La increíble historia de la bula papal en El Viso del Alcor: la coge de monaguillo en unas obras de la iglesia y la devuelve tras medio siglo
La Guardia Civil cierra un extraño caso de investigación sobre una bula de 1571 que el papa Pío V concedió a la parroquia local después de que el noble Fernando Arias de Saavedra y un pelotón de hombres del pueblo contribuyeran al triunfo en la Batalla de Lepanto
Ya es casualidad que el hallazgo de la Guardia Civil se hiciera público precisamente el miércoles de esta semana, festividad de la Virgen del Rosario, pues otro 7 de octubre pero de 1571 fue cuando tuvo lugar la tan conocida Batalla de Lepanto tras la que el mismísimo Miguel de Cervantes, que luchó allí contra los otomanos, perdió la movilidad del brazo izquierdo tras recibir varios arcabuzazos. Pero la historia conocida estos días en el municipio sevillano de El Viso del Alcor está plagada de casualidades históricas y de un misterio a la altura de las leyendas extendidas en el municipio antes y después de que desapareciera una bula papal nada menos que del artífice –político y espiritual- de aquella victoria cristiana y europea: el pontífice Pío V, al que en aquel momento le faltaban solo unos meses para morir.
Fue este papa quien había desplegado una intensa labor diplomática para que se unieran diversas potencias europeas en la creación de la Santa Liga, al frente de la cual colocó a Juan de Austria, medio hermano de Felipe II y a quien él definió, basándose en los Evangelios, como “un hombre enviado por Dios que se llamaba Juan”. Y fue Pío V, en fin, quien atribuyó a la Virgen el supuesto milagro de la victoria.
Su sucesor al año siguiente, Gregorio XIII, instituyó la fiesta de la Virgen del Rosario. Y sería ese mismo papa, Pío V, el que, acabada con éxito la contienda, otorgó una bula a la parroquia de Santa María del Alcor, en el municipio sevillano, por la participación en aquella batalla de Fernando Arias de Saavedra, séptimo señor de El Viso y IV Conde de Castellar, con un grupo de hombres de la localidad que volvieron de la célebre batalla sin que ninguno de ellos pereciera.
El extraordinario documento, fechado el 4 de marzo de 1571, que concedía privilegios espirituales y servía como testimonio legal y sagrado del Vaticano para vincular El Viso con la victoria naval de la Santa Liga en Lepanto, había formado parte, durante siglos, de la tradición cultural de la localidad, hasta el punto de haber protagonizado jornadas festivas y recreaciones teatrales e históricas de la llegada de los hombres de Lepanto a El Viso.
El documento encontrado por la Guardia Civil.
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Pero en determinado momento, a mediados de la década de los 70 del pasado siglo, el documento desapareció. Misteriosamente. Incomprensiblemente. Al parecer, después de ciertas obras de reforma en el templo. Tal fue así, que en este último medio siglo se ha llegado a sospechar, a nivel local, que toda aquella historia de la bula papal a la parroquia de El Viso tenía más de mito que de realidad. Se llegó a dudar incluso de su propia existencia.
Crónica de un hallazgo anunciado
Pero resulta que ciertos vecinos, vinculados a las asociaciones culturales del municipio, se ponen en contacto con la Guardia Civil hace justo dos años, en octubre de 2024, para poner al Instituto Armado sobre la pista de aquella bula tan extrañamente desaparecida. Y fue así como el Área de Investigación de la UPRONA (Unidad de Protección de la Naturaleza) y del Grupo de Patrimonio de la Policía Judicial de la Comandancia de la Guardia Civil en Sevilla se pusieron a investigar, siempre orientados por estas asociaciones. Fue una de ellas, la Asociación Cultural Amigos de El Viso, quien le facilitó a la Guardia Civil artículos de la prensa provincial y hasta de sus propias revistas en las que, desde el año 2000, aparecían representaciones gráficas de la bula. Porque, en realidad, el misterio de la bula desaparecida, como suele ocurrir en las investigaciones más novelescas, ni era tan misterioso ni tenía la resolución tan lejos, pero había que levantar una espesa capa de silencio que se había impuesto en el pueblo desde hacía demasiado…
Aquella revista local de las Fiestas de la Santa Cruz había publicado una fotocopia de la propia bula papal por la sencilla razón de que alguien de la propia asociación había conseguido fotografiarla. Sencillamente, se había presentado en casa de quien la tenía y le había pedido el favor de hacerle una copia antes de devolvérsela. De modo que la imagen de la bula desaparecida la vio todo el pueblo como mínimo en una página de la revista, pero la bula en sí siguió constituyendo un misterio.
En el artículo aparecido en aquella revista el último año del pasado siglo, firmado por la Asociación Cultural Amigos del Viso, también se hacía mención a un azulejo con la figura de la Virgen del Rosario que se había instalado con motivo de la concesión de aquella bula en 1571. Al parecer, el azulejo había estado adosado a la pared del Palacio de los Condes de Castellar junto al Convento del Corpus Christi hasta que también había desparecido a comienzos de los años 70 del siglo XX.
El giro de un nuevo párroco
El misterio –un tanto forzado- de la bula desaparecida se extendió hasta el verano de 2023, cuando llega a la parroquia de Santa María del Alcor un nuevo párroco, el joven carmonense José Antonio de la Maza. Varios miembros de las asociaciones culturales Amigos de El Viso o Fuente del Sol, como los historiadores Marco Antonio Campillo e Isidro Sánchez Morillo, le relataron al nuevo cura, desde el principio, la aventura de la bula desaparecida y la importancia del valioso documento para la historia local. Y el joven sacerdote, a diferencia de sus predecesores, sí pareció comprender la trascendencia cultural que encerraba su posible recuperación.
La propia Guardia Civil, ya con suficientes indicios reunidos, se presentó meses después en la parroquia para contrastar con el nuevo párroco si él tenía constancia de que aquel documento había existido y no era, como se había llegado a difundir con los años, una leyenda sin fundamento. De la Maza, en todo caso, no sabía más que lo que le habían contado los historiadores locales, pero tanto se fio de ellos, que no tuvo problema para escribir directamente a Roma en busca de un rayo de luz.
Investigación en el Vaticano
Con la documentación perfectamente reunida y ordenada por los historiadores, y con el afán aclaratorio del propio Instituto Armado, el párroco firmó la misiva de una consulta al mismísimo Vaticano, que terminó certificando que, en efecto, había un asiento en el registro pontificio donde figuraba tal bula, fechada en Roma, “junto a San Pedro, el año de la Encarnación del Señor mil quinientos setenta y uno día 4 de marzo, séptimo de nuestro Pontificado”.
Y fue a partir de entonces, ya en 2025, cuando la Benemérita fue estrechando el cerco dentro de ciertos ámbitos de la propia localidad vinculados a la parroquia, pensando en la época de las obras. Se ha asegurado esta semana en una nota de prensa difundida por la propia Benemérita que sospecharon primero de un vecino dedicado a la numismática, archivista y aficionado a los documentos históricos, hasta que entendieron que toda aquella apariencia era una falsa alarma. En realidad el único sospechoso de que pudiera tener en su casa la bula había sido el mismo desde el principio y mucha gente en el pueblo, no solo los historiadores más destacados, lo conocía de sobra, pero nadie había querido señalarlo. Solamente una persona, el historiador Cesáreo de los Santos, que había sido su maestro durante años, se atrevió en alguna ocasión a visitarlo y a pedirle que devolviera el documento, pero al parecer sin éxito.
Cuando la investigación de la Guardia Civil había avanzado lo suficiente, uno de sus agentes, vecino de toda la vida de El Viso, se presentó en casa de este vecino y logró convencerlo de que lo mejor era que devolviese la bula que tenía guardada en un cajón. El guardia civil en cuestión no tuvo que ir muy lejos porque la casa del vecino distaba solo 30 metros de la parroquia y él mismo conocía a su dueño.
Aventura infantil
Al vecino de El Viso del Alcor que ha guardado durante algo más de medio siglo la bula papal no se le ha imputado delito alguno porque toda la investigación ha desembocado en él finalmente por las buenas. El hombre, del que no han trascendido más datos sino que es soltero y tiene 64 años, le contó a la Guardia Civil que cuando ocurrieron los hechos, es decir, cuando él cogió aquel documento en el contexto de unas obras en la parroquia, no era más que un niño, un menor de edad de apenas 14 años que ejercía allí de monaguillo, y que su propósito era exclusivamente la custodia del documento y su conservación. De hecho, en todo este tiempo no había hecho intento alguno de lucrarse a su costa y ni siquiera de destruirlo cuando se dio cuenta de que la investigación lo iba cercando. Fue él mismo quien lo entregó voluntariamente el pasado 2 de septiembre: un pergamino doblado que había conservado durante casi toda su vida en el interior de su vivienda, donde ya vive solo.
Los agentes enviaron el documento al Archivo Histórico Provincial para que les demostrara que la bula tenía un 99% de posibilidades de ser la auténtica, la bula concedida hace 454 años por el papa de Roma a aquellos valientes hombres de El Viso y su parroquia. El estudio técnico, que incluyó la comparación con una copia del asiento registral original de la bula conservada en el Archivo Apostólico Vaticano, determinó que el pergamino presentaba características materiales, paleográficas y gráficas totalmente compatibles con el documento pontificio original de la segunda mitad del siglo XVI, de la época de Pío V justamente.
El documento ya está depositado de nuevo en la parroquia de El Viso, que ha recuperado un hito fundamental de su memoria. Ahora, varios historiadores recuerdan a lavozdelsur.es, entre el asombro y la ternura, las varias ocasiones en que la bula papal ha salido a colación en congresos y encuentros de historiadores, dentro y fuera del pueblo. En la última ocasión, alguien de entre el público había levantado la mano para hacerles a los expertos la pregunta del millón: que dónde estaba la bula o quién la tenía, a lo que siguió un silencio sepulcral. Ese silencio se ha roto por fin.
¿Qué decía concretamente el texto de la bula?
La famosa bula de Pío V a El Viso del Alcor no solo fue publicada parcialmente con una foto en la revista de las Fiestas de la Santa Cruz allá por el año 2000, sino que se ofreció una traducción al castellano actual que no tiene desperdicio. Después de un largo saludo del pontífice, decía literalmente: “Deseando, pues, que la Iglesia parroquial de la ciudad o lugar del Viso, de la diócesis hispalense, a la cual pertenece, como hemos tenido noticia, el amado hijo Fernando Saavedra, habitante de la ciudad o diócesis de Sevilla, el cual en la guerra naval, que se ha llevado a cabo hace poco, en la cual, por la benignidad de Dios, el ejército de los Turcos pereció casi totalmente, el citado Fernando se manifestó como acérrimo defensor del nombre cristiano, se comportó con fortaleza y dignidad y sigue manifestando un singular afecto de devoción, de tal manera que es honrado y los mismos fieles de Cristo, arrastrados por él acuden por devoción a dicha Iglesia… Concedemos misericordiosamente en el señor con la autoridad apostólica indulgencia plenaria y remisión de todos sus pecados a todos y cada uno de los fieles de ambos sexos, verdaderamente arrepentidos y confesados que cada año, el día tercero después de la Resurrección de N.S. Jesucristo, desde las primeras vísperas hasta la puesta del sol inclusive del mismo día, hubiesen visitado la citada Iglesia y en ella hubiesen dirigido a Dios oraciones por la conservación de la Santa Iglesia, extirpación de las herejías, retorno de los herejes, conversión de los infieles y por la paz entre los príncipes cristianos, y cualquier otras que sugiera a cada uno su devoción”.
Como puede leerse, la Iglesia de entonces acostumbraba a dispensar el perdón de los pecados, gracias a estas bulas, a quienes, en determinado día (el tercero después del Domingo de Resurrección, en este caso) visitase un determinado lugar sagrado (la parroquia de El Viso, en este ejemplo) y pidiese allí, curiosamente, no tanto por la paz mundial, como se hace hoy en día en toda la Iglesia, sino exclusivamente “por la paz entre los príncipes cristianos”. Para los herejes, por su parte, que eran todos los apartados de la cristiandad, se pedía en cambio “la extirpación” o “la conversión de esos infieles”.
Gracia perpetua
La gracia de aquella bula papal no tenía fecha de caducidad, según puede leerse en su última parte, que termina así: “Y mandamos que estas indulgencias habrán de existir y ser tenidas como válidas perpetuamente a favor de los mismos fieles de Cristo, no debiendo impedirlo ninguna renovación de indulgencias, alteración o derogación por lso Romanos Pontífices, nuestros sucesores, y por la Sede Apostólica, o por cualquier causa o hechos canónicos que hoy o en el futuro acaecieren”.
Un papa aficionado a las bulas y contra las corridas de toros
El papa que concedió aquella bula a la parroquia de El Viso del Alcor a comienzos de 1571, tras la Batalla de Lepanto, había nacido en un pueblecito del Piamonte italiano el mismo año que, en España, murió nuestra Isabel la Católica: 1504. Se llamaba Antonio Michel Ghislieri, ingresó en la Orden de los Predicadores cuando tenía 14 años -los mismos que el vecino de El Viso cuando cogió la bula- y con 24 fue ordenado sacerdote en Génova. Con 47 fue designado general de la Inquisición en Roma; con 55 fue obispo y con 61 ocupó la silla papal con el nombre de Pío V.
La de la Batalla de Lepanto no fue la única bula que emitió ni mucho menos, pues fue un papa especialmente aficionado a ellas. En 1567, mediante la titulada De Salutis Gregis Dominici (Sobre la salvación del rebaño del Señor), prohibió realizar corridas de toros en toda la cristiandad, bajo pena de excomunión a perpetuidad. Sin embargo, a petición del propio Felipe II desde España, la Iglesia terminaría modificando aquella declaración al limitar la exclusión y el mandato de apartamiento de los toros a sus clérigos. Otras bulas de Pío V apuntaron a los clérigos culpables de sodomía homosexual y obligaron a los miembros de su Guardia Suiza a casarse con sus concubinas si no querían despedirlas para siempre.
Ya es casualidad que el hallazgo de la Guardia Civil se hiciera público precisamente el miércoles de esta semana, festividad de la Virgen del Rosario, pues otro 7 de octubre pero de 1571 fue cuando tuvo lugar la tan conocida Batalla de Lepanto tras la que el mismísimo Miguel de Cervantes, que luchó allí contra los otomanos, perdió la movilidad del brazo izquierdo tras recibir varios arcabuzazos. Pero la historia conocida estos días en el municipio sevillano de El Viso del Alcor está plagada de casualidades históricas y de un misterio a la altura de las leyendas extendidas en el municipio antes y después de que desapareciera una bula papal nada menos que del artífice –político y espiritual- de aquella victoria cristiana y europea: el pontífice Pío V, al que en aquel momento le faltaban solo unos meses para morir.
Fue este papa quien había desplegado una intensa labor diplomática para que se unieran diversas potencias europeas en la creación de la Santa Liga, al frente de la cual colocó a Juan de Austria, medio hermano de Felipe II y a quien él definió, basándose en los Evangelios, como “un hombre enviado por Dios que se llamaba Juan”. Y fue Pío V, en fin, quien atribuyó a la Virgen el supuesto milagro de la victoria.
Su sucesor al año siguiente, Gregorio XIII, instituyó la fiesta de la Virgen del Rosario. Y sería ese mismo papa, Pío V, el que, acabada con éxito la contienda, otorgó una bula a la parroquia de Santa María del Alcor, en el municipio sevillano, por la participación en aquella batalla de Fernando Arias de Saavedra, séptimo señor de El Viso y IV Conde de Castellar, con un grupo de hombres de la localidad que volvieron de la célebre batalla sin que ninguno de ellos pereciera.
El extraordinario documento, fechado el 4 de marzo de 1571, que concedía privilegios espirituales y servía como testimonio legal y sagrado del Vaticano para vincular El Viso con la victoria naval de la Santa Liga en Lepanto, había formado parte, durante siglos, de la tradición cultural de la localidad, hasta el punto de haber protagonizado jornadas festivas y recreaciones teatrales e históricas de la llegada de los hombres de Lepanto a El Viso.
El documento encontrado por la Guardia Civil.
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Pero en determinado momento, a mediados de la década de los 70 del pasado siglo, el documento desapareció. Misteriosamente. Incomprensiblemente. Al parecer, después de ciertas obras de reforma en el templo. Tal fue así, que en este último medio siglo se ha llegado a sospechar, a nivel local, que toda aquella historia de la bula papal a la parroquia de El Viso tenía más de mito que de realidad. Se llegó a dudar incluso de su propia existencia.
Crónica de un hallazgo anunciado
Pero resulta que ciertos vecinos, vinculados a las asociaciones culturales del municipio, se ponen en contacto con la Guardia Civil hace justo dos años, en octubre de 2024, para poner al Instituto Armado sobre la pista de aquella bula tan extrañamente desaparecida. Y fue así como el Área de Investigación de la UPRONA (Unidad de Protección de la Naturaleza) y del Grupo de Patrimonio de la Policía Judicial de la Comandancia de la Guardia Civil en Sevilla se pusieron a investigar, siempre orientados por estas asociaciones. Fue una de ellas, la Asociación Cultural Amigos de El Viso, quien le facilitó a la Guardia Civil artículos de la prensa provincial y hasta de sus propias revistas en las que, desde el año 2000, aparecían representaciones gráficas de la bula. Porque, en realidad, el misterio de la bula desaparecida, como suele ocurrir en las investigaciones más novelescas, ni era tan misterioso ni tenía la resolución tan lejos, pero había que levantar una espesa capa de silencio que se había impuesto en el pueblo desde hacía demasiado…
Aquella revista local de las Fiestas de la Santa Cruz había publicado una fotocopia de la propia bula papal por la sencilla razón de que alguien de la propia asociación había conseguido fotografiarla. Sencillamente, se había presentado en casa de quien la tenía y le había pedido el favor de hacerle una copia antes de devolvérsela. De modo que la imagen de la bula desaparecida la vio todo el pueblo como mínimo en una página de la revista, pero la bula en sí siguió constituyendo un misterio.
En el artículo aparecido en aquella revista el último año del pasado siglo, firmado por la Asociación Cultural Amigos del Viso, también se hacía mención a un azulejo con la figura de la Virgen del Rosario que se había instalado con motivo de la concesión de aquella bula en 1571. Al parecer, el azulejo había estado adosado a la pared del Palacio de los Condes de Castellar junto al Convento del Corpus Christi hasta que también había desparecido a comienzos de los años 70 del siglo XX.
El giro de un nuevo párroco
El misterio –un tanto forzado- de la bula desaparecida se extendió hasta el verano de 2023, cuando llega a la parroquia de Santa María del Alcor un nuevo párroco, el joven carmonense José Antonio de la Maza. Varios miembros de las asociaciones culturales Amigos de El Viso o Fuente del Sol, como los historiadores Marco Antonio Campillo e Isidro Sánchez Morillo, le relataron al nuevo cura, desde el principio, la aventura de la bula desaparecida y la importancia del valioso documento para la historia local. Y el joven sacerdote, a diferencia de sus predecesores, sí pareció comprender la trascendencia cultural que encerraba su posible recuperación.
La propia Guardia Civil, ya con suficientes indicios reunidos, se presentó meses después en la parroquia para contrastar con el nuevo párroco si él tenía constancia de que aquel documento había existido y no era, como se había llegado a difundir con los años, una leyenda sin fundamento. De la Maza, en todo caso, no sabía más que lo que le habían contado los historiadores locales, pero tanto se fio de ellos, que no tuvo problema para escribir directamente a Roma en busca de un rayo de luz.
Investigación en el Vaticano
Con la documentación perfectamente reunida y ordenada por los historiadores, y con el afán aclaratorio del propio Instituto Armado, el párroco firmó la misiva de una consulta al mismísimo Vaticano, que terminó certificando que, en efecto, había un asiento en el registro pontificio donde figuraba tal bula, fechada en Roma, “junto a San Pedro, el año de la Encarnación del Señor mil quinientos setenta y uno día 4 de marzo, séptimo de nuestro Pontificado”.
Y fue a partir de entonces, ya en 2025, cuando la Benemérita fue estrechando el cerco dentro de ciertos ámbitos de la propia localidad vinculados a la parroquia, pensando en la época de las obras. Se ha asegurado esta semana en una nota de prensa difundida por la propia Benemérita que sospecharon primero de un vecino dedicado a la numismática, archivista y aficionado a los documentos históricos, hasta que entendieron que toda aquella apariencia era una falsa alarma. En realidad el único sospechoso de que pudiera tener en su casa la bula había sido el mismo desde el principio y mucha gente en el pueblo, no solo los historiadores más destacados, lo conocía de sobra, pero nadie había querido señalarlo. Solamente una persona, el historiador Cesáreo de los Santos, que había sido su maestro durante años, se atrevió en alguna ocasión a visitarlo y a pedirle que devolviera el documento, pero al parecer sin éxito.
Cuando la investigación de la Guardia Civil había avanzado lo suficiente, uno de sus agentes, vecino de toda la vida de El Viso, se presentó en casa de este vecino y logró convencerlo de que lo mejor era que devolviese la bula que tenía guardada en un cajón. El guardia civil en cuestión no tuvo que ir muy lejos porque la casa del vecino distaba solo 30 metros de la parroquia y él mismo conocía a su dueño.
Aventura infantil
Al vecino de El Viso del Alcor que ha guardado durante algo más de medio siglo la bula papal no se le ha imputado delito alguno porque toda la investigación ha desembocado en él finalmente por las buenas. El hombre, del que no han trascendido más datos sino que es soltero y tiene 64 años, le contó a la Guardia Civil que cuando ocurrieron los hechos, es decir, cuando él cogió aquel documento en el contexto de unas obras en la parroquia, no era más que un niño, un menor de edad de apenas 14 años que ejercía allí de monaguillo, y que su propósito era exclusivamente la custodia del documento y su conservación. De hecho, en todo este tiempo no había hecho intento alguno de lucrarse a su costa y ni siquiera de destruirlo cuando se dio cuenta de que la investigación lo iba cercando. Fue él mismo quien lo entregó voluntariamente el pasado 2 de septiembre: un pergamino doblado que había conservado durante casi toda su vida en el interior de su vivienda, donde ya vive solo.
Los agentes enviaron el documento al Archivo Histórico Provincial para que les demostrara que la bula tenía un 99% de posibilidades de ser la auténtica, la bula concedida hace 454 años por el papa de Roma a aquellos valientes hombres de El Viso y su parroquia. El estudio técnico, que incluyó la comparación con una copia del asiento registral original de la bula conservada en el Archivo Apostólico Vaticano, determinó que el pergamino presentaba características materiales, paleográficas y gráficas totalmente compatibles con el documento pontificio original de la segunda mitad del siglo XVI, de la época de Pío V justamente.
El documento ya está depositado de nuevo en la parroquia de El Viso, que ha recuperado un hito fundamental de su memoria. Ahora, varios historiadores recuerdan a lavozdelsur.es, entre el asombro y la ternura, las varias ocasiones en que la bula papal ha salido a colación en congresos y encuentros de historiadores, dentro y fuera del pueblo. En la última ocasión, alguien de entre el público había levantado la mano para hacerles a los expertos la pregunta del millón: que dónde estaba la bula o quién la tenía, a lo que siguió un silencio sepulcral. Ese silencio se ha roto por fin.
¿Qué decía concretamente el texto de la bula?
La famosa bula de Pío V a El Viso del Alcor no solo fue publicada parcialmente con una foto en la revista de las Fiestas de la Santa Cruz allá por el año 2000, sino que se ofreció una traducción al castellano actual que no tiene desperdicio. Después de un largo saludo del pontífice, decía literalmente: “Deseando, pues, que la Iglesia parroquial de la ciudad o lugar del Viso, de la diócesis hispalense, a la cual pertenece, como hemos tenido noticia, el amado hijo Fernando Saavedra, habitante de la ciudad o diócesis de Sevilla, el cual en la guerra naval, que se ha llevado a cabo hace poco, en la cual, por la benignidad de Dios, el ejército de los Turcos pereció casi totalmente, el citado Fernando se manifestó como acérrimo defensor del nombre cristiano, se comportó con fortaleza y dignidad y sigue manifestando un singular afecto de devoción, de tal manera que es honrado y los mismos fieles de Cristo, arrastrados por él acuden por devoción a dicha Iglesia… Concedemos misericordiosamente en el señor con la autoridad apostólica indulgencia plenaria y remisión de todos sus pecados a todos y cada uno de los fieles de ambos sexos, verdaderamente arrepentidos y confesados que cada año, el día tercero después de la Resurrección de N.S. Jesucristo, desde las primeras vísperas hasta la puesta del sol inclusive del mismo día, hubiesen visitado la citada Iglesia y en ella hubiesen dirigido a Dios oraciones por la conservación de la Santa Iglesia, extirpación de las herejías, retorno de los herejes, conversión de los infieles y por la paz entre los príncipes cristianos, y cualquier otras que sugiera a cada uno su devoción”.
Como puede leerse, la Iglesia de entonces acostumbraba a dispensar el perdón de los pecados, gracias a estas bulas, a quienes, en determinado día (el tercero después del Domingo de Resurrección, en este caso) visitase un determinado lugar sagrado (la parroquia de El Viso, en este ejemplo) y pidiese allí, curiosamente, no tanto por la paz mundial, como se hace hoy en día en toda la Iglesia, sino exclusivamente “por la paz entre los príncipes cristianos”. Para los herejes, por su parte, que eran todos los apartados de la cristiandad, se pedía en cambio “la extirpación” o “la conversión de esos infieles”.
Gracia perpetua
La gracia de aquella bula papal no tenía fecha de caducidad, según puede leerse en su última parte, que termina así: “Y mandamos que estas indulgencias habrán de existir y ser tenidas como válidas perpetuamente a favor de los mismos fieles de Cristo, no debiendo impedirlo ninguna renovación de indulgencias, alteración o derogación por lso Romanos Pontífices, nuestros sucesores, y por la Sede Apostólica, o por cualquier causa o hechos canónicos que hoy o en el futuro acaecieren”.
Un papa aficionado a las bulas y contra las corridas de toros
El papa que concedió aquella bula a la parroquia de El Viso del Alcor a comienzos de 1571, tras la Batalla de Lepanto, había nacido en un pueblecito del Piamonte italiano el mismo año que, en España, murió nuestra Isabel la Católica: 1504. Se llamaba Antonio Michel Ghislieri, ingresó en la Orden de los Predicadores cuando tenía 14 años -los mismos que el vecino de El Viso cuando cogió la bula- y con 24 fue ordenado sacerdote en Génova. Con 47 fue designado general de la Inquisición en Roma; con 55 fue obispo y con 61 ocupó la silla papal con el nombre de Pío V.
La de la Batalla de Lepanto no fue la única bula que emitió ni mucho menos, pues fue un papa especialmente aficionado a ellas. En 1567, mediante la titulada De Salutis Gregis Dominici (Sobre la salvación del rebaño del Señor), prohibió realizar corridas de toros en toda la cristiandad, bajo pena de excomunión a perpetuidad. Sin embargo, a petición del propio Felipe II desde España, la Iglesia terminaría modificando aquella declaración al limitar la exclusión y el mandato de apartamiento de los toros a sus clérigos. Otras bulas de Pío V apuntaron a los clérigos culpables de sodomía homosexual y obligaron a los miembros de su Guardia Suiza a casarse con sus concubinas si no querían despedirlas para siempre.
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