La palmera casi centenaria de Los Palacios agoniza por el viento: un símbolo convertido ahora en amenaza

Las fuertes rachas de viento han jorobado, probablemente para siempre, la palmera que lleva, desde antes de la guerra civil, soñando con igualarse con el campanario de la parroquia mayor, mientras que el Ayuntamiento ha desalojado a los vecinos para evitar una desgracia

27 de enero de 2026 a las 21:09h
Un palaciego pasaba esta tarde delante de la zona precintada, ya con la palmera estabilizada por los bomberos.
Un palaciego pasaba esta tarde delante de la zona precintada, ya con la palmera estabilizada por los bomberos.

Los Bomberos de Los Palacios y Villafranca, auxiliados por la Policía Local, han estado intentando, desde el mediodía de hoy, estabilizar la palmera más simbólica del municipio, la que se sitúa junto al campanario de la parroquia mayor de Santa María la Blanca, que precisamente este año ha llegado a medir como esa torre, es decir, 20 metros de altura, aunque a simple vista no se iguale aún con ella por la altitud del terreno; el campanario local se sitúa en la cota más alta de este pueblo marismeño que, de media, apenas alcanza diez metros sobre el nivel del mar.

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En esta instantánea pueda verse, desde el porche de la parroquia, la inclinación de la palmera.

Pero todo el esfuerzo puede ser infructuoso a la vista de la inclinación a la que las fuertes rachas de viento de la jornada (de al menos 60 kilómetros por hora) han sometido a una palmera que parece ya a punto de caer. Los bomberos la han sujetado por ambos lados a través de cuerdas y eslingas que han atado a su vez a los edificios más cercanos: la azotea de un vecino y la de la casa hermandad de San Isidro. También ha intervenido la empresa local Grúas Capitán, como apoyo a unos bomberos que no han podido acercarse como quisieron a la copa de la palmera porque giraba con un diámetro de cinco metros. “Era imposible y nos arriesgábamos a que golpeara la canasta en la que iba el compañero”, aseguran.

La palmera de Los Palacios

Los propios agentes de la Policía Local han mostrado su poca esperanza en que la palmera mantenga su verticalidad, sobre todo porque mañana, con alerta naranja, se siguen esperando rachas de viento que superarán los 50 kilómetros por hora. “Ya es un peligro”, han comentado a lavozdelsur.es. “Y mañana se tomará la decisión porque no queremos que suponga una amenaza para las personas”, añaden. La copa de la palmera está ya prácticamente sobre la vivienda vecina. “Lo que hemos intentado es que se cimbree lo menos posible”, han explicado en la Jefatura de la Policía Local.

El alcalde de Los Palacios y Villafranca, Juan Manuel Valle (IP-IU), consciente de lo que significa la palmera como símbolo para el municipio, ha insistido en que, “ante este tipo de dilemas, lo más importante es la seguridad de las personas”.

De hecho, la familia de la casa más cercana a la palmera y sobre la que pende su copa ha sido desalojada este mediodía por el Ayuntamiento, que le ha buscado acomodo, mientras se resuelve el problema, en un hotel de la localidad.

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Un vecino cruzaba esta tarde por delante de la zona precintada donde se encuentra la palmera.

El Ayuntamiento contará mañana mismo con un informe de los Bomberos para tomar la determinación de cortarla o no. “No es una decisión fácil, porque conocemos perfectamente el valor de esa palmera, pero no vamos a poner en peligro en la seguridad de nadie porque la palmera está rodeada de viviendas”, ha señalado el regidor palaciego.

Un icono inolvidable

No hay datos exactos de cuándo se plantó esa palmera que ha significado tanto para la imagen de este pueblo sevillano en el último siglo, pero los más viejos del lugar recuerdan haberla conocido pequeña, cuando apenas superaba la altura de un hombre, poco antes de la guerra civil española, con lo cual se supone que la palmera tiene al menos 90 años de antigüedad. Seguramente se plantaría en la época de la II República.

Un palaciego pasaba esta tarde delante de la zona precintada, ya con la palmera estabilizada por los bomberos.
Momento en el que los bomberos palaciegos intentaban atar la parte más alta del tronco de la palmera a los edificios colindantes.

Cuantos vecinos han pasado esta tarde por el lugar, precintado, han recordado la altura que presentaba la palmera cuando cada cual era un niño. Todos los palaciegos la recuerdan, desde luego. Y aunque evidentemente hace décadas era mucho más pequeña, resultaba más grande por la poca competencia que le suponían los edificios de alrededor. Hasta el último tercio del siglo XX, Los Palacios y Villafranca tenía mucho aún de pueblecito blanco entre cuyo caserío destacaban majestuosas la torre de su iglesia y la palmera. Ver la torre y la palmera, al regresar al pueblo, era el síntoma inequívoco contra todas las nostalgias.

De hecho, en las últimas décadas del pasado siglo se convirtió, junto al perfil de la parroquia y su torre, en el logo de un pueblo que presumía de su juventud. “Los Palacios y Villafranca. Un pueblo joven”, rezaba el eslogan en aquella época en la que, en efecto, este municipio sevillano se encontraba en el top andaluz de las poblaciones con la tasa de natalidad más alta.

Ningún pintor de los locales ha dejado de retratar la palmera o de incluirla en sus estampas y paisajes más emblemáticos del pueblo, desde Eduardo Ponce o los hermanos San Millán a Manolo León pasando por Emilio Gavira, Pepe y Ramón Perea, Miguel Algarín o, por supuesto, Cipriano Galván, un dibujante actual especialmente volcado en retratar el campanario y su inseparable palmera.

La palmera del antiguo juzgado

La palmera, que tendrá que superar la prueba más difícil de toda su vida durante esta madrugada, inició su verticalidad en el patio de lo que, a mediados del pasado siglo, era un juzgado comarcal. En efecto, Los Palacios y Villafranca contaba con juzgado comarcal hace tres cuartos de siglo, cuando apenas contaba con 12.000 habitantes, mientras que ahora, ya con casi 40.000, tiene solo un juzgado de paz, pues los juzgados de primera instancia se erigieron en la vecina localidad de Utrera. Con los años, aquel edificio del juzgado junto a la creciente palmera se fue dedicando a otros menesteres, como Casa de la Juventud o, actualmente, Delegación Municipal de Festejos.

Los vecinos más cercanos y de cierta edad recuerdan aún el patio aquel en el que la casera del edificio, María, encendía los braseros de cisco junto a una palmera que aún no había alcanzado, ni mucho menos, las actuales dimensiones. La palmera ha sobrevivido no solo a los difíciles años del hambre en la posguerra española, a la gran nevada de 1954 o a la época de la Transición, sino incluso a borrascas tan tremendas como la Bernard de 2023 o a la escabechina que produjo el picudo rojo desde el año 2005, a cuyo poder destructor tampoco sobrevivieron las famosas palmeras de la capilla de la Aurora que flanqueaban incluso la destruida Cruz de los Caídos. “Invertimos un dinero en el tratamiento contra el picudo rojo de la palmera durante años, y conseguimos salvarla”, recuerda ahora el alcalde, que también ha señalado que el Ayuntamiento, hace años, también tuvo que sufragar determinados daños en la vivienda colidante provados por la palmera.

En cualquier caso, mañana se tomará la decisión de cortarla o no, y, si es así, será cuando amainen estos vientos cuando los bomberos puedan iniciar su trabajo.

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Álvaro Romero Bernal.

Álvaro Romero

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