La mañana del pasado 28 de enero, cuando una de aquellas borrascas con nombre propio tumbaba árboles y palmeras y el Ayuntamiento de Sevilla había contabilizado ya alrededor de 200 incidencias, lo más grave ocurrió en una obra del Parque Tecnológico e Industrial de Palmas Altas. Un chaval de solo 22 años, de Los Palacios y Villafranca y naturalmente inexperto, murió en el acto tras caerle presuntamente encima, mientras trabajaba, “una placa de material no especificado”, según la primera versión de la que informó Europa Press, que citaba fuentes del Servicio de Emergencias 112 de Andalucía. Sin embargo, tan solo unas horas después se puso en duda esa versión apresurada de los hechos por parte de los familiares de la víctima.
Al joven palaciego, que trabajaba para una subcontrata, le había pedido su madre, Dolores, que no fuera a trabajar aquel día. De hecho, otros compañeros ni siquiera se presentaron en el tajo porque pesaba sobre la jornada un aviso meteorológico naranja por fuertes rachas de viento acompañadas de lluvia. Sin embargo, Juan Diego B. A. le contestó a su madre: “No puedo perder el día de trabajo”.
Lo cuenta ahora con un nudo en la garganta uno de los familiares al que han recibido los agentes del IV Grupo de Homicidios en Sevilla de la UDEV (Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta) de la Jefatura Superior de la Policía Nacional, que llevan semanas investigando el caso. “Llevaba varios días haciendo un trabajo para el que ni estaba preparado ni era legal que hiciese”, comenta este familiar, e insiste: “Y es indignante la situación en la que están tantos y tantos trabajadores de la construcción todos los días para llevar un trozo de pan a la mesa.”
Según su versión y la de al menos un compañero de trabajo de Juan Diego B. A. que ha estado en la escena del accidente para reconstruir los hechos con la Policía, no es que le cayera encima ninguna placa, sino que terminó sepultado sin posibilidad de escapatoria por uno de los pilotes de hormigón que llevaban días cortando manualmente, con una radial.
Estos pilotes verticales para la primera estructura de la construcción se entierran a la profundidad que requiera la roca base sobre la que se sustentan los cimientos, pero siempre terminan sobresaliendo varios metros, incluso cinco o seis, y es una máquina especializada la que se encarga de picar el sobrante o de cortar el pilote por la base mientras se sujeta por la parte superior, en suspenso. Sin embargo, según la primera versión que se conoció de los hechos, en la que se asumía el trabajo que estaba realizando el joven palaciego, el funcionamiento de dicha máquina estaba mermado por el barro acumulado tras varios días de lluvia. “O que el funcionamiento de la máquina tiene un coste muy superior al de unos trabajadores haciéndolo a mano”, apuntan los familiares de Juan Diego B. A.
El caso es que Juan Diego B. A. no tuvo opciones. El Centro de Emergencias del 061 informó al 112 a las 12.55 horas de aquella fatídica mañana del 28 de enero. La sala coordinadora activó inmediatamente, además de a los bomberos, al Centro de Prevención de Riesgos Laborales, a la Inspección de Trabajo y a la Policía Nacional. Los tres llevan semanas investigando el caso. Los servicios sanitarios confirmaron el fallecimiento del joven. “Y como por fortuna no se pudo ni mover a la víctima ni cambiar nada en aquel escenario, debió de estar muy claro si a Juan Diego le cayó accidentalmente una placa o murió aplastado por uno de estos pilotes que no debería estar cortando él”, comenta uno de los familiares que acudió poco después al lugar del accidente y tuvo que informar a los padres del joven de lo sucedido, pues ambos iban creyendo que el hijo estaba en el hospital, grave, sí, pero vivo.
“Incumplimiento de la normativa preventiva”
Aquella misma tarde, la del pasado 28 de enero, la secretaria de Salud Laboral de CCOO en Sevilla, Carmen Tirado, aseguró que “el trabajador había recibido órdenes de realizar una tarea que tenía que llevar a cabo una máquina, cuyo funcionamiento estaba mermado por el barro generado en estos días de lluvia”. Tirado mostró aquel día su consternación y ya avisó de que “la principal causa del fallecimiento”, como apuntó al día siguiente la propia familia, “fuera el incumplimiento de la normativa preventiva, obligando a realizar trabajos que entrañan tal peligrosidad que el resultado haya sido la muerte del trabajador”.
El secretario de Salud Laboral de UGT en Sevilla, José Armando Rodríguez Ardila, por su parte, también señaló que el trabajador se encontraba picando un pilar de unos seis metros de altura “sin medios mecánicos, presuntamente debido a que las grúas no podían operar por las condiciones meteorológicas adversas”. Según el sindicalista, “si no es posible utilizar los medios adecuados para realizar un trabajo con seguridad, la actividad debe suspenderse”.
El primer muerto en el tajo en Sevilla de 2026
A su pesar, Juan Diego B. A. se convirtió aquella mañana de enero en la primera víctima mortal por accidente de trabajo en la provincia de Sevilla, donde el año anterior se había cerrado con la escalofriante cifra de 36 víctimas mortales en el ámbito laboral. En 2024, los muertos por el mismo motivo habían sido 22; y en 2023, 25.
“Es que sufrimos una auténtica epidemia de accidentes laborales, especialmente en el sector de la construcción, y no es normal”, apunta el portavoz de Adelante Andalucía en el Parlamento Andaluz, José Ignacio García, que ha contactado con la familia del joven fallecido para “estar muy pendientes de las conclusiones a las que lleguen la Policía Nacional tras su investigación y el juzgado de instrucción que lleva el caso”, ha declarado a lavozdelsur.es. “Vamos a ser respetuosos con la investigación, por supuesto, pero estaremos muy atentos a si la Fiscalía encuentra finalmente indicios de delito”.
Los accidentes laborales, al Parlamento andaluz
El parlamentario de Adelante Andalucía ha asegurado que su grupo está recopilando información al respecto para llevar el problema “de esta epidemia de accidentes laborales al Parlamento, y no como hechos individuales, sino como el grave problema colectivo que es”. “Es que no se puede asumir esto como si fuera algo de la meteorología”, insiste García. “No se puede ni se debe asumir como algo normal que más de cien personas mueran en su puesto de trabajo cada año en Andalucía”.
“Yo no me quiero imaginar que le pase algo así a un familiar mío y que los políticos sigan a lo suyo y no se dignen a darme un siquiera un telefonazo”, ha señalado el líder de la formación de izquierda. “Frenar esta barbaridad es un compromiso de mi grupo a largo plazo, y a mí no se me va a olvidar jamás, porque se me ha grabado a fuego esa frase que le dijo Juan Diego a su madre de que no podía perder el día de trabajo”, ha subrayado el líder de Adelante Andalucía, que compara esta sangría con la de la violencia de género. “Igual que ha ocurrido con el maltrato, que ha pasado de ser un asunto privado a un problema de todos, tenemos que conseguir que con los accidentes laborales ocurra igual, porque esto pasa por la precariedad laboral y por la actitud de la patronal”, ha apostillado García.


