educación, Formación Profesional y Deportes, Milagros Tolón, en la salida de la Macarena

La Madrugá sevillana se levanta iluminada sobre todos esos meandros de la historia reciente de este siglo y pone en órbita sus máximas devociones, empezando por esas dos Esperanzas que acumulan más de la mitad de los 15.000 nazarenos (mil más que el año pasado) que ponen las seis cofradías en la calle y casi al mismo tiempo: la Esperanza Macarena, reforzada en todo tras los últimos acontecimientos de sus pestañas, de su nueva junta de gobierno y de su recuperado capataz, y la Esperanza de Triana, cuyos trajes de nazarenos siguen ostentando la condición de mayor obra de arte en el género. Ambas advocaciones marianas, desde un lado y otro del Guadalquivir, consiguen concitar en una noche sin oscuridades a muchos miles de nazarenos en filas de a tres y a otros miles de devotos que acuden desde todos los rincones de España y más allá.

Y la estampa fundamental vuelve a ser la misma un año más: la de gente de toda clase y condición que llora, musita, reza, grita, canta, piropea, sonríe, promete y vuelve a llorar, de pena, de alegría, de sorpresa o de rabia contenida, porque en Sevilla, en esta noche sin noche que ha pasado, entre el sueño de la vida que comienza y la vida del sueño consumado, se puede llorar por una cosa y la contraria y la Madre de Dios lo comprende todo, que para eso es la Madre de todos.

La virgen de Nuestra Señora de la Esperanza, recorre las calles de Sevilla en la Madrugá de la Semana Santa, este Viernes Santo.  RAÚL CARO / EFE

El Señor y su Madre, volcados con la ciudad

En la Madrugá sevillana han contrastado los dos Nazarenos con más penitentes de Sevilla: si Jesús del Gran Poder lucía su llamada Túnica de los Devotos, con diseño de Javier Sánchez de los Reyes, el Señor de la Salud, el de los Gitanos, iba todo de liso. En el Palacio de Dueñas, de una significación tan machadiana para recordarnos al Cristo que anduvo en el mar, fue Cayetano Martínez de Irujo quien tuvo el privilegio de llamar al paso y dedicar la levantá al capataz Juan Manuel Martín Núñez y a su propia madre, la Duquesa de Alba, que ahora hubiera cumplido un siglo.

Uno de los detalles de más calado en la Madrugá ha sido el dispensado por la Esperanza Macarena tras su visita al convento de las Hermanas de Santa Ángela de la Cruz. Al pasar por la calle Alcázares, parece que la mismísima Virgen se hubiera percatado de la gran afluencia de devotos que, a demasiados metros, en balcones y en el suelo, no podía acercarse debido al aforamiento con las vallas. Según el Cecop, la calle se había cortado porque la propia hermandad lo había pedido para que los nazarenos pudieran usar los servicios del colegio San Francisco de Paula. El paso de la Macarena se ha girado y la reacción del gentío ha parecido la reacción de toda Sevilla, agradecida. “Si el pueblo no puede llegar a Ella será Ella la que llegue al pueblo. Y así sea por siempre”, han señalado desde la corporación de San Gil en sus redes sociales.

El paso de la Esperanza Macarena atraviesa el arco que lleva su nombre rodeada de miles de fieles tras abandonar su Basílica para iniciar su estación de penitencia.   JULIO MUÑOZ / EFE

Pocos incidentes y muchos políticos

La Madrugá ha transcurrido sin apenas incidentes, acaso anécdotas, como el apagón de apenas unos minutos sobre las cinco en un tramo de la Avenida de la Constitución o el trabajo de los agentes desmontando chiringuitos de sillitas por la calle Pureza, por el Duque o por el Arenal.

Lo que sí ha abundado ha sido la confluencia de conocidos políticos en los entornos clave. Por San Gil, por ejemplo, ha podido verse al exalcalde de Sevilla Antonio Muñoz paseando con la ministra de Educación, Milagros Tolón, mientras el alcalde actual, José Luis Sanz, alternaba con la consejera de Cultura, Patricia del Pozo, y más tarde, por Pureza, el primer edil sevillano acompañaba a la que fuera presidenta de la Junta, Susana Díaz, hermana de la Esperanza de Triana, en un balcón. Isabel Díaz Ayuso, por su parte, ha intentado pasar más desapercibida que el día anterior.

Los relojes, que no importan en esta Madrugá que se va haciendo mediodía, lo han perdonado todo en el crucigrama sacro de una ciudad detenida, y más a la Macarena, que iba a recogerse a las 13.30 horas pero lo ha hecho hora y media después mientras toda Sevilla pensaba risueña en qué significan 90 minutos en el océano de la eternidad.

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Álvaro Romero

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