Con el final de la palmera de Los Palacios y Villafranca situada junto a la torre del campanario de Santa María la Blanca desaparece también una época que no volverá, la del último siglo en este municipio del Bajo Guadalquivir cuyo ayuntamiento, en las últimas décadas, ha llegado a sembrar tantas otras palmeras por sus principales avenidas. Pero estas últimas respondían a otras motivaciones y nada tienen que ver con la palmera por antonomasia de un pueblo que llegó a fijar su logotipo con el perfil de su parroquia mayor y este ejemplar de palmera que, aunque no hay datos ciertos al respecto, llevaba ahí casi un siglo, tal y como recuerdan los más viejos del lugar.
La palmera, situada en el patio de la ahora Delegación municipal de Festejos, el edificio que durante décadas fue juzgado y más tarde Delegación de Deportes y hasta Casa de la Juventud –junto a la casa hermandad de San Isidro, en una de las pocas cuestas de este pueblo tan llano- se curvó peligrosamente el pasado martes, durante los azotes más tremendos de la borrasca Kristin que dejó por toda la comarca rachas de hasta 90 kilómetros por hora.
Era la primera vez que se veía tan jorobada la palmera que había representado al pueblo durante una centuria. La copa, completamente inclinada, parecía mirar a los patios de las casas colindantes. El Ayuntamiento no solo ordenó que los bomberos trataran de fijarla para que su impresionante copa no siguiese oscilando en un peligroso diámetro de hasta cinco metros, sino que evacuó a los miembros de una de las familias de su vivienda y la alojó en uno de los hoteles de la localidad. Allí han pernoctado durante estos días.
El miércoles, las fuertes rachas de viento consiguieron romper una de las cuerdas o eslingas que sujetaba la palmera a una de las azoteas. Y muchos vecinos pasaron por el lugar para retratarse junto a ella, porque mucha gente es consciente de lo que su imagen ha representado para Los Palacios durante tanto tiempo. El equipo de gobierno de Juan Manuel Valle (IP-IU) ya había encargado para entonces un exhaustivo informe sobre el estado de la palmera que se ha nutrido con las aportaciones de los Bomberos, de la Policía Local, de los técnicos de Medio Ambiente e incluso de técnicos de la Diputación provincial de Sevilla. Aunque el informe como tal será remitido al Consistorio desde el ente supramunicipal la próxima semana, “la Diputación nos ha adelantado ya la conclusión”, ha declarado el alcalde a lavozdelsur.es. “Lo mejor es cortarla porque suponía un grave peligro para las personas y los inmuebles colindantes”, ha dicho Valle, consciente de que “no es lo más agradable pero sí lo más responsable”.
3.500 kilos de peso
Poco después del mediodía, sobre las 12.30 horas, los Bomberos de Los Palacios, con el apoyo de la Policía Local, cortaron al tráfico la calle de Paco El Cura para montar el dispositivo necesario y proceder al corte. Al margen de sus propios camiones, también intervino un potentísimo brazo de la empresa local Grúas Capitán para alzar la palmera una vez talada.
Aunque la idea fue en principio irla cortando poco a poco desde la copa, el viento constante la desaconsejó porque no se garantizaba la seguridad de un bombero subido a una canasta. De modo que el procedimiento final fue el de sujetar bien la palmera desde arriba, por la parte superior del tronco y especialmente por la copa, y talarla desde abajo. Así quedó suspendida en el aire para, a continuación, y contando con el limitado espacio de la calle y el minucioso trabajo de un empleado experto en el manejo de grúas de la empresa Capitán, poder extenderla a lo largo de toda la calle.
Así ha quedado la palmera poco después de las 15.00 horas en la cuesta de la parroquia: con la desmelenada copa casi a la altura de la carnicería de Manolo Agüero y el extremo de su largo tronco al final de la calle. Casi 20 metros de longitud y, según la balanza de la propia grúa, “más de 3.500 kilos, casi 4.000”, según ha informado igualmente a lavozdelsur.es el jefe de los bomberos, Juan José Benítez, igualmente concienciado de la importancia del ejemplar de esta palmera pero decidido a cumplir con su deber. “Yo soy el primer enemigo de cortar árboles”, ha dicho Benítez, “pero la situación no requería ya otra cosa”. También el regidor palaciego ha insistido en “la pena de terminar con una palmera de estas características y con este significado”, y ha añadido: “Pero lo que no íbamos a consentir era una desgracia”.
Tala y concurso de ideas
Los propios bomberos, con el cadáver de la palmera a lo largo de la calle, han procedido al corte de su tronco para poder transportar los restos. Los empleados municipales de Parques y Jardines han sido diligentes en la limpieza de cortezas, serrín y hojas que el trabajo ha requerido en toda la calle, mientras los vecinos grababan imágenes que se antojan históricas desde las ventanas y terrazas más cercanas.
Para muchos palaciegos será un tanto desolador comprobar ahora el hueco que ha dejado una palmera pintada por todos los artistas de la historia local más reciente, desde Eduardo Ponce hasta Emilio Gavira, pasando por Ramón y Pepe Perea, Manolo León o Cipriano Galván. La palmera, junto a la torre de Santa María la Blanca, se convirtió durante el siglo XX en el emblema de un pueblo que construyó con esta estampa su propio logotipo, coronado con la siguiente frase: “Los Palacios y Villafranca. Un pueblo joven”.
Ahora, el alcalde ha adelantado que “seguramente iniciaremos un concurso de ideas y un llamamiento a la ciudadanía para ver propuestas con las que cubrir el vacío que nos deja esa histórica palmera”. “Estoy seguro de que habrá propuestas llamativas y al mismo tiempo realizables”, ha insistido Valle, ahora que “el riesgo ya ha pasado”, pues “he estado varios días preocupado por la situación”.
Los vecinos también suspiran
La familia desalojada de su vivienda durante estos días también ha suspirado, pero no precisamente por nostalgia de la palmera, sino por alivio, después de “muchos años sufriéndola”. Antonio Sánchez Mañas, que ya se ha reunido con el alcalde después de años solicitando ayuda municipal por los estragos de las raíces de la palmera en su propia vivienda, asegura que el primero contacto con Valle ha sido “muy positivo” porque “ha entendido la situación que hemos estado viviendo”. Uno de sus hijos ha recordado que llevaba años durmiendo en el mismo cuarto de sus otros dos hermanos “por miedo a que la palmera nos cayese encima”. Y han mostrado fotos de baldosas levantadas, techos dañados y una tapia apuntalada, “y todo por la dichosa palmera”.
Desde hace casi 20 años, cuando el picudo rojo afectó a tantas palmeras hasta arruinarlas, el Ayuntamiento se gastó en esta unos 20.000 euros en un tratamiento para poder salvarla, “por lo que significaba”, han dicho fuentes municipales. Y de hecho se salvó. O medio se salvó, porque ahora ha quedado a la vista que la palmera tenía carcomido el tronco en su parte superior y pesa bastante menos de lo que debería por culpa de la enfermedad.
Icono inolvidable
No hay datos fiables de cuándo se plantó esa palmera que ha significado tanto para la imagen de este pueblo sevillano en el último siglo, pero los más viejos del lugar recuerdan haberla conocido pequeña, poco antes de la guerra civil española, con lo cual se supone que la palmera tiene al menos 90 años de antigüedad. Seguramente se plantaría en la época de la II República.
Aunque la palmera era mucho más pequeña hace décadas, resultaba más grande por la poca competencia que le suponían los edificios de alrededor. Hasta el último tercio del siglo XX, Los Palacios y Villafranca tenía mucho aún de pueblecito blanco entre cuyo caserío destacaban majestuosas la torre de su iglesia y la palmera.
La palmera ha sobrevivido no solo a los difíciles años del hambre en la posguerra española, a la gran nevada de 1954 o a la época de la Transición, sino incluso a borrascas tan tremendas como la Bernard de 2023 o a la escabechina que produjo el picudo rojo desde el año 2005, a cuyo poder destructor tampoco sobrevivieron las famosas palmeras de la capilla de la Aurora que flanqueaban incluso la destruida Cruz de los Caídos.
