Expectación por la nieve en la provincia de Sevilla: en la capital solo la recuerdan los mayores de 75 años

Las previsiones meteorológicas no prometen, pero sugieren una blanca post Navidad a partir de este domingo en determinados pueblos de las Sierras Norte y Sur de Sevilla, donde ya nevó en varias ocasiones a lo largo de este siglo, aunque nada tan espectacular como la nevada de 1954

Imagen de la nevada en el municipio sevillano de Utrera publicada en un libro, 'Álbum de recuerdos', de los Salesianos.
04 de enero de 2026 a las 09:16h

Como ocurre con todas las afirmaciones categóricas, también los refranes y las frases hechas –como las previsiones meteorológicas- se equivocan. Aquella de que “la lluvia en Sevilla es una maravilla” procede del doblaje español de la película My Fair Lady, adaptada de la original “The rain in Spain stays mainly in the plain”, que significa, llanamente, que la lluvia en España se concentra principalmente en la llanura. Todo el mundo sabe, especialmente si vive en Sevilla, que la lluvia aquí –tan necesaria- es un engorro gordísimo. Pero los refranes insisten al afirmar que “año de nieves, año de bienes”.

Depende de cuándo y dónde. Porque, en Sevilla, la última vez que nevó seriamente, en la madrugada del 2 al 3 de febrero de 1954, se registraron malas cosechas para los olivares y las vides, y los frutales terminaron tronchados. Sin embargo, quienes entonces tuvieran al menos tres añitos titularían el episodio como hizo Hemingway con París: “Sevilla era una fiesta”.

Espectacular instantánea histórica de la nevada en la sevillana Plaza de España el 3 de febrero de 1954.

Lo fue, pese a determinados desastres agrícolas o a cierto caos en el exiguo tráfico de la capital andaluza, tan poco acostumbrada a acontecimientos meteorológicos como aquel que no se ha vuelto a repetir en estos 72 últimos años. Jugar a hacer muñecos de nieve o a bombardearse con sólidas bolas de agua se grabó en la memoria de aquellos sevillanos de la capital que tienen hoy, como mínimo, tres cuartos de siglo.

No solo nevó en la capital, sino en buena parte de la provincia donde tampoco lo hacía en serio desde 1905, el año en el que nevó dos veces: el 22 de febrero y el 24 de marzo, en plena Semana Santa. Por lo demás, se registraron otras nevadas, mucho más suaves, en otros febreros –“febrerillos locos”, que dice el refranero- en 1914, en 1935 y en 1944.

Pero la nevada del 54 fue antológica. También nevó en Jerez y hasta en la costa de Málaga. En pueblos sevillanos como Los Palacios y Villafranca o Utrera empezaron a caer copos sobre las siete de la tarde. En la capital se pasó nevando, sin parar, desde las diez de la noche hasta las tres de la madrugada, de modo que la Plaza Nueva amaneció aquel 3 de febrero como en un cuento de Dickens.

Las estampas de aquella nevada insólita en la que la temperatura se mantuvo a cuatro grados bajo cero durante muchísimas horas se conservan en los álbumes familiares de quienes disponían en aquella época de cámaras fotográficas y en las hemerotecas de una ciudad que vivió el fenómeno como un sensacional espectáculo, aunque sus periódicos no pudieran abrir portadas con él, pues estaban reservadas a la propaganda del régimen franquista, y las instantáneas de la nieve fueron relegadas a las contraportadas. El paseo del Cristina de blanco, Puerta de Jerez como una ciudad alemana o los naranjos de la Plaza de la Magdalena como una arboleda londinense constituyeron una insólita noticia en la provincia más calurosa de España.

Instantáneas de la nevada en Sevilla aquel 3 de febrero de 1954.

Sevilla vivió aquel año otros acontecimientos históricos, como que su Universidad se mudara definitivamente a la Fábrica de Tabacos o que el cardenal Bueno Monreal fundara el Consejo General de Hermandades y Cofradías, y hasta el mundo dio titulares que hoy nos arrancan una sonrisa, como que se fundara la UEFA o que Elvis Presley grabara su primer disco, pero hoy basta sacar en cualquier conversación que puede que nieve en Sevilla para que alguien sentencie con todas sus dudas a cuestas: “Como en el 54”.

Diez pueblos con papeletas

No se sabe con seguridad porque ni Aemet (la Agencia Estatal de Meteorología) tiene una bola de cristal, pero su previsión apunta ya a un episodio invernal en el que pueden confabularse el acusado descenso de temperaturas con las precipitaciones y una cota de nieve tan baja que entre mañana lunes, día tradicional de las Cabalgatas de Reyes, y el miércoles se concentran las mayores opciones de que la lluvia se transforme en nieve, o tal vez aguanieve…

Sobre todo en algunos de los pueblos sevillanos con mayor altitud. El más alto de todos los que tienen papeletas blancas es Estepa, el pueblo que ya descansa hasta agosto de la venta de todos sus mantecados. A 601 metros sobre el nivel del mar, la probabilidad de precipitación es del 90%, con temperaturas mínimas que rondarán los 3 grados centígrados mañana lunes y -1 el miércoles.   

Ya en la Sierra Norte, y a 553 metros de altitud, Constantina presenta para este lunes un 55% de probabilidad de precipitación y unas temperaturas mínimas en torno a 1 grado centígrado. El miércoles, cuando la probabilidad de lluvia se mantiene, las temperaturas bajarán hasta los dos grados bajo cero.   

En Pruna, otro de los pueblos en el punto de mira por situarse nada menos que a 546 metros de altura y porque la última nevada data de 2017, se presenta un lunes con probabilidad de precipitación del 95%, aunque las temperaturas mínimas no acompañarán del todo al preverse dos grados centígrados. El miércoles, sin embargo, cuando la probabilidad de lluvia desciende hasta el 45%, sí se podrán alcanzar uno o dos grados bajo cero durante la madrugada.

Situada ya a menor altitud, a 322 metros, Osuna tiene también sus posibilidades, pues la probabilidad de precipitación este lunes es del 75%, con una cota de nieve muy baja a nivel provincial, cercana a los 200 metros. El miércoles sube la cota pero bajarán significativamente las temperaturas.

Hasta Montellano, en la Sierra Sur, o Carmona, en la comarca de los Alcores, se hacen ilusiones con la nieve estos días, aunque su altitud ronda ya los 250 metros, porque la cota de nieve se presenta especialmente baja y la probabilidad de precipitaciones ronda en ambos pueblos el 75%. La mínima en Carmona puede llegar el miércoles a los dos grados bajo cero.

Otros pueblos con posibilidad de nieve entre el lunes y el miércoles son Alanís, San Nicolás del Puerto, Cazalla de la Sierra, Guadalcanal o Las Navas de la Concepción, con temperaturas mínimas de hasta 4 y 5 grados bajo cero, aunque con menos probabilidad de precipitación. Pero quién sabe, si los caminos de AEMET, como los del Señor, son inescrutables. En estos últimos municipios sevillanos, desde luego, nevó copiosamente en 2005 y en 2010.

La nieve en Sevilla “es un truco de magia”

Sevilla, al menos la capital, ha sido históricamente una ciudad mucho más acostumbrada a las riadas que a la nieve, y a su poeta del siglo XX por antonomasia, el exiliado, difícil y luego reclamado Luis Cernuda, cuya casa natal se rehabilita tan lentamente, la nieve le repelía, según un capítulo dedicado a la misma en su inolvidable libro de prosa poética Ocnos, dedicado a Sevilla pero escrito en la muy nevada Glasgow. “La nieve fue el agua, la sustancia maravillosamente fluida que aparece bajo tantas formas amadas: la fuente, el río, el mar, las nubes, la lluvia; todas ágiles, movedizas, inquietas, como la vida; yendo y viniendo, subiendo y bajando, con su rumor músico, su centello mágico, su libertad volada. Mas el hielo, matándola, la fija; y ahí queda yacente, sin luz el plumaje, sin son la garganta, sin aire las alas del ave, lo que era encanto mayor de la existencia”.

Imagen de la nevada en los Jardines de las Delicias aquel 3 de febrero del 54.

Ese inusual “hielo” citado por Cernuda lo rescata otro escritor sevillano contemporáneo como es el también doctor Francisco Gallardo desde su nostalgia del barrio de San Lorenzo, en un Cuaderno publicado por Algaida en 2019 y en el que, en varios de sus breves y cernudianos capítulos, se refiere igualmente a las formas del agua para recordar que, en su infancia, todavía no existía el hielo. Como en el arranque de Cien años de soledad, donde al coronel Aureliano Buendía lo llevó su padre a conocer el hielo, según el brillante cronista García Márquez, el sevillano Gallardo apunta a “ese invento de los frigoríficos que anunciaban en el cine de verano”, y habla luego de témpanos de escarcha, de carámbanos y de granizo, pero “nunca vería el niño caer la nieve sobre la plaza” porque “la nieve es un truco de magia en las manos heladas de Dios”. Según el también autor de El rock de la calle Feria, “el frío en San Lorenzo era un viajero que se iba pronto. Un forastero huraño que nunca trajo a su esposa: la nieve. Dicen que era muy bella”.

Sobre el autor

Álvaro Romero

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